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CAPACITACION EN COSTOS Y GESTION

Costos y Contabilidad de gestión

La Gestión y el papel de la Contabilidad en la empresa

La Contabilidad de Gestión constituye en la actualidad un pilar tan fundamental como necesario para la más eficaz dirección empresarial. En el momento actual esta disciplina está experimentando un desarrollo y renovación espectaculares, acordes con las característi­cas de ese nuevo entorno de las empresas tan dinámico como competitivo, y, tan cambiante en aspectos tan diversos como: los procesos tecnológicos, la evolución informática, las políticas de concentración empresarial, el automatismo de las comunicaciones y los sistemas de control, el sensible aumento de la información, e incluso las integraciones económicas supranacionales, así como las reformas políticas de carácter estructural.

Es pues un momento "mágico" para la Contabilidad de Gestión, bien para su consolidación, en unos casos, bien para su implantación en aquellas empresas que no disponen de la misma, aunque puedan venir desarrollando hasta ahora una contabilidad de costes convencional. Es de todos conocido que la Contabilidad de Costes, parte fundamental de la Contabilidad de Gestión, ha venido experimentando desde hace unas décadas un importante estancamiento.

Este estancamiento se ha venido reflejando igualmente, como es lógico, en el campo de la enseñanza, donde los programas universitarios no han sufrido cambios calificables como esenciales desde hace algunas décadas, lo cual ha originado, a su vez, que la mayoría de los universitarios convertidos en profesionales al finalizar sus estudios hayan proyectado sobre sus empresas esa visión clásica de la Contabilidad de Costes. Este no es un fenómeno específicamente español, en absoluto, sino que se viene reconociendo, en estos últimos años, en muchos países que han seguido secularmente planteamientos y modelos muy distintos.

En este sentido se reconoce, en numerosos ámbitos económicos y empresariales, nacionales e internacionales, que la Contabilidad de Costes convencional ha dejado de estar a la altura de la realidad empresarial sobre la que se proyecta; y ello por dos razones fundamentales:

a) porque los supuestos básicos sobre los que se apoya han cambiado radicalmente (los procesos productivos han experimentado cambios importantes, la estructura de los costes empresariales es totalmente diferente, así como su división entre directos e indirectos; la proyección temporal es muy distinta, etc), y

b) porque la propia realidad empresarial ha cambiado de forma sustancial: las relaciones de producción, la naturaleza y consideración social de los estamentos que colaboran en la actividad, sobre todo el factor humano, la "dimensión calidad" y, en definitiva, diversas consideraciones que han hecho cambiar en buena medida el concepto de empresa, y que determinan la necesidad de una consideración contable mucho más compleja e integral de la unidad empresarial; esta apreciación integral es la que pretende lograr, en definitiva, la Contabilidad de Gestión.

Fines genéricos de las ramas relacionadas con la Contabilidad de Gestión (Recogido del Documento nº 1 de la serie "Principios de Contabilidad de Gestión" de A.E.C.A.):

1.- Contabilidad financiera: Procesa información "normalizada" para:
- usuarios externos
- decisiones internas correspondientes al ámbito externo.

2.- Contabilidad de costes: Obtiene informaciÓn sobre costes, en especial para la formación de los estados financieros:
- valoración de inventarios y bienes de inmovilizado fabricados por la propia empresa (Balance);
- determinación del coste de los productos vendidos (Cuenta de Resultados).

3.- Contabilidad de gestión: Elaboración, análisis e interpretación de la informa­ción contable para la adopción de decisiones a corto plazo:

- tácticas (optimización de los medios disponibles)
- operativas y de control de gestión.

4.- Contabilidad directiva: Interviene prioritariamente y de forma pluridisci­pli­nar en los tres procesos básicos siguientes:

1. Diagnóstico de la empresa.
2. Planificaciones estratégica y táctica.
3. Control de la empresa.

Jesús Lizcano Alvarez

ABC (Activity Based Costing). Qué es y en qué consiste el sistema ABC

El sistema de costes ABC se centra específicamente en la gestión de actividades como for­ma que tienen las empresas pa­ra ganar competitividad. Una Actividad es una combi­nación de personas, tecnología, materias primas, métodos, y en­torno para producir un determi­nado producto o servicio. Des­cribe lo que hace la empresa: el tiempo que invierte en sus pro­cesos y los "outputs" de los mismos.

Ejemplo de actividades: en­samblar un producto final, factu­rar a los clientes, hacer una en­dodoncia.

En definitiva, una empresa puede gestionar lo que hace, sus Actividades. El punto de partida para gestionar activida­des es conocer y comprender los recursos consumidos nor­malmente por las actividades que se realicen día a día (Coste de las Actividades), el volumen de output» que produce cada actividad (Medida de Actividad o Activity Driver), y como se lle­va a cabo la Actividad (Medida del Rendimiento). Esta informa­ción es la que se extrae de un sistema de costes basado en las Actividades (ABC).

Un sistema ABC (Activity-Ba­sed Costing) es una metodolo­gía que mide el coste y el ren­dimiento de las Actividades, de los Recursos y de los Objetivos de Coste. El sistema ABC es un proceso de asignación de costes indirectos en dos eta­pas en el que, en la primera etapa, los recursos son consu­midos por las actividades y, en la segunda etapa, los objetivos de costes (productos, clientes, mercados, etc.) consumen la actividad.

Este sistema.de costes ha te­nido, en los últimos años, una gran relevancia, y podría consi­derarse como "un modelo eco­nómico de la organización que integra datos de diferentes siste­mas de información tanto finan­ciero como operativo".

Cómo surge

El Sistema Tradicional de Infor­mación de Costes era "acepta­ble" en entornos productivos donde la Mano de Obra Directa y la Materia Prima Directa eran los factores de producción predomi­nantes, la tecnología era estable, los Costes Indirectos no eran muy importantes y había un nu­mero limitado de productos en la gama ofrecida por la empresa.

El rápido crecimiento del ABC se ha debido a una sede de fac­tores interrelacionados. El cam­bio producido en muchas empre­sas ha sido enorme durante la década de los 80.

Estos cambios en la fabrica­ción hacen que se requieran más recursos productivos en cuatro áreas en particular:

1º.- En la logística de la producción, donde la programación del trabajo se volvió más compleja y la planificación más complicada.

2º.- En la armonización de los recursos disponibles con los planes de producción.

3º.- En logro de la calidad a través del proceso de producción.

4º.- En la habilidad para hacer frente a los cambios, por ejemplo en la gama de productos o especificaciones, en la tecnología y en los requeri­mien­tos de los clientes.

La creciente carga de trabajo en cada una de estas áreas no estaba simple­mente relacionada con las actividades de fabricación exclusivamente, que era lo que afirmaba el Sistema clásico de asignación de costes, que se ba­saba en el hecho de suponer que había una fuente exclusiva de ge­neración de costes (Cost Driver) y ésta era el Volumen de la Pro­ducción. Por el contrario, los re­cursos requeridos por las activi­dades de los nuevos entornos de producción, dependían más de la creciente diversidad, compleji­dad, calidad y flexibilidad del output de producción. Por ello surge la necesidad de un nuevo sistema de información que refle­je la complejidad del consumo de recurso de las empresas y se ex­tienda a través de actividades distintas a las fabriles.

Cómo se aplica un sistema ABC

El sistema de costes ABC pue­de aplicarse en cualquier tipo de industria, ya sea fabril como de servicios. La diferencia básica estriba en que el "output" en una industria de servicios es un intan­gible. El sistema ABC es más caro de instalar y de mantener que un sistema tradicional, dado que el ABC se extiende a unas actividades más numerosas y más complejas. Desde el punto de vista del comportamiento que genere en la organización, el ABC puede producir grandes rechazos si no es un proceso apo­yado desde la dirección y por los líderes de opinión de la compa­ñía.

Qué implica el diseño de un sistema ABC

Un sistema ABC implica el desa­rrollo de cuatro etapas clave:

1º Identificación de las actividades del negocio afectadas por el volumen de las "transacciones" antes que por el volumen del "output" final.

2º Identificación y atribución de los recursos consumidos por las actividades cuyo coste debe determinarse.

3º Selección de las "Medidas de Actividad" para cada actividad y establecimien­to del sistema para capturar datos sobre el volumen de actividad.

4º Aplicación de las "Medidas de Actividad" a las líneas de producto o servicios para generar información sobre el coste de los produc­tos o servicios.

Conclusiones

Los beneficios fundamentales del sistema ABC son los siguien­tes:

1º Más precisión en la determi­nación del coste de los objetivos de coste.

2º Mayor visibilidad de los costes indirectos.

3º Enfasis en las actividades que se desarrollan a través de diferentes departamen­tos.

4º Mejora de la comprensión del comporta­miento de los costes indirectos por parte de los directivos de las empre­sas.

5º Control y reducción de los costes indirectos mediante la elimina­ción y reorganiza­ción de le actividades.

6º Aumento de los recursos en aquellas actividades críticas para el éxito.

7º Nueva forma de medir los rendimientos.

8º Un lenguaje común a toda la organización.

Francisco Navarro Castillo

Los Presupuestos como instrumento de apoyo a la gestión de las Pymes

En el actual contexto de creciente innovación tecnológica y competencia se hace cada vez más necesario la introducción de instrumentos que ayuden a la cada vez más compleja gestión de las empresas. Aunque tanto las PYMES como las grandes empresas actúan en un entorno de idénticas características, sin embargo las técnicas de supervivencia que deben aplicarse a ambos colectivos no son las mismas; en cualquier caso las PYMES tienen que aprovechar las potencialida­des que ofrecen ciertas técnicas de gestión que siendo poco sofisticadas no dejan de ser por ello efectivas.

Concretamente, el control de gestión puede ser el área en el que más diferencias pueden encontrarse entre una gran y una pequeña empresa, dada la simplificación que conllevaría el implantar ciertas técnicas en un contexto empresarial reducido; a este respecto cabría destacar concretamente la presupuestación, como instrumento de ayuda en el proceso de control de las actuaciones y a la que nos referimos explícitamente a continuación.

La implantación de un sistema presupuestario puede reportar, a nuestro juicio, las siguientes ventajas dentro del marco de las PYMES:

* Permite coordinar adecuadamente la actuación de las distintas áreas de la empresa, en aras a la consecución de un objetivo preestablecido; ello implica, por un lado, una planificación ya no sólo a largo, sino a corto plazo, a través de la fijación de planes de actuación concretos, que en ocasiones no suelen ser formulados. Por otro lado, va a exigir la fijación o delimitación de las funciones específicas de la empresa que, en el caso de las PYMES, estan desdibujadas por la centralización de funciones en torno a una misma persona.

* Constituye un instrumento particularmente eficaz en el seguimiento de la actuación de las empresas, lo que permite, mediante un proceso de control contínuo, practicar los ajustes necesarios que permitirán corregir las situaciones de deficiencia que puedan presentarse en la propia gestión, o incluso dar un cambio a la política global de la empresa, caso de que las condiciones imperantes así lo aconsejen. Este proceso de ajuste será más inmediato cuanto menor sea el tamaño de la empresa, puesto que los mecanismos de ajuste pueden implantarse de manera más automática, pudiéndose evaluar, asimismo, la repercusión que una determinada decisión tiene sobre las distintas areas de la empresa; por otra parte, cuanto menor sea el tamaño de la empresa los resultados se obtendrán de manera más rápida en lo relativo a la elaboración de aquellos informes que tienen que presentarse a su superior jerárquico, y que en el caso de la gran empresa puede representar días hasta que pueda modificarse la decisión inicialmente adoptada.

* El proceso de presupuestación se vuelve particularmente sencillo en su implantación en el contexto de las PYMES, puesto que, las tradicionales fases de un proceso presupuesta­rio, concpetuadas como: negociación, asignación y distribución de los recursos financieros, pueden acometerse en este contexto de una forma mucho más fluida que si se actúa en una organización de cierta envergadura, en la cual se requieren mecanismos de transmisión de directrices a las distintas areas de actividad en algunos casos algo sofisticadas, y lo que quizá es más destacable, el tiempo que se necesita para que esas directrices lleguen a las unidades operativas más elementales de la empresa.

El proceso de presupuestación se inicia con la formulación, por parte de las distintas áreas (en función de las acciones a emprender en un determinado ejercicio) de sus correspondientes presupuestos, lo que supone evaluar, en términos monetarios, su actuación para dicho ejercicio económico, a fín de estimar sus necesidades financieras derivadas de su gestión corriente, así como las inversiones que van a ser precisas acometer. Indudablemente, a través de los mecanismos que la empresa estime oportuno implantar, se deberá garantizar la coordinación entre la actuación de todas las areas lo que, de alguna forma, viene a justificar la necesidad de fijar una negociación entre todos los responsables, a fín de obtener una visión global de la actividad prevista en la empresa bajo una concepción de cuerpo común.

Posteriormente la dirección de la empresa deberá fijar la política financiera del ejercicio, teniendo en cuenta, para ello, el conjunto de cobros y de pagos (tanto ordinarios como extraordinarios) previstos, a fin de establecer, con cierta anticipación, las necesidades de tesorería, así como el momento en que será necesario aplicar éstas; de esta forma, el Presupuesto de Tesorería constituye un documento de síntesis que ofrece una adecuada sistematizacion del conjunto de cobros y pagos previstos a lo largo del período.

La vertiente financiera de la empresa es importante, pero no lo es menos la vertiente económica, que en el presente contexto se analiza a través de la Cuenta de Resultados previsional, la cual integra el conjunto de gastos y de ingresos previstos para el ejercicio, facilitando el control ex-ante que en relación con estas magnitudes crea adecuado establecer la empresa, fijando, por ejemplo, una determinada tasa de rentabilidad o de productividad a alcanzar durante un período, y que puede servir como punto de referencia a lo hora de establecer el grado de consecución de los objetivos bajo una perspectiva económica.

Por último, se elabora el Balance de Situación previsional, e incluso el Cuadro de financiación previsional, que pretenden ofrecer una sintetización de las variaciones patrimoniales previstas para el ejercicio, poniendo expresamente de manifiesto los orígenes de fondos que prevee generar la empresa, y las aplicaciones que va a ser necesario afrontar como consecuencia de operaciones, tanto ordinarias como extraordinarias.

Indudablemente, todo este proceso debe ser sometido al correspondiente "control de calidad" que supone establecer una comparación entre las previsiones, recogidas en los correspondientes presupuestos, así como las realizaciones, proceso éste que se denomina "Control presupuestario". Dicha comparación puede determinar la aparición de diferencias que deben ser analizadas a fin de establecer las causas que han motivado su aparición. Estas diferencias se someten a un proceso de retroalimentación que permitirá ajustar, o bien los presupuestos, o bien los cursos de acción emprendidos durante el ejercicio, al ponerse de manifiesto su inviabilidad, o incluso a la hora de pedir responsabilidades, caso de que tales diferencias se deban a una mala actuación de los gestores.

Por último cabe destacar, en relación al tema abordado, que la Asociación Española de Contabilidad y Administración de Empresas (AECA), y más concretamente la Comisión de Principios de Contabilidad de Gestión, preocupada por ofrecer un apoyo a las empresas de este país en este ámbito, ha emitido recientemente un Documento, concretamente el nº 4, titulado: "El proceso presupuestario de la empresa", que aborda de manera sistemática y minuciosa el proceso global de presupuestación en las unidades empresariales, explicitando los diversos presupuestos parciales que deberían elaborarse, así como el proceso de síntesis tendente a reflejar las consecuencias económico-financieras que reportaría para la empresa el emprender un determinado curso de acción.

Emma Castelló Taliani

La Contabilidad de Gestión como instrumento de optimización en el espacio microeconómico

El entorno microeconómico actual está experimentando en España, al igual que lo viene haciendo en la mayor parte de los países industrializados, una intensificación cualitativa y a nivel de competencia, por una parte, así como un importante grado de desarrollo y de dinamismo -lo que algunos llaman fenómeno de "turbulencia"- por otra, que hacen imprescindible la utilización de unos modelos cada vez más perfectos en el área de la Contabilidad de gestión.

Tanto una optimización del factor humano, de su rendimiento y de su bienestar, por una parte, como la optimización en las realizaciones de las unidades económicas de producción o empresas, por otra, -gestoras, además, de dicho factor humano-, así como el posible incremento de la eficacia en la gestión de los recursos por parte de las Administraciones públicas, hacen necesaria, como decimos, una dinamización y constante perfeccionamiento en el ámbito que cubre esta importante disciplina, la contabilidad de gestión, que no es otro que el de una información económica de carácter integral en las correspondientes unidades económicas.

Dejando al margen los razonamientos relativos a su proyección en el sector público, lo cual necesitaría de un estudio más específico al respecto, podemos realizar algunas reflexiones sobre la situación actual y las perspectivas de la contabilidad de gestión -en base a esa necesidad inferida por la situación del entorno- en lo relacionado con las otras dos unidades microeconómicas, como son las familias, por una parte, y las empresas, por otra. Dado que la primera, esto es, el factor trabajo, o, en definitiva, la mano de obra de las unidades empresariales, se proyecta sobre las realizaciones económicas a través de las segundas, vamos a hacer una referencia de carácter genérico a la contabilidad de gestión y sus perspectivas, en relación con el entorno empresarial.

Conocida es la opinión general de que la contabilidad de gestión ha venido experimen­tando durante muchos lustros un cierto estancamiento en base a que no había llegado a superar, por lo general, los objetivos propios de la contabilidad de costes convencional. Afortunadamente desde hace unos años se ha comenzado a apreciar la contabilidad de gestión como un instrumento fundamental de cara a la mejora de las actuaciones empresariales y al incremento de su eficacia. Hoy día los profesionales de la contabilidad de gestión están adquiriendo un papel fundamental como protagonistas de la generación de una información cada vez más sustancial para los directivos de las empresas. El profesional de la contabilidad de gestión ha dejado de ser una persona que no hacía sino contabilizar los costes y ha pasado a ser una persona que debe trabajar igualmente en reducirlos. Estos profesionales han de elaborar una información de gran calidad que afecta prácticamente a todos los niveles de dirección y administración de las empresas, condicionando en buena medida la eficacia de las correspondientes tomas de decisiones. Otra característica actual de los "contables de gestión" es su tan necesaria como constante relación con los ingenieros, los directores de explotación, responsables de las líneas de productos, así como los propios directivos generales o managers dentro de las empresas.

Hoy en día en los sectores punta y de alta tecnología se dan cada vez con mayor frecuencia unos ciclos de vida más cortos en los productos, que multiplican la importancia de variables "no monetarias" en la planificación y desarrollo de dichos productos, tales como la calidad, la frecuencia en su renovación, las características diferenciadoras, etc. cuestiones que en estos casos han de ser consideradas en mayor medida que las convencionales -por ejemplo, la del coste de producción- a la hora de tomar las decisiones relativas a los productos.

A nuestro juicio se dan tres factores fundamentales que permiten este importante desarrollo actual de la contabilidad de gestión: A) El entorno económico; B) El entorno supranacional; y C) Diversos factores de carácter nacional.

El entorno económico, en primer lugar, del que hemos anticipado el carácter cada vez más dinámico y acelerado de sus procesos y acontecimientos, se caracteriza por un muy importante y creciente nivel tecnológico, debido en buena medida al desarrollo de la informática. Este tipo de desarrollo, de carácter "intensivo" más que "extensivo", determina que los costes de investigación, procesamiento, análisis y comunicación de la información hayan experimentado una muy importante disminución en estos últimos tiempos. Hoy día, con la tecnología digital se pueden registrar de forma continua e instantánea todos los datos derivados de las operaciones de fabricación. Los productos pueden ser, por otra parte, etiquetados con códigos de barra que posibilitan su automático control dentro de los correspondientes procesos. Todas estas cuestiones hacen que cambie de forma importante la estructura de los costes, que aumente de forma sensible el porcentaje de los costes fijos, sobre todo por los costes del personal informático, de las aplicaciones de software, etc., disminuyendo consecuentemente la proporción de costes directos en los productos respecto a los costes totales. Por otra parte, se han desarrollado de forma importante en estos tiempos los sistemas de fabricación flexibles, que tienen una amplia repercusión sobre los costes de producción, ya que convierten una buena parte de los costes de una fábrica en costes conjuntos.

Otra serie de factores que pueden originar una importante expansión de la contabilidad de gestión son los relacionados con el entorno supranacional. En el mundo se está gestando un nuevo orden económico a nivel internacional, que se materializa en una clara tendencia a la mundialización, que puede determinar sin duda una intensificación de las relaciones comerciales actuales; esta intensificación supranacional puede ser más intensa en Europa a partir del año 1993 con la implantación del Mercado Unico.

Por otra parte, los países del Este están experimentando una reconversión hacia los sistemas de libre mercado, lo cual va a determinar en estos próximos años un desarrollo espectacular -en este caso de carácter "extensivo", más que intensivo- de la contabilidad de gestión, ya que estos países van a salir de unos sistemas propiamente "administrativos" para sumergirse en el sistema de mercado, lo cual conllevará el necesario desarrollo de unos adecuados sistemas de planificación y gestión que impulsarán, en definitiva, la propia contabilidad de gestión.

En lo que se refiere, por último, al entorno nacional, hay que señalar, en primer lugar, que el nuevo marco legal mercantil en España va a determinar una importante intensificación de la cantidad de información que las empresas han de generar por una parte, y que por otra, van a poder manejar, en base a la información generada por otras empresas con las que se relacionen de una u otra forma, bien en calidad de clientes, de competidores, de proveedores, etc.

Esta mayor cantidad de información en el sistema microeconómico, procedente del subsistema empresarial, va a hacer que las empresas puedan caminar con mayor conocimiento hacia la optimización, puesto que van a poder disponer de una forma más amplia y automática de unos determinados estándares o puntos de referencia para que cada empresa pueda comparar sus actuaciones con las de otras unidades empresariales de forma individual o agrupada. Se trata, en definitiva, de que las empresas, por una parte, al tener que mejorar la información económico-financiera externa, de alguna manera habrán de desarrollar un mejor sistema interno de información; y por otra parte, al disponer de mucha más información sobre las empresas con las que a uno u otro nivel están relaciona­das, podrán introducir en su sistema de gestión las mejoras correspondientes para acercarse a los estándares específicos más convenientes al respecto.

En estos momentos, por lo tanto, se puede afirmar que la contabilidad de gestión está en un proceso de mutación transcendental, que puede, en definitiva, originar importantes mejoras para el desarrollo y la actuación, y por lo tanto para el bienestar, de las distintas unidades que conforman el sistema microeconómico nacional.

Jesús Lizcano Alvarez

Activity Based Management (ABM), ¿Qué es y en qué consiste? - La gestión de costes basada en las actividades

El ABM (Activity-Based Mana­gement) o la Gestión de Costes por las Actividades es un modelo de Gestión de Costes basado fundamentalmente en la información que le proporciona el ABC (Activity Based Costing). Este modelo empieza tomando referencia de los princi­pios y de los procesos de nego­cio frente al «Mejor» (Banchmar­king). El ABM es una disciplina que se centra en la gestión de las actividades como vía para mejo­rar el valor recibido por los clien­tes y el beneficio alcanzado al proporcionar dicho valor. Esta disciplina incluye el análisis de lo que genera costes, el análisis de las activida­des desarrolladas por la empresa y la medida del rendi­miento.

¿Por qué surge?

Los clientes esperan de las empresas la obtención de pro­ductos y servicios de la máxima calidad, recibidos en un tiempo mínimo y al menor precio posible. Los clientes esperan que el AVE les lleve a Sevilla en menos de dos horas y media, en un entorno de transporte muy cómodo y a un precio, hoy por hoy, razonable. También esperan que las pizzas se reciban en casa en menos de treinta minutos, o que cuando pi­dan un Viña Ardanza en un res­taurante el vino no esté picado.

Los cambios que se están pro­duciendo en el mundo empresa­rial son consecuencia de un pro­greso científico y tecnológico sin precedentes y de una creciente competitividad global motivada por la apertura de las economía de los países. En este entorno te­rrible las empresas pueden optar por la estrategia de la excelencia empresarial o verse forzadas a abandonar el negocio. La falta de competitividad puede hacer cam­biar una situación de supremacía en el mercado al más absoluto de los olvidos y si no piénsese en RCA frente a SONY o Pan Am frente a British Airways.

Todas las organizaciones tie­nen recursos limitados, por lo que el uso eficiente de los mis­mos es una condición, absoluta­mente necesaria, para que las mismas puedan sobrevivir en el tiempo. El intento de mantener beneficios estables mediante un aumento de precios hará que, inevitablemente, se produzca la erosión de la posición que la em­presa tenga en el mercado. Con­forme los productos o los servi­cios maduran, aumenta la com­petitividad, los precios y los be­neficios inexorablemente caen y se sucumbe ante la presión com­petitiva

¿Cuáles son los objetivos y qué implica el ABM?

El ABM tiene dos objetivos, ambos comunes para cualquier tipo de empresa. El primero es mejorar el valor de los productos o servicios recibidos por los clientes. El segundo es mejorar el beneficio al proporcionar el citado valor. Estos objetivos se alcanzan mediante la gestión de las activi­dades.

Alcanzar estos objetivos co­mienza con una simple conside­ración: Los clientes tienen dese­os muy elementales. Quieren pro­ductos y servicios que respondan a sus necesidades específicas. Quieren calidad. Quieren servicio. Quieren un precio razonable y sentirse totalmente satisfechos.

Por tanto todo es muy sencillo, hay que hacer y dar lo que quiere el cliente. Hasta ahí de acuerdo, pero una cosa es hacer y dar lo que quiere el cliente y otra cosa es que eso, además, sea rentable. No basta con que les digamos a nuestros accionistas que los pro­ductos que situamos en el merca­do tienen la máxima calidad o que los clientes nos colocan en las más altas cotas de satisfacción.

El ABM exige un cambio cultu­ral en la organización pues lo pri­mero que pide es tener una visión completa de cómo la organiza­ción desarrolla el negocio. Esto implica un cambio completo del modelo de gestión que lleva a abandonar la visión funcional tra­dicional de la estructura organiza­cional (por departamentos) hacia una que facilite la visión "Cross funcional" (Interrelacio­nada) o Vi­sión de los Procesos de Negocio.

Para que el ABM funcione son necesarios una serie de cambios culturales. El ABM es el modelo y la estructura que soporta el cam­bio cultural que exige la competi­tividad global a la que se tiende actualmente.

Esta estructura incluye "Total Quality Management", "Just in Ti­me", "Activity-Based Costing", Fabricación en Flujo Continuo, Potenciación e Implicación del Personal, Fabricación Celular, Fa­bricación Enfocada. En definitiva ABM implica:

1. La excelencia en la cadena de valor de todos los procesos de negocio de la compañía.

2. Optimización del valor recibido por el cliente

3. Maximización de los beneficios al proporcionar dicho valor.

El ABM implica una profunda reeducación de la totalidad de la organiza­ción. Para que esto ocu­rra la iniciativa debe partir de la cúpula directiva. Si la Alta Direc­ción no está comprometida filosó­ficamente con el cambio, el ABM nunca impregnará la cultura de la organización. Lo primero que de­ben hacer las empresas que quieren competir en los actuales mercados globales, es reconocer los cambios revolucionarios que han ocurrido y están ocurriendo en el entorno. Las empresas de­ben centrarse en formar un equi­po de nivel "Senior" de funciones interrelacionadas (Visión de Pro­ceso) para evaluar y controlar continuamente los factores com­petitivos que afectan al mercado global.

Conclusiones

El ABM también ayuda a mejo­rar la posición de la empresa en el mercado así como su capaci­dad estratégica. Ayuda a mejorar la posición mostrando cómo de­ben desplegarse los recursos pa­ra favorecer las actividades que proporcionan valor económico a los productos o servicios de la empresa. Ayudan a mejorar la ca­pacidad estratégica sirviendo de guía para la mejora de los facto­res importantes para los clientes.

En resumen el ABM se centra en:

- Reducir el tiempo y el esfuerzo requerido para llevar a cabo las actividades.

- Eliminar las actividades innece­sarias (Las que no añaden va­lor al cliente).

- Seleccionar las actividades de coste óptimo para llevar a ca­bo el trabajo.

- Compartir actividades siempre que ello sea posible.

- Reasignación de los recursos disponibles como consecuen­cia de los esfuerzos de mejora.

El ABM y la Calidad Total caminan codo con codo en las mejoras de los procesos de negocio.

Francisco Navarro Castillo

Cómo asignar a los clientes los costes generados por el marketing y las ventas

La función de marketing, implica dos procesos diferentes, aunque relacionados entre sí: a) La búsqueda del modo de estimular a los compradores, y b) La distribución física de los bienes y servicios. Históricamente, el marketing ha estado mas preocupado por la "Búsqueda de clientes" y menos preocupado por los aspectos de la distribución física, si bien recientemente hay una mayor preocupación por los problemas de logística y de eficiencia en los costes de la distribución física de los bienes y servicios.

La tendencia a clasificar muchos costes de distribución como gastos operativos y no asignarlos a funciones específicas, indican que los directivos no han considerado dichos costes lo suficiente­mente importantes como para justificar un análisis detallado de los mismos. De esta forma, los sistemas de costes tradicionales se han centrado fundamen­tal­mente en el coste de producción, pasando por alto una parte muy importante del coste del producto, como es el coste de marketing.

El coste de marketing supone, muchas veces, el 500% del coste total de muchas líneas de productos y aproximadamente es el 20% del Producto nacional bruto de los Estados Unidos de Norteamérica. En este país, por ejemplo, competir en los costes de distribución es crítico para el éxito, dadas las enormes distancias existentes y es un problema adicional con el que deben luchar las empresas extranjeras que se instalan en dicho país.

Desde el punto de vista de la dirección estratégica de costes, donde la cadena de valor de una empresa ha de concebirse en el seno de la cadena de valor de la industria, los costes de distribución son críticos para tener éxito en el enlace de las cadenas de valor de la empresa y la de los clientes. Dado que el peso de los costes de marketing o costes generados por el cliente de muchas empresas están alcanzando valores importantes, la optimización de los citados costes puede llegar a ser una gran oportunidad para obtener ventajas competitivas.

La función básica de los costes de marketing y de distribución es suministrar a la dirección la información necesaria para planificar y controlar el esfuerzo que se realiza en marketing, teniéndose en cuenta que lo primordial para la dirección de marketing de una empresa es tener la mejor información sobre la rentabilidad del producto y de las líneas de productos.

Diversos estudios evidencian que la dirección de marketing necesita esta información, tanto para a) medir e in­for­mar del efecto que cambios en el volumen o cambios en el esfuerzo de marke­ting tienen en la rentabilidad del producto, como para b) proporcionar información de los gastos de marketing por producto y por segmentos de mercado y poder así controlar mejor los costes de marketing, y para c) ayudar a la dirección a justificar los precios de los productos y los descuentos en precios. Además, la creciente capacidad de los ordenadores posibilita que algunas empresas puedan: 1) Asignar costes a los clientes y 2) Clasificar a los clientes.

Definición del coste de marketing

El coste de todas las actividades que se realizan desde que el bien se ha producido hasta que llega a las manos del cliente se conoce indistintamente como coste de marketing. Los costes de marketing comprenden así los siguientes componentes:

A) Costes directos de ventas: Son todos los costes relacionados con las órdenes de ventas (gastos directos del personal de ventas, oficinas de ventas de las sucursales y servicios de ventas) y con costes relacionados con la gestión y supervisión directa de los esfuerzos de ventas.

B) Costes de publicidad y de promoción de ventas: Son los costes de preparación de la publi­cidad, tiempos o espacios en los medios de comunicación y todos los costes directamente conec­tados con las campañas de promociones de ventas, desarro­llo de mercados y publicidad.

C) Costes de transporte y Embalaje: Costes relacionados con el transporte y embalaje de bienes hacia el exterior, transporte y embalaje de bienes devueltos, y los costes de gestionar la función de trans­porte y embalaje.

D) Costes de almacenamiento y depósito: Todos los costes de almacenar, depositar y manejar bienes terminados o piezas asignables a la función de distribución.

E) Costes de investigación de mercados: Los costes de los proyectos llevados a cabo para testar o confir­mar datos sobre productos, mercados, o métodos de distri­bu­ción, y todos los costes de administrar el departamento.

F) Costes generales de distribución: Es una categoría que engloba todos los costes que están bajo el control del departamento de marketing y que no están incluídos en los costes men­cionados anterior­men­te.

Propósito del análisis de los costes de marketing

Los propósitos mas importantes de los costes de marketing pueden referirse, según autores como Moscove y Wright, a las siguientes realidades: ¿Qué productos o servicios deberían ofrecerse?. ¿A qué precios debería ofrecerse el bien?. ¿A qué grupo de clientes se debería dirigir el esfuerzo de ventas?. ¿En qué áreas debería ofrecerse el producto o servicio?. ¿Qué canal de distribución debería utilizarse?. ¿En qué términos deberían realizarse las ventas?. ¿Qué medio de promoción de ventas será el que mejor entienda el mercado potencial?

Las respuestas a estas cuestiones no forman parte, normalmente, del output de un sistema de costes. Sus respuestas, sin embargo, se basarán en análisis que contengan evaluaciones tanto cualitativas como cuantitativas.

Los objetivos de los costes de marketing son, de la misma manera que los costes de fabricación, ayudar a la toma de decisiones y al control de costes.

Los costes del servicio Postventa son con frecuencia una parte importante de los costes de marketing, sobre todo si los productos vendidos y distribuidos son complejos. Los costes del servicio postventa, por consiguiente, son frecuentemente uno de los factores mas significativos en la determinación de la rentabilidad individual de un cliente o de una clase de clientes.

Asignación de los costes de marketing a los productos

Los costes de marketing no son costes de producción del producto y por tanto no forman parte del coste del inventario o del coste de los bienes fabricados. Sin embargo, la asignación de los costes de marketing a los productos o líneas de productos puede ser deseable para determinar su rentabilidad.

Asignación de los costes de marketing a los productos

Los costes de marketing no son costes de producción del producto, y por tanto no forman parte del coste del inventario o del coste de los bienes fabricados. Sin embargo, la asignación de los costes de marketing a los productos o líneas de productos puede ser deseable para determinar su rentabilidad.

Las empresas con una amplia línea de productos frecuentemente experimentan variaciones en la rentabilidad de un gran intervalo de líneas de productos. Conocer la rentabilidad real de estos productos y clientes es necesario para explotar el potencial de aquellos con alta rentabilidad y minimizar el impacto de aquellos con baja rentabilidad.

El análisis de los costes de marketing puede adoptar varias formas, entre las que se incluyen la del margen de contribución y la del coste completo. En la aproximación del margen de contribución solo los costes trazables directamente a los segmentos son utilizados en la evalua­ción del segmento. En la aproximación del coste completo, el esfuerzo se pone en la asignación de todos los costes que son analizados.

Tratamiento de los sistemas de costes basados en las actividades

Los sistemas A.B.C. se han desarrollado e implantado casi exclusivamente para actividades de fabricación fundamentalmente repetitivas, es decir en aquellas actividades donde existe una relación directa entre consumo de recursos y volumen de actividad obtenido. Esta situación en general no se da en las actividades de marketing. Por consiguiente uno de los primeros pasos que deben darse en el establecimiento de los sistemas ABC para las actividades de marketing es determinar si las actividades de marketing son o no son repetitivas.

Para establecer la repetitividad de las actividades de marketing debe realizarse una auditoría o análisis del puesto de trabajo donde se listan las tareas correspondientes a cada actividad. A continuación se estudia cada tarea para determinar si los procedimientos necesarios son repetiti­vos y rutinarios, de forma que pueda llevarse a cabo una estandariza­ción de tareas.

Por ejemplo, la actividad de almacenar y manipular materiales, los procedimientos necesarios para la recepción de pedidos, fijación de precios, etiquetado, clasificación y embalaje de bienes son bastante rutinarios y uniformes. Pero, por otra parte, el hacer una llamada de ventas o el tratamiento de las devoluciones varía considerablemente entre los diferentes clientes y agentes de venta. Por tanto es más difícil estandarizar las actividades relativas a la venta directa que las que tienen un carácter rutinario.

La utilización de los sistemas ABC para los costes originados por los clientes proporciona a las empresas información competitiva, especialmente a aquellas que quieren mejorar sus estrategias de servicio al cliente.

Los directivos necesitan información de las actividades para alcanzar la excelencia, no sola­mente en relación con sus productos, sino lo que es más importante, en relación con sus clientes.

Francisco Navarro Castillo, Revista Iberoamericana de Contabilidad de Gestión

La reducción de costes a través del análisis de las actividades sin valor agregado

Los procesos empresariales se llevan a cabo a través de un conjunto de actividades que están relacionadas, entre otros, con el servicio al cliente, la distribución del producto en el mercado, la localización de suministradores excelentes, la preparación y suministro de información, el tiempo de entrega y de espera, el almacenamiento, la inspección, el transporte, la calidad, el precio y el diseño, además de otras actividades de apoyo a las anteriores.

En la actualidad se presta mucha atención hacia las operaciones de valor no añadido incorporadas a los procesos empresariales, es decir, actividades llevadas a cabo en la empresa, que no añaden valor al producto.

Un programa de reducción de costes, incluye verificaciones periódicas, con el fin de detectar y analizar la posibilidad de que se estén efectuando tareas innecesarias o que ya no sean requeridas por los sistemas de control. A menudo se llega a la conclusión, de que no hay nada más absurdo que hacer bien un trabajo que no se necesita o que no aporta ningún valor añadido a los clientes externos o internos de la empresa.

Con frecuencia ocurre, que después de haber modernizado algún proceso modificando sus rutinas o cuando se introducen cambios en el sistema de Contabilidad de Gestión, algún empleado por exceso de celo o por falta de confianza en el nuevo sistema, sigue llevando a cabo alguna tarea que ya no resulta necesaria o no abandona la rutina antigua, ocasionando duplicidades innecesarias.

En actividades administrativas o de apoyo, es muy frecuente que un documento que necesariamen­te requiere la intervención de varios departamentos, sea fotocopiado y archivado por cada persona involucrada en el proceso. Esto, además del trabajo adicional, ocasiona derroche de papel y sobrecarga innecesariamente el archivo. Otro hecho que suele ocurrir a menudo, cuando se pretende consultar datos, es la solicitud de impresión de listados y el posterior archivo de los mismos, cuando la información contenida en el, puede obtenerse directamente del ordenador, a través de la pantalla del usuario.

En actividades productivas, quizás la eliminación de tareas superfluas sea más importante. Pensemos en una de las subdivisiones del Período de Maduración de la empresa, concretamente en el Período Medio de Fabricación, el cual representa el plazo de tiempo que por término medio se tarda en fabricar el producto desde que los materiales se introducen en el proceso productivo. En el horizonte temporal en el que se lleva a cabo esta transformación, se realizan una serie de actividades que están relacionadas entre otras, con el trabajo real que se efectúa sobre el producto, la inspección realizada para darle la calidad requerida, el traslado de un lugar a otro, la espera que sufre para ser inspeccionado, trasladado o procesado, o el tiempo de almacena­miento antes de seguir su ruta hacia otro proceso o al almacén de productos terminados.

De las actividades anteriores, solo el tiempo de procesado añade valor al producto, el resto, añaden costes pero no valor (si se elimina, no influye en los atributos del producto ni en la satisfac­ción del cliente) y por lo tanto se deben intentar minimizar dichos tiempos con el fin de aumentar la velocidad de circulación de los materiales a través del proceso y en definitiva reducir el período medio de fabricación. Estas activida­des que añaden costes pero no valor se denominan procesos de valor no añadidos.

Por ejemplo, la implantación en el sector del automóvil del sistema JIT (Just in Time), viene dada por la necesidad de reducir el Período Medio de Fabricación de la empresa, eliminando los tiempos muertos y la sobrecarga de existencias y productos terminados.

Evidentemente, eliminar actividades superfluas, que no añaden valor, lleva necesaria­mente a reducir costes. Estas reducciones en gran medida vienen de la identificación de ineficiencias en el diseño de producto o del proceso productivo o administrativo. La fase de diseño de un producto es la que más posibilidades ofrece de economi­zar costes ya que cuando un producto entre en la fase de fabricación, las oportunidades de ahorro son reducidas. Es por ello que empresas como Ford, han incorporado a sus proveedores en la etapa de planifi­cación y, diseño de sus nuevos productos, consiguiendo importantes ahorros en el tiempo del diseño, y en los procesos productivos.

Otro hecho destacable es la atención que tradicionalmente se ha prestado a la mano de obra. Esta estaba centrada, por una parte, en su reducción y por otra, en que ha sido un vehículo muy utilizado para la imputación de los costes indirectos de producción al producto. Hoy en día en muchas empresas, la mano de obra solo representa un pequeño porcentaje del coste total del producto (en algunas grandes empresas alrededor del 10%) , cuando en general el porcentaje de atención que se le prestaba con respecto al resto de los costes, era de alrededor del 75%.

Este hecho, además de poder llevar a una distorsión en el calculo del coste de los productos y de su posterior análisis para la toma de decisiones, nos ha llevado tradicional­mente, a prestar mas atención al numero de personas incorporadas a un proceso, que en la forma de ejecutar dicho proceso, sin analizar las mejoras que se podían aportar al mismo.

También es necesario plantearse la preparación de información, que requiere un esfuerzo desmesurado en comparación con la utilidad práctica de la misma. En un gran número de empresas la identifica­ción y el análisis de muchas pequeñas cosas como las expuestas, resultan totalmente necesarias, ya que tomando las oportunas acciones correctoras sobre las mismas, se pueden efectuar cuantiosos ahorros.

El problema principal radica en que el propio empleado, en muchas ocasiones por falta de la motivación necesaria y en otras por no haber recibido la formación adecuada, no suele ser consciente de que está realizando una tarea innecesaria. Por este motivo, se deben revisar los procesos y las funciones que los empleados desarrollan, de forma periódica y analizar la necesidad y la adecuación de las mismas.

La gran ventaja de este programa es la obtención de ahorros sin necesidad de inversiones adicionales. Se requiere simplemente una buena labor de liderazgo, facilitando la formación y motivación de los empleados.

De lo anterior se deduce que el proceso de cambio en el que se encuentran inmersas las empresas lleva necesariamente a realizar un nuevo planteamiento que ante todo, en aras de la búsqueda de la competitividad, se debe centrar en la reducción de cualquier proceso que genere costes.

Por ejemplo, el sector del automóvil, en Europa y Estados Unidos, a principios de la década pasada, atravesó una gran depresión que llevó al rediseño de muchos de sus procesos adminis­trativos, de producción y de distribución. Este sector sabemos que es altamente competitivo, tanto a nivel mundial como local, por tanto se intenta continuamente mejorar la calidad y la productivi­dad sin que por ello se vean afectados los precios de venta de los productos, y se consiga mantener o mejorar la cuota de mercado.

Lograr este objetivo, lleva necesariamente a realizar un continuo análisis de los costes, tanto de producción como estructura­les, con el fin de reducir los mismos en todos los procesos, consiguiendo mantener o mejorar la calidad del producto final.

Todos los cambios en la forma de operar de una empresa, deben ser analizados y ensayados cuidadosamen­te antes de aceptarse y ponerse en práctica, pues todos ellos cuentan con una serie de ventajas e inconvenientes que de no analizarse los posibles resulta­dos de su aplicación, podrían generar costes adicionales, en lugar de obtener el resultado apetecido.

Para poder competir en los años próximos es necesario mejorar nuestro nivel de costes, para ello se debe desarrollar una serie de iniciativas agresivas, cuya meta sea lograr un "Análisis Estratégico de Costes" que conduzca a una Estructura de Costes Competitiva que nos lleve a alcanzar las cuotas de productividad y competitividad necesarias para afrontar en una posición de liderazgo los retos del futuro.

Tomás Balada Ortega

El marco de la Contabilidad de Gestión

Este Documento trata de delimitar los objetivos y el ámbito de actuación de la Contabilidad de Gestión, así como de las disciplinas más cercanas a la misma y que tienen un tipo u otro de relación con la misma, como son la Contabilidad Financie­ra y la Contabilidad de Dirección Estratégica (denomina­da Contabilidad Directiva en la primera edición del Documento, término sustituido en los últimos años por el antes citado).

Por otra parte, se establece la relación entre la Contabilidad de Gestión y la Contabilidad de costes, verdadero núcleo fundamental y antecedente de aquella. La Contabilidad de Gestión constituye una ampliación y evolución enriquecedora, tanto en lo extensivo como en lo intensivo, del propio contenido de la Contabilidad de costes.

A continuación se exponen las ideas básicas en torno a estas cuatro disciplinas: Contabilidad Financiera, Contabilidad de Costes, Contabilidad de Gestión y Contabilidad de Dirección Estratégi­ca).

CONTABILIDAD FINANCIERA

* Elabora información de acuerdo con los principios de contabi­lidad generalmente aceptados y de conformidad con el objetivo general de obtención de la imagen fiel representativa del patrimonio o riqueza de la empresa, informando al final del ejercicio de los cambios habidos en su situación financiera y de los resulta­dos obtenidos durante el mencionado ejercicio.

* Medición retrospectiva del acontecer empresarial; por lo tanto, la información contable tiene un carácter histórico.

* Visión condensada de la organización considerada como un todo.

* La información que suministra la contabilidad financiera se destina a:

* Usuarios externos principalmente: cuentas anuales de obliga­to­ria presentación.

* Usuarios internos: gestión financiera de la empresa. Estados contables interme­dios e información más analítica que sirve de apoyo a ciertas decisiones por parte de los responsables de la gestión financiera.

* Interrelaciones de la contabilidad financiera con la contabili­dad de gestión:

* Para el cálculo de costes, la contabilidad de gestión utiliza datos elaborados por la contabilidad financiera (costes externos de materiales, personal, etc.)
* A su vez, la contabilidad de gestión (por medio de la contabilidad de cos­tes) ofrece a la contabilidad financiera informes relativos a la valoración de los inventarios producidos por la empresa y al coste de los productos vendi­dos, para la elaboración de las cuentas anuales.

* Como se puede apreciar, existe un intercambio informativo entre la contabilidad financiera y la contabilidad de gestión a través de la contabilidad de costes, pero no así en lo que respecta a la racionalización del coste y a su utilización para apoyar la acción decisoria de los órganos directivos, que no corresponde a la contabilidad financiera sino a la contabilidad de gestión.

CONTABILIDAD DE COSTES

* Así como la contabilidad financiera se ocupa de la captación, representación y medida de las transacciones externas, la contabilidad de costes se refiere básica­mente al tratamiento contable de parte interna de circulación de valores: transfor­mación de inputs en outputs aptos para el fin al que se destinen.

* La información que suministra la contabilidad de costes se basa en hechos reales o históricos y se emplea para determinar el valor de las existencias al final del ejercicio y el coste de los productos vendidos; sirve también de apoyo para la formación de presupuestos y el cálculo de los costes estándares y desviaciones.

* La necesidad de valorar las existencias con criterios admitidos por la contabilidad financiera ha sido tradicionalmente un objetivo prioritario de la contabilidad de costes, por exigencias de los auditores y de las Bolsas de Valores.

* Por todo ello, hasta los años sesenta, el principal objetivo de la contabilidad de costes era el cálculo y determinación del coste de los productos, con la mayor precisión posible. Hasta dicha década, la contabilidad de costes estuvo sometida, en gran medida, a la contabilidad financiera.

* A partir de los años 60 se sintió la necesidad de obtener diversos costes para diferentes propósitos, según las necesida­des de los usuarios internos que tenían que tomar decisiones de muy diversa índole. Se sale así de los estrechos lími­tes a que la había sometido la contabilidad financiera para integrar­se en los dominios más amplios de la contabilidad de gestión.

* La necesidad de perfeccionar el proceso de toma de decisiones ha provocado que los sistemas de información utilizados tradiciona­lmente por la contabilidad de costes hayan quedado, en parte, obsoletos e insuficientes para proporcionar el amplio caudal informativo que necesita el empresario en entornos de crecien­te turbulencia.

* La contabilidad de costes constituye un subconjunto fundamental de la contabilidad de gestión, de tal forma que una empresa puede desarrollar una contabilidad de costes sin haber implantado una contabilidad de gestión. Por el contrario, una empresa que ha establecido una contabilidad de gestión, necesariamente debe tener una contabilidad de costes.

CONTABILIDAD DE GESTION

* De la evolución de la contabilidad de costes surge la contabilidad de gestión para afrontar las mayores demandas informativas de la empresa moderna.

* La contabilidad de gestión se ocupa de la captación, medición y valoración de la circulación interna de la empresa, así como de su racionalización y control, con el fin de suministrar a los diferentes estamentos directi­vos de la organización la información suficiente y relevante para la toma de decisio­nes.

* Una empresa que tiene desarrollada una contabilidad de gestión, necesariamente debe tener una contabilidad de costes .

* Los nuevos métodos de gestión (JIT, calidad total, fabrica­ción flexible, BPR, TI, etc.) introdu­cen factores adicionales en la determinación y control de costes, por lo que deberán basarse en una información más amplia que la proporcionada por la contabili­dad de costes.

* El contenido de la contabilidad de gestión responde a las mayores exigencias informati­vas para la toma de decisiones en entornos de creciente turbulencia e incertidumbre.

* Los modelos de contabilidad de gestión se elaboran condiciona­dos por el objetivo (único o múltiple) de información que se quiere alcanzar para apoyar la adopción de decisiones de los órganos directivos.

* La utilización de técnicas como la gestión de los costes por actividades permiten a la contabilidad de gestión una mejor racionalización del costes y posibilitan la formula­ción de juicios de valor para apoyar la toma de decisiones que tienden a incrementar la eficiencia de la empresa; por ejem­plo:

* Suprimir actividades que implican costes, pero no añaden valor para el cliente.

* Optimizar las actividades (primarias y de apoyo) que generan valor para el usuario de productos y servicios.

* Aceptar o rechazar pedidos, basándose en los ingresos y costes adicionales, capacidad disponi­ble, etc.

* Planteamiento y valoración de opciones alternativas, tales como:

* Fabricar el producto completo o bien comprar partes defini­das o subconjuntos.

* Mecanizar o automatizar determi­nados procesos o no.

* Eliminar un producto o servicio, una zona de ventas, etc.

* Determinar el programa óptimo (de aprovisionamiento, fabrica­ción, etc.).

* La contabilidad de gestión se orien­ta, por lo tanto, a apoyar la toma de decisiones por los órganos internos, en un horizonte temporal del corto plazo (decisiones tácticas y operati­vas) y al control de gestión.

CONTABILIDAD DE DIRECCION ESTRATEGICA

* La contabilidad de dirección estratégica surge en la década de los ochenta como un nuevo paradig­ma contable que tiene por objeto ayudar al empresario a obtener ventajas competi­ti­vas para la organización, basándose en el análisis e interpreta­ción de la informa­ción interna y externa de la empresa.

* Los informes que procesa, analiza e interpreta la contabilidad de dirección estraté­gica proceden de dos ámbitos diferentes, pero muy interrelacionados:

* Informes procedentes del entorno (financieros y no finan­cie­ros).
* Informes derivados de la propia organización:
* Informes financieros (contabilidad financiera y contabi­li­dad de gestión).
* Informes no financieros (cuantitativos y cualita­tivos).

* Todos estos informes son analizados e interpretados por la contabilidad de dirección estratégica a fin de obtener informa­ción estratégica suficiente, relevante y oportuna que comunica a la alta dirección para apoyar la adopción de decisiones estratégicas y estructurales, de las que derivará la toma de decisiones tácticas y operativas que apoya a la contabilidad de gestión.

* De todo ello se deduce que la contabilidad de dirección estraté­gica tiene un con­tenido pluridiscipli­nar que va más allá de la contabilidad financiera y de la contabilidad de gestión, de las cuales se nutre en parte, para adoptar una visión más amplia, estratégica, dinámica y flexible que permita a la empresa adaptarse continuamente al entorno, obtener ventajas competitivas sostenidas y asegurar la viabilidad y superviven­cia de la organización.

* La contabilidad de dirección estratégica interviene en los tres procesos básicos de la alta dirección:

1. Diagnóstico permanente y evolutivo de la organización:

1.1. Análisis del ámbito externo: determinación de las oportunidades y amenazas que presenta el entorno en cada momento.

1.2.Análisis interno: identificación de las fuerzas y debilidades de la empresa en cada uno de los segmentos de actividad.

1.3. Determinación de la posición competitiva de la organi­zación: ventajas e incon­venientes que presenta (para apoyar la elección de estrategias).

2. Planificación estratégica: determinación de objetivos, formulación de estrategias y su desarrollo e implementa­ción.

3. Control estratégico que asegure la obtención de ventajas competitivas, en un enfo­que de mejora continua hacia la excelencia empresarial.

Observatorio Latinoamericano de Contabilidad de Gestión

¿Por qué es tan resistido por los Contadores el Costeo Variable?

1. Introducción. Según varias opiniones convergentes, el criterio del costeo variable reconoce su origen en un artículo de Johathan Harris, publicado en 1936, denominado “¿Cuánto ganamos el mes pasado?”. A sesenta y cinco años de su aparición, el costeo variable no ha conseguido, a pesar de sus evidentes ventajas, imponerse claramente sobre el costeo completo en la mayoría de los informes suministrados por los Contadores a los empresarios.

Quienes desde hace cuarenta años venimos predicando sus ventajas, no podemos menos que sentir una sensación de frustración frente a lo que consideramos como una incomprensión de la profesión que, en buena medida, ha contribuido al desprestigio de la Contabilidad tradicional como herramienta útil para la adopción de decisiones empresariales.

En este modesto aporte, trataremos de formular algunas reflexiones que buscan explicar (aunque de ningún modo justificar) lo que reputamos como un grave error de la profesión, al menos en su función de ayudar al empresario a adoptar decisiones acertadas en la conducción de su organización.

2. El inconsciente colectivo.

En un excelente trabajo de tres profesores de la Facultad de Economía y Administración de la Universidad de Sao Paulo, Brasil, se llega a la conclusión de que la adopción del costeo completo como herramienta para la adopción de decisiones empresariales, a pesar de haberse demostrado sobradamente su inaptitud para este objetivo (en la opinión de los autores, que compartimos totalmente), se debe a la influencia de actitudes relacionadas con el inconsciente del grupo de los Contadores, como consecuencia de su empleo acrítico durante siglos.

Por su claridad y sencillez, creemos útil reproducir textualmente una parte pertinente del trabajo señalado:

“Prácticamente, todo lo que es utilizado actualmente en la vida moderna, como la radio, la televisión, el teléfono, la computadora, la energía eléctrica, el satélite, el avión, el transistor, el átomo, el “chip”, etc., fue inventado o descubierto en los últimos 100 años. Remontándonos al comienzo del siglo XX, cuando el proceso de descubrimientos e inventos comenzó a intensificarse, observamos una sociedad totalmente diferente de la actual. La sociedad de hoy es predominantemente de consumo. El cliente es tratado como un “rey” y las empresas buscan el desarrollo de una inmensa gama de productos diferenciados para atender las diversas demandas de la sociedad. El producto justo debe estar disponible en el momento justo, un la cantidad y calidad adecuadas para atender las necesidades del consumidor.

La sociedad del inicio del siglo XX era típicamente de oferta. A medida que algo era descubierto, como por ejemplo, la energía eléctrica, o inventado, como, por ejemplo, el automóvil, los bienes pasaban a ser ofrecidos al mercado. ¿Cuál sería el modelo de decisión en materia de costos y precios, de los empresarios en el ambiente de aquella época? Hoy se definen precios para mercados globalizados, pero en ese entonces no existían mercados estructurados y, en muchos segmentos, ni siquiera existía competencia. ¿Cómo determinar el precio de venta de los primeros automóviles producidos? El camino natural habría sido calcular su costo total, para tener la seguridad de que todo lo invertido fuera recuperado, con más el beneficio deseado.

Esa metodología fue adoptada por ser muy práctica y lógica en el contexto de aquella sociedad, pero sobre todo porque el procedimiento de cálculo del costo total del producto y de la formación de los precios a partir de los costos totales más un margen ya pertenecía al repertorio grupal de la contabilidad de costos.”

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“De tal forma, los procedimientos de “full cost” y de fijación de precios a través de “costo más margen”, adoptados en los comienzos del siglo XX por influencia de fuerzas inconscientes, semejantes a fuerzas arquetípicas, encuentran plena lógica y aceptación, en función de las características de la realidad de la sociedad entonces existente.”

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“Muchos autores no consiguieron escapar de la influencia de las “formas-pensamiento” y del repertorio del grupo en la formulación de sus críticas y en la propuesta de alternativas de solución. El ejemplo más evidente es la percepción de los idealizadores del método “Activity Based Costing”, según el cual la contabilidad de costos de las empresas estaba calculando los costos de los productos en forma incorrecta. En la percepción de esos idealizadores, la principal razón de la inadecuación de la contabilidad de costos era el hecho de que las empresas prorrateaban un volumen cada vez mayor de costos indirectos, en base a un volumen de mano de obra directa cada vez menor. A pesar del grado de conciencia sobre la ineficacia de la contabilidad de costos tradicional con propósitos de apoyar las decisiones empresariales, el diagnóstico formulado estuvo influido por el arquetipo dominante. El pensamiento subyacente admitía la existencia de un problema en la distribución de los costos, pero no percibía que el problema fundamental residía justamente en efectuar el prorrateo. De hecho, es extremadamente difícil luchar contra creencias y valores establecidos en el inconsciente de un grupo hace más de 800 años”.

Más allá de la razón señalada por los autores citados, que consideramos totalmente acertada, entendemos que existe una causa más puntual que ha contribuido a la adhesión de los Contadores al criterio del costeo completo. Trataremos de demostrar que dicha causa reside en la confusión que existe acerca de los objetivos de la Contabilidad.
3. Objetivos de la Contabilidad.

Una de las razones que pueden explicar el fenómeno bajo estudio, aunque quizás sólo parcialmente, es la existencia de una inveterada confusión en torno a los objetivos de la Contabilidad.

Esta disciplina reconoce su origen en la necesidad de los hombres de negocio de conocer el valor de su patrimonio, su evolución en el tiempo y, por consiguiente, la magnitud de los resultados de su actividad, así como las causas que los han generado. En otros términos, la Contabilidad ha nacido como una herramienta dirigida a ayudar al empresario a manejar sus negocios.

Es obvio que hace unos quinientos años, cuando el Luca Pacioli tuvo la original idea de concebir la “partida doble”, los hombres de empresa trabajaban fundamentalmente sobre la base de su propio capital, o del capital de unos pocos terceros vinculados por estrechos lazos de amistad y confianza.

Sin embargo, siglos más tarde, con el advenimiento de la Revolución Industrial y el desarrollo de numerosas empresas de gran magnitud, se volvió necesario acudir al concurso de capitales ajenos, en la forma de créditos o de inversiones de operadores económicos sin acceso directo al manejo de la empresa.

Fue necesario, por consiguiente, diseñar documentos que satisficieran las necesidades de información de los suministradores de capital.

Desde aproximadamente la mitad del siglo XIX, el aporte de capitales de terceros se volvió un factor imprescindible para el desarrollo de las grandes empresas.

Por otra parte, crecieron las necesidades de información del Estado, como ente regulador de la actividad económica de los países, lo que trajo aparejada una nueva necesidad de información. Las informaciones destinadas a medir de distintas maneras el flujo de los bienes económicos, ya sea para cubrir necesidades impositivas, para diseñar políticas de promoción, para proteger los intereses de los trabajadores o el ahorro público, o para contar con datos estadísticos, dieron origen a la aparición de nuevos usuarios de la información contable.

Asimismo, la creciente participación de los sindicatos, en épocas en que se volvieron frecuentes distintos mecanismos de retribución basados en los beneficios de las empresas, también dio lugar a la incorporación de nuevos interesados en la información contable.

Estos fenómenos operaron en forma conjunta para requerir informaciones contables confiables. Pero nótese que se trataba de informaciones contables destinadas a operadores económicos ajenos al manejo de la empresa.

Este fenómeno fue introduciendo un sesgo, de creciente influencia, en el diseño de los informes contables, tendiente a satisfacer del mejor modo posible las necesidades de los terceros a la empresa y, consecuentemente, relegando al empresario a un lugar sensiblemente menos importante en su carácter de receptor de informaciones.

La importancia de este desvío de los objetivos originales de la Contabilidad, terminó por afectar de tal modo la calidad de la información destinada al encargado de tomar decisiones vinculadas con la conducción de las organizaciones, que, hacia mediados del siglo XX, floreció una nutrida literatura que aludía al “atraso cultural de la Contabilidad”.

Este llamado “atraso cultural” se refería a la creciente inutilidad que manifestaba la Contabilidad para suministrar un apoyo útil a las decisiones empresariales.

Fue entonces cuando hizo su aparición una corriente de opinión que abogaba por una suerte de “retorno a las fuentes”, predicando que la Contabilidad debía abordar un decidido proceso de reforma, para devolverle su perdida utilidad como soporte de las decisiones de los empresarios.

Variada bibliografía se sumó a esta corriente, entre la que uno de sus representantes más calificados fue la obra “Contabilidad Gerencial”, editada en 1979 y, más recientemente, “Replanteo de la Técnica Contable”. Sin embargo, según nuestro modesto juicio, ninguna de esas obras alcanzó a comprender el fenómeno en su cabal manifestación. En efecto, ninguna de las obras atacó al corazón del problema, que reside en el mantenimiento de la postulación de un Estado Contable Único.

4. El Estado Contable Único

Todos los autores que se ocuparon del tema no pusieron en tela de juicio el postulado del Estado Contable Único. Por el contrario, los profesionales continuaron en su inalcanzable propósito de diseñar un informe (podríamos decir: un “súperinforme”) que satisficiera las necesidades de información de la totalidad de los interesados en la marcha de la empresa.

En este sentido, es ilustrativo citar a López Santiso, quien sostuvo que los Estados Contables persiguen la finalidad de suministrar información útil para:

- Analizar la gestión de la dirección.
- Servir de base para la solicitud y concesión de créditos financieros y comerciales.
- Servir de guía a los inversionistas interesados en comprar y vender.
- Determinar la legitimidad de la distribución de ganancias y servir como guía para la política de dirección y de los inversionistas en esta materia.
- Servir de base para determinar la carga tributaria y para otros fines de política fiscal y social.
- Ser utilizada como una de las fuentes de información para la contabilidad nacional.
- Ser utilizada como base para la fijación de precios y tarifas.

Esta concepción fue compartida por la mayoría de la doctrina. Sin embargo, la realidad ha demostrado que es imposible que un único informe suministre información útil para:

- Que el fisco determine el impuesto a las ganancias, o
- Que un organismo de control fije una tarifa de un servicio público, o
- Que un capitalista decida sobre su inversión, o
- Que una asamblea apruebe la distribución de utilidades, o
- Que un banco decida otorgar un crédito, o
- Que un gerente de producción disponga el cierre de una línea, o
- Que un gerente de comercialización decida modificar un precio.

Un Estado Contable que permita todos estos usuarios adoptar decisiones acertadas nunca ha existido y, probablemente, nunca existirá.

5. Las dos clases de Contabilidad

Pareciera que el camino acertado es el de reconocer la existencia de dos clases de Contabilidad: una destinada a satisfacer las necesidades de los terceros y otra dirigida a suministrar información útil a los empresarios.

Estas dos versiones de la Contabilidad, tendrían no sólo diseños distintos para sus informes, sino también objetivos diferentes.

La Contabilidad destinada a terceros tendría como objetivo fundamental exponer la información de tal forma que a sus destinatarios no pudieran serles creadas sensaciones de solvencia o prosperidad empresarias superiores a las que realmente tiene el ente emisor de los informes.

En otras palabras, el viejo principio de prudencia adquiere, con esta interpretación, toda su fortaleza. Toda la información entregada a terceros debe tener vedada la posibilidad de presentar una situación que pudiera dar lugar a una interpretación de que la empresa “está mejor de lo que está”.

O sea, la información contable para terceros, o información externa, debe tener como objetivo fundamental, la protección de los intereses de los destinatarios.

Por su parte, la Contabilidad destinada al empresario, o información interna, debe tratar de representar, de la mejor manera posible, la verdadera naturaleza de los hechos económicos.

Obviamente, no se trata de postular que la Contabilidad para uso externo olvide la realidad económica. La información de la mayoría de los hechos económicos representada con ajuste a su verdadera naturaleza es frecuentemente compatible con una información que defienda los intereses de los terceros al ente emisor. Sólo se quiere hacer notar que, cuando un hecho económico admita distintas representaciones, el interés de los terceros (no sobrevaluar el patrimonio) debe prevalecer sobre el objetivo de representar fielmente la realidad económica.

Tal es el caso del conocido principio de valuación conocido como “valor de costo o de mercado, el menor”. Es de meridiana claridad que en los Estados Contables para terceros, este principio debe mantenerse vigente, porque impide una sobrevaluación subjetiva del patrimonio. Pero debe ser desechado en una información contable que busque servir de apoyo a las decisiones empresariales.

Como una manera de clarificar el uso de la terminología, podemos decir que a la Contabilidad para terceros, se la conoce bajo distintas denominaciones, tales como Contabilidad para publicación, Contabilidad tradicional, Contabilidad patrimonial, Contabilidad financiera, etc.; mientras que a la Contabilidad para uso interno se la denomina indistintamente Contabilidad gerencial o Contabilidad de gestión.

6. El criterio de costeo más apropiado

Admitiendo que cada una de las clases de Contabilidad tiene un objetivo diferente:

a) La Contabilidad para terceros: La protección de los intereses de éstos.

b) La Contabilidad de gestión: La representación de la realidad económica,

no resulta difícil determinar la mejor forma en que pueden ser empleados los dos criterios de costeo en aparente confrontación: El costeo completo y el costeo variable.

Para poder llegar a una conclusión, es conveniente comenzar el estudio del tema planteando una discusión acerca de la forma de valuación de los bienes de cambio en el Estado Patrimonial de una empresa en marcha.

La norma tradicional empleada para esta valuación es el costo de producción o de adquisición, además de prescribir la obligación de tomar el valor de mercado, cuando éste sea menor.

No caben dudas acerca de que el propósito de esa norma es privilegiar la protección de los intereses de los terceros (impidiendo una sobre valuación de los inventarios), frente a la alternativa de una mejor representación de la realidad económica.

Por esta razón es muy claro que dicha prescripción es válida exclusivamente para la Contabilidad para terceros. La Contabilidad de gestión debe tratar de encontrar la valuación que mejor represente la realidad.

En este línea de razonamiento, puede afirmarse que en nuestro país se han hecho significativos avances en este sentido. Las propuestas contenidas en la ya citada obra Replanteo de la técnica contable, han constituido unas de las más importantes contribuciones a la corriente de acercamiento de la Contabilidad a la Economía.

Estudios de alta calidad técnica y de trascendencia mundial han sido llevados adelante por prestigiosos profesionales argentinos. Sin embargo, al no tener en claro las diferencias de los objetivos perseguidos por las dos clases de Contabilidad, los criterios técnicos propuestos (valor neto de realización, por ejemplo) han entrado en colisión con el cumplimiento del objetivo de la Contabilidad para terceros, que, como hemos visto, no es otro que la mayor protección de sus intereses.

En su momento, hemos participado de la corriente doctrinaria que propugnaba el acercamiento de la Contabilidad a la Economía, proponiendo un nuevo criterio para la valuación de los productos terminados en una empresa industrial.

Dicha propuesta se basaba en que el criterio de valuación a valores corrientes (valor neto de realización o costo de reposición) no es consistente con una cabal representación de la verdadera naturaleza de los hechos económicos.

Propusimos, en su reemplazo, un valor, al que denominamos “valor de venta en bloque”, definiéndolo como aquel que representa el precio que obtendría la empresa por vender su producción sin abordar actividades de comercialización (venta en grandes cantidades a uno o pocos clientes, cobrando al contado, sin publicidad, sin distribución, etc.)

Fundamentamos nuestra propuesta sosteniendo que la actividad de producir es generadora de beneficios. En otros términos, el valor de un bien producido, pero aún no vendido, es superior a la sumatoria de todos los costos necesarios para producirlo, aunque menor que el valor neto de realización.

La valuación al valor neto de realización consiste en otorgarle al producto terminado el valor al que será vendido, deducidos exclusivamente los costos variables que genere esa venta. Esto significa que las tareas que realice el sector de comercialización, que en muchas empresas tiene costos de gran importancia, no son generadoras de riqueza (o como está de moda decir: no crean valor).

En el otro extremo, la valuación al costo de reposición no es otra cosa que el mantenimiento del principio de valuación al costo, solo que computando los costos actuales y no los históricos. Este temperamento traslada hacia el sector de comercialización toda la generación del beneficio, toda vez que los productos terminados que permanecen en el inventario no han producido ninguna utilidad

Adoptando el valor de venta en bloque, los resultados de la gestión empresaria son correctamente asignados a las funciones de producir y de comercializar en su justa medida.

Suponiendo un costo de producción de $ 100, un precio de venta en bloque de $ 120 y un precio de venta al detalle de $ 125, la aplicación del criterio de valuación al valor de venta en bloque sería registrada de la siguiente manera:

Al terminarse el producto:

Producción terminada 120
a Producción en proceso 100
a Beneficio sector producción 20

Al venderse el producto:

Costo de productos vendidos 120
a Producción terminada 120

y

Caja 125
a Ventas 125


De donde resulta un beneficio del sector Producción de $ 20 y un beneficio del sector Comercialización de $ 5.

Ahora bien, esta propuesta puede ser útil exclusivamente para la Contabilidad de gestión, en virtud de que la Contabilidad externa, en cumplimiento de su objetivo de proteger los intereses de los terceros, debería adoptar la valuación al costo.

Pero la Contabilidad para terceros, si bien debe valuar al costo, debe hacerlo al costo que mejor se acerque al verdadero valor del bien, y éste no es otro que el determinado a través de la aplicación del criterio del costeo completo. En efecto, un costo determinado siguiendo los lineamientos del costeo variable será siempre menor que el que surja de la aplicación del criterio del costeo completo, toda vez que el primero excluye los costos fijos. Por ello, no puede negarse que el costo completo de un producto está más cerca del valor del mismo, o sea que, a estos efectos, se aproxima más a la realidad económica.

Algo enteramente distinto ocurre cuando nos ubicamos en el ámbito de la Contabilidad de Gestión. Ya hemos señalado que el objetivo de ésta es la representación, lo más fielmente posible, de los hechos económicos. Sólo de esa manera puede serle útil al empresario a la hora de la adopción de decisiones. Por medio del costeo variable se busca determinar el costo de los productos, no su valor.

El costeo variable busca determinar los costos de los distintos objetos de costo a través de una atenta observación de las causas que les dan origen. Por esa razón, al analizar las causas de los costos que tiene la empresa, detecta que algunos de ellos reconocen como causa a la actividad productiva, mientras que la causa de otros es el mero transcurso del tiempo. Son los ampliamente conocidos como costos variables y costos fijos, respectivamente.

Según la interpretación que hace de la realidad económica el costeo variable, los únicos costos del producto son los costos variables. A través del costeo variable se busca determinar cuales son los esfuerzos económicos realmente involucrados en una decisión. Cuando un gerente de producción decide producir una unidad más, deberá afrontar, obviamente, solo el costo variable de esa unidad.

Pero si esa empresa está operando absolutamente al máximo de su capacidad, la producción de una unidad adicional le impondrá la necesidad de aumentar su estructura. En este supuesto, todo el incremento de los costos fijos derivado de dicho aumento de la estructura formará parte del costo de esa decisión. Por consiguiente, esa unidad adicional deberá soportar, además de su costo variable, todo el costo fijo (que en este caso sería directo de esa unidad) que signifique la implementación de la nueva estructura.

Quien lea superficialmente el párrafo anterior, podría arribar a la conclusión de que estamos propugnando que se incluya a los costos fijos como costos de producto. Sin embargo, una lectura más atenta percibirá, sin duda, que el costo de una unidad de producto es exclusivamente su costo variable, pero el costo directo de una línea de productos, aunque no es divisible por la cantidad de unidades, es aplicable a la producción total de la línea. Y en el ejemplo (absurdo en el plano real) la hipotética línea producirá solamente una unidad.

Debe tenerse muy en claro que el costo de una unidad, individualmente considerada, es solo su costo variable. Pero los costos fijos directos son costos de la totalidad de las unidades producidas en la línea (departamento, sección, etc.) en cuya existencia dicho costo reconoce su causa.

La concepción de la realidad en estos términos es lo que vuelve posible llevar adelante programaciones de inversiones de crecimiento. Estudios avanzados del costeo variable permiten determinar distintos niveles de equilibrio y de resultado programado, frente a diferentes hipótesis de crecimiento de la estructura.

Asimismo, dichos estudios contienen modelos útiles para la aplicación del costeo variable en la toma de decisiones cuando se presentan casos de variaciones en los precios de venta o modificaciones en los costos variables unitarios.

7. El error de Jonathan Harris

Siendo el criterio del costeo variable tan útil para la toma de decisiones, es alarmante su poca aceptación por parte de los Contadores.

Como ya hemos apuntado, el costeo variable hizo su aparición en la literatura especializada en un artículo publicado en 1936. En los puntos anteriores hemos llegado a la conclusión de que este criterio es claramente inconveniente cuando la determinación del costo de los productos persigue como objetivo conocer su “valor” para usarlo para valuar los inventarios.

Nótese que el creador del costeo variable no aludió a los dos tipos de Contabilidad que adoptamos en esta propuesta. Por consiguiente, el costeo variable fue concebido tanto para apoyar a las decisiones empresariales, como para ser incorporado a los Estados Contables parra terceros.

Por consiguiente, los Contadores no se sintieron inclinados a aceptar el nuevo criterio. Y mucho menos los organismos estatales de recaudación de impuestos, desde el momento en que la valuación de los inventarios al costo variable posterga una mayor parte de los beneficios.

El error de Jonathan Harris consistió en no haber advertido que su propuesta era claramente inconveniente para la Contabilidad para terceros. Si este autor hubiera expuesto el nuevo criterio limitando su aplicación al ámbito de la Contabilidad de Gestión, posiblemente el éxito habría coronado su propuesta, y hoy los Contadores estarían usando en mucha mayor medida el costeo variable para asesorar a los empresarios.

8. El costeo completo y las decisiones empresarias

Es alarmante y altamente preocupante la magnitud del daño que provoca la adopción del criterio del costeo completo por parte de muchos Contadores en su función de asesores de los empresarios.

Esta preocupación alcanza niveles de horror cuando se detecta, como lo hemos verificado en varias oportunidades, que un buen número de profesores universitarios de costos, titulares de cátedras en importantes universidades nacionales y extranjeras, aplican el criterio sustentado por el costeo completo para asesorar a los empresarios acerca de distintas alternativas, induciéndolos a adoptar decisiones a todas luces equivocadas.

En un reciente debate entre profesores universitarios, pudimos observar que uno de ellos sostenía que, para decidir el empleo de un equipo u otro para realizar cierta operación, había que considerar, en carácter de costo de la producción hecha en un equipo, los “costos fijos no absorbidos” por la máquina que se decidía dejar ociosa, sin entender que los costos fijos de ambos equipos (tanto del que se decidía usar como del que se decidía dejar ocioso) en cualquier caso seguían existiendo, por lo que se trataba de un costo irrelevante para dicha decisión.

Con este ejemplo no queremos afirmar que este profesor ignorara los efectos expuestos. Solo intentamos demostrar que la pertinacia de pensar permanentemente en términos de costeo completo, contribuye a oscurecer la naturaleza de los hechos económicos conduciendo a falsas conclusiones.

Otro caso paradigmático es el presentado por el profesor Demonte. Cuenta que en una importante empresa multinacional, fábrica de herramientas, se calculó el costo de una herramienta, la “pinza de punta fina”, que requería una gran cantidad de tiempo de mano de obra en razón de que su procesamiento comprendía algunas operaciones altamente artesanales. Pues bien, el sistema basado en el criterio de costeo completo repartía en carácter de costo de cada unidad, todos los costos fijos de producción, en función de las horas de mano de obra. En consecuencia, la pinza de punta fina resultaba con un costo completo artificialmente alto.

Lo verdaderamente alarmante es que la gerencia decidió suspender la fabricación de esa herramienta, en la convicción de que su costo era mayor que su precio de venta. Obviamente, al no reemplazarla por otro producto, la empresa empeoró sus resultados exactamente en la medida de las contribuciones marginales perdidas por tan desastrosa decisión.

El asesor de una empresa metalúrgica del interior de la Provincia de Santa Fe, aconsejó al empresario no incorporar un nuevo producto, por calcular su costo con el criterio del costeo completo, a pesar de que la fábrica contaba con capacidad ociosa.

Los relatos son solo unos pocos botones de una extensa muestra. En nuestra extensa trayectoria profesional y docente hemos tenido oportunidad de contemplar, azorados, diversas decisiones empresarias adoptadas en forma indudablemente errónea como consecuencia de la aplicación del criterio del costeo completo.

9. Conclusión

Las diversas reflexiones contenidas en este trabajo pueden ser resumidas en las siguientes proposiciones:

a) Aceptar que las dos clases de Contabilidad persiguen fines diferentes.

a.1) La Contabilidad para terceros busca defender los intereses de éstos.
a.2) La Contabilidad de gestión procura interpretar lo más fielmente posible la realidad económica.

b) Aplicar distintos criterios para la valuación de los inventarios.

b.1) En la Contabilidad para terceros: valuación al costo.
b.2) En la Contabilidad de gestión: valor de venta en bloque.

c) Aplicar distintos criterios de costeo.

c.1) En la Contabilidad para terceros, el costeo completo.
c.2) En la Contabilidad de gestión, el costeo variable.

Esperamos que la profesión adopte las propuestas contenidas en este modesto trabajo o, al menos, las someta a una discusión desapasionada, con el propósito de mejorar el servicio que prestamos a los empresarios lo cual, en última instancia, contribuirá al logro de un mayor prestigio de nuestra profesión.

Dr. Amaro Yardin, Universidad Nacional del Litoral, Argentina

Costo Total de Propiedad (TCO)

Comúnmente conocido como TCO por sus siglas en inglés (Total Cost of ownership) es una medida diseñada por el Grupo Gartner a finales de los 70's y ampliamente difundida a principios de los 80's para evaluar el costo total en que se incurre al adquirir, inicialmente un sistema de información, y ahora se utiliza su concepto para todas las compras.

El principio básico del TCO es que los costos de propiedad de cualquier bien que se adquieran tienen componentes más allá de los estipulados en el precio de compra del mismo, costos en los cuales se debe incurrir para garantizar el funcionamiento correcto del bien o conjunto de bienes, durante la vida útil del mismo. Esta medida surgió por la necesidad de comparar equitativamente propuestas que incluyen valores de cobro permanente al igual que valores de pago único.

En el caso de los sistemas de información es palpable la diferenciación de los diferentes rubros que se pueden incluir en la evaluación de los costos totales de propiedad, que de no ser así, es bien factible se evalúe bajo el concepto de precio inicial en vez del costo total de la solución.

El TCO mide tanto costos únicos como costos recurrentes. En este sentido, para el caso de los equipos de cómputo se considera tanto el valor inicial de las máquinas, como los valores de mantenimiento de las mismas. Sólo así se puede realmente evaluar si un equipo por valor de US$1,000, con un año de garantía es mejor oferta que un equipo de US$1,200 con tres años de garantía. Para la evaluación correcta, habría que obtener el valor de los dos años de mantenimiento para el primer equipo y así permitir la comparación de dos ofertas de servicios iguales. Si el costo del mantenimiento es de US$200 por año, es claro que la mejor oferta es la segunda opción, la cual no habría considerado si no manejamos el concepto del TCO.

En el caso del equipamiento, además de los valores de mantenimiento, también intervienen otros factores para esta evaluación como el consumo eléctrico y de acondicionamiento de aire que exigen, el requerimiento que hagan sobre el tamaño de los escritorios, y el requerimiento de adecuaciones especiales en la infraestructura.

Cuando se consideran programas aplicativos se debe tener en cuenta también el aspecto de mantenimiento, al igual que los costos de adecuaciones especiales, el valor de las consultorías y el valor de la capacitación específica para el software aplicativo.

Los demás componentes de la solución también están sujetos a este tipo de análisis. De debe incluir la capacitación del Recurso Humano, la adecuación de infraestructura, el cambio requerido en equipos y programas actuales, y en general todo lo que se deba hacer al interior de la compañía para poder implementar y mantener la solución.

Hay que seleccionar un período apropiado para la proyección de los gastos recurrentes. Recomendamos utilizar los que legalmente se permitan manejar para la depreciación de la inversión o la amortización del gasto. En Colombia, se permite la depreciación mínima a tres años de las inversiones en soluciones informáticas, lo que permite recomendar utilizar un período de entre tres y cinco años para la proyección, teniendo en cuenta que por lo general los primeros 18 meses del proyecto de implementación de la nueva tecnología no incluyen gastos recurrentes. El horizonte de 5 años entonces permite incluir los tres autorizados como máxima amortización.

Es de extrema importancia que las evaluaciones comparativas se efectúen sobre criterios completos que abarquen entonces más que el precio de compra estipulado en la cotización y que incluyan todos los gastos en los cuales se deberá incurrir para poder mantener el sistema a implementar.

José Camilo Daccach T.

Principios de la Reducción de Costos

Creamos y levantamos nuestras empresas con todo el cariño y todo el esfuerzo del mundo. Diseñamos y armamos la organización como lo indican los libros o los asesores. Asignamos los recursos a la organización, elaboramos los planes y las estrategias que creemos correctas… y no sucede nada. O lo que sucede no es de nuestro agrado. Pasa un ejercicio con color rojo, o tendiendo a rosado. Un segundo, y un tercero ejercicio, y lo mismo. La empresa no despega, o no avanza. Buscamos culpables en todos los rincones. Hasta que llega el momento de la verdad y nos acordamos de que solamente hay dos maneras de llevar adelante una empresa: o mejorando los ingresos, o reduciendo los costos. Todo lo demás atinge a la gestión y nos hacen “funcionar bien” pero no nos trae ingresos (buenos sistemas de información contable, excelentes esquemas organizativos, capacidades tecnológicas cercanas a lo perfecto, programas de capacitación del recurso humano, controles del efectivo, otros). Sólo los ingresos y los costos son las variables de la sostenibilidad real, lo demás son plumas al viento.

De las ventas no hablaremos, no es nuestra especialidad. Hablaremos de los costos y su reducción, lo que conocemos bien y hacemos todos los días. Si a la empresa le está yendo mal, es que los costos están altos y por lo tanto hay que reducirlos. En este punto los empresarios toman las tijeras y comienzan a podar: afuera los programas de publicidad y promociones, afuera los trabajadores caros, afuera los cafecitos a media mañana, afuera las comunicaciones telefónicas, afuera casi todo… y los esperados resultados siguen sin llegar.

Sigue el rojo campeando en nuestros Estados Financieros. ¿Estaremos haciendo algo mal? No necesariamente lo estamos haciendo mal. Posiblemente nos estamos equivocando: la reducción de costos no es cuestión de tijeras y cortes, es cuestión de sistema, de metodología. Existen cuatro (4) principios, que si no se conocen y no se cumplen, transforman en un fracaso la mejor de las intenciones y mellan la mejor tijera. Para los emprendedores emergentes es una obligación conocerlos y aplicarlos, ya que de ellos se derivan las decisiones exitosas. Veremos esos principios y trataremos de explicarlos a la luz de nuestra experiencia.

PRINCIPIO 1: “la reducción no se orienta a los costos totales sino a los costos por unidad de ingreso”. No se trata de reducir el tamaño del cuerpo corporativo (aunque a veces es necesario) sino a sacarle la grasa para que los músculos rindan mejor. Este principio es el más violado por aquellos ejecutivos “cortadores” de costos, los que en sus afanes de “optimización” terminan deshaciéndose de funciones claves (como las de comunicar al mercado) o de recursos críticos como el personal más antiguo y caro (que justamente es el más entrenado y capacitado para ayudar a la empresa en su transe de dificultades).

Si en lugar de mirar el costo total dedicamos nuestras miradas a la composición del ingreso, podremos detectar numerosas oportunidades de mejoramiento y ayudar efectivamente a la empresa, y esto se logrará aunque las acciones que se tomen a partir de las decisiones signifiquen que los costos totales se incrementen. Un pequeño ejemplo quizá clarifique la práctica de este primer principio: la publicidad es el 23% de nuestros ingresos (es decir, del precio de venta); este nivel de publicidad nos ha creado y mantenido un mercado que es el actual, y que por alguna razón ha dejado de crecer. Si bajamos el gasto en publicidad, digamos al 15% del ingreso, es posible que eroguemos menos por este concepto, pero con seguridad que el efecto será una baja en la venta. ¿Porqué no pensar distinto? ¿Porqué no duplicar el monto destinado a comunicar al mercado y así aumentar las ventas? Si hacemos las cosas bien, calculando apropiadamente las causas y los efectos, quizá este ítem se transforme en el 35% del ingreso (recuerden que el 23% nos puso nerviosos)… pero calculado sobre una venta que creció en un 300%. Esta es la lógica que se gatilla detrás de la aplicación del primer principio.

Este principio lo podemos enunciar de otra manera: “los costos son los inductores de los ingresos”. Una empresa racional no debería ejecutar costos para perder sino para ganar, por lo tanto debemos encararlos desde la perspectiva de los ingresos que provocan.

PRINCIPIO 2: “no tomemos decisiones sobre los costos sino sobre sus causas”. El costo es un efecto de decisiones tomadas buscando un beneficio. Nadie costea para perder. Si, por último, costeamos un trabajador solamente porque es un pariente (pero su desempeño es desastroso), mejor decisión será regalarle mensualmente el monto de su sueldo y sacarlo del circuito de nuestros procesos: ganaremos más, en lugar de estar absorbiendo los resultados de su pobre gestión. Debemos concentrar nuestros esfuerzos en rastrear los costos hasta sus orígenes, y resolverlos en ese escenario. Para ello será necesario contar con las herramientas de gestión adecuadas, especialmente con el sistema de costeo por actividades (Sistema ABC, o Activity Based Costing), el cual nos entrega toda la información de los costos y sus asignaciones a las actividades y tareas en que se originan, en lugar de entregarnos los costos ya asignados a los productos o departamentos en que transcurrió la acción. Toda organización, sea con o sin fines de lucro, debería contar con el sistema de costeo por actividades para manejar sus niveles de eficiencia y adquirir competitividad. Los otros sistemas (completos absorbentes, directos o variables, sea cual sea su base de asignación) simplemente no sirven para esos fines… aunque nuestros Contadores y Auditores juren que sí.

PRINCIPIO 3: “la empresa es el sujeto de la reducción de costos, pero el negocio (o los negocios) de la empresa es el objeto”. Esto presupone tener la capacidad de separar entre empresa y negocio, y no siempre se tiene claridad en este punto. ¿Qué es la empresa? Es la combinación de recursos organizados para desarrollar uno o varios procesos con un objetivo: un producto o un servicio. Todos tenemos una empresa y hasta “somos” una empresa. Nuestro hogar es una empresa.

¿Y qué es el negocio? Es el conjunto de elementos, objetivos, circunstancias, que combinados adecuadamente le dan lógica y sostenibilidad a la empresa. No necesariamente ambos conceptos coinciden: nuestra “empresa” fabrica muebles de estilo para exportar a un comprador en USA, pero nuestro negocio es mantener contento y feliz a ese “único comprador”. Otro ejemplo: nuestra “empresa” distribuye y vende artículos de línea blanca a crédito, pero nuestro negocio es detectar y atraer a buenos prospectos para que se lleven nuestra confianza a la calle (buenos “sujetos de crédito”).

¿Qué importancia tiene esta diferencia de conceptos, los que hasta ahora se han considerado como sinónimos? La importancia viene por el lado de la gestión, es decir, de la combinación adecuada de recursos y su objeto de asignación. En el caso de la fábrica de muebles, la empresa será más competitiva si orienta sus recursos (humanos, físicos y financieros, información y conocimientos, redes de contactos) hacia su verdadero negocio (su único cliente, mejorando la calidad o los plazos de entrega) en lugar de orientarlos prioritariamente a la empresa (gastando en ferias o ejecutando actividades de representación). Una empresa puede tener varios negocios, no hay que olvidarlo nunca. Desgraciadamente la mayoría de nuestros llamados “empresarios” son “hombres de empresa”, en lugar de ser “hombres de negocios”, y administran procesos en lugar de gestar negocios. Es un grave error no captar la diferencia y no actuar en consecuencia.

Desde el punto de vista de la reducción de costos, el tercer principio nos habla de orientar nuestros esfuerzos hacia las variables del negocio más que a las de la empresa. Y esto se logra actuando en aquellos eslabones de la Cadena de Valor del negocio, los que a su vez forman parte de la estructura de la empresa, aunque no siempre. Saber detectar e identificar esos eslabones supone un paso importante en un efectivo programa de reducción de costos, porque nuestras acciones se orientarán hacia los inductores eficientes de los costos, y no hacia los efectos de los mismos. En el caso de nuestra fábrica de muebles significaría que la verdadera sostenibilidad podría venir de diseñar un efectivo Plan de Mejora y someterlo a la aprobación y apoyo de nuestro único cliente (nuestro “negocio”) en lugar de diseñarlo y ejecutarlo aplicando nuestros recursos escasos directamente a ampliar la planta o a pintar los galpones, sin mayor consulta. Hay que actuar en el negocio, y por efecto en la empresa; no al revés.

PRINCIPIO 4: “la herramienta define el resultado de un programa de reducción de costos”. Este es un principio instrumental, que condiciona nuestra capacidad de elaborar y llevar adelante programas efectivos. Los hombres de negocios y de empresa tienden a confundir los “costos” con la “contabilidad de costos”. Quizá nadie les dijo que la contabilidad es una técnica diseñada (hace varios siglos) para registrar y valorar sucesos e inventarios, no para analizar eventos económicos en la empresa. La verdad es que en este campo la contabilidad se porta muy mal, y no es capaz de tal objetivo. ¿Por qué tal incapacidad? Porque los recursos que la gestión moderna reconoce son cuatro, y no dos como hasta hace varios años. Los recursos que tiene a su disposición el empresario u hombre de negocios son los a) humanos, b) los físicos y financieros, c) los conocimientos e informaciones, y d) las redes de contactos y alianzas. Esos recursos son los que adquiere y combina de mil maneras para gestionar sus negocios y hacer avanzar sus empresas, y para ello requiere de información. Pero resulta que el modelo contable sólo procesa los dos primeros recursos (llamados “reales”), los humanos y físicos y financieros, y es incapaz de procesar los dos siguientes, que son los más importantes en el mundo actual de los negocios. Los llamados “recursos intangibles” son los que dominan y predominan en el entorno competitivo. Conceptos como el “Valor” no pueden ser ni registrados ni evaluados por la contabilidad… ¡y el objetivo de los negocios es crear valor! La contabilidad no es capaz de evaluar ni siquiera un evento intangible, como la capacitación del personal, o la satisfacción del consumidor o del personal.

Para acometer programas efectivos de reducción de costos, y ganar en competitividad, es necesario identificar claramente de qué costo estamos hablando, o cuales son los costos que nos están afectando en los resultados a través de su efecto en la cadena de valor. Eso se hace utilizando la herramienta correcta. No olvidemos que se define “costo” como el “uso de los recursos”. El uso de una herramienta inadecuada nos puede llevar a tomar malas decisiones. ¿Cuáles pueden ser esas herramientas? Todo el arsenal que las matemáticas y las ciencias sociales ponen a nuestra disposición: desde la Investigación de Operaciones o las técnicas de modelización matemática hasta la Sociología Industrial o las Comunicaciones corporativas. El análisis de los costos y su manejo es una función técnica en las grandes empresas del primer mundo, no una función contable.

La interpretación y uso adecuado de estos cuatro principios nos puede ayudar a diseñar y aplicar programas de reducción de costos eficientes y eficaces, con un efectivo resultado en el nivel de competitividad de las empresas y un manejo adecuado de los negocios. Uds., que son emprendedores emergentes (como se les llama últimamente), deben tenerlos claros y aplicarlos desde el primer momento en que toman sus primeras decisiones en sus negocios y hacen moverse a su empresa.

Autor: Carlos M. Duarte M.

Tendencias en los Costos de Tecnologías de Información (TI)

Las tendencias en los componentes del costo de la tecnología informática permiten hacer ciertos ajustes para lograr un buen cubrimiento de tecnología informática al interior de las empresas, sin necesariamente perforar sus arcas.

La adquisición de tecnología informática cada vez más afronta serios reparos, en especial cuando las compras simplemente obedece a "actualizaciones" o "crecimientos" desligados con los objetivos del negocio. Sin embargo, las tendencias en los componentes del costo de la tecnología informática permiten hacer ciertos ajustes para lograr todavía un buen cubrimiento de tecnología informática al interior de las empresas, sin necesariamente perforar las arcas de las empresas (y de las personas, para el caso que también aplica).

Los costos de TI están básicamente clasificados en equipo, sistemas operativos, software aplicativo (para productividad personal y sistemas centrales), comunicaciones, y personal (incluyendo consultoría).

Los equipos siguen su acelerado proceso de reducción de costos. La reciente adquisición de Compaq efectuada por HP, y por muchos catalogada como la fusión de dos operaciones débiles, ha generado una alta competencia tanto en el mercado de equipos de escritorio como de servidores. Es así como se pueden adquirir servidores desde aproximadamente US$600 con muy buenas características técnicas y respaldo. Los equipos de escritorio también rondan estos valores, a los que hay que adicionar el valor del monitor, elemento que todavía presenta altos costos comparado con el resto de los elementos. Muchas empresas han optado por cambiar la CPU y seguir utilizando los monitores que actualmente tienen. En países como Colombia, se han inclusive adoptado medidas tributarias que eximen de pago de impuestos de valor agregado a equipos de menos de US$1,500, lo que permite una reducción adicional del 16% en el costo.

Desde la aparición de software de licencia abierta y/o gratuita, se ha acrecentado la evaluación de la percepción de valor por parte de los compradores de TI. Esta percepción de valor es la que se debe equiparar con los costos de adquisición y en caso de encontrar un equilibrio, se podría decir que se paga un precio justo por lo que se adquiere. La adopción de estrategias por parte de las empresas proveedoras de equipos para utilizar programas más económicos ha hecho que ahora se ofrezcan para venta equipos sin sistema operativo, sin programas instalados, o con ofrecimiento de sistemas muy económicos o gratuitos como el Linux y/o StarOffice. La compatibilidad de formatos entre las diferentes aplicaciones de usuario final hace posible el aumento de la competencia y la reducción de precios. Esto ha hecho que empresas como IBM entreguen sus equipos con SmartSuite y Dell esté ofreciendo equipos con Wordperfect a muy bajos costos. Un sector espera una reacción de Microsoft en cuanto a reducción de costos de sus productos, en especial el Windows y el Office, mientras que otro sector estima que la integración de estos productos dentro de su filosofía de .NET será la estrategia que permita la percepción de valor en el cliente.

También se ve un crecimiento en el desarrollo de aplicaciones sobre herramientas de libre disposición, como el PHP y el Posgress. Algunas empresas productoras de software aplicativo para la automatización de los procesos (ERP, CRM, etc) están con el objetivo a reducir el costo total de la compra en el cliente, eliminando componentes externos, o reemplazándolos por componentes de licencia libre. El proceso no es sencillo, pero dejan a elección del cliente si quieren por ejemplo una base de datos que cuesta (Oracle, SQL Server, etc) y prefieren irse por una de licencia libre.

Los costos de comunicaciones cada vez se reducen más. Hace unos años, pretender tener varias sucursales de una empresa interconectadas era una utopía. Hoy en día, por unos valore irrisorios comparados con los de entonces, se pueden conectar todos 24 horas al día. La utilización de Internet como medio de comunicación ha permitido el abaratamiento y la disponibilidad. Falta ver si la devaluación por el que pasan algunos países de América Latina tiene efecto sobre los costos de conexión, por lo general tasados en dólares americanos.

Por último, pero no menos importante, está el costo de personal, en el cual incluimos ayuda externa como consultores y/o outsourcing. Este tal vez es el rubro donde mejor se pueden invertir parte de los ahorros obtenidos en los demás componentes. La función de las personas del departamento de TI pasa de ser ejecutores, a ser analistas y generadores de estrategias, mediante innovación tecnológica, que le permitan a las empresas mantener o mejorar su posición competitiva.

Para cada empresa y/o persona será distinta la decisión, pero lo que si no se puede negar es que ya no hay excusa para no tener la tecnología suficiente de tal manera que las empresas puedan mejorar su nivel de competitividad.

Autor: José Camilo Daccach T., Delta

Shigeo Shingo ¿Nunca oyó hablar de Shigeo Shingo?

Pero tal vez conozca el toyotismo o el Just in Time. Todo salió de esta mente brillante...

Tras trabajar durante unos años en una empresa ferroviaria, el ingeniero japonés Shigeo Shingo (1909-1990) se dedicó a la investigar en perfeccionamiento de procesos y se convirtió en asesor de cabecera de empresas de renombre mundial como Yamaha, Daihatsu, Sony y Mazda.

Su principal aporte al management fue la creación del célebre sistema de producción Just in Time aplicado por Toyota desde la década del sesenta.

¿En qué consiste?

El método de trabajo de la industria tradicional se basa en la producción de grandes volúmenes para aprovechar las economías de escala. Sin embargo, esto genera un inconveniente: se necesitan enormes stocks de materias primas para obtener grandes cantidades de productos que, muchas veces, terminan apilándose por semanas en los depósitos de la compañía hasta que son vendidos.

El Just in Time plantea un cambio de paradigma: busca proveer al cliente el producto que quiere en el momento en que lo quiere. De esta forma, la empresa produce únicamente la cantidad exigida por los clientes. Son los pedidos de los consumidores los que ponen en marcha el proceso.

En las fábricas tradicionales, las diferentes unidades de la línea producen piezas que van enviando hacia delante en la cadena para que sean transformadas por el eslabón siguiente. Shingo invirtió el proceso: las piezas deben pasar a la siguiente línea si y sólo si ésta lo requiere.

Todos estos adelantos exigen una perfecta sincronización entre las distintas etapas para cumplir con el sueño del Just in Time. Para lograr tan precisa coordinación, Shingo ideó las técnicas SMED (single minute exchange of die) que simplificaban y homogeneizaban al máximo los materiales, maquinarias y procesos para que las distintas piezas pudieran ensamblarse en cuestión de segundos.

Por último, otra genial innovación de este gurú fue el sistema de POKA-YOKE, también denominado "cero defecto". En este método, apenas se detecta un defecto en alguna etapa de la cadena de producción, todo el proceso se detiene hasta tanto sean esclarecidas las causas. De esta forma, al eliminar toda falla en los procesos de producción, como resultado se obtendrán productos con "cero defecto".

Edward Deming, un pionero y profeta de la Calidad Total (TQM - Total Quality Management)

En 1950, lo que Japón quería, lo tenia Estados Unidos; simultáneamente, ¿Qué tenia los Estados Unidos pero no quería? La respuesta, a W. Edward Deming, un estadístico, profesor y fundador de la Calidad Total. Ignorado por las corporaciones americanas, Deming fue a Japón en 1950 a la edad de 49 y enseñó a los administradores, ingenieros y científicos Japoneses como producir calidad.

Treinta años después, luego de ver un documental en televisión en la cadena NBC, titulado, "Si Japón puede, porque nosotros no" corporaciones como Ford, General Motors y Dow Chemical, por nombrar algunas se dieron cuenta y buscaron la asesoría de Deming. La vida de Deming se tornó un torbellino de consultas y conferencias.

Ampliamente solicitado luego que Deming compartió sus ahora famosos "14 puntos" y "7 pecados mortales" con algunas de las corporaciones más grandes de América. Sus estándares de calidad se convirtieron en sitios comunes en los libros de administración, y el premio Deming, otorgado por primera vez en Japón pero ahora reconocido internacionalmente, es ahora buscado por algunas de las corporaciones más grandes del mundo.

La temprana vida de Deming fue caracterizada por la pobreza y el trabajo duro. Nació el 14 de Octubre de 1900, en Sioux City, Iowa. Su padre, un abogado luchador, perdió una demanda judicial en Powell, Wyoming, lo cual hizo mudar a la familia a dicha ciudad cuando Deming tenia siete años. Vivieron en una casa humilde donde el preocuparse por que seria su próxima comida era parte de su régimen diario. Deming salió a trabajar cuando tenia ocho a un hotel local. Con sus ahorros en mano, Deming se fue de Powell a la edad de 17 hacia Laraman, a la Universidad de Wyoming donde estudio ingeniería. Recibió un Ph.D en Físicas Matemáticas en la Universidad de Yale en 1927 donde fue empleado como profesor. Deming recibió muchas ofertas en la industria privada y agarro un empleo trabajando para el Departamento de Agricultura en Washington, D.C. Fue acá donde Deming conoció a su esposa, Lola Sharpe, con quien se caso en 1932, y fue presentado con su guía, Walter Shewhart, un estadístico para Laboratorios Bell y sus escritos impactaron su vida y se convirtieron en la base de sus enseñanzas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Deming enseño a los técnicos e ingenieros americanos estadísticas que pudieran mejorar la calidad de los materiales de guerra. Fue este trabajo el que atrajo la atención de los Japoneses. Después de la guerra, la Unión Japonesa de Científicos e Ingenieros buscó a Deming. En Julio de 1950, Deming se reunió con la Unión quien lo presentó con los administradores principales de las compañías japonesas. Durante los próximos treinta años, Deming dedicaría su tiempo y esfuerzo a la enseñanza de los Japoneses y "transformo su reputación en la producción de un motivo de risa a un motivo de admiración y elogio".

¿Por que fue Deming un éxito en Japón y desconocido en América? Deming fue invitado a Japón cuando su industria y economía se encontraba en crisis. Ellos escucharon. Ellos cambiaron su forma de pensar, su estilo de administrar, su trato a los empleados y tomaron su tiempo. Al seguir la filosofía de Deming, los Japoneses giraron su economía y productividad por completo para convertirse en los líderes del mercado mundial. Tan impresionados por este cambio , el Emperador Horohito condecoró a Deming con la Medalla del Tesoro Sagrado de Japón en su Segundo Grado. La mención decía "El pueblo de Japón atribuyen el renacimiento de la industria Japonesa y su éxito mundial a Ed Deming".

No fue sino hasta la transmisión de un documental por NBC en Junio de 1980 detallando el éxito industrial de Japón que las corporaciones Americanas prestaron atención. Enfrentados a una producción decadente y costos incrementados, los Presidentes de las corporaciones comenzaron a consultar con Deming acerca de negocios. Encontraron que las soluciones rápidas y fáciles típicas de las corporaciones Americanas no funcionaban. Los principios de Deming establecían que mediante el uso de mediciones estadísticas, una compañía ebria ser capaz de graficar como un sistema en particular estaba funcionando para luego desarrollar maneras para mejorar dicho sistema. A través de un proceso de transformación en avance, y siguiendo los Catorce Puntos y Siete Pecados Mortales, las compañías estarían en posición de mantenerse a la par con los constantes cambios del entorno económico. Obviamente, esto era mucho mas largo, incluía mas procesos de los que estaban acostumbrados las corporaciones Americanas; de aquí, la resistencia a las ideas de Deming.

Interrelación entre la capacidad y la mejora de valor de una empresa (en portugues)

RESUMO

A essência do trabalho consiste na abordagem diferenciada dada às organizações, abordagem essa sedimentada no conceito de valor e na metodologia de gerenciamento de processos. Conjuntamente a essa reestrutura organizacional , define-se um novo sistema de custeio baseado no "Activity Based Costing" (ABC), incorporando ainda convenientemente a metodologia de alocação de custos do método das Unidades de Esforço de Produção (UEPs).

O trabalho discute a lógica tradicional de maximização do valor do produtor, diferenciando-se no que diz respeito à avaliação das funções: separam-se as atividades que agregam valor daquelas que não agregam valor aos produtos, identificando-se ao mesmo tempo as principais fontes de ineficiências.

O cotejo do valor do consumidor com o valor do produtor, e a discussão das opções estratégicas daí decorrentes é uma das principais contribuições da pesquisa .

INTRODUÇÃO

Modernamente, os pesquisadores afirmam que a unidade básica de acumulação de custos deixou de ser a seção produtiva e passou a ser a atividade. Isto porque, “são as atividades que consomem recursos (e por conseqüência incorrem em custos) e elas podem agregar valor ou simplesmente representar perdas (isto é, atividades não valor)".

Conclui-se, então, que um bom sistema de custeio gerencial deve prover a empresa de informações detalhadas das atividades dentro de um processo de elaboração de seus produtos/serviços. Essas informações não devem ter um caráter meramente contábil mas sim, uma ênfase gerencial, deixando de lado a idéia de um simples processador de dados para assumir uma postura de gerenciamento de custos pelas atividades. Assim sendo, um sistema de custeio gerencial deve representar um processo produtivo a partir de suas atividades, satisfazendo alguns pontos, tais como:

- identificar os produtos/serviços nos quais o consumidor reconhece valor, associando-os ao sistema produtivo;

- identificar as atividades que agregam valor aos produtos/serviços;

- apresentar medidas que permitam uma linguagem de comunicação única na avaliação das melhorias; - analisar e identificar as causas dos custos; por exemplo, o LAYOUT é um fator determinante nos custos de movimentação dos materiais;

- permitir à gerência reconhecer, a nível de atividades (onde a ação está realmente tomando lugar), como são formados os valores de custos;

- unificar a produção pela utilização da noção abstrata do trabalho, que é o elemento comum entre as atividades;

- considerar que o objetivo maior de uma empresa é agregar valor aos produtos/serviços, ou seja, as matérias-primas são apenas objetos de trabalho.

A questão que se apresenta é como entender o consumidor e o processo produtivo conjuntamente, identificando nas organizações um denominador comum de capacidade do processo produtivo. Esse denominador comum deve refletir a produção em medidas de performance de custos que excedem o critério único de uma avaliação financeira, de maneira a avaliar os desenvolvimentos produtivos e assegurar as expectativas dos consumidores.

AS ATIVIDADES E SEUS CUSTOS

O sistema proposto utiliza a noção abstrata de esforço produtivo, buscando com ele relativizar entre si, as atividades agregadoras de valor. Essa relativização permitirá a obtenção de uma medida representativa do esforço consumido na produção, quando da agregação de valor em um produto.

A idéia consiste em avaliar as atividades agregadoras de valor dentro de uma única ótica, como se as atividades trabalhassem na confecção de um único produto. Essa unidade única permitirá à empresa ser administrada como uma fábrica mono produtora, mesmo que ela produza uma grande variedade de produtos.

O sistema de custo deverá, então, avaliar com que intensidade as atividades contribuem com os objetivos da empresa, permitindo o entendimento e o melhoramento contínuo do sistema produtivo. Para isso, necessita-se identificar como cada atividade agrega valor aos produtos, e como a mesma converte o trabalho, a tecnologia, a matériaprima, etc., em valor. Isso porque o sistema proposto baseia-se, para a avaliação dos custos dos produtos e da performance da empresa, no princípio de que as atividades são consumidoras de recursos, e que os produtos/serviços são apenas consumidores dessas atividades.

Assim, a empresa deixa de ser dividida em processos independentes e passa a ter um caráter inter-funcional. O sistema de custeio proposto baseia-se no Activity- Based-Costing (ABC), e procura estabelecer um controle maior nos custos que agregam valor, além de identificar, de uma forma mais clara, os gastos que não agregam valor aos produtos/serviços da empresa. ----Os controles de custos, por sua vez, estarão direcionados às fontes onde os custos ocorrem. Essas informações permitirão à direção entender melhor seu negócio, avaliando a performance das atividades e permitindo, por exemplo, localizar os custos de não valor, os custos reais dos produtos com suas respectivas fontes, bem como avaliar a produtividade das atividades em geral.

O TIPO DE ATIVIDADE

Diferentemente dos sistemas tradicionais, onde os custos são contabilizados por categoria (como mão-de-obra, depreciação, etc.), o que dificulta a identificação de como e porque foram gastos tais recursos, o sistema de custo por atividades aloca diretamente os custos em função de sua utilização. Por exemplo, no caso de atendimento de um cliente especial que necessita um produto com um set-up demorado, os sistemas tradicionais alocam esse gastos genericamente a todos os produtos. No modelo ABC, o custo desse set-up demorado será alocado ao cliente especial a partir dessa atividade. A alocação dos gastos do set-up em função das atividades permitirá saber como foi usado esse recurso, preservando a individualidade dos esforços e localizando a causa do gasto incorrido.

A análise por atividades decompõe uma empresa complexa em elementos de fácil entendimento e mensuração. Contudo, nem todas as atividades se relacionam diretamente aos produtos, Assim sendo, necessitar-se-á de hierarquias diferentes no relacionamento produto atividades. Em muitos casos, será necessário trabalhar com tarefas, ou seja, os elementos básicos responsáveis pelas atividades. O objetivo desta hierarquização é permitir um gerenciamento local que viabilize a delegação de responsabilidades e facilite a análise e o controle das variações.

Como são as atividades que contribuem diretamente para a performance de um produto, e como é o consumidor quem avalia essa performance, o trabalho de definição das atividades e sua classificação em atividades valor ou não-valor são tarefas importantes e dinâmicas, e que devem ser conduzidas indiretamente pelo consumidor. Caracteriza-se por ser lento pela necessidade de conhecer-se plenamente a voz do consumidor, bem como pela necessidade de relacionar as atividades com as funções dos produtos. Além disso, a relação é dinâmica uma vez que os desejos dos consumidores alteram-se constantemente.

O passo mais difícil e complexo na implantação do método é o de relacionar as atividades com as funções dos produtos, de forma a diferenciar as atividades que agregam valor daquelas que não agregam valor.

CLASSIFICAÇÃO DAS ATIVIDADES

As atividades poderão ser classificadas em quatro grandes classes, a saber:

- atividades que agregam valor (A);

- atividades que não agregam valor (N);

- atividades de valor incorporando atividades de não valor (AN);

- atividades de suporte.(S).

a - Atividades Valor (A)

Atividades que agregam valor são aquelas atividades do processo produtivo que apresentam uma relação direta com o produto, e são reconhecidas pelo consumidor quando da análise do produto. É bem verdade que, conforme os produtos, essa relação ou esse conhecimento não é explícito. Assim, em um carro, cuja função principal é permitir deslocamento, a montagem dos pneus dificilmente será reconhecida a nível de consumidor mas, para atender a função principal e satisfazer o consumidor, é necessário um meio de transmissão entre o veículo e o solo, no caso os pneus. Nota-se, porém, que o transporte do pneu da entrada da fábrica até sua montagem no carro, não se relaciona com função nenhuma.

b - Atividades Não-Valor(AN)

As atividades que não agregam valor são consideradas atividades "parasitas", pois acrescentam gastos aos produtos sem agregar-lhes valor. Logo, é fundamental para a empresa, a identificação dos gastos de não-valor para tentar eliminá-los ou, ao menos, reduzir sua ocorrência.

Algumas atividades são claramente não agregadoras de valor, tais como recebimento, contagem, movimentação, inspeção, arquivamento, correções, etc. Porém, deve-se ressaltar que as atividades não-valor sempre relacionam-se primeiramente aos processos, posteriormente aos produtos e muito raramente às funções dos produtos. Isso auxilia a sistemática de contabilização, pois evita-se bases de rateio, que normalmente mascaram a realidade dos gastos. Nos sistemas tradicionais de custos, por exemplo, os valores relativos a uma ordem de compra de um determinado produto são rateados aos produtos sobre bases como mão-de-obra, custos de materiais, etc. Nota-se que essas bases nem sempre reproduzem a realidade, pois não determinam quanto os produtos realmente necessitaram do esforço da atividade.

Finalmente, é importante destacar ainda que as atividades não-valor, como compras, podem se relacionar aos produtos desde que se identifique o esforço de produção efetivamente incorrido pelos produtos. Assim, um produto que necessita o dobro de esforço de compras em relação a outro, deverá imputar o dobro de gastos da atividade não-valor compras.

c - Atividades Valor Incorporando Atividades Não (AN)

As atividades AN são aquelas onde a maioria do esforço produtivo incorpora um valor ao produto/serviço. Contudo, para que a mesma ocorra é necessário que ocorra um esforço produtivo em atividades que não agregam valor. Como exemplo, tem-se a atividade de treinamento de um piloto, onde o valor agregado é medido pelo tempo de vôo de instrução. Porém, sempre que ocorrer uma aula prática de vôo, existirá uma atividade não agregadora de valor, que é a revisão do avião. Outros exemplos podem ser verificados na prática tais como o set-up de uma máquina.

d - Atividades de Suporte (S)

Apesar de grande parte das atividades relacionarem-se com os produtos, em alguns casos torna-se tecnicamente muito difícil identificar tal relação, ou então o custo dessa determinação não justificaria tal atitude. Esse é o caso das atividades de suporte, que englobam atividades como recursos humanos, relações públicas e atendimento a requisitos legais.

As atividades de suporte podem, ainda, ser agregadoras de valor ou não, a pesar da grande maioria não agregar. Um caso especial é o de marketing. Considerando o marketing como sendo uma atividade de suporte, tem-se que quando uma propaganda, por exemplo, valorizar a imagem da empresa, essa atividade incorporará indiretamente valor ao produto, haja vista que ela interfere na cadeia de valor. As atividades de suporte podem ser repassadas aos produtos por bases de rateio, tais como esforço de produção das atividades que agregam valor ou bases particulares à cadeia de valor.

GRUPO DAS ATIVIDADES AGREGADORAS DE VALOR

Para uma empresa o ideal é ter um único produto que permita determinar com clareza, precisão e rapidez seus custos, o que também facilitará bastante o processo de planejamento e controle da produção.

A realidade, porém, não apresenta tal quadro. As empresas buscam cada vez mais atender seus consumidores com variedades de produtos, levando os sistemas produtivos a serem cada vez mais complexos.

A busca contínua da satisfação dos consumidores, associada à necessidade de racionalização de seus custos, vêm obrigando as empresas a repensarem seus sistemas produtivos. Nesse novo quadro, a empresa necessita diferenciar os dispêndios que agregam valor (custos) daqueles que não agregam valor (gastos).

Aliadas a esta complexidade produtiva, novas filosofias de fabricação têm sido definidas, dentre as quais destaca-se o "just-in-time". A filosofia just-in-time questiona os conceitos aceitos até agora nos gerenciamentos contemporâneos incorporando, na sua base conceitual, o conceito de valor agregado. Porém, os sistemas de gerenciamento de custos ainda não acompanharam essa tendência.

Neste sentido, pode-se dizer que é somente o valor agregado que permitirá à empresa alcançar o lucro. Todos os outros gastos envolvidos no processo, como a própria palavra nos diz, são gastos e portanto são contrários ao lucro.

Como já foi dito, o modelo proposto divide as atividades da empresa em quatro grandes grupos. O primeiro grupo, o principal, é o grupo das atividades agregadoras de valor, às quais associa-se o verdadeiro conceito de capacidade produtiva, isto é, a capacidade de agregar valor existente em seu sistema produtivo.

Para facilitar a avaliação das atividades valor, o modelo procura visualizar a empresa a partir de uma base única de valor. Essa unidade de valor é uma noção abstrata do que quanto cada produto/serviço absorve de valor em sua passagem pela empresa. Isto permitirá visualizar uma empresa multi-produtora em uma empresa ideal que produza um só produto.

Agindo dessa forma, obter-se-á uma única medida de produção que permitirá a comparação entre as diversas atividades de valor. Além disso, como os custos serão transformados em valor agregado pelas atividades, e como são as atividades que transformam os esforços produtivos de máquinas, homens, energia etc., em produtos, podese dizer que são estes custos que consomem as capacidades produtivas.

Justifica-se, assim, a idéia de unificar a produção, pois independentemente dos produtos e, principalmente, da forma de fabricação dos mesmos, o resultado final da atividade produtiva é representado pelo valor adicionado aos produtos. Os princípios básicos usados na definição desse primeiro grupo estão baseados na metodologia das Unidades de Esforço de Produção, que determina uma única unidade de transformação do trabalho de produtivo.

O segundo grupo concentra as atividades não agregadoras de valor. Nesse grupo consideram-se atividades tais como movimentação de materiais, set-up, planejamento da produção, etc. A mensuração do trabalho consumido pelos diversos produtos servirá de base para o cálculo os custos dos produtos pertencentes a esse grupo. Pretende-se, assim, eliminar as bases de rateios gerais, tais como mão-de-obra direta, espaço físico, etc.

O terceiro grupo é aquele composto pelas atividades de suporte as quais e como já foi dito, caracterizam-se por serem inerentes à organização, podendo então, por exemplo, ser rateados aos produtos de forma proporcional ao valor agregado absorvido pelos produtos no sistema produtivo.

FUNDAMENTOS DO SISTEMA PROPOSTO PARA A AVALIAÇÃO DAS ATIVI-DADES AGREGADORAS DE VALOR

Nos tópicos anteriores enfatizou-se que o importante para uma empresa é como a mesma aplica sua capacidade produtiva na transformação das matérias-primas em produtos ou serviços. Assim, a matéria-prima deve ser encarada como um elemento aglutinador da ação das atividades de valor, tendo uma participação passiva no processo produtivo.

A cadeia de valor é quem proporciona competitividade à empresa pela utilização harmônica dos meios de produção como mão-de-obra, máquinas, tecnologia, imagem de marca, força de vendas, etc., e o equilíbrio e a harmonia dos meios de produção é que criam o potencial produtivo da empresa. O processo produtivo só existirá se todos os elos da cadeia funcionarem harmonicamente dentro do ciclo produção-consumo, ou seja, não adianta só produzir, é necessário também vender, cobrar e comprar.

Pelo trabalho empregado em cada elo produtivo, caracterizado no modelo pelas atividades, a empresa transforma matérias-primas nos seus produtos e serviços. Em cada atividade encontra-se uma capacidade produtiva instalada, resultado dos recursos nela potencialmente existentes. A cadeia de valor da empresa deve então ser avaliada pela efetividade dos seus elos quando da transformação das matérias-primas em produtos ou serviços. Em cada elo (atividade), é incorporado um certo valor aos produtos como resultado do trabalho exercido o qual, por sua vez, é função da capacidade instalada. Como os outros produtos/serviços utilizam-se dessa capacidade, pode-se relativizar o consumo dos recursos advindos da fabricação de cada produto com um padrão. Esse padrão determinará o potencial produtivo (potencial agregador de valor), existente na empresa.

Este enfoque busca obter uma unidade de valor que represente a capacidade produtiva, avaliado em uma única medida, tal qual a noção abstrata de comprimento, o metro. Como as unidades são medidas de relativização sobre um determinado padrão, a empresa poderá definir uma medida base de sua capacidade produtiva de agregar valor. Essa unidade básica servirá como medida de comparação das capacidades produtivas existentes em cada elo. Como a razão da existência de uma empresa deve estar baseado no resultado de suas atividades, da empresa deverá identificar um determinado produto ou serviço que permita caracterizar o restante do processo produtivo. A fim de facilitar o entendimento, definir-se-á como produto-base o produto ou serviço que servirá como padrão comparativo da capacidade produtiva.

A mensuração do valor agregado aos produtos e a determinação da capacidade produtiva das atividades são relativamente difíceis de se quantificar. Tal dificuldade é mayor quando a mensuração do valor agregado é feita diretamente pelos consumidores. Neste caso, o resultado diz respeito a uma avaliação do desempenho das funções existentes nos mesmos, correspondendo ao resultado da combinação harmônica do valor agregado pelas atividades durante o processo de fabricação. É preciso portanto, empregar-se um procedimento metodológico para mensurar uma unidade que represente o valor agregado incorporado aos produtos quando da passagem das matérias-primas pelos processos produtivos.

O PROCEDIMENTO METODOLÓGICO PARA MENSURAÇÃO DAS ATIVIDADES AGREGADORAS DE VALOR

Como cada empresa possui uma estrutura produtiva própria, a metodologia a ser adotada, apesar da sua generalidade, poderá sofrer alterações visando satisfazer exigências especificas. A filosofia do sistema de gerenciamento das atividades agregadotas de valor está baseada no perfeito conhecimento do processo produtivo e da análise funcional dos produtos. Sua aplicação só ocorrerá satisfatoriamente se a empresa possuir uma estrutura organizacional voltada ao gerenciamento do processo. Além disso, os produtos devem ser vistos como um conjunto de funções harmonicamente unidas para satisfazer os consumidores.

O procedimento a ser adotado na busca do gerenciamento do valor encontra-se subdividido em três grandes grupos: análise da estrutura produtiva, análise dos produtos e levantamento dos custos técnicos. Os dois primeiros grupos permitirão a definição das atividades agregadoras de valor e o terceiro proporcionará o elemento relativizador entre as atividades.

No que diz respeito aos custos técnicos, é importante destacar-se que eles são avaliados diretamente na produção A utilização dos custos técnicos fornece uma informação mais realista, mas exige um entendimento profundo do sistema produtivo.

As informações dos custos técnicos não necessariamente virão dos registros contábeis o que exige uma contínua atualização dos meios produtivos. Como ejemplo pode-se citar a depreciação. Comumente encontra-se máquinas que, sob o ponto de vista contábil, estão totalmente depreciadas, porém no mercado consumidor ainda possuem um valor monetário real. No caso, de se trabalhar com custos contábeis, essa máquina não imputaria nenhum custo aos produtos, haja vista que encontra-se depreciada, o que não ocorreria nos custos técnicos, pois o mesmo baseia-se no valor de mercado.

Um outro exemplo disso é , a rápida obsolescência das tecnologias, que vem acelerando o desuso de certos equipamentos, o que contribui para mascarar o real custo de um produto. Nesse caso um produto poderá ter um valor muito inferior ao calculado com as informações dos custos contábeis, isto é, o uso dos custos contábeis estará inflacionando o custo do equipamento, pondo em risco a competitividade da empresa a médio e longo prazo. O sistema proposto avalia cada atividade de valor pelos custos técnicos incorridos quando da produção dos produtos.

DEFINIÇÃO OPERACIONAL DAS ATIVIDADES AGREGADORAS DE VALOR

As atividades de valor são uma composição de operações elementares ou, em alguns casos, até mesmo de uma operação elementar única. A operação de tornear uma peça, por exemplo, constituir-se-á numa atividade valor quando o resultado da mesma proporcionar o reconhecimento de uma ou mais funções no produto, por parte do consumidor.

Assim sendo, uma célula de fabricação, capaz de executar várias operações, pode compor uma única atividade, responsável por uma ou mais funções, ou então compor mais de uma atividade. Quando da ocorrência de mais de uma atividade em um posto operativo, a definição das mesmas será dada pelas funções incorporadas ao produto. Assim, uma operação que seja composta por mais de uma tarefa, poderá realizar um número variable de atividades que não agregam valor, mas deverá realizar pelo menos uma atividade de valor.

A contabilização separada das atividades de não-valor será determinada pela relação do volume financeiro envolvido nas atividades. Por exemplo, o transporte em uma célula de fabricação será contabilizado separadamente como uma atividade de não-valor, se o valor dessa atividade for representativo nos custos. Essa representatividade é dada pelo bom senso dos analistas, baseando-se para isto na relação no custo benefício da informação. De outra forma, o transporte na célula pode ser considerado como um custo da atividade de valor, sendo seu controle e melhoramento executado pelos operadores.

Contudo, se o custo de transporte passar a ser representativo na operação, decorrente da racionalização dos trabalhos efetuados, por exemplo, o mesmo poderá ser considerado como uma atividade de não-valor, deixando de ser um custo da atividade de valor.

As atividades de valor podem, então, ser constituídas por várias máquinas, Sejas elas homogêneas ou não. Nota-se que a abrangência da operacionalização das atividades é muito alta, podendo variar de estrutura para estrutura produtiva. E é exatamente o perfecto conhecimento da estrutura produtiva, aliado ao conhecimento funcional dos produtos, que permitirá a correta operacionalização e definição das atividades.

Cabe destacar que, por mais homogênea e constante que sejam as operações elementares, componentes de uma atividade, dificilmente a estabilidade da atividade perdurará no tempo. Essa instabilidade é provocada por dois fatores básicos. O primeiro é decorrente de variáveis internas à operação, como desgaste de ferramentas, disposição humana, etc. O segundo fator é relativo a variáveis externas, como mudanças tecnológicas de processo e/ou produto, alterações de fornecedores, etc. Portanto, a utilização do conceito de atividade exige o conhecimento e melhoramento contínuo do processo produtivo, o que acabará proporcionando uma mayor competitividade à empresa.

CONCLUSÕES

O modelo proposto permite a incorporação da visão do consumidor, no fluxo produtivo, relacionando os desejos do consumidor, pelas suas funções, com as atividades que as satisfazem.

Permite também, gerenciar as atividades e, assim, chegar-se mais claramente ao custo-meta, de forma que se possa entender melhor tanto o valor dos produtos como o valor do produtor.

Observa-se ainda, que as respostas obtidas pelo modelo proposto enfatiza aspectos não considerados, até então, na avaliação de um processo produtivo. As análises possíveis, bem como as simulações específicas para cada empresa e para cada problema são inúmeras.

O modelo possibilita uma nova e correta mensuração dos custos, fornecendo uma base mais adequada para a avaliação da produtividade. Verificou-se claramente os efeitos dinâmicos das funções dos produtos na capacidade produtiva, bem como nos custos.

BIBLIOGRAFIA

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SELIG, P. M. Gerência e avaliação do valor agregado empresarial. Tese, EPS-UFSC, Florianópolis, 1993.

AUTORES

Prof. Paulo Mauricio Selig, Dr. Prof. Osmar Possamai, Dr. Programa de Pós Graduação em Engenharia de Produção e Sistemas Universidade Federal de Santa Catarina. Prof. Francisco José Kliemann Neto, Dr. Programa de Pós-Graduação em Engenharia de Produção Universidade Federal do Rio Grande do Sul

Compromiso Real con los Costos

Actualmente, el tema de “monitoreo” de costos se ha vuelto una necesidad debido al alto nivel de competitividad de los mercados y a las alzas constantes en el precio de la materia prima y del combustible, entre otros. Esto ha generado una preocupación en el sector empresarial por mantener o alcanzar un nivel aceptable de rentabilidad. Uno de los métodos para lograr esta meta es cuantificando cada una de las actividades de la empresa, e implementando un adecuado sistema de “monitoreo” de costos. No obstante, más allá de la situación económica mundial, la cual ha impulsado a muchas organizaciones a reducir sus egresos monetarios arbitrariamente, existe toda una cultura organizativa relacionada con los costos de la empresa y sus costos de calidad, es decir, aquellos gastos monetarios que se relacionan con la calidad de los procesos de la empresa y del producto final de manera positiva o negativa.

Primeramente, hay que destacar que un adecuado sistema de “monitoreo” de costos debe involucrar todos los niveles organizacionales, incluyendo tanto los departamentos productivos como las actividades administrativas y de apoyo. Lo anterior refleja la necesidad de contar con el compromiso de la empresa y de sus colaboradores, para poder garantizar la implementación de una adecuada estructura de costos. Se requiere crear conciencia sobre la importancia de las labores ejercidas por cada uno de los colaboradores, ya que su trabajo impacta positiva o negativamente sobre los rendimientos de la organización.

Cuando una persona se siente identificada con su trabajo, genera conciencia y sentido de responsabilidad sobre sus funciones, y conoce el costo de sus equivocaciones, por lo que procura minimizar su impacto y reducir la frecuencia en la que las comete. Estas actitudes contribuyen notablemente a lograr eficiencia en los procesos, ya que se minimiza el margen de error y se maximizan los recursos al reducir los niveles de desperdicio y tiempos de trabajo.

Cada error que se comete representa costos para la empresa. Algunos de ellos son más fáciles de cuantificar que otros como, por ejemplo, la materia prima que se desperdició al producir un lote que no cumple con los requerimientos de calidad mínimos para su posterior venta, o el costo de las horas de mano de obra directa que se ocuparon para la misma producción. Sin embargo, ese mismo error tiene costos adicionales, ya que se deben tomar en consideración una serie de gastos que recaen directamente o de manera indirecta sobre el producto, y los cuales son necesarios para su elaboración.

Ejemplo de lo anterior son los gastos administrativos. Pocas empresas saben realmente cuál porcentaje de ese rubro se le debe cargar a cada uno de sus productos para poder definir adecuadamente el precio que se debe cobrar por el bien. Lo mismo sucede con los departamentos de publicidad y ventas, con mantenimiento y con compras.

En muchas organizaciones se desconoce incluso el costo de capital de la empresa. La política de fijación de precio establecida posiblemente no concuerda con las expectativas de rentabilidad de los socios de la empresa. Tradicionalmente, las empresas han optado por cargar sus costos directos a los productos y asignar un porcentaje de los costos indirectos mediante una tasa estimada arbitrariamente, la cual se aplica a todos los productos por igual. Este método de asignación de costos perjudica a algunos de los bienes y beneficia a otros. Adicionalmente, se tiene una serie de costos sin asignar y muchas veces sin identificar siquiera como, por ejemplo, el costo por áreas comunes: cada empresa sabe el valor de su terreno y de su edificio, así como el gasto por depreciación del último, pero son pocas las organizaciones que conocen el valor por metro cuadrado del espacio físico.

La falta de información genera costos innecesarios en las organizaciones, tal es el caso, por ejemplo, de los altos volúmenes de inventario que representan un costo adicional por gastos financieros, en espacio físico y un costo implícito en el riesgo que conlleva almacenar altos niveles de inventario (pérdida, hurto, deficiente gestión de inventario, etc.). De igual forma, se puede mencionar el costo que se relaciona con mantener activos obsoletos o sin utilizarse dentro de la organización. Estos no solo no generan valor dentro de las empresas, sino que representan un costo adicional algunas veces no cuantificado.

En el caso de las empresas que cuentan con capacidad de planta ociosa, se identifica no solo el costo por espacio físico, sino un costo financiero por la adquisición del activo, en el caso de que se haya financiado mediante deuda y, por supuesto, un costo de oportunidad, ya que se está desperdiciando la posibilidad de utilizar los recursos mencionados en otras alternativas que generen mayores ingresos para la organización.

La estructura de costos no es un tema de interés meramente productivo o financiero; por el contrario, esta debe ser congruente con la planificación de la empresa y su estructura organizativa. Es decir, una empresa en proceso de expansión, debe estar consciente de las implicaciones que dicha estrategia representa para la organización y traducirla en función de costos.

Una vez que la empresa sea consciente de cuánto representa cada uno de los componentes en su organización, será capaz de gozar de los beneficios que conlleva un adecuado sistema de “monitoreo” de costos y podrá identificar cuáles áreas de la empresa generan o no valor.

De igual forma, contará con la información necesaria para establecer una adecuada política de fijación de precios y con los datos requeridos para analizar la rentabilidad no solo de cada proceso o centro de costos de manera independiente o en su conjunto, sino que también le permitirá determinar la rentabilidad de su cartera de clientes.

Es decir, el mecanismo para incrementar la rentabilidad de la empresa no consiste en recortar costos, porque dichos egresos son necesarios para la posterior generación de ingresos. La respuesta se encuentra en la información que brinda un adecuado sistema de “monitoreo” de costos y cómo se emplea esta para la toma de decisiones gerenciales y productivas.

Alessandra Mainieri, Consultora, CEGESTI, Revista Éxito Empresarial, No. 31, 2005 2

¿Por qué es tan resistido por los Contadores el Costeo Variable?

1. Introducción.

Según varias opiniones convergentes, el criterio del costeo variable reconoce su origen en un artículo de Johathan Harris, publicado en 1936, denominado “¿Cuánto ganamos el mes pasado?”. A sesenta y cinco años de su aparición, el costeo variable no ha conseguido, a pesar de sus evidentes ventajas, imponerse claramente sobre el costeo completo en la mayoría de los informes suministrados por los Contadores a los empresarios. Quienes desde hace cuarenta años venimos predicando sus ventajas, no podemos menos que sentir una sensación de frustración frente a lo que consideramos como una incomprensión de la profesión que, en buena medida, ha contribuido al desprestigio de la Contabilidad tradicional como herramienta útil para la adopción de decisiones empresariales. En este modesto aporte, trataremos de formular algunas reflexiones que buscan explicar (aunque de ningún modo justificar) lo que reputamos como un grave error de la profesión, al menos en su función de ayudar al empresario a adoptar decisiones acertadas en la conducción de su organización.

2. El inconsciente colectivo.

En un excelente trabajo de tres profesores de la Facultad de Economía y Administración de la Universidad de Sao Paulo, Brasil, se llega a la conclusión de que la adopción del costeo completo como herramienta para la adopción de decisiones empresariales, a pesar de haberse demostrado sobradamente su inaptitud para este objetivo (en la opinión de los autores, que compartimos totalmente), se debe a la influencia de actitudes relacionadas con el inconsciente del grupo de los Contadores, como consecuencia de su empleo acrítico durante siglos. Por su claridad y sencillez, creemos útil reproducir textualmente una parte pertinente del trabajo señalado: “Prácticamente, todo lo que es utilizado actualmente en la vida moderna, como la radio, la televisión, el teléfono, la computadora, la energía eléctrica, el satélite, el avión, el transistor, el átomo, el “chip”, etc., fue inventado o descubierto en los últimos 100 años. Remontándonos al comienzo del siglo XX, cuando el proceso de descubrimientos e inventos comenzó a intensificarse, observamos una sociedad totalmente diferente de la actual. La sociedad de hoy es predominantemente de consumo. El cliente es tratado como un “rey” y las empresas buscan el desarrollo de una inmensa gama de productos diferenciados para atender las diversas demandas de la sociedad. El producto justo debe estar disponible en el momento justo, un la cantidad y calidad adecuadas para atender las necesidades del consumidor. La sociedad del inicio del siglo XX era típicamente de oferta. A medida que algo era descubierto, como por ejemplo, la energía eléctrica, o inventado, como, por ejemplo, el automóvil, los bienes pasaban a ser ofrecidos al mercado. ¿Cuál sería el modelo de decisión en materia de costos y precios, de los empresarios en el ambiente de aquella época?

Hoy se definen precios para mercados globalizados, pero en ese entonces no existían mercados estructurados y, en muchos segmentos, ni siquiera existía competencia. ¿Cómo determinar el precio de venta de los primeros automóviles producidos? El camino natural habría sido calcular su costo total, para tener la seguridad de que todo lo invertido fuera recuperado, con más el beneficio deseado. Esa metodología fue adoptada por ser muy práctica y lógica en el contexto de aquella sociedad, pero sobre todo porque el procedimiento de cálculo del costo total del producto y de la formación de los precios a partir de los costos totales más un margen ya pertenecía al repertorio grupal de la contabilidad de costos.”

................ “De tal forma, los procedimientos de “full cost” y de fijación de precios a través de “costo más margen”, adoptados en los comienzos del siglo XX por influencia de fuerzas inconscientes, semejantes a fuerzas arquetípicas, encuentran plena lógica y aceptación, en función de las características de la realidad de la sociedad entonces existente.” ..............

“Muchos autores no consiguieron escapar de la influencia de las “formas-pensamiento” y del repertorio del grupo en la formulación de sus críticas y en la propuesta de alternativas de solución. El ejemplo más evidente es la percepción de los idealizadores del método “Activity Based Costing”, según el cual la contabilidad de costos de las empresas estaba calculando los costos de los productos en forma incorrecta. En la percepción de esos idealizadores, la principal razón de la inadecuación de la contabilidad de costos era el hecho de que las empresas prorrateaban un volumen cada vez mayor de costos indirectos, en base a un volumen de mano de obra directa cada vez menor. A pesar del grado de conciencia sobre la ineficacia de la contabilidad de costos tradicional con propósitos de apoyar las decisiones empresariales, el diagnóstico formulado estuvo influido por el arquetipo dominante.

El pensamiento subyacente admitía la existencia de un problema en la distribución de los costos, pero no percibía que el problema fundamental residía justamente en efectuar el prorrateo. De hecho, es extremadamente difícil luchar contra creencias y valores establecidos en el inconsciente de un grupo hace más de 800 años”. Más allá de la razón señalada por los autores citados, que consideramos totalmente acertada, entendemos que existe una causa más puntual que ha contribuido a la adhesión de los Contadores al criterio del costeo completo. Trataremos de demostrar que dicha causa reside en la confusión que existe acerca de los objetivos de la Contabilidad.

3. Objetivos de la Contabilidad.

Una de las razones que pueden explicar el fenómeno bajo estudio, aunque quizás sólo parcialmente, es la existencia de una inveterada confusión en torno a los objetivos de la Contabilidad. Esta disciplina reconoce su origen en la necesidad de los hombres de negocio de conocer el valor de su patrimonio, su evolución en el tiempo y, por consiguiente, la magnitud de los resultados de su actividad, así como las causas que los han generado. En otros términos, la Contabilidad ha nacido como una herramienta dirigida a ayudar al empresario a manejar sus negocios.

Es obvio que hace unos quinientos años, cuando el Luca Pacioli tuvo la original idea de concebir la “partida doble”, los hombres de empresa trabajaban fundamentalmente sobre la base de su propio capital, o del capital de unos pocos terceros vinculados por estrechos lazos de amistad y confianza. Sin embargo, siglos más tarde, con el advenimiento de la Revolución Industrial y el desarrollo de numerosas empresas de gran magnitud, se volvió necesario acudir al concurso de capitales ajenos, en la forma de créditos o de inversiones de operadores económicos sin acceso directo al manejo de la empresa. Fue necesario, por consiguiente, diseñar documentos que satisficieran las necesidades de información de los suministradores de capital. Desde aproximadamente la mitad del siglo XIX, el aporte de capitales de terceros se volvió un factor imprescindible para el desarrollo de las grandes empresas.

Por otra parte, crecieron las necesidades de información del Estado, como ente regulador de la actividad económica de los países, lo que trajo aparejada una nueva necesidad de información. Las informaciones destinadas a medir de distintas maneras el flujo de los bienes económicos, ya sea para cubrir necesidades impositivas, para diseñar políticas de promoción, para proteger los intereses de los trabajadores o el ahorro público, o para contar con datos estadísticos, dieron origen a la aparición de nuevos usuarios de la información contable.

Asimismo, la creciente participación de los sindicatos, en épocas en que se volvieron frecuentes distintos mecanismos de retribución basados en los beneficios de las empresas, también dio lugar a la incorporación de nuevos interesados en la información contable.

Estos fenómenos operaron en forma conjunta para requerir informaciones contables confiables. Pero nótese que se trataba de informaciones contables destinadas a operadores económicos ajenos al manejo de la empresa. Este fenómeno fue introduciendo un sesgo, de creciente influencia, en el diseño de los informes contables, tendiente a satisfacer del mejor modo posible las necesidades de los terceros a la empresa y, consecuentemente, relegando al empresario a un lugar sensiblemente menos importante en su carácter de receptor de informaciones. La importancia de este desvío de los objetivos originales de la Contabilidad, terminó por afectar de tal modo la calidad de la información destinada al encargado de tomar decisiones vinculadas con la conducción de las organizaciones, que, hacia mediados del siglo XX, floreció una nutrida literatura que aludía al “atraso cultural de la Contabilidad”. Este llamado “atraso cultural” se refería a la creciente inutilidad que manifestaba la Contabilidad para suministrar un apoyo útil a las decisiones empresariales. Fue entonces cuando hizo su aparición una corriente de opinión que abogaba por una suerte de “retorno a las fuentes”, predicando que la Contabilidad debía abordar un decidido proceso de reforma, para devolverle su perdida utilidad como soporte de las decisiones de los empresarios.

Variada bibliografía se sumó a esta corriente, entre la que uno de sus representantes más calificados fue la obra “Contabilidad Gerencial”, editada en 1979 y, más recientemente, “Replanteo de la Técnica Contable”. Sin embargo, según nuestro modesto juicio, ninguna de esas obras alcanzó a comprender el fenómeno en su cabal manifestación. En efecto, ninguna de las obras atacó al corazón del problema, que reside en el mantenimiento de la postulación de un Estado Contable Único.

4. El Estado Contable Único.

Todos los autores que se ocuparon del tema no pusieron en tela de juicio el postulado del Estado Contable Único.Por el contrario, los profesionales continuaron en su inalcanzable propósito de diseñar un informe (podríamos decir: un “súperinforme”) que satisficiera las necesidades de información de la totalidad de los interesados en la marcha de la empresa. En este sentido, es ilustrativo citar a López Santiso, quien sostuvo que los Estados Contables persiguen la finalidad de suministrar información útil para:

- Analizar la gestión de la dirección. - Servir de base para la solicitud y concesión de créditos financieros y comerciales. - Servir de guía a los inversionistas interesados en comprar y vender. - Determinar la legitimidad de la distribución de ganancias y servir como guía para la política de dirección y de los inversionistas en esta materia. - Servir de base para determinar la carga tributaria y para otros fines de política fiscal y social. - Ser utilizada como una de las fuentes de información para la contabilidad nacional. - Ser utilizada como base para la fijación de precios y tarifas.

Esta concepción fue compartida por la mayoría de la doctrina. Sin embargo, la realidad ha demostrado que es imposible que un único informe suministre información útil para:

- Que el fisco determine el impuesto a las ganancias, o - Que un organismo de control fije una tarifa de un servicio público, o - Que un capitalista decida sobre su inversión, o - Que una asamblea apruebe la distribución de utilidades, o - Que un banco decida otorgar un crédito, o - Que un gerente de producción disponga el cierre de una línea, o - Que un gerente de comercialización decida modificar un precio.

Un Estado Contable que permita todos estos usuarios adoptar decisiones acertadas nunca ha existido y, probablemente, nunca existirá.

5. Las dos clases de Contabilidad.

Pareciera que el camino acertado es el de reconocer la existencia de dos clases de Contabilidad: una destinada a satisfacer las necesidades de los terceros y otra dirigida a suministrar información útil a los empresarios. Estas dos versiones de la Contabilidad, tendrían no sólo diseños distintos para sus informes, sino también objetivos diferentes.

La Contabilidad destinada a terceros tendría como objetivo fundamental exponer la información de tal forma que a sus destinatarios no pudieran serles creadas sensaciones de solvencia o prosperidad empresarias superiores a las que realmente tiene el ente emisor de los informes. En otras palabras, el viejo principio de prudencia adquiere, con esta interpretación, toda su fortaleza. Toda la información entregada a terceros debe tener vedada la posibilidad de presentar una situación que pudiera dar lugar a una interpretación de que la empresa “está mejor de lo que está”. O sea, la información contable para terceros, o información externa, debe tener como objetivo fundamental, la protección de los intereses de los destinatarios.

Por su parte, la Contabilidad destinada al empresario, o información interna, debe tratar de representar, de la mejor manera posible, la verdadera naturaleza de los hechos económicos. Obviamente, no se trata de postular que la Contabilidad para uso externo olvide la realidad económica.

La información de la mayoría de los hechos económicos representada con ajuste a su verdadera naturaleza es frecuentemente compatible con una información que defienda los intereses de los terceros al ente emisor. Sólo se quiere hacer notar que, cuando un hecho económico admita distintas representaciones, el interés de los terceros (no sobrevaluar el patrimonio) debe prevalecer sobre el objetivo de representar fielmente la realidad económica. Tal es el caso del conocido principio de valuación conocido como “valor de costo o de mercado, el menor”. Es de meridiana claridad que en los Estados Contables para terceros, este principio debe mantenerse vigente, porque impide una sobrevaluación subjetiva del patrimonio. Pero debe ser desechado en una información contable que busque servir de apoyo a las decisiones empresariales.

Como una manera de clarificar el uso de la terminología, podemos decir que a la Contabilidad para terceros, se la conoce bajo distintas denominaciones, tales como Contabilidad para publicación, Contabilidad tradicional, Contabilidad patrimonial, Contabilidad financiera, etc.; mientras que a la Contabilidad para uso interno se la denomina indistintamente Contabilidad gerencial o Contabilidad de gestión.

6. El criterio de costeo más apropiado.

Admitiendo que cada una de las clases de Contabilidad tiene un objetivo diferente: a) La Contabilidad para terceros: La protección de los intereses de éstos. b) La Contabilidad de gestión: La representación de la realidad económica, no resulta difícil determinar la mejor forma en que pueden ser empleados los dos criterios de costeo en aparente confrontación: El costeo completo y el costeo variable. Para poder llegar a una conclusión, es conveniente comenzar el estudio del tema planteando una discusión acerca de la forma de valuación de los bienes de cambio en el Estado Patrimonial de una empresa en marcha. La norma tradicional empleada para esta valuación es el costo de producción o de adquisición, además de prescribir la obligación de tomar el valor de mercado, cuando éste sea menor.

No caben dudas acerca de que el propósito de esa norma es privilegiar la protección de los intereses de los terceros (impidiendo una sobre valuación de los inventarios), frente a la alternativa de una mejor representación de la realidad económica. Por esta razón es muy claro que dicha prescripción es válida exclusivamente para la Contabilidad para terceros. La Contabilidad de gestión debe tratar de encontrar la valuación que mejor represente la realidad. En este línea de razonamiento, puede afirmarse que en nuestro país se han hecho significativos avances en este sentido. Las propuestas contenidas en la ya citada obra Replanteo de la técnica contable, han constituido unas de las más importantes contribuciones a la corriente de acercamiento de la Contabilidad a la Economía.

Estudios de alta calidad técnica y de trascendencia mundial han sido llevados adelante por prestigiosos profesionales argentinos. Sin embargo, al no tener en claro las diferencias de los objetivos perseguidos por las dos clases de Contabilidad, los criterios técnicos propuestos (valor neto de realización, por ejemplo) han entrado en colisión con el cumplimiento del objetivo de la Contabilidad para terceros, que, como hemos visto, no es otro que la mayor protección de sus intereses. En su momento, hemos participado de la corriente doctrinaria que propugnaba el acercamiento de la Contabilidad a la Economía, proponiendo un nuevo criterio para la valuación de los productos terminados en una empresa industrial. Dicha propuesta se basaba en que el criterio de valuación a valores corrientes (valor neto de realización o costo de reposición) no es consistente con una cabal representación de la verdadera naturaleza de los hechos económicos. Propusimos, en su reemplazo, un valor, al que denominamos “valor de venta en bloque”, definiéndolo como aquel que representa el precio que obtendría la empresa por vender su producción sin abordar actividades de comercialización (venta en grandes cantidades a uno o pocos clientes, cobrando al contado, sin publicidad, sin distribución, etc.) Fundamentamos nuestra propuesta sosteniendo que la actividad de producir es generadora de beneficios. En otros términos, el valor de un bien producido, pero aún no vendido, es superior a la sumatoria de todos los costos necesarios para producirlo, aunque menor que el valor neto de realización. La valuación al valor neto de realización consiste en otorgarle al producto terminado el valor al que será vendido, deducidos exclusivamente los costos variables que genere esa venta. Esto significa que las tareas que realice el sector de comercialización, que en muchas empresas tiene costos de gran importancia, no son generadoras de riqueza (o como está de moda decir: no crean valor).

En el otro extremo, la valuación al costo de reposición no es otra cosa que el mantenimiento del principio de valuación al costo, solo que computando los costos actuales y no los históricos. Este temperamento traslada hacia el sector de comercialización toda la generación del beneficio, toda vez que los productos terminados que permanecen en el inventario no han producido ninguna utilidad.

Adoptando el valor de venta en bloque, los resultados de la gestión empresaria son correctamente asignados a las funciones de producir y de comercializar en su justa medida. Suponiendo un costo de producción de $ 100, un precio de venta en bloque de $ 120 y un precio de venta al detalle de $ 125, la aplicación del criterio de valuación al valor de venta en bloque sería registrada de la siguiente manera: Al terminarse el producto: Producción terminada 120 a Producción en proceso 100 a Beneficio sector producción 20 Al venderse el producto: Costo de productos vendidos 120 a Producción terminada 120 y Caja 125 a Ventas 125 De donde resulta un beneficio del sector Producción de $ 20 y un beneficio del sector Comercialización de $ 5.

Ahora bien, esta propuesta puede ser útil exclusivamente para la Contabilidad de gestión, en virtud de que la Contabilidad externa, en cumplimiento de su objetivo de proteger los intereses de los terceros, debería adoptar la valuación al costo. Pero la Contabilidad para terceros, si bien debe valuar al costo, debe hacerlo al costo que mejor se acerque al verdadero valor del bien, y éste no es otro que el determinado a través de la aplicación del criterio del costeo completo. En efecto, un costo determinado siguiendo los lineamientos del costeo variable será siempre menor que el que surja de la aplicación del criterio del costeo completo, toda vez que el primero excluye los costos fijos. Por ello, no puede negarse que el costo completo de un producto está más cerca del valor del mismo, o sea que, a estos efectos, se aproxima más a la realidad económica.

Algo enteramente distinto ocurre cuando nos ubicamos en el ámbito de la Contabilidad de Gestión. Ya hemos señalado que el objetivo de ésta es la representación, lo más fielmente posible, de los hechos económicos. Sólo de esa manera puede serle útil al empresario a la hora de la adopción de decisiones.

Por medio del costeo variable se busca determinar el costo de los productos, no su valor. El costeo variable busca determinar los costos de los distintos objetos de costo a través de una atenta observación de las causas que les dan origen. Por esa razón, al analizar las causas de los costos que tiene la empresa, detecta que algunos de ellos reconocen como causa a la actividad productiva, mientras que la causa de otros es el mero transcurso del tiempo. Son los ampliamente conocidos como costos variables y costos fijos, respectivamente. Según la interpretación que hace de la realidad económica el costeo variable, los únicos costos del producto son los costos variables. A través del costeo variable se busca determinar cuales son los esfuerzos económicos realmente involucrados en una decisión. Cuando un gerente de producción decide producir una unidad más, deberá afrontar, obviamente, solo el costo variable de esa unidad. Pero si esa empresa está operando absolutamente al máximo de su capacidad, la producción de una unidad adicional le impondrá la necesidad de aumentar su estructura. En este supuesto, todo el incremento de los costos fijos derivado de dicho aumento de la estructura formará parte del costo de esa decisión. Por consiguiente, esa unidad adicional deberá soportar, además de su costo variable, todo el costo fijo (que en este caso sería directo de esa unidad) que signifique la implementación de la nueva estructura.

Quien lea superficialmente el párrafo anterior, podría arribar a la conclusión de que estamos propugnando que se incluya a los costos fijos como costos de producto. Sin embargo, una lectura más atenta percibirá, sin duda, que el costo de una unidad de producto es exclusivamente su costo variable, pero el costo directo de una línea de productos, aunque no es divisible por la cantidad de unidades, es aplicable a la producción total de la línea. Y en el ejemplo (absurdo en el plano real) la hipotética línea producirá solamente una unidad.

Debe tenerse muy en claro que el costo de una unidad, individualmente considerada, es solo su costo variable. Pero los costos fijos directos son costos de la totalidad de las unidades producidas en la línea (departamento, sección, etc.) en cuya existencia dicho costo reconoce su causa. La concepción de la realidad en estos términos es lo que vuelve posible llevar adelante programaciones de inversiones de crecimiento.

Estudios avanzados del costeo variable permiten determinar distintos niveles de equilibrio y de resultado programado, frente a diferentes hipótesis de crecimiento de la estructura. Asimismo, dichos estudios contienen modelos útiles para la aplicación del costeo variable en la toma de decisiones cuando se presentan casos de variaciones en los precios de venta o modificaciones en los costos variables unitarios.

7. El error de Jonathan Harris.

Siendo el criterio del costeo variable tan útil para la toma de decisiones, es alarmante su poca aceptación por parte de los Contadores. Como ya hemos apuntado, el costeo variable hizo su aparición en la literatura especializada en un artículo publicado en 1936. En los puntos anteriores hemos llegado a la conclusión de que este criterio es claramente inconveniente cuando la determinación del costo de los productos persigue como objetivo conocer su “valor” para usarlo para valuar los inventarios.

Nótese que el creador del costeo variable no aludió a los dos tipos de Contabilidad que adoptamos en esta propuesta. Por consiguiente, el costeo variable fue concebido tanto para apoyar a las decisiones empresariales, como para ser incorporado a los Estados Contables parra terceros. Por consiguiente, los Contadores no se sintieron inclinados a aceptar el nuevo criterio. Y mucho menos los organismos estatales de recaudación de impuestos, desde el momento en que la valuación de los inventarios al costo variable posterga una mayor parte de los beneficios.

El error de Jonathan Harris consistió en no haber advertido que su propuesta era claramente inconveniente para la Contabilidad para terceros. Si este autor hubiera expuesto el nuevo criterio limitando su aplicación al ámbito de la Contabilidad de Gestión, posiblemente el éxito habría coronado su propuesta, y hoy los Contadores estarían usando en mucha mayor medida el costeo variable para asesorar a los empresarios.

8. El costeo completo y las decisiones empresarias.

Es alarmante y altamente preocupante la magnitud del daño que provoca la adopción del criterio del costeo completo por parte de muchos Contadores en su función de asesores de los empresarios. Esta preocupación alcanza niveles de horror cuando se detecta, como lo hemos verificado en varias oportunidades, que un buen número de profesores universitarios de costos, titulares de cátedras en importantes universidades nacionales y extranjeras, aplican el criterio sustentado por el costeo completo para asesorar a los empresarios acerca de distintas alternativas, induciéndolos a adoptar decisiones a todas luces equivocadas.

En un reciente debate entre profesores universitarios, pudimos observar que uno de ellos sostenía que, para decidir el empleo de un equipo u otro para realizar cierta operación, había que considerar, en carácter de costo de la producción hecha en un equipo, los “costos fijos no absorbidos” por la máquina que se decidía dejar ociosa, sin entender que los costos fijos de ambos equipos (tanto del que se decidía usar como del que se decidía dejar ocioso) en cualquier caso seguían existiendo, por lo que se trataba de un costo irrelevante para dicha decisión. Con este ejemplo no queremos afirmar que este profesor ignorara los efectos expuestos. Solo intentamos demostrar que la pertinacia de pensar permanentemente en términos de costeo completo, contribuye a oscurecer la naturaleza de los hechos económicos conduciendo a falsas conclusiones.

Otro caso paradigmático es el presentado por el profesor Demonte. Cuenta que en una importante empresa multinacional, fábrica de herramientas, se calculó el costo de una herramienta, la “pinza de punta fina”, que requería una gran cantidad de tiempo de mano de obra en razón de que su procesamiento comprendía algunas operaciones altamente artesanales. Pues bien, el sistema basado en el criterio de costeo completo repartía en carácter de costo de cada unidad, todos los costos fijos de producción, en función de las horas de mano de obra. En consecuencia, la pinza de punta fina resultaba con un costo completo artificialmente alto. Lo verdaderamente alarmante es que la gerencia decidió suspender la fabricación de esa herramienta, en la convicción de que su costo era mayor que su precio de venta. Obviamente, al no reemplazarla por otro producto, la empresa empeoró sus resultados exactamente en la medida de las contribuciones marginales perdidas por tan desastrosa decisión. El asesor de una empresa metalúrgica del interior de la Provincia de Santa Fe, aconsejó al empresario no incorporar un nuevo producto, por calcular su costo con el criterio del costeo completo, a pesar de que la fábrica contaba con capacidad ociosa. Los relatos son solo unos pocos botones de una extensa muestra. En nuestra extensa trayectoria profesional y docente hemos tenido oportunidad de contemplar, azorados, diversas decisiones empresarias adoptadas en forma indudablemente errónea como consecuencia de la aplicación del criterio del costeo completo.

9. Conclusión.

Las diversas reflexiones contenidas en este trabajo pueden ser resumidas en las siguientes proposiciones:

a) Aceptar que las dos clases de Contabilidad persiguen fines diferentes. a.1) La Contabilidad para terceros busca defender los intereses de éstos. a.2) La Contabilidad de gestión procura interpretar lo más fielmente posible la realidad económica.

b) Aplicar distintos criterios para la valuación de los inventarios. b.1) En la Contabilidad para terceros: valuación al costo. b.2) En la Contabilidad de gestión: valor de venta en bloque. c) Aplicar distintos criterios de costeo. c.1) En la Contabilidad para terceros, el costeo completo. c.2) En la Contabilidad de gestión, el costeo variable.

Esperamos que la profesión adopte las propuestas contenidas en este modesto trabajo o, al menos, las someta a una discusión desapasionada, con el propósito de mejorar el servicio que prestamos a los empresarios lo cual, en última instancia, contribuirá al logro de un mayor prestigio de nuestra profesión.

Dr. Amaro Yardin, Universidad Nacional del Litoral, Argentina