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CAPACITACION EN COSTOS Y GESTION

El Último Sueño de Pedro Ibáñez

El empresario, que ha creado sofisticados hoteles en los lugares más remotos de Chile, ahora cruza el Pacífico para abrir uno en el ombligo del mundo. Asociado con el rapa nui Mike Rapu, planea llevar a la Isla al circuito de turismo del más alto nivel. "pascua merece que se hagan inversiones, respetando lo que es y su fragilidad. Porque si se hace turismo masivo se destruye ese medio ambiente.Lo que vale no son las construcciones, es su gente, su paisaje, su cultura", señala.

No se ponen de acuerdo. "Mike, cuenta tú", le dice Pedro Ibáñez a su socio rapa nui. "No, parte tú, Petero", responde el aludido que lo llama por su nombre en rapa nui. Pedro es Petero en Isla de Pascua.

La historia es más o menos así: Pedro Ibáñez conoció la isla más remota del mundo hace una década. No le cambió la vida. Hasta que volvió hace cuatro años y se le acercó Mike Rapu, el dueño de una de las dos escuelas de buceo y el mejor banquetero de la isla, para preguntarle cómo podía conectarse con los turistas de Explora.

Mike sabía que Explora, la "compañía de viajes" de Pedro Ibáñez, tenía dos hoteles más en lugares remotos, en Patagonia y en San Pedro de Atacama, reconocidos por su sofisticación, su arquitectura pura, sus materiales nobles y su buen servicio.

Porque si algo distingue a Pedro Ibáñez, ingeniero comercial de la Escuela de Negocios Adolfo Ibáñez, nacido y criado en Viña, es que todo lo que hace es diferente, singular, único. No sólo en materia hotelera. Córpora, la empresa creada por su abuelo Adolfo Ibáñez Boggiano, fue una de las primeras chilenas en incursionar en Rusia con sus jugos en polvo (Zuko, Yupi, Tang y Hickory Hill) y en instalar una planta propia en China que fracasó por la burocracia estatal. Pedro Ibáñez construyó en la punta de un cerro en Peñalolén la nueva sede de la Universidad Adolfo Ibáñez, que controla junto a su tío Manuel y a su primo Nicolás. Y ya tiene 30 alumnos matriculados en el MBA que la Adolfo Ibáñez School of Management dictará en Miami, el primero de una universidad extranjera en Estados Unidos, a cuya ceremonia de lanzamiento, el 6 de noviembre, no fue.

Mike Rapu y Pedro Ibáñez tenían referencias uno del otro. Gastón Cummins, el vicepresidente de Córpora, la matriz de los negocios de Ibáñez, es un fanático de la Isla de Pascua, a la que viaja dos veces al año, además de amigo y compadre de Mike.

El siguiente encuentro entre Ibáñez y Rapu fue en el aeropuerto Mataveri: Ibáñez apareció con un disco, de esos grandes para cocinar, y le pidió a su nuevo amigo que lo llevara a su casa. A causa de la lluvia, Mike tenía el living lleno de ropa colgada. Invitado y anfitrión se desafiaron: uno cocinó pescados al disco y el otro hizo un tunu ahi, la especialidad de la isla, que consiste en asar pescados sobre rocas calientes.

­Empezamos con ocho variedades. Yo creo que soy el que más conoce de pescados en la isla ­se jacta Mike. A Pedro le gustó el kra kra, un pescadito que se alimenta de salmones.

­¿Y acompañaron el banquete con vinos de Pedro Ibáñez?, bromeamos porque el empresario es dueño de la Viña Gracia.

­Con un Temporal blanco y un Por qué no tinto­ responde riéndose el aludido.

Petero Ibáñez prosigue el relato: "Estuvimos hablando con el Mike y vimos que coincidíamos en muchos objetivos. Él también tenía la idea de que el turismo es el verdadero destino de la isla. Además, sin tener la experiencia nuestra, por intuición pensaba que tenía que ser turismo de alto nivel. Por eso fue que llegó a nosotros y se produjo esta coincidencia de intereses tan grande".

En la isla se han hecho intentos por promover la agricultura y la pesca, pero el gran ingreso lo constituye el turismo. Gran, porque es el principal, no necesariamente porque la recaudación sea millonaria. Pedro y Mike sacan cuentas. El turista tipo permanece cuatro días y gasta 60 dólares diarios. Si al año viajan 33 mil personas, lo que se recauda son ocho millones de dólares. Para un PGB que, según Pedro, en la isla es de 20 millones de dólares.

Harto poco. Especialmente para el proyecto de Explora que se llamará "La pensión de Mike", y cobrará 500 o 600 dólares diarios cuando abra sus puertas en diciembre de 2007. Hotel que, dicho sea de paso, no será de Ibáñez sino de Rapu, porque así lo exige la Ley Indígena, que estipula que la tierra no puede ser vendida a alguien que no pertenezca a la etnia.

Como para Ibáñez hablar de platas es "penca" -como dice él- nos enteramos por otra vía que el hotel con 30 habitaciones, a veinte pasos del tibio mar de Isla de Pascua, costará 6 millones de dólares, que demoró cuatro años en obtener todos los permisos, y que todavía hay algunos en la isla que miran con recelo su llegada.

El Chile remoto vale oro

Pedro Ibáñez es como Anthony Bourdain, el chef del canal de cable Travel&Living que recorre el mundo bajo el lema de "siempre viajero, nunca turista". "El viaje es lo inesperado; el turismo, lo planificado", distingue el empresario chileno que a través de Explora vende el concepto de lo remoto, "que es el viaje máximo, que se acaba ahí y no te dan ganas de ver más".

No le vayan a hablar de "paquetes" turísticos. "En Explora no empaquetamos a la gente, hablamos de estadía, porque el paquete involucra lo que quiere decir: que tú envuelves y le quitas la libertad a la gente y no concebimos un viaje donde no exista la libertad".

Ibáñez supo convertir la lejanía de Chile en un activo. "La idea de que tenía que valer menos porque estaba lejos, porque los vuelos eran caros, fue justamente lo que nosotros explotamos. Chile vale mucho justamente por ser remoto". Tan seguro estaba de su producto que cuando inauguró el primer hotel Explora en las Torres del Paine, en 1993, se atrevió a plantearles a los pasajeros que si encontraban caro este viaje al fin del mundo, descontaran al final de su estadía lo que estimaran conveniente. "Nunca tuvimos a alguien que nos reclamara, que nos dijera devuélvanme parte de la plata", asegura.

A los magallánicos que juraban que la Patagonia se podía visitar sólo en enero y febrero, Ibáñez les demostró que no es así. Su hotel está abierto todo el año y vale lo mismo, invierno o verano. "Nuestra ocupación es de 60 por ciento, lo que significa que durante cinco o seis meses el hotel (con 100 habitaciones) está totalmente lleno".

San Pedro de Atacama, donde instaló el segundo Explora en 1999, era un sitio desconocido en el mundo y hoy aparece frecuentemente en las más prestigiosas publicaciones de turismo del mundo.

En Isla de Pascua piensa hacer algo parecido. "Hay que ponerla en el circuito de turismo de alto nivel, demostrar que vale porque es el sitio más remoto del planeta, con un entorno privilegiado y una cultura que es de las más atractivas del mundo".

Algo lleva adelantado: desde que, en enero, se abrieron las Casas Rapa Nui, que son dos viviendas que Explora arrendó a un isleño y reacondicionó, han aparecido seis veces en Travel+Leisure y una en Condé Nast Traveller. Pasar tres noches, por si acaso, cuesta 1.230 dólares por persona, incluyendo comidas y excursiones.

Entre pescado y pescado y entre discos y rocas calientes, Mike y Pedro terminaron de cocinar el acuerdo: el primero puso un terreno que heredó de su abuelo, el segundo le prestó el dinero para levantar el hotel que será de su propiedad y que irá pagando a través de la fórmula de arrendarle el hotel a Explora. "Tú sabes que, en la isla de Pascua 'los conti' no pueden ser dueños de la tierra. Es una restricción que a nosotros por lo demás en Explora nos parece bien, porque de esa manera los rapa nui controlan sus propiedades e impiden que se desarrollen de actividades ajenas a la tradición y a las costumbres de la isla", explica Ibáñez.

Como la Ley Indígena estipula además que el arriendo sólo puede ser por cinco años, el contrato entre el Ibáñez y Rapu se irá renovando. "Mis hijos, mi familia, mi mamá saben el trato que estoy haciendo. Si a mí me pasa algo, ellos saben que este acuerdo de palabra tiene que cumplirse", afirma Mike, mirándonos fijamente con sus ojos negros.

Pedro Ibáñez está consciente de que sentará un precedente al ser el primer empresario que confía en un par isleño y pone capital a su disposición. "La isla merece que se hagan inversiones, respetando lo que es y su fragilidad. Porque si se hace turismo masivo se destruye ese medio ambiente. Lo que vale no son las construcciones, es su gente, su paisaje, su cultura".

"Mi sello es la fantasía"

"Tener un hotel era el sueño de toda mi vida. Que alguien haya confiado en mí, porque todos mis proyectos han sido con el BancoEstado, que haya tenido un feeling conmigo y llegue y me ponga las lucas para instalar mi hotel... Para la isla, para mi gente pensar que existen empresarios que, sin necesidad de firmar un documento, te dan la confianza...", dice Mike, instalado en la oficina de Explora en Santiago, donde muestra la maqueta diseñada por el pulcro lápiz del arquitecto José Cruz, el mismo que levantó la Universidad Adolfo Ibáñez en Peñalolén.

Este campeón sudamericano de apnea ­aguanta la respiración cinco minutos y baja 71 metros­ no completa bien las frases en castellano. Llegó hasta cuarto básico y vivió con su abuelo hasta los 11, porque sus padres se separaron cuando aún no nacía. Su condición de hijo único duró poco: cada uno volvió a casarse y la mamá le aportó siete medios hermanos, y ocho el papá.

Cuando el abuelo murió se fue donde unos tíos, trabajó en el PEM, en el taller mecánico del alcalde, fue alarife de una empresa constructora, ayudante y operador de retroexcavadora, jefe de cuadrilla en la ampliación de Mataveri. Hasta que viajó a Santiago a estudiar electrónica, "no sabía que tenía que tener cuarto medio", cuenta y como todo isleño hizo lo que sabía: bailó en el Sheraton, en Sábados Gigantes y en Chilenazo.

De vuelta en su tierra aprendió a leer planos, a cubicar materiales y a los 20 y tantos estaba convertido en un contratista. "Fui el primer rapa nui en ganar una licitación", cuenta orgulloso. Con la empresa Brotec hizo las cunetas y pasos de agua del camino entre Hanga Roa y Anakena.

Como todo isleño sufrió por amor, se separó de su primera mujer y se fue a Tahiti, donde se dedicó a bucear. Regresó al año y con dos tanques de oxígeno empezó su escuela de buceo en Isla de Pascua. Aprendió a cocinar mirando el Buenos días a todos. "Yo viajaba harto a Tahiti a competir y siempre terminaba metido en la cocina". Sacó su línea de cóctel con chips de camote, de plátano, de coco y fue creando platos con recetas propias.

"Mi sello es la fantasía. Tú me llamas y me dices que quieres una cena al borde del volcán Rano Kau y yo te preparo una mesa al atardecer, con vasos de cristal, platos de loza y servilletas de género. Dar un servicio de calidad es lo que a la isla le falta".

A Axl Rose, el vocalista de los Guns N' Roses, le organizó una comida en una suerte de ramada donde el rockero se amaneció. Al ex Presidente Ricardo Lagos y su comitiva les ofreció un desayuno con poe (queque de plátano), panqueques de plátano, frutas y mermelada de guayaba. Al empresario Daniel Platovsky le preparó el banquete de matrimonio.

La receta de Mike se llamará el libro con sus preparaciones que debiera estar listo el próximo año.

A sus 43 años, Mike sólo puede decir maururu (gracias) a la vida. Encontró un nuevo amor que le dio dos hijas, las que se sumaron a los dos del primer matrimonio, es dueño de la escuela de buceo más grande de la isla, el segundo productor de papas, piensa comprarse una lancha para llevar a los turistas a pescar mar adentro, y es socio de Explora en lo que será el hotel más sofisticado de Pascua.

Hoy, 18 de noviembre, Mike y Pedro se reencontrarán en medio del Pacífico, a unos metros del mar, en una ceremonia donde colocarán simbólicamente la primera piedra de "La pensión de Mike" , y de un negocio cuyo capital es la confianza y el embrujo de la Isla de Pascua.

Ximena Pérez.
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2 comentarios

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Tears are the silent language of grief.

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Patience is most bitter, yet most sweet the fruit it birth
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