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Economía chilena y política fiscal: ¿Demasiado virtuosa?

The Economist hace notar que Chile creció en 2006 menos que los dos años anteriores y que el promedio latinoamericano. Semanario inglés asegura que el grupo de los 20 "puede estar en lo cierto cuando plantea que Chile podría soltar su corsé".

A principios de este mes, después de dos años (ver nota al final del artículo) con graduales alzas en la tasa de interés, el Banco Central anunció una sorpresiva rebaja de un cuarto de punto en su tasa, fijándola en 5%.

Esta decisión, en vez de inyectar confianza, sólo pareció confirmar la suspicacia existente entre muchos chilenos de que algo está funcionando mal, en lo que por mucho tiempo fue la economía estrella de Latinoamérica.

El año pasado la economía creció a un respetable 4,2%, según estima el Banco Central, pero el crecimiento fue más bajo que los dos años anteriores -cuando se creció sobre el 6%- y también por debajo del promedio latinoamericano.

Esta desaceleración fue "curiosa" considerando un contexto en el que el precio del cobre, la principal exportación de Chile, llegara a su récord en mayo pasado. Desde esa fecha, los precios han estado cayendo, pero se siguen manteniendo bien por encima de sus niveles de finales de los años noventa.

¿Qué es entonces lo que anda mal?

Las autoridades han recurrido a varios factores para explicar esta situación. Los precios de la energía se elevaron y Argentina recortó sus exportaciones de gas natural a Chile, forzando a algunas fábricas y generadoras de electricidad a hacer un giro hacia otros combustibles importados de mayor precio. A esto se sumó el mal clima que afectó a la agricultura y un estancamiento en la producción de cobre, por un paro de los trabajadores de la mina más grande del país y un derrumbe en otra.

Otros dicen que la apreciación del peso inducida por el alto precio del cobre también jugó un rol.

Los niveles de inversión se están recuperando nuevamente después de una breve pausa, según aseguran las autoridades.

El Banco Central (un ente independiente) espera un crecimiento de 5-6% para este año, lo que está por encima de la mayoría de las proyecciones para Latinoamérica como un todo, pero aún así, la desaceleración ha llevado a un debate sobre si la política fiscal de Chile no será demasiado virtuosa.

La administración anterior introdujo un sistema fiscal anti-cíclico mediante una regla que obliga al fisco a mantener un excedente presupuestario de 1% del PIB, si el precio del cobre está al nivel de proyecciones de largo plazo y la economía está creciendo bajo la tasa potencial.

Esto significa, a diferencia de la mayoría de los países Latinoamericanos, que en Chile puede aumentar el gasto público en recesión.

La consecuencia ha sido que el gobierno liderado desde marzo pasado por la Presidenta Michelle Bachelet ha preferido guardar lejos la mayor parte de las ganancias inesperadas del cobre, ya que decidieron ahorrar la mayor parte de ellas en el extranjero, en dos nuevos fondos de inversión.

Eso ha evitado que el peso se aprecie aún más y según el Ministro de Hacienda, Andrés Velasco, esta regla tiene otro beneficio que es que permite al gobierno distinguir los ingresos permanentes de los temporales.

Pero muchos chilenos creen que la regla es demasiado inflexible. El gobierno ha pagado gran parte de su deuda al Banco Central, la cual se arrastraba desde el colapso bancario de 1982-83 y debería poder cumplir con sus compromisos en materia de pensiones sin problemas.

Es más, gracias al buen momento que vive el cobre, el gobierno es ahora un acreedor neto, a un nivel de 6,3% del Producto Interno Bruto.

Todo lo anterior sugiere que la regla del superávit del 1% podría ser gradualmente reducida a cero.

"Esto es como cuando en una casa instalas rociadores y cortafuegos, ya no necesitas un seguro tan alto", dice Mario Marcel, quien como director de presupuesto del gobierno anterior ayudó a diseñar la regla.

El gobierno "no ha sido lo suficientemente agresivo en utilizar los recursos del cobre para aumentar la competitividad internacional de Chile", dice Felipe Larraín, de la Universidad Católica, uno del grupo de los 20 economistas que el año pasado publicaron un informe público llamando a una flexibilización de la regla. Él plantea que se gaste más en educación y que se permitan exenciones tributarias para la investigación y el desarrollo.

Otros creen que flexibilizar la regla cuando los precios del cobre aún están altos podría enviar una peligrosa señal de laxitud. Ellos señalan que el gasto público ya crecerá un 8,9% este año, aun cuando el gobierno cumpla la regla del superávit del 1%.

Pero ninguno del grupo de los 20 puede ser acusado de ser un economista díscolo y ellos pueden estar en lo cierto cuando dicen que Chile podría soltar su corsé, sin caer en los vicios fiscales que por tanto tiempo rondaron a América Latina.

"(La baja de tasas) ...sólo pareció confirmar la suspicacia existente entre muchos chilenos de que algo está funcionando mal".

The Economist
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