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CAPACITACION EN COSTOS Y GESTION

El video digital descubre en pantalla su emoción de vivir

Ya no se necesita un presupuesto de millones de dólares para realizar una película. Basta con una cámara digital y las ganas de contar una buena historia.

La película de 35 milímetros está en extinción. Cada vez más creadores se suman al formato de película digital, que mejora la calidad, reduce los costos de producción y multiplica la distribución.

Todos pueden hacer cine.

Viña del Mar acoge el miércoles el Quinto Festival de Cine Digital -www.festcinedi gital.cl-, mientras que en Berlín parte el 18 de febrero la Berlinale, también cine digital.

En este festival alemán invitan a talleres donde cualquiera puede participar con su cámara. La misión: grabar y editar un documental en 24 horas, subiéndolo finalmente a la internet. El desafío está en www.berlinale-talentcampus.de/www/1

Paulo Parra , fundador del Festival de Viña del Mar, proclama la dinámica que esta tecnología brinda al cine chileno: "Sin una cámara digital - explica- Matías Bize no habría podido realizar 'En la cama'."

Surgen así nuevos cineastas. Y no todos salen de escuelas de cine.

"Si uno necesita comunicar algo, no tiene que tener estudios", dice Rodrigo Muñoz, director de fotografía de "Curriculum", uno de los largometrajes que compiten en Viña.

Esta película, dirigida por Patricio Valladares, brotó de una cámara semiprofesional Sony PD150 que cuesta unos 2 millones. Graba en formato mini DV.

Muchos arriendan. "El arriendo de una cámara de HD, alta definición -cuenta Parra- cuesta 250.000 pesos la jornada, mientras que una filmadora de celuloide tradicional cuesta unos 500 mil pesos la jornada".

Los software ayudan

La venta masiva de cámaras de video convierte a muchos en cineastas. Ayuda al proceso, que implica comprar software especial, esa cara de bostezo que pone el público cuando el abuelo chocho ofrece ver el último video de la última gracia del último nieto.

El bostezo del público lo dice: hay que editar. Compaginar imágenes, aprovechar el sonido, cortar, pegar, crear una experiencia.

¿Cómo hacerlo?

Quienes tienen Windows XP saben que pueden usar la herramienta del Windows Movie Maker. Traspasan a su computador la grabación digital, y pueden ahí editar imagen y sonido. El resultado: una secuencia más a prueba de bostezos.

Para un trabajo más fino hay que entrar a comprar software. Lo hay para profesionales, pero el de aficionados resulta cada vez más sutil en sus logros.

Por ejemplo, "Adobe Elements", que acaba de lanzar al mercado chileno su última versión: trae el "Photoshop" y el "Premiere", uno para la imagen congelada y el segundo para editar video.

Lo mejor es el esfuerzo que Adobe ha realizado en sus programas por generar atajos y llegar pronto a un resultado feliz.

Si está apurado, uno puede, en "Premiere" tomar lo grabado, con un clic elegir la música de fondo, un par de maniobras le colocan el título a la creación, y el software se encarga de generar una película. Puede ser atroz, pero se aprende a mejorar.

Si uno desecha el mecanismo automático, Premiere trae todos los recursos para perfeccionar la obra hasta el milímetro.

Los nuevos computadores Mac traen también software simple para editar.

Y el Mac corre fácilmente "Final Cut", que compite con "Premiere".

Y en cuanto a la distribución: el contundente ambiente de YouTube hoy es la primera vía de siembra mundial. Y cuando se abra la TV digital, los canales se multiplicarán.

Genios locales

Si uno mira a las generaciones de creadores en barbecho, la mayoría autofinancia sus producciones.

Rodrigo Muñoz lo proclama: "El formato digital es rentable y a la vez económico y logra una buena calidad".

En Concepción fue realizada y producida la película donde fue director de fotografía, "Curriculum", y gran parte del equipo humano es de Chillán.

"Es igual que con la pintura. Antes era elitista". Muñoz cita el documental "Cámara en mano", realizado por un grupo de alumnos de Antofagasta.

La cinematografía se democratiza.

Pero no todo es tan maravilloso.

Por un lado, aún no existen suficientes salas que tengan proyectores digitales. Esto obliga a realizar un "blow out" de la película, es decir, trasladarla al formato de celuloide, con el costo consiguiente, lo que limita la cantidad de copias.

Y lo digital se puede distribuir por internet. Y piratearse.

Uno se acostumbra a los formatos que circulan por la red. No son como en la gran pantalla, pero resisten una exhibición en un teatro doméstico.

Paulo Parra, el director del festival de Viña, recomienda a los aspirantes: "Buscar una historia digna de ser contada y decidir a quiénes les gustaría verla". Y prepara el premio al ganador del festival: una cámara Canon XL H1 de alta definición.

Álvaro Murga
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