Blogia

CAPACITACION EN COSTOS Y GESTION

Google estaría negociando la compra de You Tube

La transacción se haría en 1.600 millones de dólares, según la versión publicada hoy por la prensa de EE.UU. Las empresas no hicieron declaraciones. En los últimos días, algunos analistas habían asegurado que el portal de videos no tiene futuro y que "sólo un idiota" lo compraría.

Google estaría negociando la compra de You Tube por 1.600 millones de dólares, según afirmó hoy el Wall Street Journal. El rumor comenzó con un blog que publicó la información esta mañana y, aunque de parte de esas empresas nadie hizo declaraciones al respecto, comenzó a circular en los medios luego de que fuese publicado por la versión digital del prestigioso periódico estadounidense.

Sin embargo, el propio diario cita a una fuente que dice que las conversaciones "pasan por un momento delicado y pueden ser interrumpidas". Michael Arrington, el blogger que echó a rodar la versión, publicó que había recibido un mail "de muy buena fuente" en el que se informaba que la compra del portal de videos "podría estar en una de sus últimas etapas antes de ser concluida". Sin embargo, aclaraba que estaba "lejos de una confirmación de que habrá un acuerdo".

Las versiones sobre una posible compra de You Tube por parte de alguno de los gigantes de Internet (Google, Yahoo!, Microsoft) circulan desde hace varios meses. Pero hace dos semanas los directivos de YouTube salieron por primera vez a tasar públicamente el sitio: hablaron de 1.500 millones de dólares. Microsoft, Yahoo y la cadena televisiva CBS se mostraron interesados en la adquisición del portal, pero ninguna de las negociaciones se concretó. Recientemente, varios expertos en Internet aseguraron que, en el futuro, el portal tendría problemas legales debido a los derechos de autor. Clarin.

Los costos de comercialización y sus variaciones

Costos de preparacion y envasado del producto

Se supone que la recolección del producto y su traslado hasta la puerta de la explotación agrícola o la planta de envasado forma parte de los costos de producción. Así pues, el primer costo de comercialización es la preparación del producto. Tal preparación comprende la limpieza, selección, y clasificación del producto. El segundo costo que tienen que afrontar usualmente los agricultores o los comerciantes es el del envase. Este puede ser de diferentes tipos, desde un sencillo saco de yute, que representa menos del uno por ciento del costo de comercialización, a los envases de plástico, más perfeccionados, para el envio directo de las frutas a los consumidores en los supermercados, y que podrían representar un porcentaje mucho mayor.

Costos de manipulacion

En todas las fases de la cadena de comercialización, habrá que empaquetar y desempaquetar el producto, cargarlo y scargarlo, depositarlo en el almacén y volver a sacarlo del mismo. El costo de cada manipulación no será muy elevado, pero su suma total podría llegar a ser importante.

Costos de transporte

Una vez envasado, el producto agrícola es transportado. En muchos paises, el transporte inicial puede estar a cargo del agricultor o de su jornalero, llevando ellos mismos el producto, o utilizando carretas de tracción animal. O bien los comerciantes pueden enviar sus agentes a los agricultores para que recojan el producto y lo reúnan en una zona central. Como se ha indicado en la introducción, el costo de estas operaciones variará según la distancia entre la explotación agrícola y el mercado, pero también dependerá del estado de las carreteras. El agricultor que viva cerca de una vía importante de comunicación tendrá que sufragar gastos de transporte muy inferiores a los que tendrá que sufragar el que viva al final de una mala carretera, que perjudica mucho a los camiones, y que con frecuencia es intransitable. El costo del transporte será más bajo en los paises donde tanto los camiones como la gasolina cuestan menos que en los paises donde los derechos de importación son elevados. Los que quieran disponer de un camión de su propiedad deberán comprarlo y, por tanto, los costos serán más reducidos cuanto más bajos sean los intereses bancarios.

El costo del transporte es a veces fácil de calcular, porque el agricultor o el comerciante paga al transportista un precio fijo por kilogramo. Pero ¿cómo habrá que calcularlo cuando el precio se fije

Celso Furtado (1920-2004), economista brasilero

Celso Monteiro Furtado fue reconocido mundialmente como uno de los principales economistas y pensadores sociales latino-americanos de nuestro tiempo.

Nace en 1920 en Paraíba, Brasil. Se gradúa en Derecho en Rio de Janeiro (1944) y obtiene el doctorado en Economía en la Universidad de París (1948). En 1958 y 59 es director del Banco Brasileño de Desarrollo Económico y Social desde donde concibió y creó SUDENE, Superintendencia para el Desarrollo del Nordeste, una agencia gubernamental pionera para impulsar el desarrollo económico en el atrasado nordeste brasileño. Fue superintendente de esta agencia de 1959 a 1964. El trabajo desarrollado por Celso Furtado en SUDENE fue objeto de un estudio de Albert O. Hirschmann que, publicado con el título de "Journey Towards Progress" obtuvo la atención mundial de los teóricos del desarrollo.

En 1962 y 63, Furtado fue Ministro de Planificación durante el gobierno de João Goulart. El golpe de estado militar de 1964 le privó de sus derechos políticos y provocó su migración y su dedicación a la docencia en las Universidades de Yale, Cambridge y París.

Tras el restablecimiento de la democracia en Brasil, Celso Furtado es designado Embajador de Brasil ante las Comunidades Europeas en Bruselas (1985-86) y posteriormente Ministro de Cultura de Brasil (1986-90). Posteriormente trabaja en la Comisión de Cultura y Desarrollo de la UNESCO.

La aportación de Celso Furtado a la comprensión de los determinantes del subdesarrollo se basa en una perspectiva histórica y en el análisis de los caminos recorridos por diversos países para superar esa condición.

Milton y Rose Friedman: La tiranía de los controles

Al examinar los aranceles y otras restricciones al comercio internacional en su obra La riqueza de las naciones, Adam Smith escribió: "Lo que en el gobierno de toda familia particular constituye prudencia, difícilmente puede ser insensatez en el gobierno de un gran reino. Si un país extranjero puede suministrarnos un artículo más barato de lo que nosotros mismos lo podemos fabricar, nos conviene más comprarlo con una parte del producto de nuestra propia actividad empleada de la manera en que llevamos alguna ventaja [...]. En cualquier país, el interés del gran conjunto de la población estriba siempre en comprar cuanto necesita a quienes más baratos se lo venden. Esta afirmación es tan patente que parece ridículo tomarse el trabajo de demostrarla; y tampoco habría sido puesta jamás en tela de juicio si la retórica interesada de comerciantes y de industriales no hubiese enturbiado el buen sentido de la humanidad. En este punto, el interés de esos comerciantes e industriales se halla en oposición directa con el del gran cuerpo social".

Estas palabras son tan válidas hoy como eran entonces. Tanto en el comercio interior como en el exterior, es de interés para el “gran conjunto de la población” comprar al que vende más barato y vender al que compre más caro. Con todo, la “retórica interesada” ha dado lugar a una asombrosa proliferación de restricciones sobre lo que podemos comprar y vender, a quiénes podemos comprar y a quiénes podemos vender y en qué condiciones, a quiénes podemos dar empleo y para quiénes podemos trabajar, dónde podemos residir, y qué podemos comer y beber.

Adam Smith culpó a la “retórica interesada de comerciantes y de industriales” Quizá fueran ellos sin duda los principales culpables en su época. En la actualidad tienen mucha compañía. En realidad, difícilmente alguno de nosotros escapa a la “retórica interesada”. Según la inmortal frase de Pogo, el personaje de tebeo, “hemos descubierto al enemigo y ése somos nosotros”. Luchamos contra los “intereses especiales”, salvo cuando resulta que el “interés especial” somos nosotros mismos. cualquiera de nosotros sabe lo que es bueno para él lo es para el país, por lo que nuestro “interés especial” es diferente. El resultado final es un laberinto de restricciones y más restricciones que hacer que la mayoría de nosotros seamos más pobres de lo que seríamos si se eliminasen todas. Perdemos mucho más a consecuencia de las medidas que benefician a otros “intereses especiales” de lo que ganamos gracias a las medidas que benefician nuestro “interés especial”.

El ejemplo más claro se halla en el comercio internacional. Las ganancias que obtienen algunos productores gracias a los aranceles y otras restricciones quedan compensadas con creces por las pérdidas que sufren otros productores y especialmente los consumidores en su conjunto. La libertad de comercio no sólo procuraría nuestro bienestar general, sino que también promovería la paz y la armonía entre las naciones y estimularía la competencia interna.

Los controles sobre el comercio exterior se extienden al comercio interior. Se entrelazan con todos los aspectos de la actividad económica. Estos controles han sido defendidos a menudo, en particular por los países menos desarrollados, por considerarlos muy importantes para la consecución de su desarrollo y progreso. Una comparación de la experiencia del Japón tras la Restauración Meiji en 1867 y la de la India tras su independencia en 1947, sirve para contrastar esta opinión. Dicha comparación indica, al igual que otro ejemplos, que la libertad de comercio interior y exterior es el mejor medio que tiene un país pobre para promover el bienestar de sus ciudadanos.

Los controles económicos que han proliferado en los Estados Unidos durante las pasadas décadas no sólo han restringido la libertad para utilizar nuestros recursos económicos, sino que también han afectado la libertad de expresión, de prensa y de culto.

Comercio internacional

Se suele afirmar que la mala política económica refleja el desacuerdo entre los expertos; que si todos los economistas fuesen la misma opinión, la política económica sería buena. Los economistas discrepan entre sí con frecuencia, pero no con respecto al comercio internacional. En todo momento, desde los tiempos de Adam Smith, ha habido una virtual unanimidad entre los economistas, cualquiera que fuese su posición ideológica en otros aspectos, sobre la afirmación de que la libertad de comercio internacional redunda en beneficio de los países comerciales y del mundo. Pese a esto, los aranceles han constituido la regla. Las únicas excepciones de importancia son casi un siglo de libertad de comercio en Gran Bretaña después de la abrogación de las Leyes de Cereales en 1846, los treinta años de libertad de comercio en Japón tras la Restauración Meiji, y la actual libertad de comercio en Hong Kong. Los Estados Unidos aplicaron aranceles a lo largo de todo el siglo XIX, que incluso fueron incrementado en el siglo XX, sobre todo en virtud de la ley arancelaria de Smoot-Hawley de 1930, considerada por algunos entendido como responsable en parte de la dureza de la depresión en los años siguientes. Desde entonces, los aranceles han disminuido gracias a varios convenios internacionales, pero siguen siendo elevados, probablemente más que en el siglo XIX, si bien los profundos cambios experimentados por los productos objeto de comercio internacional hacen imposible una comparación exacta.

Hoy en día, como siempre, se apoya mucho la existencia de aranceles, denominados eufemísticamente “protección”, un buen nombre para una mala causa. Los productores de acero y los sindicatos metalúrgicos presionan para que se apliquen restricciones a las importaciones de acero procedentes del Japón. Los fabricantes de televisores y sus obreros propugnan la adopción de “acuerdos voluntarios” para limitar las importaciones de esos aparatos y sus componentes procedentes del Japón, Taiwan y Hong Kong. Fabricantes de tejidos y calzados, ganaderos, productores de azúcar y muchos otros se quejan de la competencia “desleal” que les hace el extranjero y exigen que el gobierno haga algo para “protegerles”. Como es lógico, ningún grupo se queja basándose únicamente en su interés particular. Todos los grupos hablan del “interés general”, de la necesidad de preservar los puestos de trabajo o de promover la seguridad nacional. La necesidad de reforzar el dólar con respecto al marco o al yen se ha añadido recientemente a las alegaciones tradicionales en favor de la aplicación de restricciones a las importaciones.

Las razones económicas para la libertad de comercio

Una voz que casi nunca se ha hecho oír es la de los consumidores. Los denominados grupos de defensa y protección del consumidor han proliferado en los últimos años. Pero se buscaría en vano en los periódicos o en las actas de las Comisiones del Congreso, para hallar alguna indicación de que lanzasen un ataque concentrado sobre los aranceles u otras restricciones a las importaciones, pese a que los consumidores son las víctimas principales de tales medidas. Los sedicentes abogados del consumidor se interesan por otras cosas.

La voz del consumidor individual se pierde en la cacofonía de la “retórica interesada de comerciantes y de industriales” y de sus empleados. Como resultado de ello, se produce una grave distorsión del problema. Por ejemplo, los partidarios de los aranceles consideran indiscutible que la creación de puestos de trabajo es, de por si, un objetivo deseable, independientemente de en qué se ocupen las personas empleadas. Se trata de una clara equivocación. Si lo que queremos son puestos de trabajo, podemos crear los que queremos: por ejemplo, hacer que la gente cave hoyos y que luego los vuelva a llenar, o que efectúe otras tareas inútiles. A veces, el trabajo queda compensado por las satisfacciones que produce. Casi siempre, empero, es el precio que pagamos por conseguir las cosas que deseamos. Nuestro verdadero objetivo no estriba sólo en los puestos de trabajo, sino en los puestos de trabajo productivos, que se traducen en forma de más bienes y servicios para consumir.

Otra falacia rara vez puesta en tela de juicio es que las exportaciones son buenas y que las importaciones son malas. Sin embargo, la verdad se revela muy diferente. No podemos comer, vestir o gozar de los bienes que enviamos al extranjero. Comemos plátanos procedentes de América Central, calzamos zapatos italianos, conducimos automóviles alemanes, y disfrutamos de programas a través de televisores japoneses. Nuestra ganancia a causa del comercio exterior estriba en lo que importamos. Las exportaciones constituyen el precio que pagamos para obtener las importaciones. Como ya dijo claramente Adam Smith, los ciudadanos de un país se benefician de la obtención de un volumen de importaciones lo mayor posible a cambio de sus exportaciones o, lo que viene a ser los mismo, de exportar lo menos posible para pagar sus importaciones.

La engañosa terminología que empleamos refleja estas ideas erróneas. Protección significa en realidad explotación del consumidor. Una balanza comercial favorable significa en realidad exportar más de lo que importamos, enviando al exterior mercancías por un valor total que supera el de las mercancía que nos llegan del extranjero. En las cuentas de su casa, usted preferiría seguramente pagar menos par obtener más, y no al revés; sin embargo, eso sería calificado de balanza de pagos desfavorable en el comercio exterior.

El argumento favorable a los aranceles que ha tenido mayor repercusión entre el público en general es la supuesta necesidad de proteger el elevado nivel de vida de los trabajadores norteamericanos contra la competencia “desleal” de los trabajadores del Japón, Corea o Hong Kong, que están dispuestos a trabajar a cambio de un salario mucho más bajo.. ¿Qué hay de falso en este argumento? ¿Acaso no queremos proteger el elevado nivel de nuestro pueblo?

La falacia de este argumento reside en el inexacto uso de los calificativos “elevados” y “bajo” aplicados al salario. ¿Qué significan salarios elevados y bajos? Los trabajadores norteamericanos son pagados con dólares; los trabajadores japoneses, con yens. ¿Cómo comparamos salarios expresados en dólares con salarios expresados en yens? ¿Cuántos yens equivalen a un dólar? ¿Qué determina este tipo de cambio?

Tomemos un caso extremo. Supongamos que, para empezar, 360 yens equivalen a un dólar. A este tipo de cambio, vigente durante varios años, suponga usted que los japoneses pueden producir y vender todo por menos dólares de lo que podemos hacerlo en los Estados Unidos: televisores, automóviles, acero e incluso brotes de soja, trigo, leche y helados. Si tuviésemos libertad de comercio internacional, trataríamos de adquirir todas nuestras mercancías en el Japón. Esto parecería confirmar los temores de quienes defienden los aranceles: nos veríamos inundados de mercancías japonesas y no podríamos vender nada en contrapartida.

Antes de que levanten sus manos horrorizados, prosigan con su análisis. ¿Cómo pagaríamos a los japoneses? ¿Les ofreceríamos dólares en billetes? ¿Qué harían con ellos? Hemos partido de que al cambio de 360 yens por un dólar todo es más barato en el Japón, por lo que en el mercado norteamericano no habría nada que quisiesen comprar. Si los exportadores japoneses desearan quemar o enterrar los billetes, sería fantástico para nosotros. Obtendríamos toda clase de mercancías a cambio de trozos de papel verde que podemos producir en gran abundancia y a bajo costo. Dispondríamos de la industria exportadora más maravillosa que se pudiese concebir.

Naturalmente, los japoneses no nos venderían mercancías útiles con el fin de obtener inútiles trozos de papel para quemarlo o enterrarlos. Al igual que nosotros, quieren tener algo real a cambio de su trabajo. Si todas las mercancías fuesen más baratas en el Japón que en los Estados Unidos al cambio de 360 yens por un dólar, los exportadores tratarían de desembarazarse de sus dólares, procurarían venderlos al cambio de 360 yens por un dólar al objeto de comprar las mercancías japonesas más baratas. Pero ¿quién querría comprar los dólares? Lo que es cierto para el exportador japonés lo es también para todos los habitantes del Japón. Nadie desearía dar 360 yens a cambio de un dólar si con 360 yens se pudiesen comprar más cosas en el Japón que con un dólar en los Estados Unidos. Los exportadores, al descubrir que nadie querría comprar sus dólares a 360 yens, estarían dispuestos a cobrar menos yens por un dólar. El precio de un dólar expresado en yens disminuiría: 300 yen por un dólar, 250 yens o 200 yens. Enfoque las cosas al revés: necesitarían un número creciente de dólares para adquirir un número dado de yens japoneses. Las mercancías japonesas expresan su precio en yens, con lo que su precio en dólares aumentaría. A la inversa, las mercancías estadounidenses expresan su precio en dólares, por lo que cuantos más dólares obtuviesen los japoneses por un número dado de yens, más baratas resultarían las mercancías estadounidenses para los japoneses dispuestos a pagar en yens.

El precio del dólar expresado en yens disminuiría hasta que el promedio del valor en dólares de las mercancías que los japoneses comprasen a los Estados Unidos fuese más o menos igual al valor en dólares de las mercancías que los Estados Unidos comprasen al Japón. A este precio, todo el que quisiese comprar yens con dólares encontraría a alguien que estaría dispuesto a venderle yens a cambio de dólares.

La situación real, como es natural, se presenta más complicada que en este ejemplo hipotético. Varias naciones comercian entre sí, y solamente los Estados Unidos y el Japón, y el comercio suele seguir caminos indirectos. Los japoneses pueden gastar en el Brasil una parte de los dólares que ganan; a su vez los brasileños pueden gastar dichos dólares en Alemania, y los alemanes pueden hacerlo en los Estados Unidos, y así sucesivamente hasta una complejidad interminable. No obstante, el principio es el mismo. En cualquier país la gente quiere dólares sobre todo para comprarse artículos útiles, no para amontonar ese dinero o quemarlo.

Otra complicación reside en que los dólares y los yens no solo se utilizan para comprar bienes y servicios en otros países, sino también para invertir y hacer donaciones. A lo largo del siglo XIX los Estados Unidos tuvieron casi cada año una balanza de pagos deficitaria, una balanza comercial “desfavorable” que era buena para todos. Los extranjeros deseaban invertir capital en los Estados Unidos. Los británicos, por ejemplo, producían mercancías y nos enviaban a cambio de trozos de papel: no billete de dólar, sino obligaciones, con la promesa de pagar más adelante una suma de dinero más los intereses. Los británicos deseaban enviarnos sus mercancías porque consideraban que esas obligaciones constituían una buena inversión. En general, estaban en lo cierto. Obtenían mayores ganancias por sus ahorros de las que podían lograr de cualquier otra manera. En cuanto a nosotros, nos beneficiamos de inversiones extranjeras que nos permitían desarrollarnos con mayor rapidez que si nos hubiésemos visto obligados a contar únicamente con nuestros propios ahorros.

En el siglo XX la situación se invirtió. Los ciudadanos estadounidenses se percataron de que podían obtener mayores ganancias invirtiendo su capital en el extranjero, que haciéndolo en su país. Consecuentemente, los Estados unidos enviaron al exterior mercancías a cambio de compromisos de deuda, como bonos. Después de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno norteamericano concedió préstamos al extranjero en el marco del Plan Marshall y otros programas de ayuda exterior. Enviamos bienes y servicios al extranjero como expresión de nuestra creencia de que con ello contribuíamos a un mundo más pacífico. Estas ayudas gubernamentales complementaban donaciones privadas de grupos caritativos, iglesias que pagaban a misioneros, personas que contribuían a la ayuda de parientes extranjeros, y así sucesivamente.

Ninguna de estas complicaciones altera la conclusión sugerida por el caso extremo que hemos imaginado. En el mundo real, al igual que en el mundo hipotético, no puede haber problema de balanza de pagos mientras el precio del dólar expresado en yens, en marcos o en francos, se determine en un mercado libre mediante transacciones voluntarias. Es sencillamente falso que los trabajadores norteamericanos que disfrutan de elevados salarios estén, como grupo amenazados por la competencia “desleal” de trabajadores extranjeros que perciben salarios bajos. Como es lógico, determinados trabajadores pueden verse perjudicados si aparece en el extranjero un producto nuevo o mejorado, o si los fabricantes extranjeros consiguen producirlo con menor costo. Pero esto no difiere de los efectos que se ejercen sobre un determinado grupo de trabajadores si otras firmas norteamericanas desarrollan nuevos productos, los mejoran o descubren la manera de producirlos más baratos. Esto es sencillamente competencia de mercado en la práctica, la principal causa del elevado nivel de vida del trabajador norteamericano. Si queremos beneficiarnos de un sistema económico vivo, dinámico e innovador, debemos aceptar la necesidad de la movilidad y de la transformación. Puede ser aconsejable facilitar dichas transformaciones, y hemos adoptado varias medidas para que así sea, tales como el seguro de desempleo, pero debemos tratar de alcanzar ese objetivo sin destruir la flexibilidad del sistema, lo que habría sido matar a la gallina de los huevos de oro. En cualquier caso, todo lo que hiciésemos debería ser imparcial con respecto al comercio exterior e interior.

¿Que determina los artículos que nos interesa importar y exportar? Un trabajador estadounidense es en la actualidad más productivo que un trabajador japonés. Es difícil precisar en qué grado, pues las estimaciones difieren. Pero supongamos que es una vez y media más productiva. En ese caso, los salarios de los estadounidenses podrán comprar por término medio una vez y media más cosas que los salarios de los trabajadores japoneses. Es antieconómico utilizar a trabajadores norteamericanos en algo en que sean menos de una vez y media más eficientes que sus colegas japoneses. En la jerga económica acuñada hace más de 150 años, se le llama a eso principio de la ventaja comparativa. Aunque fuésemos más eficientes que los japoneses en la producción de todo, no nos interesaría producirlo todo. Deberíamos concentrarnos en las cosas que hiciésemos mejor, aquellas en que nuestra superioridad no ofreciera dudas.

Un ejemplo: ¿acaso un abogado que escribiese a máquina dos veces más de prisa que su secretaría debería despedirla y escribir a máquina él mismo? Si el abogado es dos veces mejor mecanógrafo que su secretaria pero cinco veces mejor abogado que ella, tanto él como su secretaria hacen bien practicando él la abogacía y escribiendo ella a máquina.

Se dice que otra fuente de “competencia desleal” son las subvenciones que los gobiernos extranjeros conceden a sus industriales, lo cual les permite vender en los Estados Unidos por debajo de su costo. Suponga que un gobierno extranjero concede dichas subvenciones, como sin duda hacen algunos. ¿Quién resulta perjudicado y quién se beneficia? Para pagar las subvenciones el gobierno extranjero debe gravar con impuestos a sus ciudadanos. Estos son los que pagan las subvenciones, de las que se benefician los consumidores estadounidenses. Pueden comprar más barato lo receptores de televisión, los automóviles o todo lo que está subvencionado. ¿Deberíamos quejarnos contra este programa de ayuda extranjera? ¿Fue acaso un gesto de nobleza por parte de los Estados Unidos enviar mercancías y servicios como donaciones a otros países en el marco del Plan Marshall y, posteriormente, conceder ayuda al extranjero, y es en cambio un gesto vil el de esos países que nos conceden donaciones bajo la forma indirecta de bienes y servicios que nos venden a precio inferior a su costo? Los súbditos de los gobiernos extranjeros tienen motivos de sobra para quejarse. Deben soportar un nivel de vida más bajo en beneficio de los consumidores estadounidenses y de algunos conciudadanos suyos que poseen las industrias subvencionadas o trabajan en ellas. No cabe duda de que, si dichas subvenciones se conceden de forma repentina o irregular, la medida afectará negativamente a los propietarios y trabajadores estadounidenses de las industrias que produzcan los mismos artículos. Sin embargo, éste es uno de los riesgos ordinarios que corre el que está metido en negocios. Las empresas nunca se quejan de los acontecimientos insólitos o accidentales que les procuran ganancias inesperadas. El sistema de libertad de empresa es un sistema de beneficios y de pérdidas. Tal como ya hemos indicado, cualquier medida tendente a facilitar la adaptación a los cambios repentinos se debería aplicar de forma imparcial al comercio interior y exterior.

En cualquier caso, es probable que las perturbaciones sea temporales. Suponga que, por el motivo que sea, el Japón decidiese subvencionar fuertemente el acero. Si no se adoptasen nuevos aranceles o cupos, las importaciones de acero en los Estados Unidos aumentarían vigorosamente. Esto provocaría la caída del precio del acero en los Estados Unidos y los acereros norteamericanos pararían la producción del mismo, con lo cual se produciría desempleo en el sector. Por otra parte, los productos hechos con acero se podrían adquirir a precio más barato. Los compradores de dichos artículos dispondrían de dinero sobrante para gastar en otras cosas. La demanda de otros artículos aumentaría, como también el número de trabajadores empleados en las empresas que los fabricasen. Naturalmente, requeriría tiempo absorber a los trabajadores del acero que se habrían quedado sin empleo. No obstante, en compensación, trabajadores de otros sectores que estaban parados dispondrían ahora de puestos de trabajo. No tendrá por qué haber una pérdida neta de empleo, y se produciría un aumento de la producción porque los obreros que ya no hiciesen falta para producir acero estarían disponibles para producir cualquier otra cosa.

La misma falacia de mirar sólo un aspecto de la cuestión se presenta cuando se solicitan aranceles con la finalidad de crear puestos de trabajo. Se dice que, si se aplican aranceles a las importaciones textiles, se fomentará la producción y el empleo en la industria textil nacional. Sin embargo, los fabricantes extranjeros que no pueden vender ya sus tejidos en los Estados Unidos ganan menos dólares y dispondrán de menos dinero para gastar en los Estados Unidos. Las exportaciones disminuirán para equilibrar la disminución en las importaciones. El nivel de empleo aumentará en la industrial textil y disminuirá en las industrias exportadoras. Y el traslado de empleo a actividades menos productivas reducirá la producción total.

El argumento de seguridad nacional de que una próspera industria nacional de producción de acero, por ejemplo, es necesaria para la defensa, no se apoya en bases más sólidas. Las necesidades de la defensa nacional sólo representan una pequeña fracción del volumen total de acero empleado en los Estados Unidos. Y no es probable que la libertad total en el comercio del acero acabase con la industria acerera estadounidense. Las ventajas de estar cerca de las fuentes de suministro y de combustible, y la proximidad del mercado garantizarían la existencia de una industria acerera nacional garantizarían la existencia de una industria acerera nacional relativamente grande. De hecho, la necesidad de hacer frente a la competencia exterior, en lugar de buscar refugio tras las barreras proteccionistas gubernamentales, habría podido dar perfectamente lugar a una industria del acero más fuerte y más eficaz que la actual.

Suponga que ocurriese lo improbable. Suponga que se revelase más barato comprar todo nuestro acero en el extranjero. Hay otras formas de garantizar la seguridad nacional. Podríamos constituir un stock de acero. Esto es fácil, puesto que el acero ocupa relativamente poco espacio y no es un bien perecedero. Podríamos mantener alguna acererías en reserva, del modo que mantenemos barcos, que entrarían en producción en caso de necesidad. Sin duda hay aún otras alternativas. Antes de que una compañía acerera decida la construcción de una nueva planta de producción, investiga las alternativas posibles y los emplazamientos adecuados, al objeto de elegir el más eficaz y económico. Con todo, en sus solicitudes de subvención alegando pretextos de seguridad nacional, la industria del acero jamás ha presentado presupuestos para formas alternativas de garantizar la seguridad nacional. Mientras no lo haga, podemos estar seguros de que el argumento de seguridad nacional es una manifestación del interés particular de la industria, no una razón válida para las subvenciones.

No cabe duda que los ejecutivos de la industria acerera y los dirigentes de los sindicatos metalúrgicos son sinceros cuando alegan argumentos de seguridad nacional. La sinceridad es una virtud cuyo valor se exagera. Todos somos capaces de persuadirnos de que lo que es bueno para nosotros lo es para el país. No deberíamos quejarnos de que los productores de acero esgriman dichos argumentos, sino por dejarnos convencer.

¿Qué ocurre con el argumento de que debemos defender el dólar y evitar que pierda valor frente a otras monedas (el yen japonés, el marco alemán o el franco suizo)? Se trata de un problema completamente artificial. Si los tipos de cambio de las monedas se establecen en un mercado libre, quedarán fijados al nivel que determine el mercado. El precio resultante del dólar expresado en yens, por ejemplo, puede situarse provisionalmente por debajo del nivel justificado por el costo respectivo en dólares y en yens de las mercancías norteamericanas y japonesas. Si es así, se dará a las personas involucradas en esta situación en incentivo para adquirir dólares y conservarlos durante un tiempo con el fin de realizar un beneficio cuando el precio suba. Al disminuir el precio de yens de las exportaciones norteamericanas al Japón, se estimularán dichas exportaciones; al aumentar el precio en dólares de las mercancías japonesas se desalentarán las importaciones procedentes del Japón. Estos fenómenos harán aumentar la demanda de dólares corrigiendo de ese modo su bajo precio inicial. El precio del dólar, si se determina libremente, cumple la misma función que todos los demás precios: transmite información y procura un incentivo para actuar con arreglo a la misma, porque afecta las rentas que perciben los que participan en el mercado.

Entonces, ¿a qué viene tanto furor a causa de la “debilidad” del dólar? ¿Por qué se suceden las crisis del comercio internacional? La razón inmediata es que los tipos de cambio internacional no los ha fijado un mercado libres. Las autoridades de los bancos centrales intervienen en gran escala con la finalidad de influir en la cotización de sus monedas. Al hacerlo pierden enormes sumas de dinero de sus ciudadanos (para los Estados Unidos, cerca de dos mil millones de dólares desde 1973 hasta principios de 1979), y lo que es más importante, impiden que este grupo de precios realice la función que le es propia. No logran en cambio impedir que las fuerzas económicas básicas hagan sentir finalmente sus efectos sobre los tipos de cambio, pero son capaces de mantener tipos de cambio artificiales durante largos intervalos. El efecto ha consistido en impedir su gradual ajuste a las fuerzas subyacentes. Las pequeñas perturbaciones se han sumado a las grandes, dando lugar a una importante “crisis> de los cambios internacionales.

¿Por qué intervienen los gobiernos en los mercados de cambios internacionales? Porque los tipos de cambio exteriores reflejan las políticas económicas interiores. El dólar estadounidense se ha mostrado débil en comparación con el yen japonés, el marco alemán y el franco suizo, principalmente debido a que la inflación ha sido mucho mayor en los Estados Unidos que en dichos países. Inflación significa que el dólar tenía un poder adquisitivo cada vez menor en el mercado interior. ¿Deberíamos sorprendernos de que su poder adquisitivo se reduzca también en el exterior? ¿O de que los japoneses, alemanes o suizos se nieguen a intercambiar la misma cantidad de su moneda nacional por un dólar? Pero los gobiernos, como todos nosotros, tratan por todos los medios de ocultar o compensar las consecuencias indeseables de su propia política. Un gobierno que provoca inflación se ve conducido a tratar de manipular el tipo de cambio exterior. Si fracasa, culpa de la inflación interna a la baja experimentada por el tipo de cambio exterior, en vez de reconocer que causa y efecto siguen el camino inverso.

En todo la voluminosa literatura escrita durante los últimos siglos sobre la libertad de comercio y proteccionismo, sólo se exponen tres argumentos en favor de los aranceles que, en principio, pueden tener cierta validez.

El primero es el argumento de seguridad nacional ya mencionado. Aunque este argumento suele ser con mucha frecuencia más una manifestación en favor de aranceles particulares que una razón válida para los mismos, no se puede negar que a veces puede justificar el mantenimiento de medios de producción antieconómicos. Para profundizar este reconocimiento de posibilidad y establecer que en un caso específico un arancel u otra restricción comercial se justifican en aras de la seguridad nacional, sería necesario comparar el costo de consecución del objetivo de seguridad específico que distintas políticas alternativas y presentar argumentos que mostrasen claramente que el arancel es la alternativa menos costosa. Estas evaluaciones rara vez se dan en la práctica.

El segundo es el argumento de “industria naciente” esgrimido, entre otros autores, por Alexander Hamilton en su Report on Manufactures. Se denomina así la actividad potencial que, una vez establecida y apoyada durante sus crisis de crecimiento, es capaz de competir en igualdad de condiciones en el mercado mundial. Se dice que en arancel provisional se justifica el objeto de proteger a la industria potencial durante su infancia y permitirle crecer hasta alcanzar su madurez, momento en que es capaz de desenvolverse por sí sola. Aunque la industria pudiese competir con éxito una vez enraizada, esto no justificaría un arancel inicial. Sólo es útil para los consumidores subvencionar la industria inicialmente -lo cual es lo que en realidad hacen exigiendo un arancel- si luego pueden volver a recibir como mínimo el importe de dicha subvención de alguna otra manera, a través de precios futuros más bajos que el precio mundial, o por medio de otras ventajas que les procure el hecho de tener esa industria. Pero, en este caso, ¿se necesita una subvención? ¿No compensará entonces a los distintos inversores en al industria soportar las pérdidas iniciales mientras esperan hallarse en condiciones de recuperarlas más tarde ¿Después de todo, la mayoría de las empresas sufren pérdidas en los primeros años, mientras se están estableciendo. Esto es cierto tanto si las empresas se crean en un sector nuevo como en uno tradicional. Puede que exista alguna razón concreta por la que los participantes originales no puedan recuperar sus pérdidas iniciales, aún siendo útil para la comunidad en general efectuar la inversión inicial. Pero la carga de la prueba recae sobre quienes alegan esto.

El argumento de la industria naciente es una cortina de humo. Este tipo de industrias nunca se desarrollan. Una vez establecidos, los aranceles son rara vez eliminados. Además, el argumento casi nunca se utiliza en nombre de verdaderas industrias nacientes aún no establecidas de las que hubiese motivos para pensar que, sí se estableciesen, podrían sobrevivir recibiendo una protección provisional. Estas empresas no tienen propagandistas. El argumento citado se emplea para justificar aranceles en favor de industrias más bien veteranas que pueden ejercer presiones políticas.

El tercer argumento en favor de los aranceles que no se pude dejar de lado es el denominado “de la explotación”, que justifica la protección contra posturas de fuerza. Un país productor importante de algo, o que se pueda unir a otros pocos productores que controlen una gran parte de la producción, está en condiciones de aprovecharse de su posición de monopolio aumentando el precio del producto (la OPEP es el ejemplo actual más claro). En vez de aumentar directamente el precio, el país puede hacerlo indirectamente imponiendo una tasa a la exportación del producto (gravamen a la exportación). El beneficio para sí mismo será inferior al costo para los demás, pero puede haber una ganancia desde el punto de vista nacional. De forma parecida, un país que sea el principal comprador de un producto -en términos económicos, un monopsonio- puede beneficiarse entablando duras negociaciones con los vendedores e imponiéndoles un precio excesivamente bajo. Un modo de hacerlo es aplicar un arancel a la importación del producto. La ganancia neta para el vendedor es el precio menos el arancel, razón por la cual esto puede equivaler a comprar a precio inferior. En este caso, el arancel es satisfecho por los extranjeros (podemos pensar en ejemplos imaginarios). En la práctica, esta medida nacionalista tiene grandes probabilidades de suscita represalias en otros países. Además, como en el caso del argumento de la industria naciente, las presiones políticas reales tienden a establecer estructuras arancelarias que en realidad no sacan partido de ninguna posición de monopolio o de monopsonio.

Un cuarto argumento, que ya fue esgrimido por Alexander Hamilton y que se sigue repitiendo en la actualidad, es que la libertad de comercio estaría muy bien si la practicasen todos los países, pero como no lo hacen, los Estados Unidos no pueden implantarla por su cuenta. Este argumento no tiene validez en ningún caso, ni a nivel de principios ni a nivel práctico. Otros países que imponen restricciones al comercio internacional nos perjudican, pero también se perjudican a sí mismos. Aparte de los tres casos ya mencionados, si por nuestra parte imponemos restricciones, lo único que conseguimos en contribuir a nuestro perjuicio perjudicando asimismo a los demás. ¡Difícilmente cabe mayor sadismo y masoquismo en la sensible política económica internacional! Lejos de suscitar una reducción de las restricciones aplicadas por los demás países, esta clase de actos de represalia lo único que hacen es provocar más restricciones indiscriminadamente.

Somos una gran nación, los líderes del mundo libre. Mal podemos permitirnos exigir a Hong Kong y Taiwan la imposición de cupos a la exportación textiles para “proteger” nuestra industria textil a expensas de los consumidores norteamericanos y de los trabajadores chinos de Hong Kong y Taiwan. Hablamos entusiásticamente de las virtudes de la libertad de comercio, mientras utilizamos nuestro poder político y económico para inducir al Japón a que reduzca sus exportaciones de acero y de televisores. Deberíamos adoptar unilateralmente la libertad de comercio, no de forma instantánea, sino a lo largo de un período de, pongamos por caso, cinco años, a un ritmo anunciado de antemano.

Pocas medidas que pudiésemos tomar lograrían hacer más para promover la causa de la libertad en nuestro país y en el exterior, que la libertad total de comercio. En lugar de conceder subvenciones a los gobiernos extranjeros en nombre de la ayuda económica -promoviendo con ello el socialismo-, imponiendo al mismo tiempo restricciones a los artículos que producen -entorpeciendo con ello la libertad de comercio-, podríamos adoptar una postura sólida y basada en principios. Podríamos decir al resto del mundo: creemos en la libertad y tratamos de ponerla en práctica. No podemos forzarles a que sean libres, pero sí ofrecerles nuestra total cooperación en igualdad de condiciones. Nuestro mercado les está abierto sin aranceles u otras restricciones. Vendan en él lo que puedan y quieran. Comprenden lo que puedan y quieran. De esta manera, la cooperación entre individuos podrá hacerse a escala mundial y libremente.

Las razones políticas para la libertad de comercio

La interdependencia es una característica omnipresente en el mundo moderno: en la propia esfera económica, entre un grupo de precios y otro, entre una industria y otra, entre un país y otro: en la sociedad en general entre la actividad económica y las actividades culturales, sociales y asistenciales; en la organización de la sociedad, entre la disposiciones económicas y las políticas, entre la libertad económica y la libertad política.

También en la esfera económica, las disposiciones económicas se entrelazan con las políticas. La libertad de comercio internacional favorece las relaciones armoniosas entre naciones de distintas culturas e instituciones, de igual modo que la libertad de comercio interior favorece las relaciones armoniosas entre individuos de distintas creencias, actitudes e intereses.

En un mundo que practique a libertad de comercio, como en una economía libre en cualquier país, se efectúan transacciones entre entidades privadas: individuos, empresas comerciales, instituciones benéficas. Las condiciones en que se realiza cualquier transacción son aceptadas por todas las partes que intervienen en la misma. La transacción no se producirá mientras las partes no crean que van a resultar beneficiadas con su realización. Como consecuencia de ello, los intereses de las diversas partes se armonizan. La cooperación, y no el conflicto, es la regla.

Cuando intervienen los gobiernos, la situación es muy distinta. Dentro de un país, las empresas buscan la concesión de subvenciones por parte de su gobierno, ya se directamente o bien en forma de aranceles u otras restricciones al comercio. Tratarán de escapar a las presiones económicas de los competidores que amenazan su capacidad de obtención de beneficios, o su misma existencia, recurriendo a la adopción de presiones políticas que impongan costes a los demás. La intervención de un gobierno en favor de las empresas de su país hace que las empresas de los demás países busquen la ayuda de sus propios gobiernos para contrarrestar las medidas tomadas por aquel gobierno. Las disputas privadas generan las disputas entre gobiernos. Cualquier negociación comercial se convierte en una cuestión política. Altos funcionarios del gobierno asisten en todo el mundo a conferencias comerciales. Las fricciones se multiplican. Varios ciudadanos de todos los países resultan insatisfechos al final de las negociaciones y terminan creyendo que han sido los que se han llevado la peor parte. El conflicto, y no la cooperación, es la regla.

Los cien años que van desde la batalla de Waterloo hasta la Primera Guerra Mundial ofrecen un notable ejemplo de los beneficiosos efectos del librecambismo sobre las relaciones entre las naciones. Gran Bretaña era la primera nación del mundo, y en el transcurso de dicho siglo desarrolló una libertad de comercio completa. Otras naciones, especialmente las occidentales, entre las que se encontraban los Estados Unidos, adoptaron una política económica similar, si bien en forma menos decidida. En lo esencial, la gente era libre de comprar y vender mercancías de quien y a quien quisiese dondequiera que viviese, tanto si habitaba el mismo o distinto país, y en las condiciones que acordaban mutuamente. Aún hay algo que nos puede sorprender más en la actualidad, y es que la gente era libre de viajar por toda Europa y por gran parte del mundo sin pasaporte y sin demasiadas inspecciones de aduana. Tenía libertad para emigrar y podía entrar y hacerse residente y ciudadana en casi todos los países, especialmente en los Estados Unidos.

Como consecuencia de ello, el siglo que va de Waterloo a la Primera Guerra Mundial fue uno de los más pacíficos de la historia humana entre las naciones occidentales, y se vio sacudido únicamente por algunas guerras secundarias: la de Crimea y las franco-prusianas fueron las más destacadas, y, naturalmente, una importante contienda civil en los Estados Unidos, consecuencia de la cuestión capital de la esclavitud, que había apartado al país de la libertad política y económica.

En el mundo moderno, los aranceles y restricciones similares al comercio han sido una fuente de fricciones entre los países. Pero una fuente mucho mayor de perturbaciones ha sido el trascendental intervencionismo en la economía de estados tan colectivistas como la Alemania de Hitler, la Italia de Mussolini y la España de Franco, y especialmente en los países comunistas, desde Rusia y sus satélites hasta China. Los aranceles y las restricciones similares perturban las señales trasmitidas por el sistema de precios, pero al menos da libertad a los individuos para responder a dichas señales perturbadas. Los países colectivistas han introducido elementos autoritarios de mucho mayor alcance.

Las transiciones completamente privadas son imposibles entre ciudadanos de una economía predominantemente de mercado y de un Estado colectivista. Una parte está representada necesariamente por funcionarios gubernamentales. Las consideraciones políticas son ineludibles, pero las fricciones se minimizarían si los gobiernos de las economías de mercado diesen a sus ciudadanos la máxima libertad posible de acción para hacer sus propios negocios con los gobiernos colectivistas. Tratando de emplear el comercio como arma política, o las medidas políticas como un medio para incrementar el comercio con los países colectivistas, sólo se consigue empeorar las inevitables fricciones políticas.

Libertad de comercio internacional y competencia interior

El grado de competencia en un país está íntimamente relacionado con las disposiciones comerciales internacionales. La protesta pública contra los “trusts” y los “monopolios” a finales del siglo pasado, provocó la creación de la Interstate Commerce Commission (Comisión de Comercio Interestatal) y la promulgación de la Ley Sherman Anti-Trust, completada posteriormente con otras disposiciones legales encaminadas a promover la competencia. Estas medidas han tenido efectos muy ambiguos. En algunos aspectos, han incrementado la competencia, pero en otros han tenido efectos negativos.

Aunque semejantes medidas respondiesen a las esperanzas de los que las patrocinaron, no se podía hacer tanto para asegurar la competencia efectiva como con la eliminación de todas las barreras al comercio internacional. La existencia de sólo tres fabricantes importantes de automóviles en los Estados Unidos. -uno de los cuales al borde de la bancarrota- constituye una amenaza de precios monopolísticos. Pero déjese a los fabricantes de automóviles del mundo competir con General Motors, Ford y Chrysler para hacerse con la clientela norteamericana, y el espectro de los precios monopolísticos se esfumará.

Eso ocurre en todas las actividades. Pocas veces se puede establecer un monopolio en un país que no practique la ayuda gubernamental a las claras o encubiertamente, en forma de un arancel o de otro dispositivo. Lo que resulta casi imposible a escala mundial. El monopolio en diamantes de De Beers es el único que conocemos que parece haberlo conseguido. No tenemos noticia de ningún otro caso de monopolio que haya logrado existir durante largo tiempo sin la ayuda de los gobiernos: la OPEP y las primeras agrupaciones de empresas dedicadas a la explotación del caucho y del café ofrecen, sin duda, los ejemplos más notorios. Y la mayoría de estas agrupaciones patrocinadas por los gobiernos no duraron demasiado. Se deshicieron bajo la presión de la competencia internacional, suerte que creemos espera también a la OPEP. En un mundo de libre comercio, los cártels internacionales desaparecerían incluso más de prisa. Aun en un mundo de restricciones comerciales, los Estados Unidos, mediante el libre comercio, unilateral si fuera necesario, podrían llegar a la práctica eliminación de cualquier peligro significativo de monopolios internos.

Planificación económica central

Viajando por países subdesarrollados, nos hemos sentido una y otra vez profundamente impresionados por el asombroso contraste entre las ideas que sobre la realidad sostienen los intelectuales de estos países y muchos especialistas occidentales, por una parte, y los hechos escuetos, por otra.

En todas, partes, aquéllos dan por sentado que el capitalismo de libre empresa y el sistema de mercado son instrumentos para explotar a las masas, mientras que la planificación económica central es la tendencia del futuro que colocará a sus países en la senda del progreso económico rápido. Tardaremos en olvidar la censura que uno de nosotros recibió por parte de un importante empresario hindú, extremadamente culto y muy próspero -físicamente, el “modelo” de la caricatura marxista de un obeso capitalista-, como respuesta a unas observaciones que correctamente interpretó como crítica a la detallada planificación central de la India. Nos dijo en términos precisos que el gobierno de un país pobre como la India simplemente tenía que controlar las importaciones, la producción interna y la asignación de la inversión -y, por deducción, garantizar privilegios especiales en todas estas áreas que son la fuente de su propia prosperidad- a fin de asegurar las prioridades sociales por encima de las demandas egoístas de los individuos. Este empresario estaba expresando, sencillamente, los puntos de vista de los profesores y de otros intelectuales de la India y de otras partes.

La realidad misma es muy diferente. En todos los sitios en que encontramos algún elemento importante de libertad individual, alguna medida de progreso por lo que respecta a las comodidades materiales al alcance de los ciudadano ordinarios, y una esperanza extendida de un mayor progreso en el futuro, descubrimos también que la actividad económica se halla organizada principalmente a través del mercado libre. En todos los sitios en que el estado se encarga de controlar minuciosamente las actividades económicas de sus ciudadanos, es decir, en todos los países en que rige una planificación central pormenorizada, los ciudadanos ordinarios está políticamente encadenados, tienen un nivel de vida bajo y escaso poder para controlar su propio destino. El estado puede prosperar y construir monumentos impresionantes. Las clases privilegiadas pueden gozar de todas las comodidades materiales, pero el común de la población no es más que un instrumento utilizable para conseguir los fines del estado, y no recibe más de lo necesario para mantenerla dócil y razonablemente productiva.

El ejemplo más obvio radica en el contraste entre la Alemania del Este y del Oeste, inicialmente partes de un único país, roto en dos como consecuencia de las vicisitudes de la guerra. Gentes de un mismo origen, con una misma civilización, un mismo nivel de desarrollo técnico y conocimiento, habitan las dos partes. ¿Qué parte ha prosperado? ¿Qué parte debió construir un muro para encerrar a sus habitantes? ¿Qué parte lo protege hoy día con guardias armados, acompañados de perros fieros, campos de minas e instrumentos fruto del ingenio diabólico, a fin de impedir que unos valientes y desesperados ciudadanos, dispuestos a arriesgar sus vidas, intenten abandonar su paraíso comunista por el infierno capitalista al otro lado del mundo?

A un lado de este muro, las calles y las tiendas brillantemente iluminadas son frecuentadas por una población alegre y bulliciosa. Algunos compran productos procedentes de todo el mundo. Otros se dirigen a los numerosos cines o a otros lugares de diversión. Pueden comprar libremente periódicos y revistas que expresen toda la variedad de opiniones. Hablan entre sí o con extranjeros sobre cualquier tema y expresan una amplia variedad de opiniones sin echar una sola mirada hacia atrás por encima del hombro. Una pasarela de menos de cien metros, después de esperar una hora en cola, rellenando formularios y esperando la devolución de los pasaportes, les llevará como nos llevó a nosotros, al otro lado de este muro. Allí, las calles parecen vacías: la ciudad es gris y descolorida; los escaparates de las tiendas están apagados; los edificios, sucios. La destrucción que la guerra provocó no ha sido reparada aún al cabo de más de tres décadas. El único signo de animación o actividad que encontramos durante nuestra breve visita a Berlín Este fue el centro de acogida. Una hora en Berlín Este es suficiente para entender por qué las autoridades levantaron el muro.

Parecía un milagro cuando Alemania Occidental, un país devastado y derrotado, se convirtió en una de las economías más fuertes de Europa en menos de una década. Fue el milagro de un sistema de mercado libre. Ludwig Erhard, un economistas, era el ministro alemán de economía. El domingo 20 de junio de 1948, introdujo una nueva moneda, el marco alemán, y abolió casi todos los controles sobre precios y salarios. Actuó un domingo, le gustaba decir, porque las oficinas de las autoridades de ocupación francesas, americanas e inglesas estaban cerradas. Dada su actitud favorable hacia los controles, estaba seguro de que si hubiera introducido la nueva moneda y abolido los controles cuando las oficinas estaban abiertas, las autoridades de ocupación habrían revocado sus órdenes. Sus medidas operaron como por ensalmo. Al cabo de varios días las tiendas estaban llenas de bienes. Al cabo de varios meses, la economía alemán progresaba a toda velocidad.

Incluso dos países comunistas, Rusia y Yugoslavia, ofrecen un contraste similar aunque menos extremado. Rusia es un país estrechamente controlado desde el centro. Ha sido incapaz de impedir completamente la existencia de la propiedad privada y los mercados libres, pero ha intentado limitar su alcance tanto como ha sido posible. Yugoslavia empezó por el mismo camino. Sin embargo, después de que, bajo la dirección de Tiro, rompiera con la Rusia de Stalin, el rumbo cambió drásticamente. Sigue siendo comunista, pero se promueven de forma deliberada la descentralización y el empleo de las fuerzas del mercado. La mayor parte de la tierra cultivable está en manos privadas, y sus productos se venden en mercados relativamente libres. Las empresas pequeñas -aquellas que tienen menos de cinco trabajadores- pueden estar en manos de empresarios privados. Este tipo de empresas está floreciendo, particularmente en el sector de la artesanía y del turismo. Las cooperativas formadas por trabajadores son mayores, y constituyen una forma ineficaz de organización, pero al menos proporcionan algunas oportunidades a la responsabilidad e iniciativa personales. Los habitantes de Yugoslavia no son libres. Tienen un nivel de vida mucho más bajo que el de la vecina Austria u otros países occidentales similares. Sin embargo, Yugoslavia sorprende al viajero observador que viene de Rusia, como en nuestro caso: en comparación, es un paraíso.

En Oriente Medio, Israel, pese a proclamar una política y una filosofía socialistas, y aun interviniendo ampliamente el estado en la economía, tiene un importante sector de mercado, sobre todo como consecuencia indirecta de la importancia del comercio exterior. La política socialista ha retrasado el crecimiento económico, pero los ciudadanos gozan de una mayor libertad política y de un nivel de vida mucho más alto que los egipcios, que han sufrido una centralización del poder político mucho más extensa y a cuya actividad económica se han impuesto controles mucho más rígidos.

En el Lejano Oriente, Malasia, Singapur, Corea Taiwan, Hong Kong y Japón -países todos ellos que se apoyan extensamente en mercados libres- están prosperando.

Sus habitantes confían en el futuro. En estos sitios se está produciendo una explosión económica. Aplicando el mejor criterio para medir estas actividades, la renta anual per capita en estos países a finales de los años setenta oscilaba entre 700 dólares aproximadamente en Malasia, y alrededor de 5.000 en el Japón. En contraste con lo anterior, la India, Indonesia y China comunista, países dirigidos principalmente mediante sistemas de planificación central, han experimentado un estancamiento económico y una represión política. En el mismo momento, la renta per capita anual en esos países era de menos 250 dólares.

Los apologistas de la planificación económica centralizada cantaban las alabanzas de la China de Mao hasta que los sucesores de éste pregonaron el atraso de China y lamentaron la falta de progreso durante los últimos veinticinco años. Una parte del plan para modernizar el país consiste en permitir que los precios y los mercados desempeñen un papel más importante. Esta táctica puede producir considerables beneficios a partir del bajo nivel económico del país, tal como los produjo en Yugoslavia. Sin embargo, los beneficios se verán seriamente limitados mientras exista un estrecho control político de la actividad económica y la propiedad privada sea contenida. Además, si se deja salir al genio de la iniciativa privada fuera de la botella, incluso en este reducido campo, se plantearán problemas políticos que, antes o después, pueden provocar una reacción hacia un mayor autoritarismo. El resultado opuesto, el colapso del comunismo y su sustitución por un sistema de mercado, parece mucho menos probable, a pesar de que, como optimistas incurable, no lo desechamos completamente. De modo similar, ahora que el anciano mariscal. Tito ha muerto, Yugoslavia puede experimentar un período de inestabilidad política que quizá provoque una reacción hacia un autoritarismo mayor o, lo que es mucho menos probable, un colapso de la presente organización colectivista.

Un ejemplo especialmente iluminador, que vale la pena que examinemos con mayor detalle, es el contraste entre las experiencias de la India y el Japón; la experiencia hindú en los primeros treinta años tras la consecución de la independencia, en 1947, y la japonesa durante los primeros treinta años tras la Restauración Meiji en 1867. Los economistas y los especialistas en ciencias sociales en general rara vez pueden llevar a cabo experimentos controlados, tan importantes para comprobar las hipótesis en las ciencias de la naturaleza. Sin embargo se ha conseguido en este caso algo bastante cercano a un experimento controlado que podemos utilizar para comprobar la importancia de la diferencia entre los métodos de organización económica.

Los dos experimentos están separados por 80 años. En todos los demás aspectos los dos países se encontraban en circunstancias muy similares al comienzo de los periódicos que comparamos. Los dos eran países con civilizaciones antiguas y una cultura refinada. Cada uno de ellos tenía una población muy estructurada. El Japón mantenía una organización feudal formada por daimyos (señores feudales) y siervos. La india esta organizada en un rígido sistema de castas, con los brahmanes situados en la cima y los “intocables” llamados por los británicos las “castas registradas”, en la base.

Los dos países experimentaron un profundo cambio político que trajo consigo una drástica alteración de las organizaciones políticas, económicas y sociales. En ambos lugares un grupo de dirigentes capaces y entregados alcanzaron el poder. Estaban llenos de orgullo nacional y determinados a convertir el estancamiento económico en rápido crecimiento, a transformar sus países en grandes potencias.

Casi todas las diferencias favorecían a la India y no al Japón. Los antiguos dirigentes japoneses habían impuesto un aislamiento casi completo con el resto del mundo. El comercio internacional y el contacto se limitaban a una visita de un barco holandés al año. Los pocos occidentales a los que se permitía permanecer en el país eran confinados en un pequeño enclave, en una isla situada en el puerto de Osaka. Tres o más siglos de aislamiento obligado habían dejado al Japón ignorante del mundo exterior, muy por detrás de Occidente en ciencia y tecnología; casi nadie sabía leer o hablar lenguas extranjera a excepción del chino.

La india era mucho más afortunada. Había disfrutado de un crecimiento económico substancial antes de la Primera Guerra Mundial. La lucha para conseguir la independencia de Gran Bretaña convirtió ese crecimiento en estancamiento durante el período entre las dos guerras mundiales, pero no condujo a la regresión. Las mejoras en el sistema de transporte había acabado con las características localizadas que anteriormente constituyeron un azote periódico. La mayor parte de sus dirigentes se educaron en países avanzados de Occidente, sobre todo en Gran Bretaña. Los gobernantes británicos dejaron una administración muy experta e instruida, fábricas modernas y un sistema excelente de comunicaciones por ferrocarril. Nada de esto existía en el Japón en 1867. La India se encontraba tecnológicamente atrasada en comparación con el mundo occidental, pero la diferencia era menor que la que separaba al Japón en 1867 de los países avanzados de la época.

Los recursos físicos de la India eran, también muy superiores a los del Japón. Prácticamente, la única ventaja física que el Japón tenía era el mar, que le ofrecía un medio de transporte sencillo y pesca abundante. Con respecto al resto, la India era casi nueve veces mayor, y un porcentaje muy superior de su superficie estaba formado por terrenos llanos y accesibles. El Japón era en gran parte montañoso. Poseía sólo una estrecha franja de tierra cultivable y habitada a lo largo de la costa.

Finalmente, el Japón carecía de ayuda exterior. No se invirtió capital foráneo y ningún gobierno o fundación extranjera en los países capitalistas creó consorcio alguno que realizara donaciones u ofreciera préstamos a bajo interés al Japón. Debía depender de sí mismo para obtener capital con el que financiar su desarrollo económico. Tuvo una afortunado comienzo. En los primeros años tras la Restauración Meiji, las cosechas europeas de seda fueron desastrosas, lo que permitió al Japón exportar ese producto y conseguir más divisas de las que otra modo habría podido obtener.

Aparte de esta corriente de divisas, no existía otras fuentes importantes de capital, organizadas o fortuitas.

La India se hallaba en una situación mucho mejor. Desde que consiguió la independencia en 1947, ha recibido una enorme cantidad de recursos del resto del mundo, en su mayoría sin contrapartida. Este flujo continúa hoy.

A pesar de la existencia de circunstancias similares en el Japón de 1867 y en la India de 1947, los resultados fueron completamente distintos. El Japón desmanteló su estructura feudal y extendió las oportunidades económicas y sociales a todos sus ciudadanos. La situación de la mayoría de la población mejoró rápidamente, aun cuando ésta aumentó en medida considerable. el Japón se convirtió en una potencia con la que se debía contar en la esfera política internacional. No alcanzó una libertad política y humana completa, pero consiguió grandes progresos en esta dirección.

La India se entregó, en teoría, a la eliminación de las barreras de casta, aunque en la práctica hizo escasos progresos. Las diferencias de ingresos y de riqueza entre unos pocos y la mayoría se hicieron más amplias en vez de reducirse. Se produjo una explosión demográfica como había ocurrido en el Japón ochenta años antes, pero la producción económica no creció. Permaneció prácticamente estacionaria. De hecho, el nivel de vida del tercio más pobre de la población es probable que haya descendido. Tras el fin de la dominación británica, la India se preciaba de ser la mayor democracia del mundo, pero durante una época cayó en una dictadura que restringió la libertad de expresión y de prensa. Está en peligro de caer en la misma situación otra vez.

¿Qué puede explicar la diferencia de resultados? Muchos observadores apuntan a características humanas y a instituciones sociales diferentes. Los tabúes religiosos, el sistema de castas, una filosofía fatalista: se dice que todas estas características e instituciones encierran a los hindúes en la camisa de fuerza de la tradición se afirma también que son poco emprendedores y perezosos. Por el contrario, se elogia a los japoneses por su carácter trabajador, enérgico, deseosos de responder a las influencias procedentes del exterior, e increíblemente ingeniosos para adaptar a sus propias necesidades lo que aprenden de fuera.

Esta descripción de los japoneses puede ser correcta hoy en día. Pero en 1867 no lo era. Un antiguo residente extranjero en el Japón escribió. “No pensamos que el Japón se llegue a convertir en un país rico. Las ventajas con que le ha dotado la naturaleza, a excepción del clima, y la devoción por la indolencia y el placer que la misma gente tiene, lo impiden. Los japoneses son un pueblo feliz, y como están contentos con poco, no es probable que consigan mucho”. Otro escribió: “En esta parte del mundo, los principios establecidos y reconocidos en Occidente parecen perder la virtud y la vitalidad que originariamente pudieran poseer, y tienden fatalmente a convertirse en cizaña y corrupción”.

Igualmente, la descripción de los hindúes puede ser adecuada hoy para algunos de ellos que residen en la India, incluso quizá para la mayor parte, pero ciertamente este contrato no corresponde a los que han emigrado. En muchos países africanos, en Malaya, Hong Kong, las islas Fiji, Panamá y, en períodos mucho más recientes, en Gran Bretaña, los hindúes han sido empresarios prósperos, y en ciertos casos constituyen la capa más importantes de la clase empresarial. Han actuado a menudo como impulsores, iniciando y promoviendo el progreso económico. En la misma India existen personas emprendedoras, llenas de energías e iniciativa en los lugares en que ha sido posible escapar a la influencia desvirtuadora que se ejerce desde el control gubernamental.

En cualquier caso, el progreso económico y social no depende de las características o de la conducta de las masas. En cada país una pequeña minoría señala el ritmo, determina el curso de los acontecimientos. En las naciones que se han desarrollado más rápida y prósperamente, una minoría de individuos emprendedores y arriesgados ha avanzado constantemente, creando oportunidades para que las sigan quienes les imiten, y ha hecho posible que la mayor parte de la población aumente su productividad.

Las características de los hindúes que tantos observadores extranjeros deploran son un reflejo, más que una causa, de la falta de progreso. La pereza y la falta de espíritu emprendedor florecen cuando el trabajo duro y la asunción de riesgos no reciben recompensa. Una filosofía fatalista es una adaptación al estancamiento. La India no carece de individuos con las cualidades que pudieran iniciar y alimentar el mismo tipo de desarrollo económico que el Japón experimento a partir de 1867, o incluso el que se produjo en Alemania Occidental y el Japón después de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, la verdadera tragedia de la India es que sigue siendo un subcontinente lleno de individuos sumidos en la pobreza más desesperada, cuando creemos que podría ser un país floreciente, vigoroso, cada vez más próspero y libre.

Encontramos recientemente un ejemplo fascinante que muestra el modo en que un sistema económico puede influir en las características de los individuos. Los refugiados chinos que se establecieron en Hong Kong una vez que los comunistas llegaron al poder, animaron el notable desarrollo económico de la colonia y alcanzaron una merecida reputación por su iniciativa, espíritu emprendedor, sobriedad y trabajo duro. La reciente liberalización de la emigración en la China Popular ha provocado una nueva corriente, con el mismo origen racial y las mismas tradiciones culturales básicas, pero con individuos educados y formados por treinta años de dominio comunista. Los empresarios que dieron trabajo a algunos de estos refugiados hablan de que son muy diferentes de los anteriores chinos que entraron en Hong Kong. Los nuevos inmigrantes tienen poco espíritu de iniciativa y quieren que se les diga con toda exactitud lo que tienen que hacer. Son indolentes y poco cooperativos. Sin duda, una estancia de varios años en el mercado libre de Hong Kong cambiará toda esta situación.

¿Qué explica entonces las diferentes experiencias del Japón desde 1867 a 1897 y de la India desde 1947 hasta nuestros días? Creemos que puede afirmarse lo mismo que en los casos de las dos Alemanias, Israel y Egipto, y Taiwan y China Popular. El Japón se apoyó principalmente en la cooperación voluntaria y en el sistema de mercado libre, en el modelo de la Inglaterra de su época. La India se basó en la planificación económica central, es decir, en el ejemplo de la Inglaterra de su época.

El gobierno Meiji intervino en muchos aspectos y representó un papel clave en el proceso de desarrollo. Envió a muchos japoneses al extranjero para que recibieran una formación técnica e importó expertos del exterior. Creó plantas piloto en muchas industrias y concedió numerosos subsidios a otras. Pero en ningún momento intentó controlar la cantidad total, la dirección de la inversión o la estructura de la producción. El Estado mantuvo un interés importante sólo en las industrias de construcción naval y del hierro y el acero, al considerarlas necesarias para su poderío militar. Se quedó con estas industrias porque carecían de atractiva para la empresa privada y necesitaban considerables subvenciones gubernamentales. Estas ayudas representaban un drenaje de recursos. Impidieron más que estimularon el progreso económico japonés. Finalmente, un tratado internacional prohibió la imposición por parte del Japón de aranceles superiores el cinco por ciento durante las tres primeras décadas tras la Restauración Meiji. Esta restricción se convirtió en un verdadero regalo para el Japón, a pesar de que en la época de su imposición el país se sintió afectado, y una vez que las prohibiciones del tratado finalizaron, el Japón aumentó los aranceles.

La India está siguiendo una política muy distinta. Sus dirigentes consideran el capitalismo un sinónimo del imperialismo, que debe evitarse a toda costa. Se embarcaron en una serie de planes quinquenales al estilo ruso que preveían programas detallados de inversión. Algunas áreas de producción están reservadas al estado; en otras se permite a las empresas privadas que operen, pero sólo de conformidad con el plan. Un sistema a base de aranceles y cupos controla las importaciones, mientras que las subvenciones regulan las exportaciones. El ideal es la autarquía. Ni que decir tiene, estas medidas provocan escasez de divisas, que se soluciona mediante un minucioso y amplio control de cambios, lo que es una fuente muy importante tanto de ineficacia como de privilegio especial. Los precios y los salarios están controlados. Para construir una fábrica o para realizar cualquier otra inversión se necesita una autorización gubernamental. Los impuestos afectan a todas las áreas de actividad y son muy altos en teoría, pero en la práctica se evaden. El contrabando, los mercados negros, las transacciones ilegales de todo tipo están tan extendidos como los impuestos, y minan todo respeto hacia la ley, aunque llevan a cabo un valioso servicio social al compensar en alguna medida la rigidez de la planificación central, y hacen posible la satisfacción de necesidades urgentes.

La confianza en el mercado liberó en el Japón recursos escondidos e insospechados de energía e ingenio. Impidió que unos intereses siniestros bloquearan el cambio. Obligó al desarrollo a ajustarse a la ingrata verificación de la eficiencia. El apoyo en los controles gubernamentales en la India impide la iniciativa privada o la desvía hacia el derroche. Protege los intereses ocultos de las fuerzas del cambio. Substituye la eficacia del mercado por la autorización burocrática como criterio de supervivencia.

La experiencia obtenida en los dos países con los productos textiles hechos a mano y a máquina, sirve para ilustrar la diferencia de política. Tanto el Japón en 1867 como la India en 1947 tenían una amplia producción textil interna. En el Japón, la competencia extranjera no ejercía un efecto demasiado pronunciado sobre la producción doméstica de seda, quizá debido ala ventaja nipona con respecto a la seda en bruto, reforzada por el fracaso de la cosecha europea, pero destruyó la hilatura nacional de algodón y posteriormente el tejido a mano de tela. Se desarrolló una industria textil japonesa basada en fábricas. Al principio manufacturaba sólo los tejidos más bastos y de inferior calidad, pero posteriormente se dedicó a calidades cada vez superiores, y final se ha convertido en una de las principales industrias de exportación.

En la India se subvencionó y se garantizó un mercado a los tejidos a mano, al parecer para facilitar la transición a la producción fabril. Esta crece gradualmente, pero este crecimiento ha sido controlado a fin de proteger la industria del tejido a mano. La producción ha significado expansión. El número de telares manuales se ha doblado prácticamente de 1948 a 1978. En la realidad se puede oír el sonido de los telares manuales desde las primeras horas de la mañana hasta las últimas de la noche en millares de aldeas a lo largo de toda la India. No hay nada malo en la existencia de una industria de tejido a mano si puede competir con otras en los mismos términos. En el Japón todavía existe una industria de tejido a mano próspera, aunque extremadamente pequeña. Teje sedas de lujo y otros artículos. En la India, la industria de tejido a mano prospera porque está subvencionada por el gobierno. En efecto, se imponen cargas a individuos que no están en una posición más acomodada que los que mueven los telares, a fin de garantizar a éstos unos ingresos mayores de los que podrían alcanzar en un mercado libre.

A principios del siglo XIX, Gran Bretaña se enfrentaba precisamente con el mismo problema que Japón tuvo varias décadas más tarde y la India más de cien años después. El telar mecánico amenazaba con destruir una industria de tejido a mano próspera. Se nombró entonces una Comisión Real para investigar la industria. Esta consideró explícitamente la política seguida por la India: subvencionar el tejido a mano y garantizar un mercado a la industria. La comisión rechazó esa política desenfrenada sobre la base de que sólo empeoraría el problema básico (un exceso de tejedores manuales), es decir, precisamente lo que ha ocurrido en la India. Gran Bretaña adoptó la misma solución que el Japón: la política, a corto plazo ingrata pero a la larga beneficiosa, de permitir que las fuerzas del mercado actuaran por sí mismas.

Las experiencias opuestas de la India y del Japón son interesantes porque ponen de relieve de manera muy clara no sólo los diferentes resultados de los dos métodos de organización, sino también la falta de relación entre los objetivos perseguidos y las medidas que se adoptaron. Las metas de los nuevos dirigentes Meiji -que se dedicaron a aumentar el poder y la gloria de su país y concedieron poco valor a la libertad individual- eran más acordes con las medidas hindúes que las que ellos mismos adoptaron. Los objetivos de los nuevos gobernantes hindúes -que defendían ardientemente la libertad individual- se acomodaban más a las medidas japonesas que las que ellos mismos pusieron en práctica.

Los controles y la libertad

A pesar de que los Estados Unidos no han adoptado la planificación económica central, el aumento del papel del estado en la economía ha ido muy lejos durante los últimos cincuenta años. Esta intervención ha significado un costo en términos económicos. Las limitaciones que esta actuación impone a nuestra libertad económica amenazan con liquidar dos siglos de progreso económico. La intervención ha tenido también un costo político: ha limitado considerablemente nuestra libertad humana.

Los Estado Unidos de América siguen siendo un país predominantemente libre, uno de los países más libres del mundo. Sin embargo, con palabras del famoso discurso de Abraham Lincoln, House Divided [El país dividido], “un país dividido no puede durar [...] Tengo la esperanza de que esta nación no se hunda, sino que deje de estar dividida. Se convertirá toda ella en una cosa u otra”. Estaba hablando sobre la esclavitud. Sus proféticas palabras se pueden aplicar igualmente a la intervención gubernamental en la economía. Si continuáramos mucho más allá por este camino, nuestro dividido país se encontraría en el colectivismo. Afortunadamente, es cada vez más manifiesto que los ciudadanos se dan cuenta del peligro y están decididos a parar e intervenir la tendencia a una actividad gubernamental cada vez mayor.

A todos nosotros nos afecta el statu quo. Tendemos a aceptar la situación tal como es, a considerarla el estado natural de las cosas, especialmente cuando se ha formado mediante una serie de pequeños cambios graduales. Es difícil darse cuenta de cuál es la importancia de este efecto acumulativo. Exige un esfuerzo de imaginación liberarse de la situación actual y mirarla con nuevos ojos. Sin embargo, el esfuerzo vale la pena. Es probable que el resultado sea una sorpresa, por no decir una sacudida.

La libertad económica

Una parte esencial de la libertad económica consiste en la facultad de escoger la manera en que vamos a utilizar nuestros ingresos: qué parte vamos a destinar para nuestros gastos y que artículos vamos a comprar; qué cantidad vamos a ahorrar y en qué forma; qué monto vamos a regalar y a quién. En la actualidad, el gobierno, a nivel federal, estatal y local, utiliza en nuestro nombre más del 40 por ciento de nuestros ingresos. Una vez uno de nosotros sugirió una nueva fiesta nacional, el “día de la independencia personal, el día del año en que dejamos de trabajar para pagar los gatos del gobierno [...] y empezamos a producir para pagar los artículos que separada e individualmente escogemos a la luz de nuestras propias necesidades y deseos”. En 1929 esta fiesta habría coincidido con la fecha en que se conmemora el nacimiento de Abraham Lincoln, el 12 de febrero; hoy día se celebraría hacia el 30 de mayo; y si las tendencias actuales continuaran, coincidiría con el otro Día de la Independencia, el 4 de julio, hacia 1988.

Por supuesto, nosotros tenemos algo que decir sobre la cantidad de nuestros ingresos que el gobierno gasta en nuestro nombre. Participamos en el proceso político que ha conducido al gobierno a gastar más del 40 por ciento de nuestros ingresos. El gobierno de la mayoría es un arbitrio necesario y deseable. Sin embargo, es muy diferente al tipo de libertad que un individuo tiene cuando va a comprar a un supermercado. Cuando votamos una vez cada año, apoyamos ideales generales más que propuestas específicas. Si formamos parte de la mayoría, en el mejor de los casos obtendremos las propuestas que apoyamos y aquellas a las que nos opusimos, pero que consideramos, en conjunto, menos importantes. En general, al final nos encontramos con algo diferente de lo que pensábamos que estábamos votando. Si formamos parte de la minoría, debemos someternos al voto de la mayoría y esperar que llegue nuestro turno. Cuando votamos cada día en el supermercado, conseguimos exactamente lo que hemos votado, y lo mismo ocurre con todas las demás personas. La urna de las votaciones da lugar a un sometimiento sin unanimidad; el supermercado, por el contrario, a una unanimidad sin sometimiento. Por esta razón es importante utilizar las urnas, en tanto sea posible, sólo para las decisiones en que el sometimiento es esencial.

Como consumidores, ni siquiera somos libres para escoger el modo de gastar la parte de nuestros ingresos después de deducidos los impuestos. No somos libres de comprar ciclamatos o laetril, y pronto, quizá, sacarina. Nuestro médico de cabecera no es libre para recetarnos muchos fármacos que puede considerar como los más adecuados para nuestras dolencias, aun cuando estos fármacos puedan comprarse fácilmente en el exterior. Carecemos de libertad para comprar un coche sin cinturones de seguridad, a pesar de que, por ahora, somos todavía libres para escoger si los utilizamos o no.

Otra parte esencial de la libertad económica es la de utilizar los recursos que poseemos de acuerdo con nuestros propios valores: libertad para aceptar un empleo, para comprometerse en un negocio, para comprar y vender, a cualquier otra persona, mientras actuemos sobre una base estrictamente voluntaria y no acudamos a la fuerza para coaccionar a los otros.

Hoy día no somos libres para ofrecer nuestros servicios como abogados, médico, dentistas, fontaneros, barberos, enterradores, o para empezar a trabajar en muchas otras ocupaciones, sin antes conseguir un permiso o una autorización de un funcionario gubernamental. No podemos trabajar horas extras en condiciones acordadas previamente con nuestro empresario, a menos que éstas estén de acuerdo con las normas y las reglamentaciones establecidas por un funcionario gubernamental.

No somos libres de abrir un banco, entrar en la industria del taxi, o en la venta de electricidad o de servicio telefónico, o explotar una línea de ferrocarril, autobús o aérea, sin antes recibir una autorización de un funcionario gubernamental.

No somos libres de participar en los mercados de capitales a menos que cumplimentemos muchas páginas de formularios que exige la SEC (Securities and Exchange Commission: Comisión de Valores y Bolsas), y a menos que convenzamos a ese organismo de que el programa que pretendemos emitir presenta una imagen tan descolorida de nuestras posibilidades que ningún inverso en su sano juicio se interesaría por nuestro proyecto si tomara el anuncio al pie de la letra. Y conseguir la autorización del SEC puede costar más de 100.000 dólares de los Estados Unidos, lo que ciertamente desanima a las pequeñas empresas.

La libertad para ser dueño de propiedades constituye otra parte esencial de la liberta económica. Y nuestro ámbito de propiedad es muy amplio. Bastante más de la mitad de nosotros somos propietarios de las casas en que vivimos. Pero si nos referimos a maquinaria, fábricas y medios similares de producción, la situación es muy diferente. Hablamos de nosotros mismos como una sociedad formada por empresas privadas libres, es decir, como una sociedad capitalista. Sin embargo, con respecto a la propiedad de las empresas anónimas, somos, alrededor de 46 por ciento, socialistas. La posesión de un uno por ciento de la sociedad da derecho a recibir un uno por ciento de beneficios y obliga a compartir un uno por ciento de sus pérdidas hasta el importe total de las acciones que se poseen. En 1979 el impuesto federal sobre la renta de las sociedades ascendió al 46 por ciento de todos los ingresos por encima de 100.000 dólares, cuando en años anteriores era el 48 por ciento. El gobierno federal tiene derecho a 46 centavos de cada dólar de beneficio, y se hace cargo de esos 46 centavos de cada dólar de pérdida (a condición de que existan beneficios anteriores para compensar estas pérdidas). La administración de Washington es dueña del 46 por ciento de cada sociedad anónima, a pesar de que no en una forma que la autorice a votar directamente en los asuntos de la sociedad.

Exigiría un libro mucho mayor que éste citar todas las restricciones que afectan a nuestra libertad económica, sin comentarlas en detalle. Estos ejemplos pretenden sugerir, simplemente, el grado de penetración que estas restricciones han alcanzado.

La libertad humana

Las restricciones a la libertad económica afectan inevitablemente a la libertad en general, incluso en aspectos tales como la libertad de prensa y de expresión.

Consideremos los siguientes párrafos de la carta que envió en 1977 Lee Grace, en aquel momento vicepresidente de una asociación de productores de petróleo y gas, a los miembros de ésta. Con respecto a la legislación sobre energía escribió: "Como ustedes saben, el verdadero problema no es tanto el precio por metro cúbico sino el mantenimiento de la Primera Enmienda de la Constitución, la garantía de la libertad de expresión. Con una reglamentación cada vez mayor, mientras el Estado omnipotente nos mira fijamente por encima del hombro, tenemos miedo de expresar la verdad y nuestras creencias acerca de los que es falso y está mal hecho. El temor a las revisiones del IRS (Internal Revenue Service: Servicio de Inspección Fiscal), la estrangulación burocrática o el hostigamiento gubernamental constituyen armas poderosas contra la libertad de expresión".

En el número publicado el 31 de octubre de 1977 de la revista U. S. News e World Report, y dentro de la sección “Washington Whispers” [Los rumores de Washington] se observaba que “los dirigentes de la industria petrolífera manifiestan que han recibido este ultimátum del secretario de Energía, James Schelesinger: Apoyen el impuesto que la administración ha propuesto sobre el crudo o, de lo contrario, enfréntense a una reglamentación más dura y a una posible presión para deshacer las "holding" petroleras”.

Su juicio aparece ampliamente confirmado por la conducta exterior de dichos ejecutivos. Desarmados por las denuncias del senador Henry Jackson que les acusaba de estar obteniendo “beneficios obscenos”, ni uno solo miembro de un grupo de directivos pertenecientes a la industria petrolífera contestó. o incluso abandonó la habitación y se negó a someterse a un insulto personal mayor. Los ejecutivos de las compañías petroleras, que en privado muestran una fuerte oposición a la compleja estructura actual de controles federales bajo los cuales actúan, o al considerable aumento de la intervención gubernamental propuesta del presidente Carter, hacen blandas declaraciones públicas en las que aprueban los objetivos de los controles. Pocos hombres de negocios consideran que los llamados controles voluntarios precios y salarios vayan a representar un camino efectivo o deseable para combatir la inflación. Sin embargo, un ejecutivo tras otro, una organización empresarial tras otra, han alabado el programa, han dicho cosas bonitas de éste, y han prometido cooperar. Sólo unos pocos, como Donald Rumsfeld, antiguo congresista, funcionario de la Casa Blanca, tuvieron el valor para denunciarlos públicamente. A ellos se les unió George Meany, rudo, octogenario y antiguo jefe de la AFL-CIO (American Federation of Labor-Congress of Industrial Organizations: Federación Norteamericana del Trabajo-Congreso de Organizaciones Industriales).

Es absolutamente lógica que los individuos deben soportar un costo -aunque solo sea el de la impopularidad y la crítica- por el hecho de hablar con libertad. Sin embargo, el costo debiera ser razonable y no desproporcionado. En palabras de una famosa sentencia del Tribunal Supremo, no debería “inducir al desánimo” sobre la libertad de expresión. Sin embargo, no hay duda de que en la actualidad este resultado se produce en los ejecutivos de las sociedades anónimas.

Esta inducción al desánimo no se restringe a estos ejecutivos. Nos afecta a todos. Nosotros conocemos profundamente la comunidad académica. Muchos de nuestros colegas de los departamentos de economía y ciencias naturales reciben ayudas del National Science Foundation; los que pertenecen al departamento de humanidades, del National Foundation for the Humanities; aquellos que dan clases en Foundation for the Humanities; aquellos que dan clases en universidades estatales reciben su salario en parte del legislativo del estado. Creemos que el National Science Foundation, el National Foundation for the Humanities y las subvenciones fiscales a la educación superior son indeseables y deberían desaparecer. Indudablemente, este punto de vista es minoritario dentro de la comunidad académica, pero dicha minoría es mucho mayor de la que cualquier persona pudiera reunir a partir de declaraciones públicas sobre este punto.

La prensa depende en gran medida del gobierno, no sólo como una de las fuentes principales de noticias, sino en otras numerosas cuestiones que afectan a su funcionamiento diario. Consideremos un curioso ejemplo proveniente de Gran Bretaña. Uno de los sindicatos del Times de Londres, un gran periódico, impidió su publicación un día hace varios años debido a un artículo que el rotativo pensaba publicar sobre el intento de dicho sindicato de influir en su línea editorial. Posteriormente, las disputas laborales condujeron al cierre patronal. Los sindicatos pueden ejercer este poder porque el gobierno les ha concedido inmensidades especiales. Un sindicato de Periodistas a escala nacional en Gran Bretaña está ejerciendo presión para lograr una asociación cerrada, y está amenazando con boicotear los periódicos que den empleo a trabajadores no afiliados. Todo esto en el país que fue el origen de tantas de nuestras libertades.

Con respecto a la libertad religiosa, los granjeros de la comunidad amish (que vive en los estados de Pennsylvania, Ohio e Indiana, cultivan la tierra con ásperos antiguos y se oponen a los avances de la civilización) vieron sus casas y otras propiedades embargadas porque se habían negado, por razones religiosas, a pagar las cargas de seguridad social (pero también a aceptar sus prestaciones). Los alumnos que iban a las escuelas de la iglesia fueron denunciados por hacer novillo, violando las leyes de asistencia obligatoria, porque sus profesores no tenían las papeletas obligatorias que certificaban que habían cumplido las exigencias del estado.

A pesar de que estos ejemplos sólo constituyen una muestra, ilustran la proposición fundamental de que la libertad es todo, que cualquier cosa que la reduce en una parte de nuestras vidas puede afectarla en otras partes.

La libertad no puede ser absoluta. Vivimos en una sociedad interdependiente. Algunas limitaciones a nuestra libertad son necesarias para evitar otras restricciones todavía peores. Sin embargo, hemos ido mucho más lejos de ese punto. Hoy la necesidad urgente estriba en eliminar barreras, no en aumentarlas. Eumed.net

Comunicaciones de mercadeo en la era digital: un paso más allá de la convergencia

¿Digitalización del contenido? ¿Fragmentación de audiencias? ¿Necesidad de consistencia de marca a través de todos los canales? ¿Polaridad digital? ¿Quién le está poniendo atención a qué? ¿Cuál convergencia?

Estas y otras preguntas zumban por estos días en la industria de las comunicaciones y la publicidad, preámbulo al XIV Congreso Colombiano de Publicidad. Preguntas razonables a pesar de que nos referimos a uno de los gremios mejor informados y a quienes nada parece asombrar, interrogantes que flotan sin que muchos podamos decir que lo podemos condensar simplemente en blanco y negro.

Por ejemplo, hay tantas definiciones de convergencia que una revista especializada en publicidad y mercadeo está tratando de redactar un diccionario sobre el tema y presentarlo en la edición que circulará durante el congreso. Para expertos como Al Ries, esta palabra tan de moda ha resultado costosísima para muchos e inútil para otros (la debacle de la fusión entre Time Warner y AOL puede ilustrar este punto).

Pero lo importante no es detenerse en estas definiciones, sino concentrarse en entender la dinámica del mundo, por el simple hecho que la convergencia tecnológica reduce a unos y ceros los contenidos y se reinventa novedosamente la manera de producirlos y consumirlos.

Estas implicaciones pueden generar oportunidades para unos y problemas para otros; tal es el caso de las revistas: ¿por qué una generación que está acostumbrada a no pagar por contenidos va a comprar una? "Todos sabemos que los medios tradicionales están perdiendo terreno de una forma u otra. Pero sería una tontería descartarlos como obsoletos, así como ignorar que la comunicación ya no será la misma", dijo recientemente Maurice Levy, CEO de Publicis Groupe, y añadió: "Tener que pagar para tener acceso a la información será visto como una imposición, como ya lo está viendo hoy la gente joven".

Bant Breen, director global de Desarrollo Estratégico e Innovación de Interpublic Gro-up, hablará sobre lo que él llama polaridad digital: "La tecnología digital crea un mundo de extremos. Por un lado, le permite a las empresas utilizar un puñado de herramientas, medios y canales para enfocar de manera precisa al grupo objetivo y dirigirle micromensajes en comunicaciones muy precisas. De otra parte, crea un panorama de medios caótico donde cualquiera puede crear, editar y distribuir mensajes a través de nuevos medios".

Entonces, ¿cómo satisfacer las nuevas demandas del consumidor y proveer experiencias memorables? En la medida en que la fragmentación de medios (divergencia) y la consiguiente fragmentación del tiempo y la atención se han vuelto temas críticos, cada interacción del consumidor -así sea en un pequeño quiosco, un café o en una sala de espera puede llegar a generar experiencias de marca memorables.

Estas dudas muestran la complejidad de las realidades a las que se enfrentan las agencias y los anunciantes hoy, a la hora de comunicar sus promesas. Si bien la tecnología desde una perspectiva humana nos permite no sólo consumir sino además compartir, combinar, aprender, crear y expresarnos, ¿cómo anticipar y responder a las tendencias de los medios digitales y de las disciplinas de mercadeo tradicional y cómo llegar a ese futuro primero?

"La discusión está a la orden del día, dice Kevin Roberts, CEO de Saatchi & Saatchi e inventor del término lovemarks-; en la medida que entramos a una era de movilidad, interactividad, atracción (no interrupción) y escasez de tiempo, dependeremos más y más de nuestras pantallas para obtener información, entretenimiento, comunicación, transacciones y conexiones".

Sin embargo, Brian Collins, director creativo de Brand Integration Group de Ogilvy & Mather, responde que aunque "las pantallas juegan un rol crucial conectando las marcas con la gente, al final son, en definitiva, sensación sin experiencia. La mejor manera de llegar al corazón de alguien es creando experiencias reales y no únicamente sintéticas. En la medida en que las pantallas se vuelvan la norma, se convertirán en la última cosa que la gente querrá atesorar. La ubicuidad destruye la intensidad".

Nick Pahade, presidente de Denuo (una nueva empresa de Publicis Groupe) y conferencista invitado al congreso, plantea que el primer paso en este proceso consiste en visualizar el mercadeo como un gran facilitador de experiencias para la marca; las fuerzas para tener en cuenta son la demanda en cualquier lugar y hora -que hace referencia al video, noticias, entretenimiento y banda ancha y reconocer que estamos en la era de la participación con el uso de los blogs y la conformación de comunidades, dado que las expectativas del consumidor están dirigidas bajo estas premisas: a mi manera, dámelo ahora, muéstrame, conéctame, mírame, escúchame.

Levy asegura que ahora los consumidores están en el centro del escenario y se han convertido en lo que podemos llamar déspotas iluminados, así que la misma tecnología que da nuevas posibilidades a los consumidores genera dificultad a la hora de alcanzarlos con una estrategia masiva, lo que implica que no solamente hay que manejar más y más consumidores cada día, sino que también hay que planear más y más campañas individualizadas a objetivos muy específicos.

Un grupo de destacados profesores de mercadeo de la Universidad del Sur de Dinamarca en Odense, Fuat Firat y Lars Thoger Christensen, afirma: "Desde la perspectiva de las comunicaciones de mercadeo, una de las más importantes implicaciones de la posmodernidad es la pérdida del control, la consistencia y la predictibilidad del comportamiento que la perspectiva moderna sobre la comunicación tomó por aceptada y garantizada" y rematan con una hipótesis demoledora: "Ni los anunciantes ni los publicitarios son los dueños del significado, ni los consumidores son receptores pasivos; éstos ahora son 'socios creativos' en la producción de experiencias e identidades".

Actualmente, estamos siendo testigos de la forma en que la evolución de los medios tradicionales y de la conciencia del consumidor están cambiando la dinámica de la comunicación. Uno de los efectos -que vemos a diario en muchos hogares es que el usuario explora diferentes experiencias al mismo tiempo. Esta fragmentación de la atención está desafiando el rol del planeamiento estratégico de la comunicación, del mercadeo, los medios, la publicidad y los juegos.

En este punto, es importante añadir que el programa académico de este congreso apunta a que los asistentes puedan aprender a responder a la cada vez mayor conciencia y volatilidad del nuevo consumidor.

De hecho, vivimos esta evolución en Colombia con la estructura convergente de la CEET (Casa Editorial EL TIEMPO), que sirve para ilustrar el uso de plataformas digitales en medios tradicionales para reconectarse con los consumidores y proveer información y contenido en tiempo real. Como vemos, la sinergia entre medio y mensaje se está volviendo un instrumento vital de conexión con el consumidor (corazón, mente, billetera), de una mejor manera, aunque más compleja y desagregada, resultado de los nuevos estilos de vida.

Sin embargo, serán los desarrolladores de contenido los que influyan en el lugar y la forma en que los anunciantes y los publicistas realizan las activaciones de marca, ya que este es en realidad el que determina qué es lo que capta la atención de los consumidores, sin importar el medio. Es en este punto donde hay que apostarle al talento que tenemos en Colombia, donde no es sólo el medio o el mensaje, es el medio y el mensaje.

McLuhan no lo hubiese creído o simplemente estaría deleitado y rumbo con nosotros a Cartagena. Quién sabe.

Fernando Martelo. Presidente de Publicis

Precios de vivienda en E.U., en caída hasta el 2009

Hay la no despreciable cifra de 4,4 millones de casas sin vender, cuyo efecto con otros indicadores del sector podría costar un punto del PIB. Los precios de viviendas en las zonas metropolitanas Estados Unidos, entre ellas Las Vegas y Washington, pueden caer en más de un 10 por ciento en los próximos meses tras el encarecimiento de los costos de préstamos, muestra un estudio de una unidad de Moody's.

Se estima que los precios de las casas en Cape Coral, Florida, caerán en un 19 por ciento entre su pico en el cuarto trimestre del 2005 y el segundo trimestre del 2007, el mayor retroceso entre las ciudades comprendidas en la encuesta, dijo Moody's Economy.com en un comunicado de PRNewswire. El declive puede durar hasta 2009 en algunos estados, dijo.

"El retroceso del mercado de casas es total", dijo Mark Zandi, economista jefe de Moody's Economy.com.

"Que la corrección del mercado de casas se descomponga y se convierta en un colapso dependerá en gran medida de los efectos secundarios o indirectos del retroceso".

El retroceso más marcado en tres décadas en el aumento de precios de viviendas en Estados Unidos ha elevado el número de casas sin vender a un récord de 4,4 millones, y recortado las ganancias para empresas de construcción como Lennar Corp. y Toll Brothers Inc.

La mediana del precio de casas en Estados Unidos el año próximo puede caer por primera vez desde la Gran Depresión, según Gabriel Stein, economista internacional jefe de Lombard Street Research en Londres.

Los precios en Las Vegas y Washington también alcanzaron un nivel máximo en el cuarto trimestre del 2005, según el sondeo. En Las Vegas, caerán 13 por ciento desde entonces hasta el segundo trimestre del 2009, en tanto las propiedades en Washington perderán un 12 por ciento de su valor para el segundo trimestre del 2008, pronosticó Moody's.

NUEVA YORK

Las zonas metropolitanas en estados como California, Nevada y Arizona también experimentarán caídas de precios de más del 10 por ciento, dijo Moody's Economy.com. Siete de las 10 mayores caídas son en ciudades de Florida y California. El informe de Moody's abarca un total de 70 ciudades u otras zonas urbanizadas.

Los precios en Nueva York alcanzaron su máximo nivel en el segundo trimestre de este año y caerán 3,5 por ciento para el final de 2008. El promedio de aumento de los precios de casas de Estados Unidos retrocedió a 1,17 por ciento durante el segundo trimestre, frente 3,65 por ciento un año antes, dijo la Oficina Federal de Supervisión de las Empresas de Vivienda el 5 de septiembre. Ese es el declive de tres meses más pronunciado desde que el organismo comenzó a llevar registro en 1975.

El retroceso comenzó cuando la Reserva Federal de Estados Unidos aumentó las tasas de interés 17 veces en dos años, elevándolas de 1 por ciento a 5,25 por ciento, lo que causó un incremento de las tasas ajustables de hipotecas. Las hipotecas de tasa fija, regidas por las tasas de interés de largo plazo, han aumentado con mayor lentitud.

LA OPINION DE LA FED

El sector inmobiliario registra una corrección importante y ello restará un punto al crecimiento económico de aquí a fin de año

en Estados Unidos, estimó el presidente de la Reserva Federal (Fed) Ben Bernanke. "Estimo que la desaceleración de la cons trucción residencial probable mente restará al crecimiento un punto en el segundo semestre de este año probablemente un poco también el año próximo", dijo Bernanke en Washington. Interro- gado sobre el alza de precios, Bernanke dijo que "la Fed perma nece preocupada por la inflación", puesto que ella " está por encima de lo que consideramos como la estabilidad de los precios".

Bloomberg

Manejo de crisis: cuando un desastre choca frontalmente a una empresa

La caída de un avión, la pérdida de miles de cartas, la muerte de cisnes y personas. Toda marca puede sufrir una tragedia a ojos de la opinión pública. Y pocas saben reaccionar bien y a tiempo. ¿Está preparado?

Con bombos y platillos. En un estudio de Canal 13, con los canapés del banquetero Pablo Johnson y la traída a Chile de la artista brasileña Fernanda Porto, mucha bossa nova. Cientos de invitados, y brindemos por la llegada al país de la aerolínea Gol. Cuatro días después, un avión Gol cae en la selva brasileña. No hay sobrevivientes.

Terror. En el consciente colectivo no hay detalles de si la falla fue de la torre de control, de la otra aeronave o por defecto del propio piloto de la aerolínea. Simplemente se cayó un avión Gol. Y comunicacionalmente hay que salir a responder.

Las crisis pillan de sorpresa a las empresas, en Chile y el mundo. A empresas como Gol o a Correos de Chile, a McDonald's, Arthur Andersen (Q.E.P.D.), Celco, Copeva o Tur Bus. Nadie está libre de vivir un desastre, y lo interesante son las distintas formas de reaccionar de las empresas. He aquí algunas de ellas:

1 Ley del silencio o respuesta tardía: En 2004 desvalijaron la bóveda de la sucursal Vitacura del Banco Bice. Las víctimas -la diputada María Angélica Cristi y otros honorables- salen hablando en los medios antes de que el banco emita opinión alguna. En realidad, en el Bice reinó el silencio y después de un largo tiempo algo dijeron sus abogados.

Otra: Correos de Chile dejó pasar tiempo valioso; semanas. El hallazgo de las cartas quemadas se hizo mucho antes de que se diera a conocer a la opinión pública.

No atacar el problema desde la raíz y rápido llevó a que el problema se extendiera al "mal manejo de las empresas públicas". "Aunque se actuó lento, se tomaron medidas drásticas y de fondo", dice un analista.

En 1997 fue la vergonzosa filtración de las casas Copeva (principal constructora del Ministerio de Vivienda).

Tarde reaccionó el Gobierno, y lo hizo sólo cuando vio organizado a los pobladores y se hicieron regalos indebidos a un ministro por parte de la constructora.

Tardías o a lo menos dubitativas fueron las respuestas de Exxon Valdez -derrame de petróleo en Alaska de un supertanquero-; de AeroPerú, cuando se cayó su avión con decenas de chilenos, y de Tur Bus, cuando se produjeron un par de choques graves. En cambio, de silencio ha sido la actitud de Air Madrid frente a la seguidilla de retrasos que la tienen en la mira de las autoridades.

2 La vuelta de carnero: El pobre ex subsecretario de Salud, Ernesto Behnke, se inmortalizó comiendo una hamburguesa de pollo McDonalds en 2001.

Fue triste y patético. El Sesma descubrió la presencia de una bacteria dañina (shu) en una hamburguesa que, a pocos días, el Instituto de Salud Pública (ISP) desmintió.

Al final, todos quedaron peleados con todos. Se sucedieron entonces las denuncias de platos mal preparados, alimentos contaminados y demandas. Y McDonald's... al medio, navegaba por las aguas turbulentas de la confusión, negaba o guardaba silencio.

Pero vino el cambio: una política de acercamiento a la comunidad (campaña de puertas abiertas que muestra las instalaciones y forma de preparar los productos), campañas sociales (Teletón), nuevos productos (churrasco palta) y una campaña publicitaria en micros, vía pública y radio.

3 El amigo transparente: El caso ideal de respuesta. Siguen al pie de la letra los planes de crisis. Gol ha respondido bien a la crisis, preocupándose inmediatamente de las víctimas, independiente de la investigación.

Aunque suene duro, la reputación del Ejército de Chile se acrecentó con la tragedia de Antuco, principalmente por la actitud del ex general Juan Emilio Cheyre. En un gimnasio atestado de familiares de las víctimas, el líder máximo se involucró, vibró y se emocionó con ellos. Su inmediatez y franqueza fueron más relevantes que las desprolijidades comunicacionales demostradas en aquellos días de mayo de 2005.

En los libros de Relaciones Públicas está el ejemplo de Tylenol. En septiembre de 1982, siete personas mueren en Estados Unidos por envenenamiento después de ingerir cápsulas de Tylenol, de Johnson & Johnson.

La empresa dio la cara a pocas horas de conocerse la noticia, mandó retirar de inmediato el producto y cambió su envase. Sus ejecutivos top salieron en decenas de entrevistas mostrándose humanos.

Además, las explicaciones iniciales fueron que el producto fue criminalmente adulterado, con lo que se pasó de culpable a víctima.

4 Desfachatadas y/o negadoras: Se recomienda ver la película Erin Brockovich, interpretada por Julia Roberts.

Basado en una historia real, este drama trata la historia de una mujer que destapó un escándalo de polución ecológica y que con su perseverancia ayudó a enjuiciar a una gran compañía que se hacía la lesa por años: Pacific Gas & Electric.

En este grupo de empresas se ubican aquellas que niegan ser las causantes de un problema hasta que ya no queda otra. Son por definición las anticomunicadoras estratégicas.

Christian von der Forst Ateaga, El Mercurio.

UE ubica a Chile entre líderes en piratería y violación intelectual

A pesar de las críticas y advertencias de la Unión Europea y Estados Unidos, la piratería de música, películas y programas de computación en Chile sigue creciendo. En forma paralela, nuestro país podría pasar a la "lista roja" de Estados Unidos por la débil legislación actual.

Chile fue ubicado entre los países líderes en materia de piratería y violación de los derechos de propiedad intelectual, según una investigación dada a conocer por la Comisión Europea y que considera a 63 países.

La encuesta -basada en 290 respuestas de poseedores europeos de propiedad intelectual y embajadores- mencionó 13 veces a nuestro país como problemático en esta materia, lo cual posiciona a Chile cuarto después de China, Argentina y Malasia.

Sin embargo, Chile fue colocado en la segunda categoría de prioridad de atención -junto a Rusia, Ucrania, y Turquía mientras que sólo China está en la primera categoría- debido a su alto nivel de piratería.

Chile, se señala, necesita "aumentar sus esfuerzos y enfrentar serias deficiencias".

Este llamado de atención se suma a los problemas de Chile con EE.UU. en la materia. Justamente la falta de protección de la propiedad industrial -particularmente en el área farmacéutica- tiene a Chile al borde de pasar de la zona amarilla o "Watch List" de aquel país a la lista roja o "Priority Watch List", algo que ocurriría a fines de este año.

En tanto, en su informe, la Unión Europea identificó a China como su principal foco de atención en la lucha contra la violación de propiedad industrial, pues es responsable de dos tercios de los productos piratas que entraron a la zona.

Tanto así, que aseguró que no excluye la posibilidad de tomar acción en la Organización Mundial de Comercio (OMC) contra la infracción de estos derechos.

En el caso de Chile, se considera a la débil aplicación de las normas de propiedad intelectual como el mayor problema existente.

"Esto se debe, dice el informe, en parte a la falta de recursos humanos y el entrenamiento insuficiente de jueces".

Otra crítica que se le realiza a nuestro país es la falta de voluntad política para dar una solución al problema de la piratería y violación de propiedad intelectual, aunque se destaca que están atentos al tema debido a la serie de tratados de libre comercio suscritos en los últimos años.

Chile, dice la encuesta, muestra los mayores problemas en la piratería en todas sus formas (DVD, música, libros, software); la copia de diseños en la industria de los muebles y el área farmacéutica. En esta área, el principal problema es la falta de vínculo entre el Instituto de Salud Pública (ISP) y el Departamento de Propiedad Industrial (DPI), para evitar que se den autorizaciones sanitarias si el producto ya está patentado por terceros.

Nicole Keller, Alicia Lecaros, El Mercurio.

"¡Excelente idea, señor! ¡Usted es un genio!"

Si usted tiene gente a su cargo, pregúntese cuántas veces por día escucha "sí, señor". ¿Más que las veces que le dicen "no"? En ese caso, usted no es un buen líder.

El jefe taylorista no necesitaba ser demasiado creativo, ni innovador, ni abierto... Ni siquiera necesitaba tener demasiadas luces. Bastaba con que supiera disciplinar a la tropa y asegurarse de que la gente a su cargo se limitara a obedecer las órdenes. En definitiva, para el jefe taylorista, la frase "sí, señor" era música para los oídos.

Sin embargo, según el artículo Don't Listen To Yes de Harvard Business School, la cultura "sí señorista" del taylorismo es veneno para la toma de decisiones correctas en la nueva economía, donde el éxito se consigue a través de una constante innovación y la puesta en práctica de buenas ideas.

Según el artículo de Harvard, todo proceso de decisión debe comenzar por la comprensión de la cultura corporativa. Los diferentes rasgos culturales influyen en las ideas que serán tenidas en cuenta y la forma en que serán llevadas a cabo.

En la "cultura del no", una expresión acuñada por Lou Gerstner para describir la situación de IBM a principios de los noventa, los empleados tienen el poder de vetar casi cualquier iniciativa. Basta con que algún trabajador se sienta afectado por la idea de un colega para que se oponga abiertamente y el nuevo proyecto quede en la nada. Así, la peligrosa cultura del "no" se convierte en una trituradora de ideas y proyectos (y casi lleva a la quiebra a una compañía del calibre de IBM).

En la "cultura del sí", por el contrario, los trabajadores jamás manifiestan su oposición, por temor a que estalle un conflicto. En estas empresas, abundan empleados aduladores que dicen al jefe: "¡Excelente idea! ¡Usted es un genio, señor!". Es un verdadero paraíso para managers ególatras, pero un pésimo escenario para una organización comprometida con la innovación constante. Al fin y al cabo, cuando el jefe no conoce la verdadera opinión de sus colaboradores, muchos proyectos destinados al fracaso serán aprobados.

Según el artículo de Harvard, la situación ideal es el punto medio entre ambos extremos. La mejor cultura es aquella donde se incentiva el discenso, el debate y el desacuerdo de ideas mientras se mantienen bajos los niveles de conflicto interpersonal.

¿Cómo lograrlo? En culturas excesivamente "sí señoristas", una buena alternativa es organizar simulaciones donde algunos empleados se pongan en el papel de "abogados del diablo", intentando por todos los medios sabotear las ideas que proponen sus colegas. De esta forma, en el marco de un juego, pueden expresar aquello que no se atreven a confesar en una reunión formal.

Esta simulación ofrece al líder una visión más amplia sobre sus propias ideas y proyectos. El trabajador, por su parte, siente que tuvo la oportunidad de expresar sus ideas, que fue escuchado y que sus propuestas realmente se tuvieron en cuenta. También es importante que comprenda las razones por las que la empresa no adoptó la solución que él proponía.

En definitiva, el enfoque de esta investigación de Harvard implica una definición de liderazgo opuesta a la del vigilante jefe taylorista, un estilo definitivamente enterrado en estos tiempos de "flat companies". Las empresas donde no vuela una mosca y sólo se escucha "sí, señor" tienen los días contados en los ambientes de negocios actuales, donde el compromiso y la creatividad son las fuentes de las ventajas competitivas. Clarin.

Viaje a las entrañas de una mega fusión

Los CEOs se estrecharon sonrientes las manos ante los flashes de las cámaras. "Esta fusión inaugura una nueva etapa", declararon orgullosos. Un año después, ambos renunciaban en medio de una tremenda crisis, víctimas de la "anergia" del proceso de integración.

En los años '60 del siglo pasado, fusiones y adquisiciones estaban de moda. En los '80, se impuso un cierto escepticismo con respecto a la habilidad empresaria para gerenciar y agregar valor a grandes estructuras.

Actualmente, como señala un reciente artículo de The Economist, se dibuja una nueva ola de fusiones. Esta prestigiosa publicación, con ironía y acierto, las agrupa en dos categorías: el caso de dos firmas desesperadas que esperan resolver todos sus problemas al volverse más grandes (unión por el espanto) y el caso de dos empresas en buena situación que quieren crecer (unión por el amor).

En la primera variante parecen inscribirse la compra de Serono de Suiza por Merck de Alemania y la venta de la rama farmacéutica de Altana de Alemania a Nycomed de Dinamarca. Un ejemplo del segundo caso (según declaran los ejecutivos) sería la compra de la alemana Schwarz Pharma por UCB de Bélgica. Todo es, sin duda, materia de opinión.

En Sudamérica, también existen algunos casos de grandes operaciones. La compra de PECOM por Petrobras, la de Acindar por BelgoMineira, la de Swift por un consorcio brasileño, la reciente (en segundo acto) de Quilmes por AMBEV (que significó el alejamiento definitivo de los descendientes de Otto Bemberg) y la ultimísima de Cablevisión con Multicanal.

Los especialistas discuten si los "Mega Deals" son adquisiciones o si en realidad se trata de fusiones. Estas operaciones, que superan los 1.000 millones de dólares, rara vez se realizan mediante pagos monetarios. En general, las mega operaciones se ejecutan a través de intercambio accionario entre las dos firmas. En mercados emergentes, suelen considerarse como Mega Deals a operaciones que tal vez no alcanzan los 1.000 millones de dólares pero que representan un importante impacto para el mercado.

Una vez concluido el proceso de consolidación de una negociación (que se traduce en la adquisición de uno por otro o cruzada), las estructuras operativas tienden a fusionarse. Esa es la principal razón que ha justificado la compra. En este punto, se esgrime el concepto, fuera de toda discusión, de "sinergia".

Suele decirse que, gracias a su mayor tamaño, la nueva empresa será más efectiva, más rápida, utilizará mejor los recursos, brindará mejores productos y servicios, reducirá costos, competirá mejor y, en última instancia, será más rentable que cada compañía por separado.

¿Es esto siempre así?

La cruda realidad parece indicar lo contrario. Muchas veces, la sinergia no se alcanza. En su lugar, sobreviene la "Anergy" ("Anergia" en español), un interesante término acuñado por Guy Jillins, Jefe del área de Planeamiento Estratégico de Shell International Petroleum.

Según Jillins, "más importante que lograr sinergia es evitar la anergia". Es decir, impedir la destrucción de aquello que no sólo se intenta preservar sino que se quiere optimizar. La anergia produce rechazo, desintegración y, finalmente, la ruptura de lo que se intentó alguna vez y no pudo ser.

Por eso, no sólo hay que concentrar la atención en la trama financiera de la mega operación. Al final de la negociación del “Mega Deal”, tras la retirada de operadores, agentes financieros, abogados, escribanos y demás intermediarios, comienza la verdadera vida de la nueva estructura. ¿Qué ocurre cuando quedan "al fin solos" los protagonistas de la gestión?

En este período generalmente oscuro se debate, de modo más o menos abierto, el control del poder y de la agenda de gestión futura. Es aquí donde debe aparecer un esfuerzo ordenado y consciente para encauzar el proceso, al cual se debe dedicar tanta o más energía que la que se puso en lograr el acuerdo financiero.

En esta etapa, acecha constantemente la "trampa de la sinergia", un concepto acuñado por Mark Sirower, autor de un famoso libro sobre el tema y responsable del área respectiva en la consultora Price Waterhouse Coopers en los Estados Unidos. ¿Cuáles son los aspectos de la trampa?

Primero, la dificultad en lograr que la gestión de la nueva empresa "repague" el costo de la adquisición (muchas veces con sobreprecio) y además obtenga una rentabilidad razonable. Si además la nueva empresa cotiza en Bolsa, las expectativas de mercado serán muy altas respecto a las posibilidades concretas de presentar un informe trimestral "atractivo". Esto puede afectar fuertemente el valor de la acción.

Por consiguiente, y como reacción, se genera una tendencia natural a reducir estructuras y desprenderse de personal idóneo. El resultado: una pérdida de eficacia, calidad de producto y servicio a los clientes.

Este punto nos lleva a otro aspecto importante: la dificultad de alcanzar un posicionamiento estratégico afín con la mega estructura recientemente creada. Es difícil armonizar los rasgos culturales de las organizaciones anteriores y la nueva mega organización es más compleja de operar que las anteriores empresas por separado.

En síntesis, las grandes operaciones son todo un desafío. El anuncio triunfal ante las cámaras de un Mega Deal es apenas el comienzo de la aventura. Lo importante es lo que está por venir. Y esto no puede quedar librado al libre juego de las fuerzas intervinientes. Se requiere entonces de una actitud proactiva y de una capacidad de liderazgo muy fuerte que sepa ver y actuar en una dimensión hasta el momento desconocida. No hay espacio para la improvisación.

Dora Rizzuto, Doctor of Business Administration (DBA), Profesora invitada de Advanced Strategy del Executive MBA en Universidad Torcuato Di Tella

Coste de operatividad de la gestión medioambiental

1. INTRODUCCIÓN. Una vez que la empresa ha tomado su decisión de los objetivos que desea alcanzar en materia de medioambiente suponemos que establecerá un plan y unos programas para llevarlos a cabo con su correspondiente presupuesto.

En esta comunicación pretendemos reflexionar sobre las implicaciones contables que puede tener para una empresa su actuación medioambiental y las que pudiera necesitar implantar si quiere establecer un sistema de información que le permita conocer la materialización y concreción de su plan de actuación medioambiental.

Lo mismo puede aplicarse a las empresas que antes de plantearse objetivos y desarrollar planes de actuación medioambiental quieren conocer su realidad medioambiental en su vertiente monetaria de costes reales incurridos y las posibles implicaciones en la formulación de sus cuentas anuales que tendrán que someter, en su caso, al examen de los auditores externos.

Voy a exponer separadamente en esta comunicación las siguientes partes:

- El balance.

- La cuenta de pérdidas y ganancias.

- El informe de gestión y la Memoria.

- La auditoría externa independiente.

Antes de entrar en el detalle de cada parte, quiero dejar constancia de que estoy refiriéndome a un sistema contable tradicional que todavía no incorpora las posibilidades de una "contabilidad verde" que considere conceptos tales como propiedades de uso común, precio de elementos de uso público, tutela de derechos de consumidores, etc.

Antes de que se desarrollen los mecanismos y los principios que permitan llevar el cambio de filosofía, que el medio ambiente provoca, hasta sus últimas consecuencias, las empresas deberían reconocer los efectos económicos de sus actuaciones medioambientales en tanto en cuanto les supone un coste, inversión, gasto, etc. y les proporcione un beneficio medible.

Este primer paso puede parecer, y lo es, tremendamente limitado y alejado del objetivo final de este nuevo mundo sugerido por la introducción hasta sus últimas consecuencias de las consideraciones medioambientales en la vida de las empresas pero considero de gran importancia empezar por el control de las variables que pueden alimentar sistemas de información básicos para la toma de decisiones y para proceder a informar con elementos medibles que permitan elegir las actuaciones y planes que van conformando la estrategia empresarial en este campo.

El uso de la información obtenida permitirá informar y el análisis y la interpretación de la información proporcionada permitirá tomar decisiones a todos los niveles.

Creo que las empresas pueden contribuir seriamente a despejar tantas dudas como ahora existen sobre el alcance de la necesaria inversión para adaptarse a la normativa medioambiental y el esfuerzo que permita medir la diferencia hasta el logro de los objetivos deseables. Ello se conseguirá cuando se contabilicen y reflejen las realidades y los compromisos incurridos en cada empresa en materia medioambiental. Después de lograr registrar lo que ocurre con esta mentalidad nueva, -estas ganas de saber lo que se hace en la empresa medioambientalmente hablando-, estaremos en posición de emprender aventuras más elevadas que avancen hacia mejores logros sociales en el comportamiento económico actual.

Soy consciente que no estoy introduciendo ningún criterio que permita avanzar en el perfeccionamiento contable que ajuste el balance o el resultado contable de una empresa para reconocer el verdadero coste de la degradación de los recursos naturales que van a repercutir en el beneficio de las generaciones futuras. Esta es una asignatura que tenemos pendientes los contables para reconocer las cargas medioambientales en el periodo en que se producen. Mi aportación es previa y pretende servir de base para identificar contablemente el ámbito medioambiental en una empresa.

Confío en que una contabilidad y un informe empresarial basado en ella, que refleje los costes y las inversiones realizadas en/por el medio ambiente será de gran valor para mostrar mejor la verdadera situación de la empresa a todos los efectos.

Finalmente quiero apuntar el hecho de que no me parece conveniente que se lleven las "cuentas medioambientales" por razón de demostración del beneficio que va a reportar una determinada actuación medioambiental. Creo que la empresa en su conjunto debe ser rentable y ello considerando también las variables medioambientales.

El objetivo es que se incorporen esas variables medioambientales como cualquier otra dentro de la actuación de la empresa al igual que lo hacen las variables fiscales, financieras, de recursos humanos, etc. Toda la actuación íntegra debe ser rentable y el aislar una serie de partidas tiene en estos momentos una intención demostrativa, base de introducción de iniciativas, evidenciadora ante terceros de comportamientos, etc. Creo que en estas circunstancias es conveniente conocer el esfuerzo medioambiental que realizan las empresas y también creo que debe de decidirse el cuánto y el cómo debe explicarse y revelarse al público de ese esfuerzo. También se necesita conocer el comportamiento medioambiental para poder solicitar ayudas de todo tipo y demostrar a competidores y clientes ese comportamiento como base para evitar sanciones, demandas y no ser incomprendidos por nuestra propia clientela.

Por todo ello, soy partidario como solución transitoria que las empresas registren sus operaciones con trascendencia medioambiental identificándolas de tal modo que sea posible obtener un balance de situación de cuentas medioambientales y resultados del ejercicio por razón medioambiental que permita tomar decisiones e informar internamente y al público de la manera más adecuada y que sirvan para que los verificadores externos puedan comprobar que las exigencias de la normativa medioambiental están siendo reflejadas adecuadamente en las cuentas de la empresa.

2. EL BALANCE

Se trata de identificar las operaciones con trascendencia medioambiental que tienen su reflejo en el balance contable de la empresa y mediante una denominación específica o creación de una subcuenta poder señalarlas y presentarlas de forma que los esfuerzos y riesgos medioambientales estén evidenciados cuando se desee conocerlos o actuar sobre ellos.

Repasaremos algunos grupos de cuentas con incidencia medioambiental.

A. Inmovilizado:

i) Inmaterial: Es muy probable que la empresa incurra en investigación y desarrollos de procesos y tecnologías relacionadas con el medioambiente que pueden encajar en los criterios contables tradicionales que permitan su activación. No obstante, la rápida evolución que la tecnología medioambiental está experimentando en muchos campos, hace recomen­dable ser muy prudente a la hora de optar por la capitalización de los mismos.

También ocurre cada vez con más frecuencia que se desarrollan tecnologías de diseño propio para tratar problemas medioambientales que luego pueden venderse, alquilarse o prestarse a terceros por lo que constituirá una posible fuente de ingresos que en ocasiones ha paliado significativamente el costo inicialmente incurrido en actuaciones medioambientales. Hay incluso empresas que han creado departamentos o sociedades filiales que explotan comercialmente desarrollos tecnológi­cos, originalmente elaborados por necesidades internas propias. Cabe también identificar las patentes, licencias, marcas, etc., medioambienta­les que se tengan registradas.

Existen aplicaciones informáticas para el control de la gestión medioam­biental de muy diversas características y cada día el software específico irá en aumento, por lo que es previsible la adquisición por parte de las empresas de estas aplicaciones informáticas que podrán calificar como cuentas medioambientales.

ii) Material: Ya hemos visto en el trabajo anterior de esta misma ponencia cómo existen criterios contables capaces de reflejar la actuación de inversiones medioambientales en activos fijos materiales. En particular hay que registrar la existencia de terrenos y construcciones en los que se conozca su estado de contaminación y a la hora de establecer el balance deberán aplicarse los criterios correspondientes para reconocer las correspondientes provisiones por correcciones valorativas.

Lo mismo debe decirse cuando la ubicación de las instalaciones o terrenos tenga transcendencia por razón de normativa desarrollada que pueda afectarles, tales como: urbanizaciones, recalificaciones, pasos y vías de comunicación de nueva creación o eliminación, etc., todo ello naturalmente por razón de que el criterio que produce esta nueva normativa es consecuencia de una aplicación relacionada con un comportamiento medioambiental que adoptan los entes externos normalmente de carácter público y que se imponen a la empresa.

Las instalaciones técnicas, utillaje y mobiliario pueden necesitar una revisión de su vida útil en función del resultado que eventualmente se obtenga de las auditorías medioambientales que pudieran realizarse y que evidenciarán la necesidad de hacer sustituciones para acomodarse a la normativa medioambiental.

Naturalmente las nuevas adquisiciones e inversiones por razón de medio ambiente deben de identificarse expresamente como cuentas medioam­bientales. En este sentido habrá que considerar también las actuaciones tendentes a la reconversión energética, programas de eficiencia en transporte, distribución, logística, mantenimiento y combustibles. Es probable que se realicen inversiones que permitan efectuar análisis y mediciones (dentro del ámbito del control medioam­biental) con lo que se invertiría también en equipamiento para ello.

También deben contabilizarse las obligaciones relacionadas con los costos de acondicionamiento final de los inmuebles que lo requieran por razón de medio ambiente, tales como minas, canteras, vertederos, etc.

Otras inversiones en las que el medio ambiente tiene particular importan­cia y por ello susceptibles de alteraciones contables son: elementos de transporte, mobiliario, equipo informático, instalaciones de calefacción, aire acondicionado, iluminación, aislamiento y refrigeración. También pueden calificarse como medioambientales las mejoras que por esa razón se hagan en: suelos, acondicionamientos de vertederos, aislamientos de edificios e instalaciones (frío, calor, ruido, electricidad, acumuladores, interruptores, agua, grifos, etc.)

iii) Financiero: Puede resultar útil identificar inversiones financieras que se realicen por razón de la nueva política medioambiental. Naturalmente es factor crítico que el proceso de adquisición de cualquier inversión vaya precedido de una auditoría medioambiental de la empresa adquirida en parte o en todo, ya que ello permitirá, en su caso, ajustar el precio al valor real y evitará sorpresas desagradables al asumir responsabilida­des que puedan ser muy graves. Caso de apreciarse con posterioridad irregularidades en el comportamiento medioambiental de las empresas en las que se ha invertido o prestado, procederá la correspondiente creación de provisiones para ajustar su valoración en el balance.

En las empresas de servicios financieros resulta particularmente crítica la determinación de la cobrabilidad de los préstamos y recuperación de las inversiones que puedan verse afectadas por una conducta medioam­biental no ajustada a la normativa legal vigente. En este sentido el análisis de los riesgos respecto a créditos y garantías debe incluir de forma rutinaria una evaluación del comportamiento medioambiental de la empresa o del bien recibido en garantía. Por ejemplo: terrenos contaminados como garantía de una hipoteca.

B. Activo circulante

i) Existencias: Pueden aparecer nuevas materias primas que sustituyen a las tradicionales por razón de revisión de procesos, selección de materiales menos contaminantes, etc., como hemos visto anteriormente.

Es importante identificar las existencias que puedan quedar obsoletas por razón de los cambios tecnológicos introducidos para acomodarse a la normativa medioambiental. Normalmente un cambio en el proceso tecnológico tendrá un gran impacto sobre el inmovilizado existente pero puede acarrear también que materiales auxiliares, combustibles, materias primas, etc. se queden sin poder ser utilizados desde el momento del cambio y ello deberá reflejarse con el correspondiente ajuste de valor de las existencias a las que afecte.

Las materias primas y los productos en general, caducados, se convierten en residuos para los que habrá que apreciar si encima de no tener valor alguno de realización, no requieren incurrir en gastos para su disposición.

Hay determinadas materias (o por razón de su cantidad en stock) que por la legislación medioambiental deben identificarse, almacenarse y manipularse con determinados procedimientos que habrá que implantar y su costo deberá considerarse.

Un buen sistema de gestión de stock evita artículos con lento movimiento o deteriorados u obsoletos con lo que ello conlleva de entrar en la consideración de residuos cuyo coste de gestión y disposición puede llegar a ser significativo.

Hay que llevar un control contable de las existencias aptas para el reciclado bien en la propia planta, en el proveedor o incluso en el cliente.

Los residuos, rechazos, desechos, restos, y fallos de producción y control etc. cobran una nueva dimensión al considerar no solo el impacto por la pérdida de su costo de producción sino el necesario costo de gestión de los mismos al igual que el coste de gestión de las emisiones atmosféricas o los vertidos al agua. Habrá que imputar estos costes a las operaciones generadoras, líneas de producto y departamentos que los producen.

También es probable que en general se aumente el volumen de los envases retornables y reutilizables, así como el identificar nuevos subproductos y materiales que pueden ser recuperados y que antes no se tenían en cuenta. En el área de envases y embalajes estamos ante profundas modificaciones de las exigencias de los países (por ejemplo Alemania) que habrá que considerar para apreciar elementos inutilizables entre nuestras existencias de esos materiales.

Todas las operaciones que afectan a las partidas de existencias por razón medioambiental pueden ser identificadas como cuentas medioambientales.

La legislación internacional sobre el medio ambiente requiere que los costos de producción incorporen todos los elementos relacionados con la explotación concreta de que se trata para evitar obtener costos anormalmente bajos que incentiven el uso del producto o servicio en perjuicio de criterios medioam­bientales más adecuados. Por ejemplo: dejar de incorporar en el coste por tonelada recibido en el vertedero ciertos costes del mismo (cubrimiento y acondicionamiento final, permisos, revisión y pruebas, etc.) con lo que el vertido es más económico de lo que debería ser y con ello se incentiva su utilización en lugar de fomentar no producir tanto vertido.

ii) Deudores

Normalmente las implicaciones medioambientales más importantes procederán de la posible insolvencia de los deudores producida por efectos de un comportamiento medioambiental incorrecto que les produzca consecuencias negativas tales como: multas, cierres, indemnizaciones, etc.

Como veíamos antes, las entidades crediticias y financieras son las más afectadas pero también aquellas sociedades que en general tengan créditos contra otros cuya supervivencia no esté garantizada por no adaptarse a la normativa medioambiental que les es exigible. Por ejemplo: determinadas filiales involucradas en producciones susceptibles de altos riesgos medioam­bientales por sus productos, procedimientos tecnológicos obsoletos, ubicacio­nes, comportamiento, etc.

En general hay que recordar que no es fácil que la responsabilidad civil por daños medioambientales esté adecuadamente cubierta con pólizas de seguro por lo que cuando esta situación se confirma hay que pensar en que la responsabi­lidad recaerá sobre el patrimonio de la sociedad deudora de la nuestra.

iii) Ingresos a distribuir en varios ejercicios

Considero que dada la abundancia de instrumentos financieros del tipo de subvenciones que existen relacionadas con inversiones medioambientales, resulta del todo recomendable distinguir aquellos obtenidos por esa razón de las que lo sean por otros motivos.

iv) Acreedores

En general deberían reflejarse las contingencias y provisiones por razón de las obligaciones y pasivos existentes por razón de la normativa medioambiental.

Como luego se menciona, existe el riesgo de no reconocer en libros las contingencias derivadas de los riesgos soportados con la actuación de la empresa en relación a sus responsabilidades medioambientales. En este sentido hay que tener en cuenta la aparente dificultad de su determinación pero no por ello se deben dejar de reflejar. También hay que considerar aquí la general­mente inadecuada cobertura mediante seguros de las responsabilidades civiles derivados de daños medioambientales. Este área es la que puede tener mayor importancia en caso de auditoría tanto contable como de "due diligence" porque no se han llegado a reconocer en contabilidad adecuadamente los compromisos, obligaciones y pasivos existentes que puedan originar pérdidas cuya cuantía puedan estimarse razonablemente.

3. LA CUENTA DE PERDIDAS Y GANANCIAS

También aquí se pretende llevar una serie de cuentas de gastos e ingresos calificados como medioambientales para poder conocer la realidad de los costes y beneficios que directa y monetariamente se están produciendo en la empresa por razón de las exigencias medioambientales. Su comparación en el tiempo y la evolución con respecto a determinados parámetros nos dará la base para poder interpretar en el informe medioambiental que se produzca, la evolución y comportamiento de la empresa en el área medioambiental.

Los consumos típicos del agua y energía (de todo tipo) deben calificarse medioam­bientales (por diferencias y evolución pueden interpretarse los diferentes saldos de las cuentas).

Es importante reflejar el consumo de los materiales que se realizan por sustitución de otros menos medioambientales. Con el tiempo, no interesará tanto conocer este dato porque será considerado un elemento normal dentro del comportamiento de la empresa. Por ejemplo: sustituir aislamientos con amianto por otro material equivalente.

Ya hemos dicho que inicialmente y hasta que la cultura de la empresa y de la sociedad hagan innecesario este control, creo que es recomendable llevar estas anotaciones diferenciadas que si proceden de una clara identificación al tiempo de realizarse el diagnóstico medioambiental o auditoría inicial, no deberían suponer un problema especial para el contable.

Todos los consumos de materiales y gastos de mano de obra que se produzcan por actuaciones relacionadas con el comportamiento medioambiental de la empresa deben también estar diferenciados.

A continuación recogeremos algunos grupos significativos de costes medioambienta­les que pueden reflejarse en la contabilidad de modo diferenciado:

- Control de costes de fugas y derrames (material, deterioro de producción, limpieza, residuos generados).

- Costes de mantenimiento (inspección, limpieza, lubricación, comprobación, reemplazo de piezas) de instalaciones medioambientales.

- Coste de gestión de residuos generados, emisión y vertido (producción, transporte, almacenamiento, manipulación).

- Coste de gestión de inversiones relacionadas con el medio ambiente; depurado­ras de agua, sistemas de reciclado, recuperación, ruidos, olores, emisiones, etc.

- Partidas de gastos (no activables) de I+D, propiedad industrial, etc.

- Dotación al fondo de reversión.

La amortización y dotación de provisiones relacionadas con partidas del balance calificadas medioambientales, deberían correspondientemente estar también identificadas por separado en la cuenta de pérdidas y ganancias.

Los elementos de costes varios relacionados con la actuación medioambiental deben identificarse, como tales y a continuación hacemos un breve repaso de partidas y conceptos que encajarían en esta clasificación:

- Cánones, seguros medioambientales, autorizaciones, licencias y permisos, derechos por uso de tecnologías externas, tarifas de vertederos, etc.

- Tributos ecológicos, multas y sanciones administrativas y penales.

- Manipulación de contenedores y envases retornables.

- Almacenamientos especiales.

- Pérdidas de materiales en pruebas por obsoletos.

- Análisis de vida de productos.

- Evaluaciones de impacto ambiental.

- Planes de emergencia.

- Sistemas de información a la dirección para la gestión medioambiental.

- Gasto por embellecimiento medioambiental de la ubicación.

- Publicidad de nuevos ecoproductos.

- Gastos de información y formación medioambiental.

- Gastos de equipamientos menores y elementos consumibles de análisis, laboratorio, etc.

- Gastos de expertos externos para realizar auditorías, evaluaciones y peritacio­nes.

- Análisis y laboratorios externos.

- Coste de creación y mantenimiento de mercados ecológicos.

Los ingresos que deberían reflejarse por separado son los correspondientes a las entradas obtenidas por la venta o alquiler de tecnologías propias relacionadas con el medio ambiente y de servicios prestados con ese motivo a terceros.

También si se ha obtenido subvenciones de explotación por programas que apoyan actuaciones medioambientales y las amortizaciones de las subvenciones de capital correspondientes a los activos capitalizados en relación a este área de actividad.

Los beneficios obtenidos por menor generación de residuos, minimización del desperdicio, reutilización, reciclado, el consumo de otras materias primas, agua y combustibles se analizará al examinar el saldo de la cuenta de gastos correspondiente donde el menor volumen de gastos incurrido determinará el beneficio conseguido teniendo en cuenta los parámetros y factores de conversión que se deberán elaborar al efecto para poder interpretar adecuadamente la evolución de las cuentas de gastos.

También se pueden producir beneficios por obtenerse ecoproductos y mercados nuevos o mejorar los existentes y todo ello como consecuencia de las actuaciones medioambientales efectuadas. Estos beneficios pueden evaluarse extracontablemente, de momento, y reflejarse en el informe medioambiental correspondiente.

4. EL INFORME DE GESTIÓN Y LA MEMORIA

Toda empresa debe de tener un sistema interno de información a la dirección que le permita controlar su gestión medioambiental e interpretar los acontecimientos de modo que sepa emitir una información adecuada al destinatario de la misma. En general la información relacionada con el comportamiento medioambiental en la empresa se produce:

a) A petición de Organismos administrativos (evaluaciones de impacto preceptivas, permisos y autorizaciones, declaraciones anuales de vertidos, comunicaciones a cuencas hidrográficas, etc.)

La característica de estas informaciones suele ser que obtienen una respuesta más bien escasa de parte de la empresa, se producen generalmente en función del cometido vigilante que tiene la autoridad y suelen ser fragmentadas.

b) Información, voluntariamente suministrada a:

- Empleados, accionistas, público en general, proveedores, clientes, etc.

- Publicidad o ecomarketing.

En general esta información suele ser más cualitativa que cuantitativa. Suele ser emitida como búsqueda de comprensión o revelación de acontecimientos efectistas y casi nunca va acompañada de una certificación independiente que avale los asertos emitidos.

c) En las cuentas anuales: cuando en ocasiones se reflejan los pasivos o situaciones que lo ameriten contablemente.

Creo que falta una mención al comportamiento y evolución de la empresa en el Informe de Gestión. Creo que es muy importante para los usuarios de la información publicada conocer el comportamiento medioambien­tal de la empresa y el incluir este tipo de comunicación en el Informe de Gestión revitaliza y justifica perse este documento y ajustado para la mayoría de las empresas un valor superior al actualmente exigido por la legislación mercantil.

Hay que analizar las partidas del balance y de la cuenta de pérdidas y ganancias para que junto con los parámetros y anotaciones extracontables de circunstancias particulares puedan interpretarse los datos y seleccionar aquellos que van a tener una difusión interna y los que se considere adecuados para su emisión al público en general, sometiéndolos incluso al examen de auditores externos indepen­dientes y la inscripción en el Registro Mercantil para uso público.

Considero imprescindible que el Consejo de Administración de la empresa conozca el impacto de los requerimientos de la protección medioambiental en la situación financiera y operacional de la empresa, relacionados con la inversión del capital necesaria, cuenta de resultados y posición competitiva. Además se debe hacer referencia al ejercicio actual y a cualquier impacto esperado en años próximos y tanto referido a la empresa como un todo y a sus segmentos particulares.

Esta información, es incluso necesaria para los accionistas y potenciales inversores externos. La contabilidad debe proporcionar la base de esta información. Si no se registran los hechos de forma adecuada resultará difícil emitir un informe de calidad.

Hay que evaluar cuidadosamente la frontera entre la publicación de información y la confidencialidad exigida para evitar riesgos y daños a la empresa. Sin duda la regulación europea del derecho de acceso a la información en materia de medio ambiente por parte de cualquier interesado acabará imponiendo determinadas exigencias de publicidad y de información a las empresas que voluntariamente no opten por otros medios, tales como los aquí señalados.

Interesa conocer dentro del comportamiento medioambiental de una empresa, al menos, los siguientes aspectos:

- Los elementos medioambientales afectan a la empresa.

- Procedimientos y políticas adoptadas al respecto. Resultados obtenidos.

- Objetivos de emisiones y vertidos que se marca la empresa.

- Resumen de la legislación pertinente y su grado de cumplimiento.

- Pleitos y litigios en curso. Reclamaciones.

- Efectos financiero y operativo de medidas de protección necesarios.

- Análisis de costes medioambientales incluidos en las cuentas por grupos: funcional, operacional, etc.

- Inversiones capitalizadas y amortizaciones.

- Subvenciones y ayudas.

- Definición de lo que es coste y gasto medioambiental en la empresa.

Naturalmente que mucha de esa información puede considerarse de uso restringido, pero indudablemente debe estar disponible internamente para poder tomar decisiones informadas de calidad.

Lo que suele recogerse en las cuentas anuales, memorias, estados financieros, etc. es del siguiente tipo:

- Informe de inversiones realizadas por razón medioambiental.

- Identificar temas específicos de la empresa de carácter medioambiental y su comentario.

- Programas formales medioambientales adoptados y su resultado.

- Información sobre el resultado de auditorías medioambientales.

- Información sobre cumplimiento de la normativa (sobre todo cuando se exceden los mínimos requeridos por la legislación).

- Informe sobre cargos por razón medioambiental en resultados del ejercicio actual.

Considero que debe llegarse a redactar un informe sucinto pero substancioso dentro del Informe de Gestión y demostrar con ello la sensibilidad de la empresa para con el medio ambiente. Hoy por hoy sería una ventaja competitiva.

Otros aspectos que son necesarios conocer para gestionar internamente el comportamiento medioambiental de la empresa serían:

- Valor comercial de los materiales recuperados o economizados.

- Impacto financiero favorable por la posible disminución de costes.

- Niveles de contaminación en general antes y después de la puesta en práctica de las acciones correctivas.

- Tasas y cánones pagados.

- Ayudas financieras recibidas.

- Mejoras en los ingresos imputables al comportamiento medioambiental.

- Evitación de daños o costes futuros.

- Ingresos por venta de servicios o transferencias de tecnologías.

- Premios ganados, estudios realizados remunerados, etc.

- Mejora de la competitividad y facilidades de acceso a mercados europeos.

- Coste de los proyectos de diseño de productos y de planes de marketing ecológico.

El público en general tendrá interés en conocer:

- El grado de contaminación producida por la empresa.

- Los niveles de consumos de energía y agua.

- Planes para remediar daños.

Para poder atender todas estas necesidades creo que hay que utilizar tres herramientas básicas:

- Cuentas identificadas exprofeso.

- Programa informático para el tratamiento de la información.

- Análisis extracontable.

Como la información contable acaba en las cuentas anuales, la memoria y el informe de gestión, vamos a comentar la trascendencia que puede tener el sometimiento de esos documentos a la verificación por los auditores exter­nos.

5. LA AUDITORIA EXTERNA INDEPENDIENTE

A. Los riesgos que las compañías tienen relacionados con su comportamiento medioambiental son:

i) Incumplimientos de la normativa legal vigente que puede dar lugar a sanciones y multas (p. ej.: residuos hasta 200 millones de pesetas).

ii) Riesgos por accidentes no cubiertos por seguros (responsabilidad civil de reparar el daño causado).

iii) Pasivos por litigios y demandas.

iv) Viabilidad de la compañía (going concern) y de productos (obsolescen­cia) y procesos (recorte vida útil activo fijo).

v) Inversiones necesarias para solucionar problemas y subvenciones existentes.

vi) Publicidad negativa.

vii) Responsabilidad de administraciones (como en lo fiscal).

viii) Pérdida sindical y del personal: exigencias laborales y no captación de ejecutivos.

ix) Cobrabilidad de créditos, por menor valor del activo que garantiza la deuda.

x) Valor de las inversiones realizadas en filiales por el componente medioambiental de la filial.

B. Los riesgos anteriores, unos afectan a la preparación de las cuentas anuales sobre las que los auditores emiten su opinión y otros afectan a las ventajas (competitiva y operacionales) de las empresas y otros afectan a la responsabilidad de los administradores. Vamos a centrarnos exclusivamente en las que afectan al proceso de auditoría contable y que se resumen en la necesidad de considerar posibles cualificaciones o resúmenes en la opinión por razón de:

i) Pasivos no reflejados en las cuentas anuales:

- Multas y sanciones.

- Sentencia definitiva no liquidada ni asegurada.

ii) Contingencias por litigios y demandas no resueltas.

iii) Gestión continuada mostrada por:

- Recursos financieros para realizar inversiones obligatorias.

- Cierre de actividades/procesos, por parte de la Administración (falta la licencia de actividades, permisos municipales y oficiales, limitaciones comunitarias al proceso).

- Pérdida de mercado por no poder vender (competencia desleal/pérdida cuota mercado).

- Gastos necesarios para seguir realizando las actividades (canon de vertidos, costo del gestor de residuos y saneamientos, planes de mantenimiento especial para cumplir exigencias del seguro, etc.)

iv) Provisiones de activos no realizadas:

- Existencias que se convierten en obsoletas por requisitos legales, cambios de procesos o falta de demanda (rechazo).

- Activos fijos con vidas útiles diferentes a las previstas por necesidades de sustitución o restricción en los procesos.

- Créditos incobrables por menor valor que la garantía recibida.

- Inversiones financieras inferiores al valor contable por los riesgos generales derivados de las actuaciones medioambientales de las filiales.

C. A la vista de lo anterior es de esperar que las empresas reflejen contablemente las transacciones relacionadas con temas medioambientales de forma separada que les permita y facilite adoptar decisiones y evaluar la situación en que se encuentran.

Es normal pensar que los auditores internos, allí donde existan, ejerzan una auditoría medioambiental preventiva que permita alertar de necesidades urgentes o de profundizar con la ayuda de especialistas externos.

En cualquier caso también hay que esperar que en el corto plazo sean los propios auditores externos de cuentas quienes analicen detenidamente este área dada la gran trascendencia de los temas que hemos comentado y que afectan a la imagen fiel de la empresa sobre la que dan su opinión profesional.

Además del informe de gestión y tal vez de las cuentas anuales, vemos como también el informe de los auditores puede mencionar temas relacionados con el comportamiento medioambiental de la empresa.

Indudablemente todo el trabajo de "due diligence" o evaluación para la compra/venta de una empresa tiene en cuenta los impactos ambientales de la empresa objeto y está siendo habitual el proceder a un examen detallado de la situación ambiental antes de continuar con el resto de las investigaciones habituadas tradicionales. El resultado del diagnóstico medioambiental tendrá diferente efecto según la sensibilidad del comprador pero se han dado ocasiones en que se ha producido ajustes al precio de la transacción muy significativas y en ocasiones se han retirado las ofertas ante la importancia de los problemas descubiertos.

La empresa debe facilitar al auditor o evaluador externo los datos necesarios para que este pueda ejercer su juicio y emitir su opinión. Para ello parece adecuado el efectuar la anotación distinguida de cuentas medioambientales y el registro y comunicación de hechos trascendentes en los informes que emita la empresa.

José Francisco Elorriagan Ancín, Socio del Departamento Consultoría de Gestión Medioambiental de Coopers & Lybrand

Aristóteles: Sobre las Clases Sociales

I. En todas las artes y ciencias que no versan sobre una parte, sino que son completas en relación con un género, pertenece a una sola considerar lo que corresponde a cada género. La gimnasia, por ejemplo, ha de considerar qué ejercicio conviene a qué cuerpo y cual es el mejor, así como qué ejercicio en general es mejor para la mayoría (pues esto es también del resorte de la gimnástica); y a más de esto, si alguno deseare adquirir hábitos físicos y cierto saber inferior al que se requiere para los ejercicios atléticos, estará aún en la competencia del maestro de gimnasia y del entrenador proporcionarle esta capacidad por lo menos. Y lo mismo vemos que acontece en lo relativo a la medicina, a la construcción de navíos, a la confección de vestidos y en todas las demás artes. Es evidente, por tanto, que a la misma ciencia corresponde considerar cuál es la mejor constitución política y qué carácter debe tener de acuerdo con nuestro ideal si ningún factor externo lo impide, como también cuál es la que puede adaptarse a tal pueblo. (Para muchos, en efecto, será quizás imposible alcanzar la mejor constitución, de suerte que el legislador y el verdadero político no debe ignorar ni cuál es la mejor en absoluto, ni la mejor dentro de las circunstancias) Y en tercer lugar, deberá considerar el régimen que deriva de un supuesto dado (esto es, ser capaz de examinar, en una constitución dada, cómo pudo surgir desde el principio, y una vez que existe así, de qué modo podría asegurarse su existencia el mayor tiempo posible. Me refiero, por ejemplo al caso en que una ciudad no esté regida por la constitución mejor, y que aun esté desprovista de las condiciones elementales para ello, ni siquiera por la que es practicable dentro de las circunstancias, sino por una francamente inferior). Además de todo esto, aún debe conocer la constitución que mejor se ajusta a todas las ciudades, ya que la mayoría de los publicistas en materia constitucional, por más que acierten en los demás puntos, yerran en estos otros de utilidad práctica. No se ha de considerar, en efecto, sólo la constitución mejor, sino también la que es posible, la que más fácil y más comúnmente puede implantarse en todas las ciudades. Ahora, en cambio, unos no investigan sino la constitución de extremada perfección y que requiere un conjunto de condiciones complementarias, en tanto que otros proponen alguna forma común, haciendo a un lado las constituciones existentes y limitándose a alabar la espartana o alguna otra. Mas lo que sería menester es introducir un orden político tal que los ciudadanos pudieran fácilmente acatar y compartir dentro de las circunstancias, porque no es menor hazaña enderezar una constitución que construirla desde el principio, así como no lo es menos reaprender una ciencia que aprenderla desde el principio. Por lo cual, y además de los conocimientos ya expresados, el político debe ser capaz de subvenir a las constituciones ya existentes, según se dijo también antes. Ahora bien, esto será imposible si ignora cuántas formas constitucionales hay, pues actualmente hay quienes piensan que existe sólo una especie de democracia y una especie de oligarquía, lo que no es verdad. De aquí que no deban ocultársele las variedades entre las constituciones, cuántas son y de cuántos modos pueden combinarse. A más de esto, debe discernir con la misma prudencia las leyes mejores de las que pueden adaptarse a cada sistema constitucional, ya que las leyes deben establecerse en vista de las constituciones -y es así como las establecen todos- y no las constituciones en vista de las leyes. La constitución, en efecto, es la organización de los poderes en las ciudades, de qué manera se distribuyen, y cuál debe ser en la ciudad el poder soberano, así como el fin de cada comunidad, mientras que las leyes, con independencia de los principios característicos de la constitución, regulan el modo como los gobernantes deben gobernar y guardar el orden legal contra los transgresores. Es pues, manifiesto que aun para el solo propósito de legislar, el político ha de conocer necesariamente las variedades de cada constitución y su número, porque es imposible que las mismas leyes sean convenientes a todas las oligarquías o democracias, si realmente hay varias y no una sola democracia u oligarquía.

II. En nuestra primera investigación sobre las formas de gobierno hemos distinguido tres constituciones rectas, a saber, monarquía, aristocracia y república, así como tres desviaciones de ellas, y que son respectivamente: de la monarquía, la tiranía; de la aristocracia, la oligarquía, y de la república, la democracia. De la aristocracia y de la monarquía hemos hablado ya (puesto que estudiar lo relativo a la mejor constitución es tanto como hablar de las formas designadas con aquellos nombres, ya que cada una de ellas apunta a un sistema constituido de acuerdo con la virtud provista de recursos). Asimismo hemos distinguido antes en qué difieren entre sí la aristocracia de la monarquía, y cuando debe asumirse la monarquía. No queda, por tanto, sino discutir la forma constitucional que ha recibido el nombre, común a todas, de república, y después las otras formas: oligarquía, democracia y tiranía. De estas desviaciones, pues es manifiesto cuál es la peor y cuál es la segunda inmediata a la peor. En efecto, la desviación de la forma primera y más divina ha de ser necesariamente la peor. Ahora bien, la monarquía o lo será sólo de nombre y no en realidad, o por necesidad ha de fundarse en la gran superioridad del que reina; y en consecuencia, la tiranía, siendo la peor de las desviaciones, será la que más se aleje del gobierno constitucional. En segundo lugar viene la oligarquía (régimen del cual se aparta mucho la aristocracia), y como la más moderna, la democracia. Uno de nuestros predecesores ha mostrado ya lo mismo, aunque sin atender al mismo principio que nosotros, pues juzgaba que de todos las constituciones puede haber desviaciones buenas, como una buena oligarquía, y así de las demás, y que en este caso la democracia es la peor, pero la mejor, en cambio, cuando las desviaciones son malas. Nosotros, en cambio, sostenemos ser todas ellas por completo erradas, y que no es correcto decir que hay una forma de oligarquía mejor que otra, sino menos mala. Más dejemos por ahora esta discusión, y distingamos cuántas variedades hay de cada constitución, sobre la base de que hay varias formas tanto de democracia como de oligarquía. En segundo lugar, cuál es la forma más común y cuál la más deseable de la mejor constitución; y también, si existe alguna otra aristocracia bien constituida; pero no adaptable a la mayoría de las ciudades, cuál pueda ser. En seguida, cuál de las otras formas es deseable para tal o cual pueblo (pues podría ser que para algunos fuese la democracia más necesaria que la oligarquía, y para otros ésta más bien que aquélla). Después, de qué manera ha de proceder quien desee establecer estas formas de gobierno, digo cada una de las formas así de democracia como de oligarquía. Finalmente, y una vez que hayamos dado concisa cuenta de todo esto en la medida de lo posible, intentaremos descubrir los factores que corrompen o preservan las constituciones, así en común como para cada una en particular, y por qué causas sobre todo se produce todo ello naturalmente.

III. La causa de que haya varias formas de gobierno es que en toda ciudad hay cierto número de partes. En primer lugar vemos que toda ciudad está compuesta de familias; y después, que de este conglomerado unos son necesariamente ricos, otros pobres y otros clase media, y que los ricos están armados y los pobres sin armas. Y también vemos que de la gente del pueblo unos son campesinos, otros comerciantes y otros obreros. Y en la clase superior hay también diferencias tanto por la riqueza como por la magnitud de la propiedad (como por ejemplo en la cría de caballos, que no es fácil que la tengan sino los ricos. De aquí que en los tiempos antiguos haya habido oligarquías en todas las ciudades cuya fuerza estaba en la caballería, de la cual se servían en las guerras contra sus vecinos, como lo hicieron los eritreos, los calcidios y los magnesios de las orillas del Meandro, y otros muchos pueblos de Asia). Pero además de las diferencias por la riqueza, están las que se fundan en el nacimiento o en la virtud, y cualquier otra distinción similar, si la hubiere, y que constituye un elemento de la ciudad, como hemos dicho al hablar de la aristocracia (donde distinguimos los elementos necesarios de que consta cada ciudad). Como quiera, pues, que de estos elementos toman parte unas veces todos ellos en el gobierno de la ciudad, y otras menos o más, es manifiesto que necesariamente habrá una pluralidad de formas de gobierno diferentes específicamente entre sí, toda vez que las partes mismas difieren entre sí específicamente. La constitución, en efecto, es la organización de los poderes, y éstos se distribuyen por lo general en proporción a la influencia de los que participan en el poder o por alguna igualdad que les sea común, con lo que me refiero, por ejemplo, a la que hay entre los pobres o entre los ricos, o a alguna que sea común a ambas clases. En consecuencia, debe haber tantas formas de gobierno cuantas sean los ordenamientos que se hagan con arreglo a las superioridades y a las diferencias entre las partes. Según la opinión común, habría sólo dos formas constitucionales, así como de los vientos llamamos a unos vientos del norte y a otros vientos del sur, y los demás no son sino modificaciones de éstos. Pues así también no habría sino dos constituciones: democracia y oligarquía, ya que la aristocracia se considera como cierta oligarquía, y por tanto se clasifica como una forma de oligarquía, y en cuanto a la llamada república la tienen por una democracia... Esta es, pues, la opinión habitual y prevalente en los que atañe a las constituciones; pero es más verdadera y mejor la clasificación que nosotros hacemos bien constituidas, y las demás desviaciones, lo serán éstas o de la forma bien combinada o de la mejor constitución, siendo oligárquicas las más tensas y despóticas, y democráticas las más relajadas y suaves.

No debe suponerse...que la democracia es simplemente el régimen en que el pueblo es soberano (pues también en las oligarquías y donde quiera es soberana la mayoría); ni que la oligarquía a su vez sea el régimen en que la soberanía esté en el menor número. Porque si el número total de ciudadanos fuese de mil trescientos, y de éstos mil fuesen ricos y no dieran participación en el poder a los trescientos pobres, por más que éstos fuesen libres y semejantes en lo demás a aquellos, nadie diría que estuviese este pueblo gobernado democráticamente. Y de manera análoga, si los pobres fuesen pocos, pero más poderosos que los ricos más numerosos, nadie tampoco llamaría a este régimen una oligarquía si los demás ciudadanos, no obstante ser ricos, no participasen de los honores. Más bien, por tanto, debe decirse que la democracia existe cuando son los libres los que detentan la soberanía, y la oligarquía a su vez cuando la tienen los ricos; pero por mera coincidencia los primeros son muchos y los segundos pocos, porque los libres son muchos y los ricos pocos. De otro modo, en efecto, si las magistraturas se distribuyen en atención a la estatura, como dicen algunos que se hace en Etiopía, o en proporción a la belleza, habría una oligarquía, dado que es pequeño el número de hombres bellos y de gran estatura. pero estas formas de gobierno no se definen suficientemente por la sola riqueza o la libertad, porque como quiera que hay otros elementos así en la democracia como en la oligarquía, debemos aun hacer la precisión ulterior de que no habrá democracia donde los libres, siendo pocos en número, gobiernen sobre una mayoría de hombres no libres, como en Apolonia del mar Jónico y en Tera (pues en cada una de estas ciudades estaban en los puestos de honor las familias más distinguidas por su nobleza y que primeramente habían poblado estas colonias, y estas eran pocas entre la multitud), ni tampoco, a su vez, habría una democracia si dominaran los ricos sólo por su número, como fue antiguamente en Colofón (donde la mayoría tenía grandes propiedades antes de que viniera la guerra contra los lidios), sino que la democracia existe cuando una mayoría de ciudadanos libres y pobres ejercen la soberanía, y la oligarquía, a su vez, cuando la ejerce una minoría de ricos y nobles.

Hemos dicho antes que hay varias formas de gobierno, y por qué causa. Mas ahora, y partiendo del principio que previamente establecimos, digamos por qué hay más de las mencionadas, y por qué razón. Hemos dado por sentado que toda ciudad tiene no una, sino varias partes. Si nos propusiéramos hacer una clasificación de las especies animales, empezaríamos por definir las propiedades que necesariamente tiene todo animal (como, por ejemplo, ciertos órganos sensoriales, así como un aparato para recibir y digerir el alimento, como la boca y el estómago y órganos locomotrices que cada animal posee).Si no hubiese otras partes necesarias fuera de éstas, pero entre ellas hubiera diferencias (como si, por ejemplo, hubiera varias clases de boca, estómago y órganos sensoriales, así como de partes locomotrices) el número de combinaciones de estas variedades constituiría necesariamente una variedad de especies animales (ya que no es posible para el mismo animal tener varias especies de boca, como tampoco de vidas). De este modo, pues, y así que hubiéramos clasificado todas las combinaciones posibles, éstas arrojarán como resultados las respectivas especies animales, que serán tantas en número cuantas son las combinaciones de las partes necesarias. Pues de la misma manera clasificaremos las variedades de las formas de gobierno que hemos mencionado, porque las ciudades también están compuestas no de una, sino de muchas partes, como hemos dicho repetidamente. (Una es la masa del pueblo que se ocupa de la alimentación, y que son llamados labradores. La segunda es la de los llamados obreros , y éste es el grupo dedicado a las artes y oficios sin los cuales es inhabitable la ciudad, siendo unas de estas artes de todo punto necesarias, en tanto que otras contribuyen al lujo o al bienestar.) La tercera es la de los comerciantes (por cuyo término entiendo la clase que se ocupa de comprar y vender, bien sea al por mayor o al menudeo). La cuarta es la de los jornaleros, y la quinta es la clase militar, cuya existencia es no menos indispensable que las anteriores si la ciudad no ha de llegar a ser esclava de los invasores; porque seguramente es cosa imposible que pretenda llamarse ciudad a una comunidad esclava por naturaleza, ya que la ciudad es autosuficiente, mientras que no lo es la que ostenta la condición servil. Por esto es ingenioso, pero no suficiente, el tratamiento que de esta cuestión se hace en la República. Dice Sócrates, en efecto, que son cuatro los elementos absolutamente indispensable de que consta la ciudad, y los especifica como tejedor, labrador, zapatero y albañil; y luego añade, dado que éstos no se bastan así mismos, el herrero y los que cuidan del ganado necesario, y además el comerciante al por mayor y al menudeo. Todos estos elementos constituyen la plenitud de la primera ciudad por él proyectada, como si toda ciudad se constituyera en vista de las necesidades de la vida, y no por causa del bien, y como si necesitara tanto de zapateros como de labradores. En cuanto a la clase militar, no la introduje sino hasta que ha crecido el país y hasta que, al entrar en contacto con el de los vecinos, se ve arrastrada la ciudad a la guerra. Pero aun entre las cuatro clases, o sea cual fuere su número, que integren la comunidad, necesariamente ha de haber alguien que atribuya y determine el derecho; y si postulamos que el alma es parte del viviente más principal que el cuerpo, también habrá que postular que estas clases como la militar, la que desempeña la justicia judicial, y además la clase deliberativa (función que corresponde a la prudencia política) son más partes de la ciudad que aquellas otras que sirven a las necesidades corporales. Y no hace el caso, para la fuerza del argumento, que estas funciones estén en clases separadas o en las mismas personas, pues a menudo ocurre que los mismos hombres llevan las armas y cultivan la tierra. En conclusión, pues, y toda vez que tanto éstos como aquéllos han de tenerse como partes de la ciudad, es evidente que la clase militar por lo menos es parte de la ciudad. La séptima clase, que llamamos de los ricos, es la que con su fortuna sirve a la comunidad. La octava es la de los funcionarios públicos que sirven en las magistraturas, toda vez que sin magistrados es imposible que exista la ciudad. Es menester, por tanto, que haya quienes sean capaces de gobernar y prestar estos servicios públicos a la ciudad, bien sea de manera continua o por turno. Quedan sólo las clases que hemos definido ocasionalmente poco antes a saber la deliberativa y la que juzga sobre los derechos de los litigantes. Y si estas funciones han de existir en las ciudades, y existir con eficiencia y justicia, menester será que quienes las desempeñen sean hombres dotados de virtud en materia política. En cuanto a las demás capacidades, en opinión de muchos pueden concurrir en las mismas personas, o sea que los mismos pueden ser guerreros, labradores y artesanos, y también miembros de los cuerpos deliberativo y judicial; y en verdad que todos los hombres pretenden tener virtud y creen ser capaces de desempeñar la mayoría de las magistraturas. Pero lo que es imposible es que los mismos sean a la vez pobres y ricos, y por esto parecen ser éstos por excelencia las partes de la ciudad, es decir los ricos y los pobres. Y por el hecho, además, de ser ordinario los primeros pocos y lo segundos muchos, se presentan estas partes como clases antagónicas dentro de la ciudad, de suerte que una y otra establecen los regímenes políticos con vistas a su respectiva supremacía, y por esto, en fin, se cree que no hay sino dos formas de gobierno, que son democracia y oligarquía.

IV. Hemos dicho con antelación que hay muchas formas de gobierno, y por qué causa; y ahora podemos decir que hay varias formas de democracia y de oligarquía, lo cual es asimismo manifiesto por lo que hemos dicho. Hay, en efecto, varias clases así del pueblo como de los llamados notables. De las clases populares una es la de los campesinos, otra de los obreros y artesanos, otra de los comerciantes dedicados a operaciones de compraventa, y otra la de la gente de mar, y de ésta a su vez los que hacen la guerra marítima, los dedicados al tráfico de mercancías o pasajeros, y los pescadores...Pues además de estas clases, estaría aún la de los jornaleros y la de los que, por su escasez de recursos, no pueden disfrutar ningún ocio, así como la de los que no son libres por parte de padre o madre, y aún podría haber otra clases semejante entre el pueblo. Entre los notables, a su vez, las diferencias se constituyen por la riqueza, el nacimiento, la virtud, la educación y otras cualidades del mismo orden.

La primera forma de democracia es la que recibe este nombre en atención sobre al principio igualitario. La legislación de esta democracia, en efecto, hace consistir la igualdad en que los pobres no tengan preeminencia sobre los ricos, ni una u otra clase tenga la soberanía, sino que ambas estén en el mismo nivel. Si, como algunos opinan, la libertad, se encuentra principalmente en la democracia, y también la igualdad, esto se realizará más cumplidamente cuando todos participen plenamente del gobierno por igual. Y como el pueblo está en mayoría, y la decisión de la mayoría es soberana, necesariamente será este régimen una democracia. Otra forma de democracia es aquella en que las magistraturas se distribuyen de acuerdo con los censos tributarios, pero éstos son reducidos, por más que sólo quien posee la necesaria propiedad puede participar en el gobierno, y no participa quien la ha perdido. Otra forma de democracia es aquella en que pueden participar del gobierno todos los ciudadanos cuya ascendencia sea inobjetable, pero, en última instancia, gobierna la ley. Otra forma de democracia consiste en que todos pueden participar de las magistraturas con sólo que sean ciudadanos, pero también gobierna la ley. Otra forma de democracia es en todo como la anterior, excepto que es el pueblo y no la ley el soberano; y esto ocurre cuando los decretos de la asamblea tienen supremacía sobre la ley. Esta situación se produce por obra de demagogos. El demagogo no surge en las democracias regidas por la ley, sino que los mejores de entre los ciudadanos están en el poder; pero los demagogos nacen allí donde las leyes no son soberanas y el pueblo se convierte en un monarca compuesto de muchos miembros, porque los más son soberanos no individualmente, sino en conjunto. Lo que está claro es qué especie de democracia quiere significar Homero al decir que no es bueno el gobierno de muchos, se ésta o aquella en que son muchos los que gobiernan a título singular. Como quiera que sea, un pueblo de esta especie, como si fuese un monarca, trata de gobernar monárquicamente al no sujetarse a la ley y se convierte en un déspota siendo la consecuencia que los aduladores alcancen posiciones honrosas. Un régimen de esta naturaleza es a la democracia lo que la tiranía es a los regímenes monárquicos. Su espíritu es el mismo, y uno y otro régimen oprimen despóticamente a los mejores ciudadanos, los decretos del pueblo son como los mandatos del tirano; el demagogo en una parte es como el adulador en la otra, y unos y otros tienen la mayor influencia respectivamente: los aduladores con los tiranos, y los demagogos con pueblos de esta especie. Al referir todos los asuntos al pueblo, son ellos la causa de que los decretos prevalezcan sobre las leyes. Su posición eminente la deben a que si el pueblo es soberano en todo los asuntos, ellos lo son a su vez de la opinión popular porque la multitud les obedece. Y por encima de esto, los que tienen alguna queja contra los magistrados alegan que quien debe juzgar es el pueblo, y éste acepta de buen grado al convite, con lo cual se disuelven todas las magistraturas. Y aun pudiera razonablemente censurarse esta democracia si se dijese que no es verdaderamente una república o gobierno constitucional, porque donde las leyes no gobiernan, no hay república. La ley debe ser en todo suprema, y los magistrados deben únicamente decidir los casos particulares, y esto es lo que debemos tener por república. Así pues, si la democracia es una forma de gobierno constitucional, es manifiesto que una organización de esta especie, en que todo se administra por decretos, no es tampoco una democracia en sentido propio, pues no pueden los decretos ser normas generales...

VI. Queda por hablar de la república o gobierno constitucional y de la tiranía. Por más que la primera no sea una desviación, como tampoco la aristocracia de que acabamos de hablar, las colocamos sin embargo entre las desviaciones, porque en rigor de verdad son deficientes con respecto a la constitución más recta, y en consecuencia se enumeran con las desviaciones a que ellas mismas dan lugar, según dijimos al principio. En cuanto a la tiranía, es lógico mencionarla en último lugar, porque es el menos constitucional de todos los gobiernos, y nuestra investigación es acerca del gobierno constitucional.

Dada, pues, razón del orden que nos proponemos seguir, nos corresponde ahora mostrar lo que sea la república, cuya significación resultará más claras una vez que se han definido las características de la oligarquía y de la democracia. La república, en efecto, es, en termino generales, una mezcla de oligarquía y democracia; pero la gente acostumbra llamar repúblicas a las que se inclinan a la democracia, y aristocracias, en cambio, a las que propenden a la oligarquía, en razón de que la cultura y la nobleza se encuentran de preferencia en las clases pudientes, y además porque los ricos parecen tener ya aquellos por cuya posesión los delincuentes incurren en falta. De aquí que los ricos se les llaman nobles y buenos y distinguidos; y así como la aristocracia tiende de suyo a conferir la preeminencia a los mejores de entre los ciudadanos, así también se extiende el término a las oligarquías, como si se integrasen principalmente de hombres nobles y buenos. Por otra parte, parece imposible que reciba un buen orden legal una ciudad no gobernada por los mejores, sino por los malos, como asimismo que gobiernen los mejores si no hay un buen orden legal. Ahora bien, éste no consiste en tener buenas leyes, sino en obedecerlas; y de aquí que la buena legislación haya de entenderse primero como la obediencia a las leyes establecidas, y segundo como la promulgación de leyes buenas que sean acatadas (pues también es posible obedecer a leyes que sean malas) Y el que las leyes sean buenas, puede ser a su vez de dos maneras: o como las mejores entre las posibles para este pueblo, o como las mejores en absoluto. La aristocracia, con todo, parece consistir esencialmente en la distribución de los honores de acuerdo con la virtud, pues la virtud es el término definitorio de la aristocracia, como la riqueza lo es de la oligarquía y la libertad de la democracia. (El otro principio, en cambio, de estar a la opinión de la mayoría, se encuentra en todas las constituciones, ya que tanto en la oligarquía como en la aristocracia y en la democracia es suprema la decisión de la mayoría de aquellos que participan en el gobierno) Y si la mayoría de las ciudades reclaman la forma de república, es en razón de que su único fin es la mezcla de ricos y de pobres, de riqueza y libertad (y en casi todas los ricos parecen ocupar el lugar que debía destinar a los de condición noble y virtuosa). En realidad, sin embargo, hay tres cosas que pueden reclamar la igualdad en la ciudad, a saber la libertad, la riqueza y la virtud (pues la cuarta, la nobleza, acompaña a las dos últimas, como quiera que la nobleza es riqueza y virtud hereditarias). Es claro, por tanto, que a la mezcla de estos dos elementos: ricos y pobres, habrá que llamarla república o gobierno constitucional, y a la de los tres, aristocracia en grado eminente, pero fuera de la que es verdadera y primera.

Queda así, pues, explicado que hay otras formas de gobierno aparte de la monarquía, la democracia y la oligarquía, y cuáles son, y en qué difieren entre sí las aristocracias, y las repúblicas de la aristocracia, siendo además conveniente a las ciudades, y qué persona, y de qué origen, debe establecerse como rey. En esos libros, además, donde tratamos de la monarquía, distinguimos dos formas de tiranía, a causa de que su naturaleza coincide en cierto modo con la de la monarquía, por ser de acuerdo con la ley ambos gobiernos (a saber los monarcas absolutos que eligen algunos bárbaros y algunos monarcas de esta especie que existieron entre los antiguos griegos, y a quienes llamaban dictadores). Y aunque había algunas diferencias entre uno y otro régimen, ambos eran por una parte monárquicos en cuanto que el poder singular se ejercía sobre una base legal y con el consentimiento de los súbditos, y tiránicos a causa de que el gobierno era despótico y al arbitrio de quienes lo detentaban. Pero la tercera forma de tiranía, y que es la que sobre todo se entiende por dicho término, es la que corresponde a la monarquía absoluta. Esta tiranía, pues, se da necesariamente cuando hay un poder singular que gobiernan irresponsablemente a sus iguales o superiores, en vista de sus propio interés y no del de los gobernados. Es, por tanto, un gobierno de fuerza porque ningún hombre libre tolera voluntariamente un poder de esta naturaleza.

IX. Veamos ahora cuál es la mejor constitución y la vida mejor para la mayoría de las ciudades y el común de los hombres, no juzgando de acuerdo con un patrón de virtud que esté por encima del hombre medio, o por una educación que requiere dotes naturales y recursos de fortuna, ni con vistas a una constitución a la medida de nuestro deseo, sino con arreglo a un estilo de vida que pueda compartir la mayoría de los hombres, y a una constitución de que pueda participar la mayoría de las ciudades. Porque de las llamadas aristocracias, de que acabamos de hablar, unas caen fuera de las posibilidades de la mayoría de las ciudades, y otras se aproximan a la llamada república, por lo cual debe hablarse de ambas formas como de una sola. Y en verdad que el juicio en todas estas materias proviene de los mismos principios elementales. Porque si en la Ética nos hemos expresado bien al decir que la vida feliz es la que se vive sin impedimento de acuerdo con la verdad, y que la virtud consiste en el término medio, síguese necesariamente que la vida media será la mejor, esto es, de acuerdo con el término medio al alcance de cada individuo. Y estos mismos conceptos se aplican necesariamente a la virtud o vicio de la ciudad y de su constitución, porque la constitución es como la vida de la ciudad. En todas las ciudades, pues, hay tres partes o clases de la ciudad; los muy ricos, los muy pobres, y en tercer lugar los intermedios entre unos y otros. Ahora bien, y toda vez que, según se reconoce, lo moderado y lo que está en el medio es lo mejor, es claro que una moderada posesión de bienes de fortuna es la mejor de todas. Obedecer a la razón es lo más fácil en estas condiciones, mientras que los que son en exceso bellos, fuertes, nobles o ricos, o al contrario de éstos, en exceso pobres o débiles, o grandemente despreciados, difícilmente se dejan guiar por la razón, pues los primeros tórnanse de ordinario insolentes y grandes malvados, y los segundos malhechores y criminales de menor cuantía, y de los delitos uno se cometen por insolencia y otros por maldad Y los de la clase media además son los menos inclinados o a rehusar los cargos públicos o a procurarlos con empeño, y una y otra cosa son nocivas a las ciudades. Y a más de esto, aquellos que son muy superiores en bienes de fortuna, fuerza, riqueza, amigos y otros bienes de este género, ni quieren obedecer ni saben cómo (y esta condición la adquieren desde niños y en su hogar, pues, por la molicie en que vivieron, no contrajeron siquiera hábitos de obediencia en la escuela); y aquellos otros, por su parte, que están en extrema necesidad de los bienes dichos, son demasiado sumisos y apocados. De aquí, en consecuencia, que estos últimos no sepan mandar, sino ser mandados con mando servil, y que los primeros, a su vez, no sepan obedecer a ninguna autoridad, sino sólo mandar con mando despótico. De esta suerte constitúyese una ciudad de esclavos y señores, pero no de hombres libres, sino de una clase de envidiosos y otra de despreciadores, lo cual es lo más distante de la amistad y de la comunidad política. La comunidad se funda en la amistad, pues entre enemigos no se quieren ni siquiera ir juntos por el mismo camino. Ciertamente la ciudad aspira a componerse de elementos iguales y semejantes tanto como sea posible. Ahora bien, la clase media, más que otra alguna tiene esta composición. por lo cual la ciudad fundada en dicha clase será la mejor organizada en lo que respecta a los elementos naturales que en nuestro concepto constituyen la ciudad. Y esta clase de ciudadanos es también la que tiene mayor estabilidad en las ciudades, pues ni codician como los pobres los bienes ajenos, ni lo suyo es codiciado por otros como los pobres codician lo de los ricos; y así, por no asechar a otros ni ser a su vez objeto de asechanzas, viven una vida exenta de peligros. Y por esto deseaba con razón Focílides:

En muchas cosas los de en medio tienen lo mejor; sea la mía una posición media en la ciudad.

Es manifiesto, por tanto, que la comunidad política administrada por la clase media es la mejor, y que pueden gobernarse bien las ciudades en las cuales la clase media es numerosa y más fuerte, si es posible, que las otras dos clases juntas, o por lo menos que cada una de ellas. pues así, sumándose a cualquiera de ellas, inclina la balanza e impide los excesos de los partidos contrarios. De aquí que la mayor fortuna para una ciudad consiste en que sus miembros tengan un patrimonio moderado, y suficiente, ya que donde nos poseen en demasía y otros nada, vendrá o la democracia extrema o la oligarquía pura, o bien aún, como reacción contra ambos excesos, la tiranía. De la democracia más violenta, en efecto, así como de la oligarquía, nace la tiranía, pero con mucha menos frecuencia de las formas de gobierno intermedias y de sus afines. La causa la diremos más tarde al tratar de las revoluciones políticas. que el régimen intermedio es el mejor, es así evidente. Es el único, en efecto, libre de facciones, ya que donde la clase media es numerosa, es ínfima la probabilidad de que se produzcan facciones y disensiones entre los ciudadano. Y por la misma razón las grandes ciudades son las menos expuestas a sediciones, pues en ellas es numerosa la clase media, mientras que en las pequeñas es fácil la división de todos en sólo dos partidos sin dejar nada en medio, y casi todos son o pobres o ricos. Y las democracias son más seguras y de más larga duración que las oligarquías a causa de la clase media (cuyos miembros son más numerosos y participan más de los honores políticos en las democracias que en las oligarquías). Mas cuando falta la clase media y los pobres alcanzan un número extremado sobreviene la adversidad y pronto se arruinan. Como hecho significativo debe tenerse el que los mejores legisladores hayan sido ciudadanos de clase media...

De lo anterior resulta manifiesto por qué la mayor parte de las constituciones son unas democráticas y otras oligárquicas; lo que se debe al hecho de que en ellas es a menudo exigua la clase media, y cualquiera de las otras dos que predomine -sean los que tiene la propiedad, sea el pueblo-, desplaza a la clase media y gobierna para sí la república, y así nace la democracia o la oligarquía. A más de esto, y como se producen disensiones y luchas entre el pueblo y los ricos, si cualquiera de estas facciones llega a dominar a su contraria, no establecerá un gobierno para todos, ni igual, sino que asumirá la dominación política como premio de su victoria, y constituirán unos la democracia y otros la oligarquía...

En conclusión, y debido a estas causas, la forma constitucional intermedia no llega a existir jamás, o raramente en pocos lugares; porque apenas un hombre entre los que antiguamente tuvieron la dirección política pudo ser inducido a otorgar este ordenamiento. Ahora, en cambio, se ha arraigado entre los ciudadanos el hábito de ni siquiera desear la igualdad, sino que o bien procuran dominar o, si son vencidos, soportan el mando.

Por lo anterior, se ha puesto de manifiesto cuál es la mejor constitución y por qué causa. Y una vez definida esta forma mejor, no será difícil ver, entre las demás constituciones (puesto que afirmamos haber varias democracias y varias oligarquías) cuál hay que poner en primer lugar, cuál en segundo, y cuál vendría luego por este orden, en razón de ser una mejor y otra peor. La que esté más cerca de la mejor constitución, será siempre y necesariamente superior, e inferior a su vez la que más se aleje del término medio, a no ser que hayamos de juzgar con relación a ciertas circunstancias dadas; y hablo de circunstancias porque a menudo aun siendo otra constitución de suyo preferible, nada impide que a ciertos pueblos les convenga más otra constitución. Eumed.net

Mónaco, en eterno estado de gala

Es uno de los países más pequeños del mundo y escenario de una vida marcada por la fastuosidad, el juego y el glamour. Los amantes del juego pueden apostar a una fija en Mónaco: es el segundo país más pequeño del mundo, tiene sólo dos kilómetros, está constituido por dos relieves —el Mar Mediterráneo y los Alpes—, en él viven dos princesas y lo gobierna un príncipe llamado Alberto II.

Los jugadores tienen también un lugar donde probar esta teoría: el Gran Casino de Montecarlo, diseñado en 1863 por el arquitecto Charles Garnier, creador también de la Opera de París. Entre salas fastuosas y derroches de oro y mármol, este edificio muestra que el lujo del país gira en la ruleta desde hace un par de siglos, cuando antecesores de los Grimaldi entendieron que nacía el turismo hacia la Costa Azul y decidieron armar una sala de juego a todo trapo. Y así comenzaron a atraer viajeros a su pequeño principado.

Actualmente, los adeptos pueden volcarse en el Gran Casino a los juegos de tradición europea, a los de tradición americana y también refugiarse en el presente de las máquinas automáticas. Uno puede ingresar y no jugar. Sí pagar entrada y tener al menos 21 años, pero hay que estar dispuesto a que 200 dólares se vayan en unos minutos —en las manos del destino incierto— o salir como el hijo pródigo de Mónaco, lleno del dinero que le permita pertenecer a este selecto mundo.

Glamour junto al mar

No sólo en el casino sino en todo Mónaco parece rodarse la gran película del dinero. En la ciudad de Montecarlo, al lado del casino —en el Hotel de París y el Café de París— y en todo el estado. Emplazado sobre la Costa Azul y densamente poblado, a medida que el viajero avanza por el principado, la música de la radio se vuelve superficial y comienzan a sucederse las joyas, los yates, los hoteles cinco estrellas y los autos deportivos. Se hablan varias lenguas y la gente usa smokings y vestidos de noche para ir al casino.

Pero Mónaco no es Las Vegas. La piedra y el mar le dan el toque aristocrático que convierte el paraíso del juego en un lugar glamoroso. Y está en Europa, lo cual asegura al viajero que si busca historia también hay, repartida en sus cuatro distritos: Mónaco-Ville, la ciudad vieja; La Condamine, sección portuaria; Montecarlo, área residencial y Fontvieille, un área nueva, construida en tierras ganadas al mar.

Para empezar, en la ciudad de Mónaco es posible visitar —no está abierto todo el año—, el Palacio Principesco, con sus 200 habitaciones. Allí ofrecen una visita guiada de dos horas por sus grandes salones. En este palacio color arena se puede ver, a las 11.55, el cambio de guardia de los soldados vestidos de blanco; o conocer un truco para saber si el príncipe está en palacio: si la bandera ha sido izada, él está presente.

Otros puntos históricos interesantes son el Museo de los Recuerdos Napoleónicos y Colección de Archivos Históricos del Palacio —que contiene cientos de piezas del Primer Imperio— y el Museo Historial de los Príncipes de Mónaco (Museo de Cera).

También hay en Mónaco algunas colecciones originales, resultado de caprichos de gente con dinero. Un ejemplo de esto es el Museo Nacional de Mónaco de Muñecas y Autómatas de Antaño, una villa majestuosa en la avenida Grace Kelly, donde se exponen muñecas del siglo XIX. Otro curiosa muestra es la Exposición de la Colección de Coches Antiguos de S.A.S. del príncipe de Mónaco. Son más de 100 autos del príncipe Rainiero exhibidas en las Terrazas de Fontvieille, donde también se encuentra un museo de timbres y monedas, que resume la historia del principado a través de sellos postales.

Yates y princesas

La atracción principal del barrio de Fontvieille fue dejada por una princesa de película: se trata del Jardín de Rosas de la Princesa Grace, un gigantesco parque con más de 150 variedades de rosas.

También hay algunos museos relacionados con la vida animal y vegetal, como el Museo Oceanográfico y Acuario, que con visitas guiadas de dos a tres horas desentraña los misterios del mar, mostrando 4.000 especies de peces y 200 de invertebrados.

Igual de impactante es el Jardín Exótico, un lugar que sobre las terrazas de piedra, propias del Mediterráneo, supo coleccionar 6.000 especies de plantas de todo el mundo —inclusive del norte argentino— por lo que se lo conoce como jardín rocoso.

No es casualidad que haya tantas atracciones naturales. En esta zona el mar azul y la vegetación sobre las piedras son tan o más hermosos que las joyas que llevan las mujeres y que pueden comprarse en las tiendas de la avenida de las Bellas Artes.

El centro comercial de Mónaco es la región de Condamine, situada alrededor de Puerto de Hércules, un embarcadero listo para amarrar 550 yates de los tantos que navegan la Costa Azul. En Hércules, la densidad de barcos es tal que el azul del mar se vuelve prácticamente blanco.

En tierra, el mercado municipal de la Plaza de Armas es uno de los lugares más pintorescos y atractivos de este barrio. Allí se encuentra la calle Princesse Caroline, una peatonal repleta de tiendas y pequeños restaurantes que desemboca en el Quai Albert 1er, punto de partida del Gran Premio de Mónaco, el gran juego de este paraíso.

Si el número dos no funcionó en el casino, recuerde que en Mónaco no se pagan impuestos. Un aliciente para adquirir, aunque sea, un souvenir de este breve paraíso de la Costa Azul.

Gisella Gallimi, Clarin.

Presentan una máquina capaz de convertir el aire en agua

La compañía Aqua Sciences patentó el aparato, que puede usar cualquier tipo de energético: acpm, gasolina, gas, corriente eléctrica o alcohol.

Una empresa vinculada a investigaciones para agencias del Gobierno presentó una máquina que produce agua pura del aire y que puede tener uso no sólo para campañas militares sino también en emergencias por desastres naturales y ayuda humanitaria.

El agua producida no necesita destilación extra y la máquina, como una función extra, puede ofrecer agua no sólo a temperatura ambiental sino también fría o caliente, lista para una limonada en el desierto o un café humeante en las capas polares.

Adicionalmente, mediante un proceso de reversión de procedimientos, una unidad puede purificar miles de galones por día de agua contaminada para convertirla en agua bebible.

“Es una tecnología nueva, largamente esperada”, dijo Abe M. Sher, director gerente de Aqua Sciences, una empresa con sede en la Florida y que ha estado investigando durante años para el gobierno estadounidense la forma de producir agua rápidamente en situaciones de desastre y guerra.

La máquina está montada en un contenedor de ocho llantas que puede ser tirada por un camión de remolque y sólo requiere de una persona para operarla. Es en la práctica un dispensador de agua del tamaño de un camión.

Provista de generador eléctrico propio con combustible diesel, puede también adaptarse a generadores solares y de gas natural o el enchufe de corriente en una vivienda. Una sola provisión de energía puede hacerla trabajar durante 30 días sin necesidad de recarga, y no produce desperdicios tóxicos para el medio ambiente. Debido a que es tecnología industrial competitiva los reporteros no pudieron ingresar al interior del contenedor, pero desde la puerta de acceso vieron la creación de agua de la nada y la bebieron.

Como un ejemplo casero, Sher recordó que las abuelas solían ponerle a los saleros algunos granos de arroz para evitar que la sal se humedezca. A partir de allí se desarrolló la tecnología que genera una sustancia altamente salinizada que desaparece luego de captar agua del ambiente.

El contenedor más grande -de 12 metros de largo- produce 1.364 galones de agua pura al día o 1 galón cada 55 segundos, y puede purificar hasta 8.000 galones diarios de agua contaminada o 6 galones por minuto.

El costo: medio millón de dólares. Otros tres modelos más pequeños tienen menor precio.

Sher dijo que técnicamente llevar un galón de agua al medio del desierto puede costar hasta 10 dólares. Con la máquina de producir agua el costo promedio por galón es de 20 centavos. La tecnología está inicialmente orientada a los servicios militares.

AP - Washington

Jeffrey Sachs (1954-), guru de las finanzas nacionales

Sachs nació en Detroit, Michigan en 1954. Estudió en Harvard, donde obtuvo su graduación (1976), maestría (1978) y doctorado (1980). Ha sido profesor de Harvard de 1980 hasta 2005, que fue contratado por la Columbia University como director del Earth Institute, Quetelet Profesor de Desarrollo Sostenible y Profesor de Gestión y Políticas de Salud.

Sachs es también el director del Proyecto Milenio de las Naciones Unidas, y asesor especial del Secretario General de las Naciones Unidas Kofi Annan sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, los acuerdos internacionales para reducir la pobreza extrema, el hambre y las enfermedades para el año 2005. Ha sido asesor de gobiernos de Latinoamérica (especialmente Bolivia), Europa del Este (Polonia, Rusia,...), Asia y África. Es reconocido como experto en situaciones de crisis económicas graves y difíciles. Colabora con agencias internacionales (Banco Mundial, FMI y otras) en la lucha por la reducción de la pobreza y la enfermedad. Es muy activo en su reivindicación de la cancelación de la deuda exterior a los países pobres. Aparece en la lista del Time Magazine de las 100 personas más influyentes del mundo. En 1993 la revista New York Times lo citó como "probablemente el economista más importante del mundo". En 1997 Le Nouvel Observateur lo citó como "uno de los cincuenta más importantes líderes de la globalización".

Escribe habitualmente en el New York Times, el Financial Times de Londres, y en The Economist.

OBRAS

Sachs, Jeffrey (2005). The End of Poverty: Economic Possibilities for Our Time Penguin Press Hc. Versión en español: "El Fin de la Pobreza", Ed. Debate.
Sachs, Jeffrey (2003). Macroeconomics in the Global Economy Westview Press ISBN 0631220046
Sachs, Jeffrey (2002). A New Global Effort to Control Malaria (Science), Vol. 298, October 4, 2002
Sachs, Jeffrey (2002). Resolving the Debt Crisis of Low-Income Countries (Brookings Papers on Economic Activity), 2002:1
Sachs, Jeffrey (2001). The Strategic Significance of Global Inequality (The Washington Quarterly), Vol. 24, No. 3, Summer 2001
Sachs, Jeffrey (1997). Development Economics Blackwell Publishers ISBN 0813333148
Sachs, Jeffrey and Pistor, Katharina. (1997). The Rule of Law and Economic Reform in Russia (John M. Olin Critical Issues Series (Paper)) Westview Press ISBN 0813333148
Sachs, Jeffrey (1994). Poland's Jump to the Market Economy (Lionel Robbins Lectures) The MIT Press ISBN 0262691744
Sachs, Jeffrey (1993). Macroeconomics in the Global Economy Prentice Hall ISBN 0131022520
Sachs, Jeffrey (ed) (1991). Developing Country Debt and Economic Performance, Volume 1 : The International Financial System (National Bureau of Economic Research Project Report) University of Chicago Press ISBN 0226733327
Sachs, Jeffrey and Warwick McKibbin Global Linkages: Macroeconomic Interdependence and Co-operation in the World Economy, Brookings Institution, June, 277 pages. (ISBN 0-8157-5600-3)
Sachs, Jeffrey (ed) (1989). Developing Country Debt and the World Economy (National Bureau of Economic Research Project Report) University of Chicago Press ISBN 0226733386
Bruno, Michael and Sachs, Jeffrey (1984), "Stagflation in the World Economy"

Eumed.net

El mejor vendedor del mundo a un cliente: "cómprele a la competencia"

¿Se imagina a un vendedor diciendo "no compre este producto, el de la competencia es mejor"? Para muchos, resulta inconcebible. Sin embargo, el vendedor está aplicando una nueva estrategia de marketing basada en los vínculos de confianza con los clientes.

"¡COMPRE! ¡COMPRE! ¡COMPRE!" nos bombardean las tradicionales campañas publicitarias. "Los productos de la competencia son caros y malos", dicen otros, "¡Cómprenos a nosotros!". Otros: "Está científicamente comprobado que nuestro jabón para lavar la ropa es el mejor del mundo".

Mientras tanto, el desorientado consumidor se pregunta: "¿A quién creerle?"

En este mundo de mega campañas publicitarias y de habituales calumnias contra la competencia, el artículo Trust Based Marketing del MIT Sloan School of Management propone un enfoque diferente: el marketing basado en la confianza. El objetivo: construir una relación duradera de confianza con los clientes.

¿Cómo lograrlo?

No existen demasiados misterios. La confianza de un cliente se gana del mismo modo en que se gana la confianza un amigo: con sinceridad. Las empresas que aplican el Trust Based Marketing cumple con una estricta política: brindar al consumidor toda la información necesaria para que decida. Incluso, cuando esto implique reconocer abiertamente que el producto de la competencia es mejor.

Al fin y al cabo, ¿qué sentido tiene ocultarlo? Tarde o temprano, los consumidores se darán cuenta. ¿Por qué no convertir la falencia en una oportunidad? ¿Por qué no aprovechar un mal producto para construir reputación?

Para comprobar la hipótesis, los investigadores del MIT crearon una página de Internet llamada "MIT Truck Town", que ofrecía a potenciales compradores de camiones una honesta comparación entre sus propias máquinas y las de la competencia. Cuando los productos de la competencia eran mejores, la página lo reconocía abiertamente.

Los visitantes estuvieron encantados y agradecieron que la empresa se preocupara por ayudarlos a resolver sus problemas en lugar de tratarlos únicamente como "poseedores de dinero". La mayoría prometió regresar.

Por lo tanto, advierte el estudio del MIT, un marketing honesto puede representar una pérdida financiera de corto plazo. Pero, a la larga, es altamente rentable. Los resultados: más credibilidad, más fidelización y menos gastos en mega campañas publicitarias.

Pero esto no es todo. En el largo plazo, el Trust Based Marketing impregna todas las áreas de la organización. No sólo asegura la lealtad de los clientes sino también de los trabajadores. Mucho más que una estrategia de marketing, es un modelo de cultura corporativa. Clarin.

Merton Miller, un hombre que marcó un antes y un después en las Finanzas

Así como en física existe un antes y un después de Albert Einstein, en medicina hay un antes y un después de Alexander Fleming, en finanzas existe un antes y un después de Merton H. Miller.

Para comprender la magnitud de la obra de Merton Miller (1923-2000), nada mejor que estudiar el contexto en que fue creada. Tras terminar su doctorado en la Universidad John Hopkins, Miller enseñó en la London School of Economics para luego incorporarse a la escuela de negocios de la Universidad Carnegie Mellon, uno de los centros de investigación más reconocidos de los Estados Unidos.

Curiosamente, allí le asignaron el dictado de Finanzas Corporativas, una materia que nunca había cursado. El semestre anterior al que le tocaba comenzar a enseñar, asistió de oyente a las clases de un colega suyo para tener una perspectiva de los contenidos del curso. El profesor utilizaba el método de casos como herramienta de enseñanza, y pretendía que en cada clase el alumno aprendiera un concepto nuevo.

Sin embargo, desde la primera clase, Miller se sorprendió por lo poco intuitivo de los resultados. Más aun se sorprendió cuando, habiendo tratado de entender la aparente lógica en el resultado del primer caso, ¡esta lógica era totalmente invertida al analizar el segundo caso!

Miller comenzó a ver con escepticismo el método de casos y se convenció de la necesidad de reformular de manera rigurosa y científica las Finanzas Corporativas. Así como Einstein se había topado con los experimentos de Michaelson-Morley y Fleming se había cruzado con la placa de Petri enmohecida; Miller había accidentalmente encontrado el punto de partida de su exitosa carrera.

En ese entonces (y hoy también) el tema de discusión era el apalancamiento óptimo que debían tener las empresas para maximizar su valor. En otras palabras, ¿cuál debe ser la proporción de los activos financiada con deuda y cuál la financiada con acciones?

Junto con Franco Modigliani, Miller comenzó a observar los datos de las empresas para evaluar qué hacían en la práctica. Para sorpresa de ambos, no se detectaba un patrón aparente. En 1958, alcanzaron una polémica conclusión: bajo ciertos supuestos, no existe una composición óptima entre deuda y acciones.

El valor de mercado de una empresa es, por lo tanto, independiente de su estructura de capital, dependiendo únicamente del tipo de proyectos de inversión que implementara. En otras palabras, si suponemos que los mercados son eficientes, para determinar cuánto vale una empresa no importa cómo se junta el dinero, sino qué se hace con él.

Este resultado, conocido como la "irrelevancia de la estructura de capital", suscitó grandes controversias. Nuevas líneas de investigación se abrieron para contradecirlo. Al fin y al cabo, en aquellos tiempos se creía que el apalancamiento sí era relevante. Muchos CFOs ganaban fortunas (y aún hoy lo hacen) justamente por elegir la estructura de capital "adecuada". Miller respondía con una broma a las críticas: "La mujer le dice al marido: ¿en cuantas porciones querés que corte la pizza? ¿En cuatro o en ocho?" Y el marido le contesta: "Hoy tengo mucho apetito. Cortala en ocho"

Lo interesante del artículo de Modigliani y Miller (M&M, como se lo conoce en la actualidad) mas allá de su resultado, es la forma en que llegaron a él.

Utilizando la conocida noción de "arbitraje", demostraron que, si dos empresas fueran idénticas en todo menos en su apalancamiento y en su valor, en mercados de capitales perfectos un inversionista tendría incentivos a vender las acciones de la empresa con más valor y comprar aquéllas de menos valor porque, al fin y al cabo los flujos de fondos de ambas empresas son idénticos. Esta acción debería, con el tiempo, eliminar la diferencia de valor entre las empresas.

La prolijidad en la demostración y la claridad en la enumeración de las hipótesis permitieron a los investigadores indagar las debilidades en el argumento de M&M. Finalmente, encontraron el talón de Aquiles en el supuesto de "mercados perfectos".

En situaciones donde los gerentes de empresas tienen información que el mercado desconoce, en mercados donde existe riesgo de "default" sobre la deuda y en contextos donde la emisión de acciones puede modificar a quienes poseen el control de la compañía, se ha demostrado que la decisión de apalancamiento deja de ser irrelevante. Pero todo esto se lo ha hecho a lo largo de 30 años, y bajo los estándares de racionalidad impuestos en 1958 por Modigliani y Miller.

Activo defensor de las soluciones de mercado para problemas económicos, Miller pasó en 1961 a la Universidad de Chicago, donde permaneció el resto de su carrera. Hasta principios de los ochenta, junto con Modigliani, siguió extendiendo sus investigaciones sobre Finanzas Corporativas.

En los ochenta, tras ser designado Director de la Bolsa de Chicago, su interés científico se reorientó hacia problemas económicos y regulatorios en mercados financieros, principalmente de acciones y opciones.

Si bien ya había alcanzado la edad del retiro, Miller nunca dejó de ser un miembro activo de la comunidad académica. En 1990, recibió el Nobel de Economía. Hoy, sus publicaciones son literatura obligatoria en todo curso de Finanzas Corporativas.

La muerte lo sorprendió en junio de 2000, a los 77 años, preocupado porque la primera versión de un nuevo trabajo suyo tenía errores que esperaba poder corregir cuando le dieran el alta médica del hospital. Sin dudas un ejemplo para imitar... en todo sentido.

Gabriel Basaluzzo, Director de la Maestría en Finanzas de la Universidad de San Andrés

Al rescate de la soberanía editorial

Diversas editoriales alemanas se unen en un proyecto para disputar a Google su monopolio en la búsqueda de libros completos, con la intención de recuperar el control sobre lo que se publica en Internet.

Los productos digitales ya no son elementos "exóticos" en el mundo de la literatura. Así queda de manifiesto claramente en la Feria del Libro que se desarrolla actualmente en Fráncfort. Cerca del 30% de la oferta que se presenta en esta muestra corresponde a la categoría digital. Los libros electrónicos, weblogs y las enciclopedias online han llegado para quedarse. Y, aunque las editoriales tradicionales siguen sintiendo escalofríos ante la perspectiva de que las novedades electrónicas pudieran llegar a arrebatarles el negocio de los libros, se impone la convicción de que es preferible tomar el toro por las astas y a aplicar el viejo refrán que aconseja: si no puedes en contra, únete a ellos.

El desafío de Google

Las editoriales comienzan a entenderse como parte del mundo multimedial. Y han comprendido que, para abrirse paso en él, hay que manejar sus propios códigos y herramientas. "Entretanto, de lo que se trata es de difundir contenidos a través de la mayor cantidad posible de canales", indicó una representante del sector. Pero el desafío no se limita sólo a utilizar los nuevos soportes y las posibilidades de Internet. Con el objeto de mantener las riendas del asunto en las manos, diversas editoriales se unieron en un proyecto para crear un buscador propio de textos completos en la red.

La idea no es nueva. De hecho, se viene discutiendo desde hace tiempo esa posibilidad, pero sobre todo las editoriales medianas se resistían a ofrecer contenidos online, aunque fueran sólo restringidos, por miedo a la piratería y, por ende, a arruinar el negocio. Sin embargo, la necesidad se impuso cuando el rey de los buscadores lanzó hace dos años su "Google Book Search", donde los usuarios pueden encontrar infinidad de títulos y hojear los libros, al menos en parte, a su antojo.

El autor decide

Las editoriales alemanas contraatacan pues con su propio buscador. La intención del grupo encargado del proyecto es lograr que el mayor número posible de libros sean accesibles íntegramente en Internet, de manera que los usuarios puedan encargarlos, bajarlos por capítulos o completos, o darles cualquier otro uso. Claro está que quedan numerosas cuestiones legales por aclarar, sobre todo relativas a los derechos de propiedad intelectual. Pero esos problemas se presentan igualmente en el actual servicio de Google, contra el que varias editoriales adoptaron en un comienzo medidas judiciales, sin mayores resultados.

El proyecto de la asociación alemana apunta, en definitiva, a recuperar la soberanía sobre el territorio de los libros. Porque, en el caso de Google, las editoriales no tienen control alguno. Con su propio buscador, en cambio, podrán dar a cada autor la posibilidad de decidir qué es lo que quiere publicar online y qué no. Y, como tampoco se trata de lanzar una guerra sin cuartel contra el gigante de los buscadores, también los editores alemanes están sondeando con Google las posibilidades de cooperación.

Fuente: Deutsche Welle

La experiencia de seis futuros doctores en finanzas

Conozca a algunos amantes de las finanzas que decidieron dejar el país para estudiar 4 o 5 años más en el extranjero. Los desafíos de Chile son mejorar la cultura financiera de empresas y personas, aumentar la cantidad de gente especializada en el área e incentivar el capital de riesgo, dicen.

Alejandro Drexler:
Del Ministerio de Economía al MIT

Más de una vez, Alejandro Drexler ha sido destacado por la Revista "El Sábado" como uno de los jóvenes líderes. Actualmente está en su tercer año del doctorado de finanzas de MIT, en Estados Unidos.

Antes de partir, trabajaba en el Ministerio de Economía en el área de regulación junto a Andrea Butelmann.

Reconoce que los dos primeros años de doctorado fueron más complicados, por el alto nivel de exigencia. Con el tiempo empezó a disfrutar más, centrándose en las áreas que más le interesan.

Hoy está trabajando en finanzas corporativas. Además, está realizando un proyecto de investigación en microfinanzas en República Dominicana, para evaluar los efectos de la capacitación a pequeños empresarios. "Es muy motivante porque está directamente enfocado en mejorar problemas de pobreza".

Aún no sabe qué va a hacer cuando termine su doctorado. Laboralmente, le gustaría quedarse afuera; en lo personal, le gustaría volver para estar con su familia.

Visión sobre Chile: "Me gustaría ver más fondos de capital de riesgo. Más apoyo a la innovación. También podría mejorarse el apoyo al microempresario. El acceso al crédito que tienen hoy muchas veces no les permite desarrollarse, y hay que analizar qué es lo que está sucediendo; ése es mi próximo desafío".

Fernando Díaz:
El académico que se atrevió a seguir estudiando

Poco antes de partir al exterior, más de alguno le advirtió a Fernando Díaz que estudiar un doctorado era "terrible". Él pensaba que probablemente estaban exagerando, que no podía ser tanto, pero cuando comenzó con el programa en la Universidad de Purdue, Indiana, se dio cuenta de que efectivamente era bien pesado el ritmo de estudio.

Especialmente al comienzo sentía que era como "tomar agua con una manguera de bombero". "Ante eso, tienes la opción de angustiarte o simplemente aceptar que vas a hacer sólo lo que alcanzas", comenta este ingeniero comercial de la Universidad Católica, que durante los dos primeros años estudiaba entre 12 y 13 horas diarias, incluyendo los sábados. Actualmente está en su cuarto año y le queda poco para terminar.

Egresó en 1992 de Ingeniería Comercial en la UC, luego hizo un master en economía financiera en la misma universidad y en 1998 fue becado para hacer un master of science in finance and economics en The London School of Economics. Luego volvió a Chile como profesor de la Universidad de los Andes.

Visión de Chile: "En el área financiera, estamos un poco atrasados. La reforma al mercado de capitales ha ayudado, pero falta que las empresas se sofistiquen. Éstas deben perderle el susto a los productos nuevos e incorporar más instrumentos. Todavía existe mucha intermediación financiera. Además, se necesita que haya más gente educada en finanzas".


Lorenzo Naranjo:
Lo suyo es estudiar la valoración de activos

Una de las cosas que más le atraían a Lorenzo Naranjo de estudiar finanzas en la escuela de negocios de Stern (NYU) era la oportunidad de vivir en una ciudad vibrante como Nueva York, donde reside desde agosto de 2004 junto a su señora.

Está en el tercer año de su doctorado y asegura que su experiencia ha sido buenísima, tanto en el plano personal y familiar como en el académico. Pese a que el nivel de exigencia académica superó sus expectativas, está feliz con el departamento de finanzas, con sus profesores y la cantidad de seminarios a los que puede asistir.

Antes de partir a Estados Unidos, este ingeniero civil industrial de la UC hizo un máster en ingeniería industrial con el profesor Gonzalo Cortázar y luego trabajó junto a él en la misma universidad.

Actualmente se está especializando en la valoración de activos financieros, como bonos y acciones.

Desafíos de Chile: "El problema más grande tiene que ver con la falta de profesionales altamente capacitados especialmente en finanzas, para satisfacer las necesidades de las empresas. Cada vez se requieren más, porque éstas se empiezan a sofisticar más. Aquí en Estados Unidos se los pelean. Sin embargo, en países como Chile falta avanzar en ese sentido".

Julio Riutort:
Su apuesta es por las finanzas corporativas

¿Qué tienen que ver los jugadores de fútbol americano con las finanzas? Para Julio Riutort, mucho. Una de las investigaciones que está haciendo actualmente con un profesor es ver si a estos jugadores les pagan o no por su desempeño.

"Es el tema más raro que me ha tocado ver", comenta.

Julio Riutort está en su tercer año de doctorado en la escuela de McCombs en la Universidad de Texas (Austin).

Antes de eso, trabajaba como profesor full time en la Universidad Católica, donde se dedicaba a la docencia y a la investigación.

Desde que entró a estudiar economía en esta misma universidad, se sintió atraído por las finanzas. Uno de los temas que más le entusiasma tiene que ver con finanzas corporativas. Específicamente, estudiar cómo se puede encontrar un balance entre los distintos tipos de financiamiento en las empresas (acciones, bonos y deuda con bancos) y bajo qué condiciones les conviene una u otra vía de financiamiento.

Estudiar un doctorado ha sido una experiencia bastante intensa. Sin embargo, una de las ventajas es que cada uno administra su propio tiempo. Trabaja mucho en su casa.

Visión de Chile: "Ahora estoy más concentrado en temas que tienen más contingencia para los estadounidenses. Sin embargo, diría que en Chile se podría fomentar el capital de riesgo. Aquí en Estados Unidos el private equity tiene gran importancia, mientras que en Chile existen pocos fondos".

Julio Rebolledo:
Para hacer un aporte a la administración de cartera

Julio Rebolledo tiene grandes planes para los próximos meses. Se casa por la iglesia el próximo 11 de noviembre y además se está preparando para partir a estudiar finanzas en el extranjero, tras ser aceptado para doctorarse en la Universidad de Bath, ubicada a 180 kilómetros de Londres.

Estudió ingeniería comercial en la Universidad de Talca. Mientras hacía sus estudios de pregrado conoció a Franco y Antonino Parisi, de la Universidad de Chile, quienes lo invitaron a trabajar con ellos como su ayudante y lo entusiasmaron para que se especializara más en finanzas.

"Siempre me llamó la atención esta área, porque es la más dinámica dentro de la economía", destaca.

Lo que a él más le atrae es la posibilidad de aportar en administración de cartera, de acuerdo con el perfil de los distintos inversionistas, ya sean personas naturales o instituciones.

Desafíos de Chile: "Creo que hay que trabajar el tema de la transparencia de la información, trabajar el rol de los market makers y mejorar la gestión de las AFP, para que entreguen aún mejores resultados. También sería bueno avanzar en el uso de productos derivados, aún poco desarrollados en Chile".

José Luis Ruiz:
Pasión por la enseñanza y también por investigar

Primero trabajó en las Naciones Unidas y luego en el departamento de investigación en la Superintendencia de AFP. Paralelamente, hacía clases en la Facultad de Economía de la Universidad de Chile. Así, conciliaba dos grandes pasiones: enseñar e investigar.

Después de cinco años de experiencia, seguir un doctorado le pareció el camino más lógico.

No se equivocó. Para José Luis Ruiz, su experiencia en la escuela de negocios de Wharton (Universidad de Pennsylvania) ha sido única, mejor de lo que esperaba. Su profesora guía es Olivia Mitchell, experta mundial en el tema de las pensiones, una de las áreas que más le atraen.

Aunque el doctorado le ha entregado muchas satisfacciones, como la libertad de pensar, reconoce que hay costos asociados por estudiar hasta 14 horas diarias.

"El tema familiar no ha sido menor, dado que mi esposa y mi hija me acompañan en este sueño", comenta.

Carolina Soza J., El Mercurio.

Ventas de tecnología llegarán a US$ 1.760 mills.

Representa un crecimiento de 13% respecto al año pasado. Un incremento de 13% experimentarán las ventas de tecnologías de la información y comunicaciones (TIC) para este año, alcanzando un total de US$ 1.760 millones.

Según aseguró Ricardo Villate, gerente general para el Cono Sur de IDC América Latina, "las expectativas económicas positivas y el aumento de la capacidad adquisitiva han contribuido a una inversión sostenida en TIC, creciendo a doble dígito durante el 2006".

Para el próximo año, se proyecta un crecimiento del 10% en relación con el 2006. Villate destacó que el comportamiento futuro del mercado local estará determinado por la necesidad de las grandes empresas de optimizar los procesos para poder responder a los cambios en las condiciones de mercado, impactando la demanda de software; por las pymes, que representan el 40% de la inversión de tecnología en Chile, y los hogares, con el creciente uso de banda ancha y la importante demanda de equipos móviles.

"Chile es un mercado más maduro, una economía emergente con crecimiento sostenido, mientras los otros países de la región, como Argentina y Venezuela, muestran un comportamiento de recuperación post crisis", señaló Villate. Es por ello que para América Latina las proyecciones hablan de un crecimiento promedio de 14,4% para el 2006 y de 12,5% para el 2007.