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El economista más influyente de los tiempos recientes

Murió la semana pasada, a la avanzada edad de 94 años, el economista cuyas ideas han tenido mayor impacto en la economía mundial en los últimos 30 años. Se trata del estadounidense Milton Friedman, el más radical defensor del libre mercado, el principal enemigo de la excesiva intervención del Estado en la economía, el promotor de la mayor responsabilidad individual como la mejor herramienta para el progreso social.

Friedman, ganador del premio Nobel de Economía, fue como bien lo expresó The New York Times el heredero espiritual de uno de los fundadores de la ciencia económica en el siglo XVIII, Adam Smith, quien planteó la conveniencia del laissez-faire (dejar hacer), confiando en que las 'manos invisibles' de la libertad económica se encargarían de maximizar la prosperidad para todos.

El profesor de la Universidad de Chicago lugar donde hizo la mayor parte de su trabajo intelectual creía firmemente que el mejor gobierno era el que gobernaba menos. A esta regla de oro sólo le concedía una excepción: el control oficial de la oferta monetaria. Según Friedman, el gobierno debe manejar con suma cautela las políticas monetarias expansionistas porque en su teoría los aumentos de precios son una función del crecimiento del dinero en circulación. Por lo tanto, si el gobierno fija y anuncia límites a esa expansión, se reducen las expectativas inflacionarias y las presiones alcistas en materia salarial, moderando así el aumento en el costo de vida. Por el contrario, una oferta monetaria excesiva -más allá del nivel de inflación esperado sumado al ritmo de crecimiento del PIB- estimula el desborde de los precios.

Friedman demostró, con abundante evidencia empírica, que la teoría de la curva de Phillips está equivocada. O sea, que no es cierto, en el largo plazo, que reducir la inflación produzca desempleo. Sucede lo opuesto, y así lo confirman los más exitosos casos de desarrollo económico reciente: una baja inflación es condición necesaria para que se dé una buena dinámica del PIB que sea capaz de generar puestos de trabajo masivamente. Como lo reportó el Times de Londres, el mejor ejemplo de que Friedman tenía razón se presentó en Inglaterra en los años 70, cuando coincidieron por varios años los nocivos fenómenos del desempleo y la inflación.

Las ideas de Friedman sirvieron de plataforma de las propuestas políticas de dos destacados líderes: Margaret Thatcher, quien ganó las elecciones en Inglaterra en 1979, y Ronald Reagan, el republicano que llegó a la presidencia de los Estados Unidos en 1980. Esa pareja redujo drásticamente el papel del Estado en sus dos enormes economías, y le dio un gran impulso a la iniciativa privada.

En líneas generales somos partidarios de las tesis de Friedman. En países como Colombia es indispensable que el motor de la economía sea la iniciativa de los particulares. En todos los casos, sin excepción alguna, en los que se ha pretendido que esa función la cumpla el Estado, la economía ha colapsado. Los gobiernos deben dedicarse a las labores propias de su naturaleza como la seguridad, la administración de justicia y la labor redistributiva del ingreso que se hace mediante el gasto social eficiente, privilegiando a los más necesitados. Y deben dejar que los empresarios se encarguen de crear la riqueza -impuestos, divisas, empleos, tributos con los que se construye el progreso social y económico de una nación.

En nuestro país, por ignorancia o por populismo, se le achacan injustamente a estas ideas todos los males de la sociedad. Es verdad que la libertad económica por sí sola no resolverá todo, y también es cierto que el Estado debe vigilar que no haya abusos de los empresarios (que exista una verdadera competencia y un estricto cumplimiento de las leyes). Pero lo que Friedman comprobó, su histórico legado, es que sin esa libertad es imposible que una comunidad avance significativamente.

Editorial Portafolio

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