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CAPACITACION EN COSTOS Y GESTION

Luiz Inacio Lula Da Silva

Son días complicados para Lula. El Presidente de Brasil, que el miércoles llega en visita oficial a Chile, no sólo ha debido enfrentar una baja de ocho puntos en su popularidad, sino que ha tenido que tomar una difícil decisión: autorizó a cientos de militares a patrullar las calles de Río de Janeiro para controlar la violencia y el narcotráfico.

La inseguridad en esa ciudad sobrepasó todos los límites, cuando hace unos días fue asesinado el guardaespaldas de la familia del gobernador del Estado de Río. Desde entonces, las tropas se preparan para cuidar cada esquina del balneario, donde en julio se realizarán los Juegos Panamericanos.

Lo cierto es que la población pedía a gritos la polémica medida, ya que las estadísticas delictuales estallaban por los cuatro costados: en lo que va de este año se han registrado casi mil asesinatos en el Estado. Solamente en enero la tasa de homicidios se elevó en 9,6 por ciento, la de robos a peatones en 24,8 por ciento y la de asaltos a autobuses en 10,4 por ciento. Pero su decisión le ha traído a Lula impensadas enemistades, sobre todo de los que hasta hace poco eran estrechos colaboradores, como el ministro de Justicia, Tarso Genro, quien ha declarado que "las tropas están entrenadas para hacer la guerra y no para frenar la delincuencia".

Las encuestan tampoco han estado a su favor. Pese a que el nivel de aprobación de su gobierno registra hoy a un aceptable 49 por ciento, en diciembre era de 57 por ciento. Además, un tercio de la población considera la administración de Lula como "regular" y un 16 por ciento la califica de "pésima", según un reciente sondeo.

Pero detrás de su imagen barbuda y su encendida retórica, Luiz Inácio Lula da Silva esconde una tragedia de la que todos en Brasil han oido hablar (y que en más de una oportunidad ha recogido la prensa extranjera), aunque nadie conoce de verdad. Ahora el libro, Lula, el niño, recientemente editado en Chile, cuenta lo que su autora, la abogada Neyde Guimaraes Pinheiro, llama "el peor momento de toda la vida de Lula": la muerte de su primera señora y primer hijo.

Es, tal vez, el capítulo más desconocido de su sobreexpuesta vida de niño pobre y maltratado. El Mandatario habla poco y nada del tema y, a lo más, se sabe que su ex mujer, María de Lourdes, era una obrera textil con quien se casó en 1969, cuando él tenía 22 años. "Lula y Lourdes nunca habían tenido novio antes –dice el libro–. Fue un noviazgo de pizza, Love Story en el cine y manos tímidas en veladas que terminaban a las 22 horas".

Llevaban dos años de matrimonio cuando ella, embarazada de siete meses, comenzó a sentir fuertes dolores y vómitos, pero los doctores insistían en que no estaba enferma. Ninguno detectó que tenía hepatitis hasta que murió junto a su bebé mientras daba a luz.

Guimaraes relata así el momento:

–Feliz, Lula espera al primero (hijo). Pero el destino no quiso que ese nuevo sueño se realizara. Su esposa, víctima de una hepatitis no diagnosticada a tiempo se siente mal y es internada en el Hospital Modelo de Sao Paulo. Lula es llamado inmediatamente. Cuando llega con la maleta de las ropitas de su hijo en la mano, recibe la noticia: su esposa está muerta, su hijo también. En los pasillos del hospital, Lula, en estado de shock, se desmorona sobre el sofá. Desesperado, no podía controlar los vómitos.

Más adelante, agrega:

–Su madre le fue a hacer compañía. Fueron tres años de tristeza y desesperación.

Sólo un par de años antes Lula había entrado a la vida sindical. Y no tenía, en ese entonces, interés por la política. "Es más, detestaba a los políticos", apunta Guimaraes. En 1967 su hermano, José Ferreira, a quien apodaban "Frei Chico" debido a que tenía corte de pelo de fraile, le había conseguido una tarea burocrática en el Sindicato de los Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo.

–Ya estaba ejerciendo el cargo, cuando un día su hermano lo invitó a una asamblea del Sindicato de Metalúrgicos del ABC. El asunto es que a Lula le gustó la trifulca y empezó a asistir al sindicato.

A Lourdes no le gustaba que él frecuentara el sindicato –según cuenta Guimaraes–, por miedo a que lo apresaran o que lo despidieran.

–Pero la convenció de que él no corría riesgo alguno. Ser metalúrgico era pertenecer además a una elite de trabajadores.

Tras la muerte de su mujer, Lula se dedicó totalmente a la vida sindical. Frei Chico, miembro del Partido Comunista, comenzó a adoctrinarlo. Brasil vivía bajo una fiera dictadura militar y para 1972 Lula es elegido primer secretario del sindicato metalúrgico.

–Era el año 1973, cuando escuchó comentarios sobre una "rubiecita muy bonita" que frecuentaba el sindicato. Se trataba de Marisa Leticia Casa Rocco, que había enviudado a los seis meses de casada con Marcos Claudio dos Santos, chofer de camión. Su marido había muerto asesinado en un asalto cuando manejaba el taxi de su padre. Ella estaba embarazada de cuatro meses.

La historia de la actual Primera Dama brasileña es sorprendentemente parecida a la de Lula. Pero, según el libro, a él no le fue fácil llamar su atención. Marisa debía realizar unos trámites por su pensión de viudez en el sindicato donde trabajaba Lula. Atraido, el dirigente sindical urdió una estrategia para conocerla: tomó el lugar del funcionario que la atendía para timbrar sus papeles, le pidió su teléfono y, finalmente, logró que ella terminara una antigua relación sentimental. Se casaron en mayo de 1974.

Marisa no sólo fue clave para ganar el voto femenino, sino que hoy es una de las asesoras más cercanas de Lula. Adonde quiera que van, él suele presentarla como su "cara–metade" (media naranja). De personalidad fuerte, ella ha humanizado la figura de su marido y ha sido el soporte de su trayectoria política.

Gazi Jalil F.
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2 comentarios

DunksNike -

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jordan 12 -

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