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CAPACITACION EN COSTOS Y GESTION

Del romanticismo a la burocratización: el caso del Open Source

Open source, de los ideales románticos a la burocratización corporativa. El modelo de código abierto se basó sobre la colaboración voluntaria y democrática de miles de programadores alrededor del mundo. Sin embargo, una condición para el éxito parecer ser la renuncia a los ideales y la adopción de jerarquías organizativas...

Los gurúes de la industria del software se pasaron los últimos años dictando conferencias sobre el cambio de paradigma que imponen los proyectos de programación de código abierto.

Con Linux como caballito de batalla, los más exaltados prevén que el esquema de colaboración democrática podría llegar, algún día, a arruinar definitivamente el modelo de negocio de gigantes como Microsoft que desarrollan sus productos con su propia gente en los tradicionales laboratorios de investigación.

A esta altura, nadie niega que el proyecto Linux, fundado por el finlandés Linus Torvalds, se ha convertido en un serio competidor del Windows de Bill Gates. Incluso, el nuevo sistema operativo fue adoptado por corporaciones como IBM, HP y Sun Microsystems.

Sin embargo, ¿hasta qué punto se sostienen las profecías extremas? ¿Puede la colaboración masiva del open source desplazar a las compañías tradicionales?

Este es el tema del artículo The Ignorance of Crowds de Strategy + Business. Aquí, se analizan algunos mitos erigidos en este nuevo modelo de gestión del conocimiento y la innovación.

Es una realidad que el modelo de código abierto resulta prácticamente insuperable a la hora de corregir errores de software (los famosos "bugs" que nos cuelgan la computadora). Miles de programadores dispersos en los cuatro rincones del planeta trabajando simultáneamente (aunque cada uno por su cuenta) superan la capacidad de procesamiento de los desarrolladores del laboratorio de Microsoft.

Sin embargo, no puede decirse lo mismo de la eficacia para producir software desde cero, donde la clave no es la cantidad de participantes sino su coordinación. Desarrollar un programa exige un grupo de trabajo unido y disciplinado, un grupo que respete pautas de avance y esfuerzos coordinados.

Es aquí donde el modelo democrático del open source empieza a hacer agua. Ante la ausencia de una autoridad central que asigne las pautas (y de una jerarquía que las haga cumplir), el esfuerzo de los miles de programadores que participan del proyecto será altamente ineficiente.

En efecto, los proyectos más efectivos de open source (es decir, aquellos que han funcionado) son aquellos que no han respetado los ideales románticos de la participación democrática. Linux, en la figura del mítico Linus Torvalds, tiene una autoridad que coordina los esfuerzos. Incluso, existe una organización con una estructura jerárquica de programadores que asesoran al líder.

Si bien el código de Linux sigue siendo abierto y disponible para cualquier programador que quiera modificarlo, los creadores de la versión "oficial" ya se manejan prácticamente como cualquier empresa.

La célebre Wikipedia, otro ícono del modelo colaborativo, también está comenzando a implementar los primeros pasos hacia la creación de un comité editorial que vele por la calidad de los contenidos.

En definitiva, no es el objetivo de este artículo atacar el modelo de colaboración sino, más bien, ubicarlo en el lugar que le corresponde. El open source sin dudas representó una verdadera revolución al poner en manos del público la capacidad de desarrollar, modificar y adaptar los productos.

Sin embargo, como demuestra la experiencia, los modelos más exitosos han sido aquellos que han combinado esta magnífica herramienta colaborativa con algunas prácticas de management centralizado típicas de las compañías tradicionales.

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