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CAPACITACION EN COSTOS Y GESTION

Pragmáticos, los bancos de Wall Street vuelven a mirar a Argentina

El crecimiento de los últimos años puso de nuevo al país en la mira de bancos de inversión. El pronóstico es bueno, pero las opiniones no son unánimes. Wall Street tiene un estigma con la Argentina. Y la Argentina con Wall Street. Pero en la era donde los resultados mandan todo indica que si la economía argentina continúa creciendo como hasta ahora, la ambición por ganar más dinero dejará de lado los prejuicios más temprano que tarde.

Cuatro años seguidos al 8% promedio llaman la atención. "El crecimiento que se viene dando es cada vez más importante", dice Pablo Kulesz, economista de UBS. "Hay muchos inversores que están posicionados sobre los bonos atados al crecimiento y por lo tanto siguen de cerca la evolución de la Argentina".

JP Morgan también sigue el tema particularmente de cerca. Elabora un índice que anticipa el nivel de actividad económica en tres meses. "Vemos que la economía continuará acelerándose hasta fin de año", dice Vladimir Werning, uno de los más optimistas a la salida de la crisis.

Pero la recomposición de la relación entre la Argentina y Wall Street, pareciera no estar en piloto automático . El Gobierno dio algunas señales en esa dirección en el último tiempo. Primero con la visita del Presidente, Néstor Kirchner, al recinto de la bolsa neoyorquina donde mantuvo encuentros con inversores. Luego con un "conference call" que el titular del Banco Central, Martín Redrado, mantuvo con economistas de bancos de Nueva York para explicar los principales lineamientos para el próximo año.

Los analistas perciben cierta "obsesión" por parte del Gobierno en recomponer aquella relación que supo ser "amor-odio" entre el país y el mercado de capitales internacional. Se ilusionan con que Kirchner esté preparando el terreno para cambiar el tono hacia los inversores extranjeros después de las elecciones y así encarar 2008 ("el año próximo ya está jugado", dicen todos).

Guillermo Mondino, de Lehman Brothers, reconoce que hoy existe más contacto con las autoridades. "Recibimos más información, algo que ayuda a transparentar las cosas". De todas maneras, recalca, no hay que esperar resultados rápidos. "La Argentina sigue integrando el lote de países junto a Ecuador o República Dominicana, y no con Brasil o Perú". Explica que en el mundo de hoy el crecimiento económico no necesariamente resulta algo apetecible para los inversores financieros. Reconoce que estos podrán haber perdido plata no habiendo invertido lo suficiente en bonos atados al PIB argentino, pero que ello no les importa demasiado. "La realidad es que se trata de un instrumento sin protección legal. Lo perciben todavía como riesgoso".

Mientras tanto, la calificadora Standard and Poor's decidió hace poco elevar las calificaciones en escala global y nacional de empresas locales. Esto ocurrió luego de subir la nota de la deuda soberana argentina. "El crecimiento económico sostenido junto con una mayor flexibilidad financiera a nivel de la deuda soberana proporciona un escenario más favorable para las empresas que operen en la Argentina", expresó en un comunicado.

La voz de los plomeros

En el mundo de Wall Street vale la pena tener en claro que una cosa es lo que dicen los economistas y otra muy distinta es que lo deciden los inversores (por ejemplo los plomeros estadounidenses, como dijo alguna vez el ex Secretario del Tesoro, Paul O'Neil). La tarea de la Argentina no es sólo convencer a quién escribe un reporte; sino, sobre todo, al que invierte.

Para Werning, el inversor promedio (los plomeros, en este caso) estaría más entusiasmado con una Argentina creciendo cerca del 5% en vez de 9%. A los ojos de algunos inversores ese 9% asemeja a una apuesta del "todo o nada" y esto arriesga a atraer más inversiones especulativas. "El inversor promedio se siente más cómodo con un país que se encuentra sobre una senda de expansión estable", dice Werning. "Una buena performance económica pasada, no necesariamente se traduce en mayor credibilidad". Puede sonar como un pensamiento muy sofisticado para un plomero, pero muchas veces estos últimos demostraron más sentido común que los economistas.

La mirada de los analistas de Wall Street sobre la Argentina hoy en día no difiere sustantiva mente de la que tienen los analistas locales: optimismo en el corto plazo, escepticismo para el mediano. Un ejemplo el de Pablo Morra de Goldman Sachs: "El panorama cambiaría si el Gobierno resolviera el problema energético, terminara de reestructurar la deuda que sigue en default, adoptara mejores políticas anti—inflacionarias y generara un ambiente más pro—inversión". En ese caso, explica el economista, "la tasa de inversión aumentaría y mejorarían las perspectivas de mantener una tasa de crecimiento de 6% por un período más prolongado".

Pero si se trata de tener la visión de Wall Street sobre la Argentina, vale la pena ir un poco más allá de lo que piensan simplemente los optimistas o los más escépticos (no hay pesimistas). Federico Thomsen, un ex economista de ING en la Argentina, dijo en el libro sobre la crisis argentina que escribiera el periodista del Washington Post, Paul Blustein, lo siguiente: "Hay un montón de autocensura en el sector, si hay cosas buenas para decir, se dicen, pero si hay cosas malas, uno cierra la boca". Las garantías en el mundo de las finanzas globales a veces no existen. Nadie puede asegurar que eso mismo que dijo Thomsen, hoy no esté pasando. La última palabra, en todo caso, la tendrán los plomeros estadounidenses.

Ezequiel Burgo.

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