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¿Cansado? Confiésate por la web... te hará bien.

La historia del sitio Web tired.com muestra lo que Internet era antes y en qué se ha convertido.

En 1997, un diseñador de páginas Web de San Francisco llamado Mike Kuniavsky compró por diversión esa dirección de Internet, que si se tradujera sería “cansado.com”. No estaba seguro de qué hacer con ella, pero publicó un breve mensaje en el sitio: “¿Estás cansado? Cuéntanos por qué”. Al hacer clic, los visitantes son enviados a un formulario en blanco de un email con la dirección tired@tired.com, una casilla que reenvía los mensajes al correo de Kuniavsky. Las respuestas nunca se publicarían en línea.

El primer mensaje llegó a las pocas horas. Docenas más llegaron a las pocas semanas. Nueve años más tarde, Kuniavsky ha reunido más de 42.000 emails en su bandeja de entrada. Los remitentes van desde niños con demasiadas tareas a padres agobiados y usuarios de Internet fatigados (más o menos en ese orden, dice Kuniavsky).

La manera más simple de cansancio, por supuesto, es producto de la falta de sueño: “Porque he estado despierto demasiado tiempo escribiendo un sermón”, escribió hace poco una persona.

Pero existe otra clase de preocupación más compleja que se manifiesta en cansancio. La insatisfacción en el trabajo, por ejemplo, es muy común entre los adultos (“Estoy cansado de los clientes malos de mi restaurante”, escribió una persona). Entre los niños, son la presión de la escuela, las tareas y las actividades extracurriculares las que más contribuyen al cansancio.

Las historias de frustración romántica también son frecuentes. Una nota dice: “Estoy cansado de tratar con dos mujeres a la vez, y luego romper con una para que la otra termine conmigo”. Hoy en día, la gente usa Internet para compartir con extraños parte de sus vidas, ofreciendo reseñas informales sobre libros y restaurantes favoritos, compartiendo fotos y describiéndose con todo detalle en los sitios de citas.

Sin embargo, esto no ha sido siempre así. Al principio, la única manera de publicar algo en línea era enviar un email a un grupo de amigos o publicar una nota en una agencia de noticias en línea.

Usábamos la Web de manera pasiva. Si escribíamos a un tablón de mensajes, era para discutir un tema concreto. En aquel entonces el sitio de Kuniavsky era inusual. Pedía a la gente que escribiera cosas en línea a un email privado de un perfecto desconocido. Pero este enfoque tocó una fibra sensible.

Hacia 2000, recibía varias docenas de correos electrónicos al día.
Actualmente, ¿quién enviaría un email a un receptor anónimo sin temer ser víctima de algún fraude por email o descubrir que el mensaje aparece burlonamente por toda la Web? Por supuesto, Kuniavsky ha recibido menos email últimamente, alrededor de ocho al día, dice, la tercera parte de lo que recibió en 2000.

Sin embargo, los mensajes que llegan arrojan cierta luz sobre la naturaleza de Internet como confesionario virtual, sobre todo para aquellos que no son suficientemente mayores para recordar cuando la Web funcionaba de otra manera.

Kuniavsky, hoy de 38 años, es un científico social especializado en estudiar la forma cómo las personas usan Internet. Él tiene una teoría para explicar la razón por la que la gente busca su sitio Web. “El cansancio es producto del peso de la vida que llevamos sobre los hombros”, dice. “Y al escribir sobre las razones de su cansancio, las personas sienten que se abre una ventana reveladora sobre los detalles mundanos pero complejos de sus vidas”

POR VAUHINI VARA - THE WALL STREET JOURNAL
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