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CAPACITACION EN COSTOS Y GESTION

Capital social y agroindustria

"Si bien la Argentina mantuvo por años una posición favorable al desarrollo del capital humano, no hizo lo mismo con el social", afirma el autor. Sin embargo, en el mundo agrario se visualiza una fuerte tendencia a su crecimiento. Los integrantes de la cadena agroindustrial deben tomar conciencia de ello y "poner algunas fichas" en esta misión.

Además de los conocidos factores de producción como la naturaleza (tierra), el trabajo y el capital, existe otro elemento adicional tan importante o más que éstos. Se trata del capital intangible. Este tipo de capital está compuesto por el capital humano —basado en la educación formal y en la formación profesional— y el capital social.

¿Qué es el capital social? Es un activo intangible que se expresa tanto en la capacidad de confianza y asociatividad como en los valores cívicos. Se basa en la cooperación y la interacción entre personas, organizaciones y empresas. En suma, se fundamenta en la visión estratégica de los operadores. Diversos estudios muestran que a mayor asociatividad, más importante es el potencial de crecimiento económico. Lamentablemente, si bien la Argentina mantuvo por años una posición favorable al desarrollo del capital humano, no hizo lo mismo con el social. Sin embargo, en el mundo agrario, desde hace unos años, se visualiza una fuerte tendencia a su crecimiento.

Tres son sus funciones básicas: facilitar el acceso a la información, reducir los costos del seguimiento de actividades económicas —y de toda índole— mediante la confianza y, finalmente, brindar un campo adecuado para la acción colectiva.

Si hemos de analizar la realidad a la luz de los agronegocios, es importante establecer la diferencia entre lo que llamaremos capital social horizontal y vertical. El vertical crece a lo largo de la cadena de valor. Y así contribuye a una mejor coordinación entre eslabones, por lo que permite el aumento de la competitividad (vertical) de la cadena. Atenta contra ella, la visión que pueden adquirir sus agentes respecto a la distribución de los ingresos de la cadena donde operan. Si ellos se prestan a un juego de suma cero, la competitividad de la cadena, a la larga, se resiente. El Foro de la Cadena Agroindustrial es una forma de expresión de capital social vertical que, aunque incipiente aun, tiende a desarrollarse para beneficio de sus integrantes y del país.

El horizontal se desarrolla dentro de un eslabón. Por lo tanto, es ejercido por empresas y agentes del mismo eslabón. En tal caso, es natural que se hallen elementos de competencia entre estos pero, simultáneamente, es posible que se origine un capital social que les permita un mayor grado de productividad. En la medida en que las empresas están embarcadas en la actividad de productos diferenciados, mayor es la posibilidad de competencia entre ellas. En la producción de commodities, más sencilla debiera ser la generación de capital social.

Con la nueva economía, se deja atrás el tradicional sistema de fuerte concurrencia en las relaciones inter—empresariales a otro de cooperación inter—empresarial. Y así surge el fenómeno de las redes.

En análisis histórico de las empresas muestra que éstas salen beneficiadas cuando expanden sus redes y enriquecen las relaciones agregando otros actores a la cadena productiva. ¿Qué implica esto? Pues bien: se trata de acentuar la acción colectiva en el ámbito de los empleados y de los productores agrícolas y demás agentes; crear vínculos personales mediante la capacitación, como lo hacen los grupos CREA y otras entidades rurales; y reducir costos de transacción mediante la provisión colectiva de insumos, bienes de capital físico, como puede ser una balanza comunitaria, e investigación y conocimiento.

Si dirigimos nuestra mirada a AAPRESID, encontraremos un caso interesante de capital social horizontal: un gran número de agentes agrícolas con la convicción de que la siembra directa los hace más competitivos y les brinda elementos para alcanzar mayor sustentabilidad. Tal convicción se origina tímidamente y, a partir de las experiencias exitosas, ha ido retroalimentándose en una suerte de círculo virtuoso. Es que el capital social se reproduce a si mismo incrementando, con su acción, la calidad del am biente institucional.

Un entorno institucional favorable al desarrollo de redes induce a la generación de emprendimientos. Y el capital social hace a tal entorno. Por ello, resulta tan importante el grado de institucionalidad: cuanto más elevado sea, mayor será la tendencia a generar emprendimientos y a incorporar nuevos actores a las redes.

El enfoque de costos de transacción explica las dificultades que tienen los emprendimientos para lanzarse al mercado y desarrollar sus primeras fases. Ellos deben afrontar costos de transacción proporcionalmente más elevados que las empresas de mayor tamaño, establecidas anteriormente. La existencia de regulaciones e imperfecciones de mercado inciden en el aumento de costos relacionados con la búsqueda y captación de información, con la negociación y cierre de contratos y con su administración.

En suma, tales costos empujan a la integración, es decir al desarrollo de grandes corporaciones y dificultan la emergencia de múltiples emprendimientos de menor tamaño. En la medida de que la sociedad logre un marco institucional adecuado para reducir los costos de transacción mayor será la tendencia de los potenciales emprendedores a emprender. Y mayor se la tendencia a crear pequeñas empresas más flexibles y conocedoras de los cambios.

Los productores agropecuarios y las empresas pueden beneficiarse si expanden sus redes y si fortalecen las relaciones existentes agregando otros actores a la cadena productiva. Por ejemplo, en relación con los clientes, el mejoramiento de la comunicación y la búsqueda de información de retorno es una vía que asegura el éxito. El desempeño individual de una empresa puede mejorarse estableciendo relaciones y fortaleciendo las que ya mantiene.

Por ello, urge que la educación no sólo apunte al capital humano, sino también al social, promoviendo el valor de la palabra, la confianza y el civismo. En tal cometido, los propios integrantes de la cadena agroindustrial deben tomar conciencia de ello y "poner algunas fichas" en tal misión. Es cierto que ya hay casos, sin embargo aun son escasos en relación a los altos objetivos que, para la Argentina, trazaron nuestros mayores. En definitiva, el país tiene un compromiso agroindustrial con el mundo entero.

Manuel Alvarado Ledesma. Profesor (Maestría Gestión de la Empresa Agroalimentaria, UCA) y consultor.

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