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CAPACITACION EN COSTOS Y GESTION

Bolsos y carteras, de BA a NY

Los jacarandaes le dan un tono lila a Buenos Aires. El Central Park, en cambio, muestra toda la gama de los ocres. Los dos paisajes son familiares para Amanda Knauer (25), que conoce Buenos Aires desde hace dos años, cuando dejó Nueva York, su ciudad, para instalar su emprendimiento en la Argentina.

Acá es donde produce las carteras, billeteras y muchos etcétera de cuero y de lujo con la marca Qara. Después los vende en los EE.UU. y Europa a precio dólar y euro.

En Buenos Aires hasta hace muy poco se conseguían en algunos negocios exclusivos y en hoteles VIP. Pero ahora que acaba de inaugurar su propio local, los argentinos podrán comprar en Palermo Soho los bolsos, tarjeteros y fundas para laptops con la etiqueta Qara (que significa cuero en quechua).

Dice que todos los que se enteran de su historia se asombran. Se entiende: suena raro que una ciudadana del american dream elija la Argentina para concretar su dream. No sólo los argentinos abren los ojos; sus compatriotas también. "Una americana en la París sudamericana" fue el título de Business Week para contar su caso.

"Siempre me sentí atraída por la Argentina, en especial por Buenos Aires, que tiene fama de ciudad sexy y romántica. Me interesa la combinación de la rudeza sudamericana con la clase europea", explica mientras toma un café en el Malba.

El mismo espresso en un Starbucks cuesta por lo menos tres veces más. Esa es otra de las razones que la trajo a estas tierras. En este lugar del planeta le iban a rendir mucho más los US$ 45.000 que le dejó su abuelo, del que también heredó el gen emprendedor.

Ni pensar en arrancar algún negocio con ese dinero en Nueva York. En Buenos Aires, Knauer puede pagar a siete personas muy capacitadas con el equivalente al salario de una sola persona en los Estados Unidos.

Otro punto a favor de la Argentina para combinar moda y negocios: el buen nivel de las carreras universitarias de diseño.

A pesar de que había viajado mucho con su familia, jamás había pisado este país. Lo que más le costó, dice, fue entender la "manera argentina de hacer negocios" y la burocracia estilo K (por Kafka, se entiende). "En los Estados Unidos se puede crear una empresa en un día. Acá es mucho más largo". A ella le llevó ocho meses salir del laberinto de trámites.

La pequeña empresa tiene futuro. Al menos eso piensan los inversores de un fondo privado que aportaron US$ 400.000.

A cambio, Knauer les ofrece una marca internacional y ser los primeros en incursionar en un nicho que, según dice, descubrió inexplorado en la Argentina: el de los productos de cuero para hombres de 25 a 40 años y de buen nivel económico. "No existe una marca específica para ellos". Los que les venden billeteras y bolsos son empresas cuyo core business es la ropa.

A las mujeres les va a ofrecer productos más exclusivos que los que pueden encontrar en el mercado, define Knauer, que tiene mirada de nena pero que habla de nichos, marcas y estrategias comerciales con la seguridad de una mujer de negocios con años de experiencia.

Los productos son los mismos acá y en los Estados Unidos pero los precios no. Los bolsos, que acá se pagan entre 200 y 600 pesos, allá están marcados con los mismos números pero el signo que los precede es el dólar.

Antes de saltar a las vidrieras Qara estuvo detrás del vidrio del monitor. Había arrancado con un sitio Web hasta el que llegaban pedidos de todo el mundo: Tokio, Singapur, Inglaterra. Ahora tuvo que frenar un poco este comercio para concentrarse en el local. Que no será uno solo, si sus planes se cumplen. Los proyectos son ambiciosos: abrir otro negocio en la Argentina y tener ocho en los Estados Unidos para fines de 2007. Mientras llega ese momento, sus coterráneos pueden comprar los bolsos y billeteras en algunas boutiques en Nueva York y Washington.

Knauer tiene millas de vuelo acumuladas: toma el avión BA—NY y NY—BA todos los meses. La marca, como su dueña, tiene un pie en las dos culturas: "En Qara hay un mix argentino — estadounidense. El producto es muy argentino por la materia prima y por la calidad de la manufactura pero apela a la estrategia comercial típica de los Estados Unidos" y poco explotada por estos pagos: servicio al cliente, estética y presentación del producto.

"Yo vengo a ser la directora creativa", dice Knauer, que trabaja con diseñadores de varios países. Son los artesanos argentinos los que después llevan esas ideas a la práctica.

Además del tramiterío, le costó adaptarse al ambiente machista de la industria del cuero. No le resulta fácil comunicarse con muchos de los dueños de las curtiembres, hombres grandes que no entienden bien eso de negociar con un alguien que es mujer, joven y extranjera. "Es difícil durante los primeros quince minutos de conversación. Siempre hay una especie de barrera: por qué estoy acá, qué estoy haciendo, soy una mujer" pero después todo se encarrila.

En alguna de sus dos casas, Amanda tiene colgado el diploma de Relaciones internacionales que le dio la Brown University.

En su vida pre empresarial fue bartender y personal shopper. Hoy los medios escriben sobre ella como emprendedora pero Knauer jamás se entera de lo que dicen esas notas: "Nunca las leo porque me da mucha vergüenza".

Cecilia de Castro.
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